"¡A NO BAJAR LOS BRAZOS!"

Bullrich, acorralada: El Vaticano envía gesto de "apoyo a víctimas de la represión"

Tal como pronosticó la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, las críticas por el accionar de las Fuerzas de Seguridad ante piquetes, ocupación del espacio público, ollas populares y demás metodologías para protestar contra el gobierno nacional, no tardaron en llegar. Luego de dilatar el famoso "protocolo anti-piquetes", disparó: "Que luego no se quejen cuando la policía actúa". Sucede que esta crítica es especial. No se trata ni de los espacios políticos ni sociales ni a través de las encuestas, sino que llega desde el Vaticano, cuyo aliado Juan Grabois dio sus versiones de los hechos:

Su historia llegó hasta el Vaticano. La conocieron obispos y cardenales. Ahora, una delegación del comedor “Los Cartoneritos” fue recibida por los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de Argentina (CEPAS). Ante ellos denunciaron “el dolor por la violencia”, “el miedo en niños y padres”, así como los maltratos sufridos por mamás embarazadas. Todo producto de una violenta irrupción policial, cuyas implicaciones aún no han sido aclaradas. Los pastores los animaron a seguir con su trabajo y a “no bajar los brazos”.

En la sede la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) fueron recibidos varios delegados, la tarde de este lunes 10 de abril. Entre ellos Aurora Zaracho, cocinera responsable del merendero ubicado en Villa Caraza (Lanús), periferia de la Ciudad de Buenos Aires. También un representante de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), a la cual está afiliado el comedor. Y dos testigos de los hechos, identificados sólo como Judith y Marcelo.

Según los organizadores, la reunión transcurrió “en un clima de diálogo sincero y cordial”. Los visitantes “relataron los inesperados sucesos como así también las intervenciones de quienes los protagonizaron”. Un recuento pormenorizado de la violenta irrupción, el jueves 30 de marzo pasado, en torno a las 19:30 horas.

Contaron sobre su trabajo. Cómo dan de comer, todas las tardes y noches, a decenas de personas. Pobres, desempleados y desamparados, especialmente niños. A muchos de ellos los cuidan, casi como una guardería, mientras sus padres van a trabajar en las cooperativas de recolección de basura. Para hacerlo, deben ocupar la calle con sus mesas porque el lugar dentro del comedor es insuficiente.

El día de los hechos estaban presentes 75 menores. Eso no detuvo a los policías, que irrumpieron a punta de pistola, disparando balas de goma y lanzando gas pimienta, incluso dentro de la comida.

Su relato fue muy similar al que realizó Juan Grabois, referente de la CTEP, hace unos días en el Vaticano. Él no dudó en calificar los hechos de “grave violación de los derechos humanos” y dio a conocer, aquí, que como resultado de la incursión policial una muchacha perdió a su bebé en el seno materno.

Pero hubo más. Todo comenzó por un control de las fuerzas del orden a un ex detenido, actualmente empleado en las cooperativas de recolectores de basura. Tras una discusión, el hombre decidió refugiarse en el merendero. Acto seguido y, sin mediar palabra, decenas de policías irrumpieron en el lugar disparando a mansalva. Destruyeron todo a su paso.

Al final, los casquillos de las balas de goma se podían recoger por decenas. Durante varias horas desaparecieron dos voluntarios, de 24 y 17 años. Fueron retenidos, contra su voluntad, por integrantes de la Policía Municipal. Jamás fueron llevados a la Comisaría número 5, ni tampoco a la 9, de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Al contrario, los trasladaron a dos terrenos distintos, donde fueron golpeados. Luego fueron encerrados, juntos, en un patrullero donde les arrojaron gas pimienta con las ventanillas alzadas, provocándoles insoportables estados de asfixia. Aparecieron recién cuatro horas después, gracias a una intervención política.


Por todo esto, Grabois habló en Roma de una “escalada represiva” en Argentina. Aunque la opinión pública de su país se muestra reacia a aceptar la especie, más bien tiende a minimizar la realidad. Pero los movimientos sociales llevan un recuento de actos, para ellos, preocupantes. El secuestro y tortura de dos jóvenes de la revista “Garganta poderosa”, a finales de 2016. El allanamiento de una cooperativa hace un mes. El desalojo violento del Puente Pueyrredón, ingreso a Buenos Aires, durante una jornada de lucha hace dos semanas. La lista sigue.

Por lo pronto, en el encuentro con los obispos argentinos, los representantes del merendero “Los Cartoneritos” agradecieron el tiempo dispensado, “la escucha y el aliento que da fuerza para seguir adelante”. También recordaron que varias veces Jorge Mario Bergoglio, siendo cardenal, los saludó en la Plaza Constitución de Buenos Aires.

Tomaron parte de la cita, por parte episcopal, Jorge Lozano, arzobispo coadjutor de San Juan de Cuyo y presidente de la CEPAS. Su presencia no fue física sino virtual, se comunicó a través de videoconferencia. Fernando Maletti, obispo de Merlo-Moreno y referente de los obispos para las Adicciones y la Drogadependencia. Adalberto Odstricil, sacerdote del clero porteño y secretario ejecutivo de la CEPAS. Con ellos Emilio Inzaurraga, presidente de la Comisión Nacional de Justicia y Paz.

Al final, los obispos agradecieron a los integrantes de la delegación “lo que hacen por los pobres, su compromiso cotidiano” y “les animaron a no bajar los brazos, a continuar esperanzados en el camino”.

El caso que ocupa estas líneas de Vatican Insider tiene que ver con lo  ocurrido a principios de abril, que motivó la intervención de Grabois, quien se apersonó en la puerta de la comisaría 5ª para que liberen a los detenidos. Diego Kravetz, secretario de Seguridad de Lanús, desmintió que se haya reprimido, pero de igual manera se liberó a los detenidos.