LA BASE DEL ÉXITO

Inteligencia emocional, la clave para tener empleo

Recientes estudios han demostrado que disponer de una buena inteligencia emocional contribuirá en el futuro a encontrar trabajo en un mundo en que los oficios técnicos irán, poco a poco, siendo absorbidos por la robótica. La perspectiva de un trasvase masivo de puestos de trabajo hacia las máquinas inquieta a quienes estudian el funcionamiento del mercado laboral. Las emociones influyen muchísimo en las decisiones que se toman en la vida. Es por ello que las personas que saben dominar su faceta emocional son mucho más desarrolladas que las demás.

Pocos saben el verdadero significado de la inteligencia emocional, pero esto distingue a las personas en muchas formas. Anteriormente el cociente intelectual (IQ) era la forma para indicar el desempeño académico y profesional de un individuo.
 
La solución de esta nueva mirada sobre el futuro se engloba dentro del ámbito de lo que se denominan capacidades blandas, emocionales.  Este tipo de cosas son habilidades que la tecnología nunca va a dominar,según indicó, Vikas Pota, director ejecutivo de la Fundación Verkey. 
 
Las habilidades blandas podrían reforzar, por un lado, trabajos ya existentes y, por otro, configurar nuevas modalidades de empleo. El trabajo emocional es aquel en el que los sentimientos integran las competencias de un profesional, tanto a la hora de gestionar equipos como de atender al público o de asistir a personas enfermas o dependientes. Se desarrolla en una doble dirección, se aplica para generar cierto estado anímico en el cliente (o paciente) y para gestionar inquietudes y malestares del propio trabajador.
 
La base es la empatía. La comprensión sincera del otro permitirá que, ante situaciones de conflicto, el profesional comprenda el fondo que levanta la indignación o turbación de una persona y pueda lidiar directamente con ese aspecto. También al contrario: si se abre un entendimiento, el cliente empatizará más fácilmente con el trabajador. Comprender las emociones ajenas supone comprender las necesidades de un individuo y humanizarlo.
 
Sin embargo, adquirir y, sobre todo, desplegar estas competencias exige un cambio radical en cómo se diseñan los puestos de trabajo. Sería una gran necesidad gastar mucho tiempo en aspectos intangibles y no medibles. Justo la orientación contraria a la que promueven las políticas actuales. Los dependientes de los comercios funcionan, cada vez más, como máquinas expendedoras. Ocurre en todos los sectores, incluso en grandes librerías que presumían del asesoramiento literario como marca de identidad. Se reduce el personal, se precarizan los contratos: se trabaja a destajo y se quiebra, en consecuencia, la interlocución sosegada entre cliente y el librero.
 
En un amplio artículo publicado en Aeon, la reportera Livia Gershon menciona a David Deming de la Universidad de Harvard: "Casi todo el crecimiento del empleo en USA entre 1980 y 2012 estaba en el trabajo que requiere grados relativamente altos de habilidades sociales".
 
En el sector sanitario y de cuidados estas habilidades se tornan absolutamente insoslayables. Guadalupe Sánchez, de la Escuela Universitaria de Enfermería y Terapia Ocupacional de Terrassa, escribió una tesis titulada Las emociones en la práctica enfermera. "Si la relación interpersonal entre los enfermeros y el paciente no genera una conexión emocional, cuidar con una perspectiva integral es muy complicado: podemos cuidar la enfermedad, pero no a la persona, que es más que su cuerpo", explicó a Yorokobu.
 
El trabajo emocional, según Sánchez, beneficia a la actividad sanitaria en diversas dimensiones. "Lo que más valora la gente es el tipo de trato que ha recibido del personal sanitario. Tenemos muchos problemas porque algunos tratamientos se inician y después se abandonan. Hay estudios que señalan que cuando los médicos o enfermeros conectamos emocionalmente, se producen menos casos de abandono precoz del tratamiento y, por tanto, menos recaídas", expuso.
 
En su opinión, estos comportamientos contribuirían a desatascar las urgencias. "En el momento en que atiendes mejor a la gente y disminuye su nivel de estrés, ansiedad o miedo, posiblemente habrá menos interconsultas innecesarias en urgencias y centros de atención primaria. Un ejemplo: las urgencias pediátricas están abarrotadas de angustia de padres más que de patologías pediátricas». Llevar a cabo una buena asistencia emocional «es imposible sin tiempo, requiere mirar a los ojos, escuchar activamente, poder acompañar". Precisamente, la posesión que más anhela el personal sanitario es el tiempo.
 
Los trabajadores, como sistema de protección, aplican la llamada distancia terapéutica. Con ella, se pretende evitar que los dramas personales del paciente les afecten negativamente. Para Sánchez, actualmente carecemos de herramientas para eliminar esta necesidad de abstracción y aprender a manejar las emociones. En tal caso, la relación terapéutica sería bidireccional; también te ayudaría a crecer como persona y como profesional.
 
Liva Gershon expone la necesidad de "alejarnos de nuestro singular enfoque en el rendimiento académico como el camino hacia el éxito" a la hora de sopesar las nuevas alternativas que surgirán en el mercado laboral en el terreno emocional en su artículo The future is emotional. No se refiere a tareas que haya que inventar, sino que están invisibilizadas.
 
Ha existido siempre una arquitectura social que sostiene las actividades que se consideran valiosas. Por eso, al incorporarse la mujer a la actividad profesional, se han tambaleado los cimientos de la sociedad. En esta tesitura, ha surgido la necesidad de que alguien ocupe el lugar de los cuidados. La tarea ha recaído sobre mujeres de clase baja, inmigrantes que, a su vez, en sus países de origen, delegan en otras para que asistan a los suyos. Que estos sean trabajos sin contrato y mal pagados evidencia que todavía necesitamos adecuar el sistema a una nueva forma de funcionar que ya es una realidad. 
 
Sin embargo, por aprendizaje social, las mujeres poseen más habilidades en el cuidado y serían ellas quienes podrían desempeñar estas tareas de manera óptima y, además, obtener una recompensa emocional que equilibraría las malas condiciones laborales. Las personas de clase trabajadora tienden a tener habilidades emocionales más agudas que sus contrapartes más ricas y educadas.
 
Dimensionar el trabajo emocional y de cuidados en su justa medida significaría asumir que todos son interdependientes y por tanto hay que responsabilizarse de esa misión de acompañamiento y empatía de una forma proporcional con el fin de que no quede atribuida al sector más desfavorecido de la población. La tecnología, dicen algunos expertos, configurará un mundo desposeído de puestos de trabajo.
 
La inteligencia emocional es totalmente maleable, por lo que siempre se puede mejorar. Si se ponen en práctica estas conductas, las conexiones neuronales del cerebro que servían para las conductas destructivas desaparecen poco a poco. Así que con el tiempo se comenzará a responder y actuar en diversas situaciones con inteligencia emocional.
 
Por eso hay diversos factores que se deben tener en cuenta para mejorar el ejercicio de este tipo de inteligencia y dejarlos de lado para evitar la afección de esta.
 
En 1er lugar, estresarse con facilidad en el trabajo o en la vida persona puede provocar el dejarse llevar por las emociones. Esto ocasiona que se tomen decisiones poco efectivas, causando daño a las relaciones y a uno mismo. 
 
También, cuando la situación se complica o alguien ataca a otro es normal que se tome una conducta pasiva-agresiva. Con esto se termina exponiendo los puntos con argumentos sin sentidos al dejarse llevar por la ira. Pero las personas con inteligencia emocional son el sinónimo de la empatia, amabilidad y buenos modales, así que saben como controlarse y lidiar con los conflictos.
 
Cuando se sabe exactamente cómo es una persona y se acepta sin ningún problema, las probabilidades que afecten sus comentarios de los demás son mínimas. Las personas emocionalmente inteligentes saben reírse de estas bromas porque son seguras de sí mismas y tienen la mente abierta.
 
Si alguien se equivoca y se lamenta por ello constantemente presenta mucha ansiedad y timidez, en cambio cuando se olvida por completo es probable comenzar realicen de nuevo. Lo ideal sería encontrar un balance, es decir hay que aprender a transformar esos fracasos en una oportunidad para mejorar.
 
También hay que destacar que las personas con inteligencia emocional no refutan las opiniones ajenas porque saben que se dirá cosas sin sentido. Es mejor reflexionar acerca de ello, así estudian las posibles consecuencia que se tendría con los argumentos.
 
Y cómo uno de los puntos primordiales para poder llegar al mejor uso y provecho de la inteligencia emocional es poder demostrar cómo se siente cada persona, de lo contrario esto denota en convertirse en una persona falsa o poco productivo.
 
 

Enterate de todas las últimas noticias desde donde estés, gratis.

Suscribite para recibir nuestro newsletter.

REGISTRATE

Dejá tu comentario