REGRESO DE CRISTINA A 2011

4 claves de CFK precandidata 2017

Cristina Fernández de Kirchner fue candidata a senadora nacional en 2005 en Provincia de Buenos Aires, y derrotó a Hilda González de Duhalde. Volvió a ser candidata en 2007, por la Presidencia de la Nación. Y otra vez fue candidata en 2011, cuando fue reelegida. Su marido, Néstor Kirchner, perdió el comicio de renovación legislativa en 2009; y su tropa fue derrotada en 2013 y en 2015. Es cierto que su nombre impreso en una boleta nunca perdió hasta la fecha. Antes de todo esto, ella ganó integrando las listas del Frente para la Victoria Santacruceña. Pero también es verdad que en 2017 es una CFK más sesgada, y por eso declinante, con un techo muy concreto, que le urge levantarlo un poco. Acerca de qué pasa hoy con ella, 4 recortes interesantes:

"(...) Cristina Kirchner no hablará de corrupción en su campaña. Podrá aludir a los múltiples conflictos de interés que existen en el Gobierno –como en el caso del Correo-, pero su estrategia de campaña será poner en foco el rumbo de la economía bajo la administración de Cambiemos. Por eso su primera candidata a diputada nacional será la economista heterodoxa Fernanda Vallejos.

El kirchnerismo cuestionó en duros términos la colocación de un bono a 100 años de plazo, con el argumento de que se está endeudando a varias generaciones de argentinos, pero ni se inmutó con otra noticia que cayó mal en el Gobierno: la calificadora de Morgan Stanley dejó al país como mercado fronterizo y no lo pasó a emergente, como esperaban el Presidente y sus economistas.

De acuerdo a los especialistas, la decisión contuvo dos factores: en el centro del poder financiero dudan de que el proceso político que encarna Cambiemos sea irreversible –sobre todo ahora que Cristina Kirchner es candidata en la Provincia-, al tiempo que no ven con buenos ojos aspectos estructurales de la economía argentina, como el abultado déficit fiscal que el Gobierno no baja.

Pero la lógica de Cristina Kirchner es absolutamente inversa a la de Cambiemos en materia económica. De hecho, colocó en el tercer lugar de la lista de diputados nacionales a Roberto Salvarezza, ex titular del CONICET, organismo en el que denuncia la caída de becas para cientos de investigadores. Por otra parte, relegó de la nómina a figuras de La Cámpora y del kirchnerismo.

El mensaje político que busca dar la ex presidenta es que decidió iniciar una nueva etapa de renovación entre la dirigencia que la acompaña, tal vez para opacar la intentona de Randazzo, a quien intentó convencer de que la secundara hasta último momento pero no lo consiguió. Así planteado el escenario, tanto Cristina Kirchner como el Gobierno buscarán otra polarización.

En la Casa Rosada esperan que Randazzo le reste caudal electoral a la ex presidenta, pero no bajan la guardia. “No nos sobra nada”, admitió un funcionario. (...)".


2. Ahora, una visión K: Mario Wainfeld en el diario Página/12 (propiedad del sindicalista Víctor Santa María):

"(...) Ganó todas esas contiendas, con la ventaja de ser oficialista aunque afrontando un sinnúmero de dificultades. Tal vez esta sea la más difícil, en parte por estar en el llano, en parte porque viene siendo objeto de un tremendo e inédito acoso judicial y mediático. Sin comparación posible desde la recuperación democrática en 1983.

Cristina (se) juega lo que mejora las chances de su fuerza y, además, le da oxígeno al sistema democrático. Se expone al veredicto popular que no debe sentenciar causas judiciales pero sí decidir cuál es el devenir de los líderes políticos. Que lo defina el pueblo de la provincia y no jueces de la calaña de Claudio Bonadío es el piso del sistema, que todos deberían preservar.

Se vota en 24 distritos, no hay una sola candidatura nacional conforme las reglas. La de Cristina lo es en los hechos, por decisión propia y ajena. Un eventual triunfo significaría, por sí solo, una severa derrota política del macrismo tanto como de las corporaciones empresarias o los deletéreos “inversores” extranjeros que piden que la encarcelen o la encierren en su casa como prerrequisito para hacer negocios. La seguridad jurídica interpretada por sus dueños y apuntalada por demasiados dirigentes políticos jaquea a la democracia aunque alardee de defenderla.

(...) Graciela Ocaña, una clásica dirigente itinerante, será primera candidata a diputada por Cambiemos. Tiene su banca asegurada. Con otra bandera de conveniencia, la diputada Margarita Stolbizer va por una improbable segunda senaduría en 1País, la fuerza que lidera Massa. Si no existieran el multimedios Clarín o el serpentario de Comodoro Py, las dos mujeres garantizarían una campaña monotemática de denuncias y denuestos contra Cristina.

El ensañamiento, que está en la idiosincrasia del anti kirchnerismo, puede hasta resultar una falla. Una las dificultades iniciáticas de “los otros” espacios será proponer algo más que batir a Unidad Ciudadana. Desafío no menor en una competencia parlamentaria, segmentada por distrito, en la que la polarización jamás atraerá al total de los votos.

(...) Sumar al ex Canciller Jorge Taiana le agrega un toque de calidad a la fórmula senatorial. Su digna trayectoria política incluye una conducta ejemplar después de ser relevado, con malos modos, del Gabinete nacional. Jamás se dejó arrastrar por el rencor, supo colocar lo colectivo por encima de lo individual. Superó emociones y despechos que en el terreno público a menudo inducen a conductas reprobables, disfuncionales o hasta alocadas.

Hablar de autocrítica quizá sea excesivo o impropio pero la incorporación de Taiana y el discurso en la cancha de Arsenal, expresan una reflexión que se traduce en cambios de rumbo y de estilos. Emite señales promisorias. Claro que continúa un enigma, indescifrable hoy en día: si la nueva toma de posición alcanzará para que el kirchnerismo sume nuevas adhesiones, revirtiendo la tendencia electoral descendente que se prolonga desde 2013. (...)".


Y 2 visiones anti K. Comencemos por Joaquín Morales Solá, en el diario La Nación:

"(...) Jugarán a suerte y verdad su destino.

Macri necesita derrotar a Cristina para sentirse cabalmente presidente y para atraer a los inversores desconfiados de un regreso populista de la mano de la ex presidenta. Cristina precisa arruinar la presidencia de Macri para tener un futuro político (y, tal vez, la libertad ambulatoria) y para erigirse en la líder de una contracorriente latinoamericana capaz de dar vuelta la marea neoliberal. Una simple elección legislativa de mitad de mandato alcanzó, así, una categoría épica innecesaria.

Veremos en los próximos meses los contrastes más notables de la política. Cristina es fosforescente, buena oradora, capaz de ir con facilidad de la ironía al llanto. Una consumada actriz dramática que cultiva con frecuencia la falsedad o la ficción. Macri es un líder plano, que sólo ofrece una gestión más eficiente y honesta de los asuntos públicos, incapaz de despertar exaltaciones populares o fanatismos políticos. No tiene el don del orador, pero sabe que un discurso pacifista es la mejor receta del momento. Es el primer presidente en 70 años que no es peronista, ni radical ni militar. Una abogada setentista, en fin, frente a un ingeniero que descubrió la política en los comienzos de este siglo. Lo único que tienen en común es una monumental seguridad en sí mismos, en su porvenir y en sus ideas.

A ninguno de los dos se les puede negar una considerable dosis de audacia. Macri prefirió que Elisa Carrió compitiera en la Capital. Cualquier otro político medroso hubiera dejado a la carismática Carrió, que cuenta con buenas encuestas bonaerenses, que se hiciera cargo de la victoria o la derrota frente a Cristina. Macri eligió el camino inverso: colocó a Carrió en la Capital, para que se encargara del fastidioso Lousteau, y puso su propio cuerpo en el combate bonaerense contra Cristina. El triunfo o la derrota de Bullrich será el triunfo o la derrota de Macri. "Sólo se gana después de arriesgar", suele decir el Presidente. (...)".


Y el enfoque de Clarín: Eduardo van der Kooy:

"(...) Cristina ha sabido incluso diezmar al peronismo bonaerense. Aunque no ha sido sólo un mérito de ella. El proceso lo comandó Kirchner cuando estableció un nexo económico y político directo entre la administración central y los intendentes (sobre todo del conurbano) por encima de los gobernadores de turno. Los alcaldes fueron quedando limitados en sus ambiciones políticas.

De hecho, tuvieron casi nula intervención en la confección de las listas para senadores y diputados de las PASO. Ni siquiera estuvieron cerca de la información que, increíblemente, llegaron a buscar en comarcas ajenas. Randazzo atendió a tres de aquellos que lo llamaron para preguntarle si sabía algo. El ex ministro de Interior y Transporte apenas conocía sus cosas. La historia misma refleja aquella decadencia. El último intendente que se convirtió en gobernador fue Duhalde. En 1983 existió el ensayo fracasado de Herminio Iglesias. Alberto Balestrini llegó a vicegobernador por el gusto de Daniel Scioli. Y nada mas. Los alcaldes han sido condenados a preocuparse sólo por su territorio y por la caja. De tanto en tanto filtran en alguna oficina ministerial.

Salvando la dimensión de la calidad política y humana, Cristina podría convertirse en un factor de fuerte condicionamiento –un tapón-- para cualquier intento de remozamiento peronista. Similar, a lo mejor, al que le tocó vivir al radicalismo con el liderazgo absorbente de Raúl Alfonsín. El ex presidente fue el indiscutido padre de la recuperación democrática y sus valores esenciales. Pero cuando regresó al llano nunca supo potenciar a su partido. Por el contrario, lo perjudicó al pactar con Menem la reforma de la Constitución que le posibilitó la reelección. Tampoco resultó una viga inquebrantable durante el par de años aciagos de Fernando de la Rúa. El radicalismo de ciento veinte años es ahora sólo un socio de la coalición oficialista, Cambiemos, que encabeza el PRO, una fuerza que redondea apenas trece años de existencia.

Cristina apunta también en una dirección reduccionista. No sólo porque resolvió prescindir del PJ. Ha decidido además cambiar aquel 54% de votos del 2011 en el orden nacional por una módica trinchera en Buenos Aires. En el conurbano. El interior de la provincia la observa con mucho recelo. La Provincia le permitiría un regreso al Congreso donde conducirá una tropa propia ultra K incluso aumentada (al menos en Diputados) si los vaticinios de las encuestas tienen corroboración en la realidad.

Otro capítulo es la adquisición de los fueros. Cristina no los tuvo desde que dejó la Casa Rosada. Posee seis causas abiertas, cinco por corrupción, y tres procesamientos. Amén de la denuncia por encubrimiento terrorista y muerte misteriosa del fiscal Alberto Nisman. Pero supo defenderse con el sistema urdido antes de irse. La Procuración General, a cargo de Alejandra Gils Carbó, un lote de sus fiscales militantes y jueces ubicados en estamentos clave.

Mauricio Macri posee un plan que el kirchnerismo conoce si las urnas le otorgan en octubre el espaldarazo que busca. Avanzar en el juicio a Gils Carbó, desplazar del Consejo de la Magistratura al representante K, Ruperto Godoy, e insistir con el apartamiento del juez Eduardo Freiler, acusado por enriquecimiento ilícito, de la Cámara Federal. Claro que ni aún así los caminos serán sencillos. La Cámara de Casación Penal confirmó la semana pasada la condena de 7 años de prisión para Menem por el contrabando de armas a Croacia y Ecuador. Se trata de una causa iniciada en 1995. Es decir hace 22 años. El ex presidente intenta ahora renovar su banca por La Rioja. La ex presidenta podría estar tranquila. (...)".

Enterate de todas las últimas noticias desde donde estés, gratis.

Suscribite para recibir nuestro newsletter.

REGISTRATE

Dejá tu comentario