LA DEMOCRACIA AUTORITARIA

El 'factor Carrió' y el peligro de la bifrontalidad en Cambiemos

Donald Trump ya es el Presidente electo de USA. No es un candidato sino el ganador de un comicio y eso requiere un respeto no sólo por el personaje, más allá de las controversias que le entusiasma provocar, sino por el Estado que se apresta a liderar. La diputada nacional Elisa Carrió, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara alta, condiciona el vínculo futuro entre la Administración Macri y la Casa Blanca, con sus afirmaciones personales que, por su rol público, no son personales.

por EDGAR MAINHARD

¿Por qué la voluntad popular es aceptable si elige Presidente a Mauricio Macri pero es inaceptable si elige a Donald Trump? ¿Acaso Elisa Carrió tiene una opinión tan sobrevalorada de sí misma que cree que ella hace la diferencia? Son preguntas obligatorias luego de la presentación de la diputada nacional en la pantalla del canal de noticias de Grupo Clarín, el miércoles 23/11.

Carrió, tal como a ella le fascina recordarlo, es cofundadora de la gobernante alianza Cambiemos, además de presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de la Nación. Ella es una persona de acceso frecuente a Macri Esto quiere decir que ninguna opinión suya puede considerarse "personal", en especial cuando es conocido que ella influye en algunas de las decisiones del Ejecutivo Nacional.

Cuando Carrió irrumpe ante la opinión pública vociferando contra el Presidente electo estadounidense, ella está condicionando las futuras relaciones bilaterales entre USA y la Argentina, vínculo que ya acumula suficientes inconvenientes, entre declaraciones desafortunadas de Macri y otras de la canciller Susana Malcorra.

Los 3 han participado, con sus opiniones, en forma tanto parcial como arbitraria del proceso electoral doméstico de la sociedad estadounidense cuando son ciudadanos argentinos, y con responsabilidades en la gestión del Estado, entre cuyas competencias se incluye la gestión del vínculo bilateral Argentina/USA.

Sin embargo, tanto Macri como Malcorra, ya electo Trump, han intentado reubicarse en el nuevo escenario. Todo lo contrario sucede con Carrió, quien ha decidido convertirse en una suerte de líder latinoamericana anti Trump.

La verborragia de Carrió le hace un flaco favor a Macri Presidente porque ya no se trata de que el abogado presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, se queje de que su amigo mandatario no ejerce autoridad alguna ante quien lo critica tanto con obsesión como estoicismo. Ahora un gobernante extranjero puede opinar que Macri Presidente padece una profunda división doméstica en su gobernante alianza Cambiemos acerca del vínculo futuro con USA. Entonces, ¿a quién atender? ¿A los dichos de Macri/Malcorra, inentando recomponer el vínculo, o al de Carrió?

De pronto, Carrió instala lo peor que le puede acontecer a Mauricio Presidente: la convicción de que, en muchos temas estratégicos, hay una Administración bifronte.

La Casa Rosada debería considerar que es muy delgada la línea que va desde la Administración bifronte a la denuncia de ingobernabilidad. Resulta imprescindible que Macri resuelva esta cuestión porque es complicado convivir con 2 opiniones de Estado bien diferentes acerca de cómo puede reenfocarse el vínculo con USA.

El lado oscuro

Carrió no puede cuestionar, simulando un desenfado adolescente, a un Gobierno extranjero porque Trump fue elegido de acuerdo al sistema electoral vigente en USA, no es un gobernante ilegítimo. Además, el sistema electoral estadounidense es bastante parecido al vigente en la Argentina antes de la reforma constitucional de 1994 que, en varios aspectos, cuestiona Carrió.

Es cierto que a Urgente24 siempre le resultó más racional que Hillary Clinton fuese la próxima Presidente de USA por una apabullante cantidad de razones que carece de sentido mencionar ahora. Pero un funcionario público no puede comportarse como un periodista. Luego, una vez que la sociedad estadounidense decidió quién será su próximo Presidente, de acuerdo a las reglas vigentes y que todos aceptaron como el marco de la contienda electoral, es injusto afirmar que ha ocurrido una tragedia en USA.

No puede juzgarse si es legítima o ilegítima la voluntad popular de una sociedad según el resultado de un comicio. El autoritarismo queda muy cerca de esa posición.

Considerar que Donald Trump es una suerte de actualización del Führer entorpece el futuro de las relaciones bilaterales cuando la Argentina tiene una enorme agenda por ratificar ya que el Presidente saliente, Barack Obama, había beneficiado notablemente a la Administración Macri.

Carrió dijo, en su polémica intervención en el programa "A 2 Voces" (TN), "Jugar por Trump era votar por la agresión y la discriminación; esto es 'heil Hitler'", una subestimación del electorado estadounidense que, en definitiva, tiene derecho a elegir a quien prefiera, y  esun menosprecio por quien, apetezca o no, ya es un Presidente electo, es decir que tiene rango institucional.

Carrió puede tener razón en muchas de sus apreciaciones públicas, y muchos ciudadanos veneran las expresiones, denuncias y reflexiones de Carrió. Precisamente por eso Macri aceptó asociarse a ella y al devaluado Ernesto Sanz para organizar Cambiemos. Pero ella tendrá que limitar sus expresiones públicas precisamente por ese rol, o terminará siendo un problema que obligará a Macri a incorporarla al gobierno o a repensar Cambiemos.

Algo de esto hay en el ambiente y por ese motivo, probablemente, Carrió ha insistido tanto, durante la semana pasada, que ella se fue de la Alianza UCR Frepaso porque no la fundó pero no se iría de Cambiemos porque es una criatura propia. Es como si se estuviera debatiendo, en forma implícita antes que explícita, el futuro de Cambiemos.

Sin duda que el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Emilio Monzó, avizora una crisis próxima entre Macri y Carrió, y por eso plantea un Cambiemos abierto hacia sectores del peronismo que él conoce bien porque su origen, luego de la UCeDe, incluyó el peronismo.

Pero todo esto es cabotaje. Sin duda que a Trump no le importa y es una cuestión de la Argentina. Pero en todo aquello que sale de las fronteras, Carrió debería moderar sus expresiones de manera tal que no obstaculice el desempeño ni del Presidente de la Nación ni de su equipo de gestión. La bifrontalidad es un riesgo enorme para la inestable Argentina, que apenas hace 15 años sufrió un descalabro institucional.

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