Muy bien Alberto Abad: ha desnudado la realidad de un fútbol empobrecido por dirigentes e intermediarios que se enriquecen utilizando asociaciones civiles sin fines de lucro para generar lucros. Es decir que el fútbol profesional argentino utiliza las actividades deportivas amateurs que ofrece la mayoría de las instituciones para así justificar reclamar subsidios al Estado cuando, en verdad, el negocio del fútbol profesional debería asistir a las actividades no lucrativas.
LA AFIP BARRE LA AFA
El día que puede cambiar el fútbol (sin Grondona, final del grondonismo)
Alberto Abad, director general de la Administración Federal de Ingresos Públicos, avanzó sobre el talón de Aquiles del fútbol profesional argentino: su relación con el Fisco, que mereció sucesivas negociaciones de Julio Humberto Grondona con todos los presidentes de la Nación desde que heredó la Asociación del Fútbol Argentino de manos del vicealmirante Carlos Lacoste, cuando éste se dedicó a la Federación Internacional de Fútbol Asociado. El fútbol profesional argentino es prebendario desde hace décadas, y eso provocó el ingreso de la política, con todos sus vicios y pecados, desvirtuando no sólo el deporte sino el negocio deportivo que debería conseguir entidades sólidas que puedan financiar las otras actividades que provocan que no sean sociedades anónimas sino asociaciones civiles sin fines de lucro.
27 de octubre de 2016 - 13:31
La cuestión de fondo es que con Julio Humberto Grondona esto no sucedía porque 'el padrino de Sarandí' tenía una estrategia de negociación sutil con los gobiernos de turno, y conseguía beneficios permanentes que a su vez compensaba con otros favores. De hecho, así nació la ridícula contratación onerosa de contingentes de policías que no erradicaron nunca la violencia de los estadios cuando era más sencillo impedir que los barrabravas siguieran vinculados a los clubes.
Pero Grondona, quien exhibió una extraordinaria habilidad para esas gestiones de trastienda, ya murió. Y con él debe marcharse el sistema que montó en la Asociación del Fútbol Argentino, que provoca que uno de los países que más contribuye al negocio mundial del fútbol profesional tenga que subsidiar el sistema previsional y el financiamiento operativo de los clubes.
Sin Grondona en el comando, la AFA requiere cambios profundos y permanentes, comenzando por una actualización de su Estatuto y cesando su relación con el Estado. Grondona siempre agitó un perverso lema: "Este país no soporta 2 fines de semana sin fútbol", y así agitaba el fantasma ante políticos cómplices en mantener el fútbol profesional como una actividad turbia, propia del bajofondo.
Pero a la AFA le llega un proceso que ya golpeó a la FIFA, de quien Grondona también era copiloto, junto a Joseph Blatter y alguna gente o detenida o en proceso judicial.
Es cierto que, años atrás, Mauricio Macri intentó promover otra organización cuando fue presidente del Club Atlético Boca Juniors, y chocó con Grondona, tras lo cual decidió bajar sus banderas (el famoso fondo de inversiones con cuotapartes sobre los derechos federativos de los jugadores) para no perjudicar a la institución. Macri decidió convivir. Pero hoy día Macri es el Presidente de la Nación, y no va a tolerar que Hugo Moyano o Claudio Tapia o Víctor Blanco u otros le impongan condiciones, además de reclamarle dinero para financiar entidades deportivas o morosas o evasoras, a las que deben asistir los contribuyentes.
Casi 11 meses después de asumir el Estado hace lo que debió ejecutar hace 11 meses: blanquear la realidad de clubes morosos, de un sistema de seguridad social inviable y de una actividad que genera 'dinero negro' o ayuda a blanquearlo.
Cualquiera sabe que hace falta una refundación del fútbol profesional que quite al Estado del medio, despida a los políticos de esa actividad que, además, debe autofinanciarse, en una Argentina que promete exteriorización de activos e intercambio informativos con todos los países del 1er. Mundo.
Por supuesto que Abad, con la acción de la AFIP, respalda el enfoque del presidente Macri acerca del fútbol profesional, justo cuando arreciaba una ofensiva contra Armando Pérez, el responsable del gerenciamiento del Club Atlético Belgrano de Córdoba, por propuesta de Macri.
Resulta apropiado el informe de AFIP porque ubica las irregularidades del fútbol sin interpretaciones políticas ya que los números son irrefutables y la morosidad también. Ahora llega el momento de comenzar de nuevo. Sería importante que esto ocurra pero tampoco es Daniel Angelici la persona apropiada para enarbolar la bandera de la nueva AFA, cuestionado como se encuentra en el barro de la política.
Ya que reclama honestidad y transparencia, Macri tendrá que aceptar eso incluya no digitar ni personas ni instituciones, y permitir una reorganización profesional que, entre otros beneficios, permita recuperar los equipos nacionales de AFA, hoy día vapuleados por los propios jugadores convocados a cada partido.






