ATENTADO

Buscando quién puso la bomba detrás del inodoro en Bogotá

En momentos en los que en el Centro Comercial Andino, en Bogotá (Colombia) se encontraban cientos de personas que hacían sus compras y preparativos para el Día del Padre, un artefacto explosivo estalló en uno de los baños del edificio. El hecho se reportó este sábado 17/06 sobre las 17:10 en el baño de mujeres del segundo piso de este centro comercial, uno de los más exclusivos de Bogotá, ubicado al norte de la ciudad. La explosión dejó al menos 11 víctimas, en su mayoría mujeres, de las cuales 3 fallecieron. Una de las personas que murió fue identificada como Julie Huynh, de nacionalidad francesa, quien tenía 23 años. Su madre, también francesa, Nathalie Nadine Veronique Levrand (de 48 años), resultó herida y la noche del sábado 17/06 era atendida por traumas en tejidos blandos. También murieron en centros médicos Ana María Gutiérrez, de 27 años, y Lady Paola Jaimes Ovalle, de 31 años.

Según se conoció, durante la noche del sábado 17/07 y la madrugada de este domingo más de 100 agentes de inteligencia, antiexplosivos, investigadores y fiscales recaudaron pruebas en el Centro Comercial Andino, con el fin de identificar a los autores del atentado.

Detonar un artefacto explosivo en un centro comercial ubicado en una de las zonas más exclusivas y concurridas de la capital, justo uno de los días de más movilización -por ser sábado y víspera del Día del Padre- demuestra que los atacantes pretendían llamar la atención, pero sobre todo causar la mayor cantidad de víctimas posibles.

Aunque el sábado las autoridades confirmaron que el explosivo usado fue de alta peligrosidad, pues se trató de amonal, el hecho aún no ha sido atribuido a ningún grupo armado o banda criminal. Tras esas pesquisas se espera que este domingo las autoridades puedan dar pistas sobre quién cometió el atentado terrorista.

El Centro Regulador de Urgencias y Emergencias (Crue) informó que los heridos fueron trasladados en cuestión de minutos a la Clínica del Country, la clínica Nogales y al hospital Militar, en donde recibieron atención de urgencias por politraumatismos y escoriaciones moderadas.

El general Jorge Nieto, director de la Policía aseguró que el explosivo fue escondido “detrás de uno de los inodoros de los baños de mujeres”. Frente a advertencias de otros posibles atentados en Bogotá, el general pidió conservar la calma y descartó amenazas en otros puntos: “No podemos generar pánico. No ha ocurrido nada en ningún otro lugar. Hemos tomando medidas preventivas”, dijo Nieto.

Es evidente que no requirió una gran cantidad de personas para perpetrarlo, pero sí un trabajo previo de inteligencia. Los terroristas sabían que el Andino contaba con protocolos estrictos de seguridad para el ingreso de vehículos a los parqueaderos por lo que la opción de entrar un carro bomba era compleja.

Aunque son menos rígidos los controles por las puertas peatonales, el día escogido hacía prever que los vigilantes no podrían controlar el inmenso flujo de gente que en efecto estaba en el centro comercial.

Tras la gravedad de los hechos, el presidente Juan Manuel Santos –quien se encontraba en Cartagena–, llegó hasta el sitio del atentado sobre las 10 de la noche. El mandatario invitó a los ciudadanos a no dejarse intimidar y ordenó reabrir el centro comercial, reiterando que los delincuentes serán capturados. Este domingo se anunciaría una recompensa. También afirmó que aún “no hay indicios claros sobre quién pudo haber sido el responsable” y dijo que el explosivo usado habría sido el amonal.

El presidente del Gobierno, Juan Manuel Santos, ha convocado un consejo de seguridad para mañana y se ha dirigido a los ciudadanos para pedirles unidad y "que este tipo de terrorismo no sea obstáculo para la fiesta de la paz". Ha asegurado que no hay indicios de otros posibles atentados y ha invitado a la población a seguir celebrando el puente del día del padre. "No hay indicios claros sobre quién pudo haber sido el responsable. Ya están en proceso varias investigaciones. Los responsables caerán", ha señalado el presidente, que se encontraba de visita oficial en la Costa Caribe y ha regresado a Bogotá.

Desarme

Este atentado, que no ha sido reivindicado de momento por ningún grupo terrorista, se produce se produce en pleno desarrollo del proceso de paz entre el Estado colombiano y las FARC y cuando la primera guerrilla del país está a punto de culminar la entrega de armas, que esta semana ha alcanzado el 60% del total. En este contexto, ante la alta polarización social que rodea los acuerdos de paz, el ataque amenaza con desatar una tormenta política en un momento clave para el fin del conflicto armado.

Las Farc comenzarán este martes, 20/06, la etapa final de su desarme con la presencia en Colombia del secretario general adjunto de Asuntos Políticos de la ONU, Jeffrey Feltman.

Ese día, sin embargo, todavía no dejarán de ser guerrilla, pues completar la entrega del ciento por ciento del armamento individual en los 26 puntos donde están agrupadas tomará, según el jefe guerrillero ‘Calos Antonio Lozada’, “cuatro o cinco días más”.

El acto en el que finalmente las Farc formalizarán su desaparición como grupo armado tendrá lugar en Mesetas, departamento del Meta, uno de los puntos donde está concentrado hoy el Bloque Oriental, históricamente el más numeroso y el de mayor poder militar de esa guerrilla.

Está previsto que este histórico hecho ocurra el 27/06 y que la ceremonia sea encabezada por el presidente Juan Manuel Santos y el máximo jefe de las Farc, Rodrigo Londoño, ‘Timochenko’.

Buscando

En los últimos 2 años Bogotá sufrió 11 explosiones en diferentes lugares de la ciudad. La mayoría de los artefactos fueron pequeñas cargas, de menos de 2 kilos, y varias de ellas se trataron de bombas panfletarias. El común denominador es que los lugares en donde detonaron eran instituciones financieras, entidades de salud o estatales, como sedes de la Dian o la Policía.

El último de estos ataques de los elenos (Ejército de Liberación Nacional) ocurrió el 16/12/2016 cuando milicianos asesinaron a un auxiliar de policía en una estación aislada en la carrera séptima con calle 200. Posteriormente instalaron explosivos en el cuerpo, que detonaron cuando llegaron los compañeros del uniformado.

Si bien a las pocas horas del atentado terrorista el ELN por medio de sus redes negó cualquier responsabilidad y rechazó cualquier vínculo con el acto, llamó la atención la inusual velocidad con las que negaron su posible responsabilidad.

Uno de los argumentos esgrimidos en su mensaje es que, según ellos, no es política atacar a la población civil, algo que no necesariamente es cierto.

No obstante lo que no resultaría lógico es que el ELN haya perpetrado un acto tan atroz en el cual murieron tres mujeres, una de ellas de nacionalidad francesa. Esto implicaría que para el gobierno sería prácticamente inevitable levantarse de la mesa de diálogo y los elenos perderían cualquier tipo de respaldo que pudieran tener de la comunidad internacional por el hecho de elegir como blanco a civiles inocentes.

El siguiente en la lista de sospechosos, con una muy alta posibilidad, sería la banda criminal del Clan del Golfo, dirigida por Dairo Úsuga, alias Otoniel.

Durantemayo ese grupo mafioso desató una oleada de terror que se extendió a nueve departamentos. Era la 3ra. vez en los últimos 4 años.

En esta ocasión, como respuesta a la muerte durante una operación policial de alias Pablito, un importante capo de ese grupo, la banda ordenó a sus ejércitos de sicarios implementar el llamado plan pistola. Este consistía en asesinar por la espalda a policías en cualquier lugar del territorio nacional.

Tras un mes de acciones el balance fue de 10 uniformados muertos, 40 heridos, y una docenas de instalaciones policiales atacadas a bala y con granadas. En esos ataques contra la fuerza pública una docena de civiles inocentes resultaron heridos.

Dentro de las hipótesis también se baraja la posibilidad de que la bomba haya sido puesta por algunas de las disidencias de las Farc que han surgido en los últimos meses. Sin embargo, es poco probable ya que se trata de puñados de guerrilleros rebeldes que abandonaron el proceso de paz y que están más interesados en continuar con sus negocios de narcotráfico en las selvas de Guaviare o Tumaco, que en acaparar más atención por parte del Gobierno y las Fuerzas Militares que los persiguen.

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