ENTRE EL PARO GENERAL Y EL FMI

Cambiemos debería tomar lecciones de Il Gattopardo

Interesante discusión teórica sobre el rumbo económico la que plantean la inminencia del primer paro general contra el gobierno de Mauricio Macri y la presencia en el país del economista en jefe para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner, quien advirtió al gobierno que debería manejar la política con un escenario menos optimista en cuanto a las inversiones, ya que tardarán más tiempo en llegar. “No es fácil cambiar tanto en un año y pasar de un modelo de consumo a uno de inversión y mayor productividad”, advierte el funcionario, reconoce que hay una coyuntura internacional difícil y recomienda a la Casa Rosada no cejar en las políticas para bajar el gasto público y la inflación, pero empezando por hacer rendir cada centavo público que se administre en esta transición.

N. de la R.: El gatopardo (traducción conscientemente errónea de Il Gattopardo, cuyo significado real es El leopardo jaspeado, y se refiere específicamente al llamado en italiano gattopardo africano, conocido en español como serval) es una película italiana de 1963 dirigida por Luchino Visconti y basada en la novela del mismo nombre del autor Giuseppe Tomasi di Lampedusa. En mayo de 1860, tras el desembarco de Garibaldi en Sicilia, Don Fabrizio (personaje inspirado en Giulio IV di Lampedusa, bisabuelo del autor) asiste con distancia y melancolía al final de una época. La aristocracia, representada por el Príncipe Fabrizio, comprende que el final de su supremacía se acerca: es el momento de los burócratas y la burguesía, las nuevas clases sociales emergentes. Don Fabrizio, perteneciente a una familia de rancio abolengo, se traslada con toda su familia a la residencia estival de Donnafugata, cuyo nuevo alcalde, Don Calogero Sedàra, es un prestamista y usurero burgués de origen humilde que se ha enriquecido y ha hecho carrera como político, junto a su hija Angélica, una joven de gran belleza. 

 

Nicolás Dujovne debería sentarse con los dirigentes de la CGT y hacerles una presentación que les deje en claro que, mal que pueda pesarle al gobierno, el modelo económico que traía in mente Mauricio Macri ya cambió, pero por imperio de las circunstancias.

Los números del primer año de gestión le servirían al ministro de Hacienda para argumentarles a los sindicalistas por qué deberían cambiar las consignas del paro del jueves 06/04: nada se cumplió de aquel enunciado inicial de pasar de un modelo de consumo a uno de inversión y mayor productividad. Ni gradual ni ortodoxamente.

No sólo la administración de Cambiemos no bajó el gasto público sino que lo subió, lo mismo que la inflación, causa y efecto de la velada crítica que le hizo el economista en jefe para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner, invitado por el Banco Galicia a disertar en el hotel Four Seasons.

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Interesante columna de Carlos Pagni que explica parte del conflicto

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“La política debería manejarse con un escenario menos optimista en cuanto a las posibilidades de financiamiento”, fue la amistosa amonestación que eventualmente tendría como destinatario al disperso elenco económico que coordina la Jefatura de Gabinete.

El FMI no comparte la proyección de 3,5% de crecimiento proyectada para este año: pronostica 2,2% y 2,8% en 2018. Debe haberles caído como un balde de agua helada a los Ceos estatizados por el macrismo.

Justificó la diferencia en que “a la hora de realizar proyecciones nos manejamos en función de nuestra experiencia internacional, y el Gobierno, en los efectos que espera de las medidas que ya saben que tomarán”. Pero reiteró que la inversión tardará más en reaccionar de lo que anticipó el gobierno. Somos menos optimistas en cuanto a la rapidez en la que llegará la inversión privada. Son procesos lentos. Hay que reconstruir todo, demostrar que las reglas se cumplen y generar un entorno propicio”.

El INdEC mostró la cruda realidad de la inversión extranjera directa en el país: entraron US$5.745 millones, casi la mitad que en el último año de CFK. Con dos leves atenuantes: según UNCTAD, en 2016 los flujos de IED en el mundo descendieron 13%, y para comparar con 2015 hay que considerar que el dato no corresponde a entradas frescas sino a que el kirchnerismo impidió a las multinacionales girar utilidades.

Dujovne es quien sintoniza mejor el diagnóstico que transmitió el funcionario del FMI cuando advierte que un gasto tan alto como el que tiene el país quita recursos para que el sector privado, empresas grandes y pequeñas, accedan a costos sensatos para llevar a cabo proyectos de inversión.

Pero entre el dicho y el hecho, se transita una coyuntura en la quecasi todas las economías han entrado en déficit, no sólo Argentina. Una línea de política importante es buscar la eficiencia del gasto. Por eso deben revisar todos los rubros del gasto”, es la recomendación.

Sea por gradualismo o pragmatismo, el modelo económico marca MM cerró 2016 con un aumento del gasto público más alto que la inflación, con preeminencia del destino social de las partidas (38,8% de incremento respecto de 2015) y de las transferencias corrientes (61% interanual) en especial a las provincias y a subsidios a los privados.

La dinámica no decayó en lo que va del año. En el primer bimestre, el déficit fiscal es casi dos veces y medio el del año pasado, por un gasto público que en febrero estuvo 40% arriba de 2016, la mayor parte (47%) aplicado a fines sociales.

La referencia fiscal

Macri se encamina a la elección de término medio de octubre en un término medio no menor de su administración. La oposición interna destituyente quiere directamente que se vaya, y la moderada, que intenta expresar la CGT, le reclama que cambie el modelo.

Uno de los más conspicuos voceros de la comunidad internacional le señala que hay que persistir en mostrar vocación en ordenar las cuentas fiscales, bajar el gasto y la inflación, no desviar el camino, explicar cada desvío e ir acreditando credibilidad hasta que lleguen los resultados. Argentina se encuentra en la participación más baja en la recepción de inversiones.

El director general de Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), Marcelo Elizondo, señala que “Argentina había sido un país de relevante participación de la IED por muchos años pero en los últimos quedó fuera de los grandes flujos y ello ha hecho que el acervo de inversión extranjera directa en el país sea más bajo que economías más grandes, como México o Brasil, pero también que el de Colombia y Chile, y no demasiado mayor al de Perú”. Y opina que es una realidad que la administración del Presidente Macri se ha propuesto modificar.

Los tiempos ya no le dan para el primer mandato. En términos futboleros, está resignado al alargue y los penales, a condición, cuanto menos, de no retirarse derrotado en el ciclo inicial, en 2019.

Una parte de la sociedad le reclama cambios, la comunidad internacional que persista en el rumbo fijado para las reformas sin pecar de optimismo ni acelerar el proceso natural de inserción en los mercados.

Pero en el medio hay una coyuntura exterior adversa que, al haber frustrado la ilusión de recibir inversiones por adelantado, puso en tela de juicio la teoría del derrame que portaban al comienzo: de ir de la macro a la microeconomía, de lo mayor a lo menor. De lo general a lo particular.

La Plaza de Mayo aparece dividida por mitades y el motor de la economía no reúne fuerzas para arrancar. No queda otra que afinar la gestión y aplicarle sintonía fina a la administración de los recursos públicos para hacer rendir cada centavo.

Dujovne debería explicarle a la dirigencia de la CGT de qué se trata todo ésto para convencerla de que hoy el modelo no es el mismo de origen y que el único cambio que admitiría es nada menos que en la praxis. Es muy probable que lo entendieran más fácil que puertas adentro del propio gobierno, de los Ceos para abajo.