RESIGNACIÓN EMPRESARIA EN CAMPAÑA

Si no hay vocación de bajar el gasto, que le cobren a Magoya

Ninguno de los políticos que participan en la campaña electoral para las PASO del domingo, y que se prolonga por dos meses más hasta el comicio definitivo de término medio, maneja ni siquiera discretamente en su agenda vocación alguna por bajar el gasto público. Los empresarios menos identificados con las prácticas populistas de eso “la saben lunga” y se ven venir que la reforma tributaria de la que todos hablan finalmente apuntará más a subir recaudación que a bajar impuestos. O sea, a agravar en lugar de aliviar la carga. Por eso, hacen su propio proselitismo, aunque dirigido a los candidatos: que para cobrar más busquen a los que no pagan, pero que no echen más leña a la caldera fiscal. CIPPEC evalúa que en 18 años la presión creció casi 50% tomando al PBI como referencia, mientras la Cámara Argentina de Comercio hizo hincapié en la incidencia que tiene en el costo doméstico, lo cual saca de competencia a la producción nacional respecto de los otros países. Como toda respuesta, el gobierno armó un plan financiero para el año que viene que lleva el endeudamiento externo al 33% del PBI.

Los empresarios aprovechan la campaña electoral de los políticos para introducirles la suya propia: que cualquiera sea la estructura de poder que surja de los comicios de medio término replantee la presión tributaria, que un reciente informe de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) sitúa en 12,6 puntos del PBI por encima de la que regía en 1998.

Le atribuyen gran parte el bache de competitividad que, por ejemplo, hace que en el día a día, pese al salto cambiario, los tours de compras a Chile representen un tercio del total que facturan los shoppings en el país.

En línea con la ofensiva mediática de las empresas, a las que el propio gobierno llegó a señalar como promotoras de la inflación, la Cámara Argentina de Comercio (CAC) se había sumado hace unos días a las entidades colegas que estudiaron el "costo argentino", y aportó un documento al jefe de Gabinete, Marcos Peña, que revela que los productos nacionales llegan a costar más del 100% que en otros países, a lo cual influyen, además de la alta carga tributaria, a nivel nacional, provincial y municipal, los costos laborales, financieros y el déficit en infraestructura, según el enfoque que trasmitiera el titular de la cámara, Jorge Di Fiori.

Desde una perspectiva macroeconómica, el investigador principal del programa de Desarrollo Económico de CIPPEC, Walter Agosto, lo corroboró en un documento titulado “El ABC del sistema tributario argentino”, que analiza la evolución de la presión tributaria de los últimos años, y demuestra que entre 1998 y 2016 la presión tributaria total —nación, provincias y municipios— pasó de 21,4% a 34% del PIB, con un piso de presión que se registró en 2002 (20% del PIB) y el máximo, en 2015 (34,8%).

De todos modos, reconoce que “en 2016 la presión tributaria registró una caída de 0,8 p.p., aunque esa reducción se acrecienta si se excluye del análisis el efecto del sinceramiento fiscal, en cuyo caso la presión tributaria del año pasado había sido del 33% del PIB”, o sea, casi 2 puntos menos que la heredada de la administración de Cristina Fernández de Kirchner, de lo cual debería tomar nota el redactor de la causa por las buenas ondas económicas, a la sazón ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.

Magoya, por Maria Elena Walsh

Queda claro en el trabajo de CIPPEC que el aumento sostenido de la presión tributaria en los últimos 18 años se explica en buena medida por “la creación y suba de impuestos en la crisis de la Convertibilidad —Débitos y Créditos Bancarios, y Derechos de Exportación—; la recuperación de la actividad económica y el empleo; la suba de los precios internacionales de las materias primas; la nacionalización de los fondos de pensión; y la falta de actualización de los parámetros del Impuesto a las Ganancias”.

Y que fueron los aportes y las contribuciones a la seguridad social el rubro de mayor incidencia en el aumento global de la presión tributaria a lo largo del período, con un incremento de 3,5 p.p. del producto, lo cual (aunque el informe no lo dice explícitamente) derivó en un incremento de la evasión/elusión previsional y ni aún así sirvió para neutralizar el principal déficit público.

El impuesto a las Ganancias se ubicó en 2do. lugar, con un aumento de 2,4 p.p., seguido por el impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios, los Derechos de Exportación, Ingresos Brutos e IVA.

"Agosto resumió en la situación fiscal de nuestro país en los últimos años en 3 cuestiones centrales:

> gasto público en niveles récords;

> presión tributaria alta con impuestos de baja calidad, y

> severo desequilibrio fiscal, lo cual ha requerido alternativamente de financiamiento inflacionario vía emisión monetaria y/o endeudamiento”.

La alteración del orden de los factores enunciados serviría de explicación a las actuales maniobras que cotidianamente realiza el Banco Central con Lebacs, tasas y dólares, más propias de trapecistas que de expertos monetaristas, las cuales ya hasta como antídotos para controlar la inflación han fracasado.

Sin embargo, "Agosto llama la atención sobre que, si bien la Argentina tiene indicadores de gasto público y presión tributaria similares a los de los países desarrollados, su provisión de bienes públicos difiere notablemente en cantidad y calidad de la de esas naciones”.

En cuanto al sistema tributario argentino en sí invita a sentar las bases de una reforma integral que se sostenga a largo plazo, contemplando su complejidad, ineficiencia, falta de equidad y elevados niveles de evasión.

La competitividad en la palestra

La Cámara Argentina de Comercio había puesto como ejemplos comparativos de tales desequilibrios que un auto cueste en la Argentina 40% más que en México y 30% más que en Chile; un lavarropas, 5% más que en Brasil y 23% más que en el país trasandino; y que la indumentaria es 74% más cara que en Chile y 105% más que en Estados Unidos. Que el sector farmacéutico, dependiendo qué producto, tiene una diferencia de precio versus la referencia internacional en torno del 50%.

En cuanto a las cadenas productivas de la manzana, la leche y el vino, detectó que la brecha de precio desde el Alto Valle de Río Negro y Neuquén alcanza al 16% debido a la "concentración de la cadena aguas abajo", mientras que en lo que respecta a la leche, las diferencias son menores: 8,7% en comparación con Brasil y 0,9% frente a los valores del producto en Chile. En este rubro, inciden la presión impositiva, los costos de transporte y la alta concentración de la industria (hay 5 empresas con más del 60% de mercado).

El vino argentino está 31,2% en desventaja respecto de Chile y 27,6% de Australia, aunque agrega a la incidencia de los costos logísticos y de infraestructura, la falta de acuerdos comerciales.

La elaboración del documento de 181 páginas presentado a Peña por la CAC coincidió con el despertar cambiario de vísperas del 2do. semestre y quizá por ello aclara que el problema de la falta de competitividad no debe resolverse con devaluaciones periódicas, ya que "demostró reiteradamente ser ineficaz para la economía y la sociedad en el corto y largo plazo, al acelerar los precios, generar volatilidad macroeconómica y resentir el consumo y las inversiones". Por lo tanto, agregó la entidad, el enfoque para atacar los problemas es desde lo microeconómico.

Entonces, prioriza analizar el impacto de los costos en los 5 rubros más representativos de la Canasta Básica Total (la que determina la línea de pobreza) y puso el acento en que "inciden los precios de los insumos básicos, los costos logísticos, problemas de calidad de infraestructura, los costos provenientes del bajo desarrollo del sistema financiero, además de factores tecno productivos vinculados a las tecnologías utilizadas y la escala de los mercados".

Le recomendó a Peña "analizar sector por sector a los actores que participan de la formación de precios de un producto y ver cómo puede eficientizarse".

El jefe de Gabinete, con encuestas y memos con ideas para juntar votos en los comicios venideros, lo debe haber mirado con la expresión de las vacas que ven pasar el tren y seguramente le pasó la pelota de primera a Nico Dujovne, también preocupado por la estrategia de campaña, porque su coordinador económico, Mario Quintana, no logra siquiera hacerles cumplir a los funcionarios de la propia administración con la poda del 20% de los gastos que les había circulado. Lo que sí, la ANSeS contribuyó a la causa suspendiendo pagos de los juicios que ganaron los jubilados.