CONSTRUYENDO UNA ÉPICA PROPIA

Intentando un relato M: “Antes y después” para la inflación (bono) y la impunidad (#NiUnaMenos)

#NiUnaMenos congregó a una multitudinaria movilización a prueba de lluvia y mal tiempo en el circuito Obelisco-Plaza de Mayo, en más de 100 ciudades del interior del país y de otras latitudes que se plegaron. Resumió en una gran protesta multigénero el maltrato a la mujer, los abusos, violaciones, la discriminación social, laboral, salarial y los reiterados femicidios que se han ido sucediendo, al amparo de una corrupción que no distingue sexos pero que se va desparramando como una metástasis en el cuerpo de una sociedad cuyos dirigentes no reaccionan con la contundencia que deberían hacerlo en virtud del rol que ocupan. Fue el contundente mensaje que un representativo remitente le dejó a un destinatario no identificado.

El diario La Nación lo enfoca como un “clamor nacional” contra los femicidios y su primo Clarín resalta la adversidad climática en la que las mujeres “gritaron” basta. Ambos matutinos líderes en circulación en Argentina muestran fotos panorámicas de la Plaza de Mayo y el Obelisco, tal como se suelen ilustrar las concentraciones políticas partidarias, de organizaciones sociales y demás expresiones populares cuando se pretende medir gráficamente un poder de convocatoria. Lo mismo hacen los otros medios: se circunscriben a la escena estática.

La edición local del español El País le dedica la ilustración principal de la portada, pero no con “climas”, sino que da un primer plano de mujeres vestidas de negro en la concentración, que portan un cartel que dice: “Vivas nos queremos”. Titula que “Argentina sale a la calle contra la violencia de género” e informa en la bajada que cada año más de 200 son asesinadas.

Entre la lluvia, los paraguas, las sombras de la noche y la marea humana no permiten visualizar en las fotos que la marcha se enriqueció con sonoras presencias y de cartelerías de organizaciones no espontáneas que aprovecharon la masividad para infiltrar consignas contra el gobierno de Mauricio Macri que, en este caso, no parecían guardar demasiada relación directa con el motivo principal de la convocatoria, que era el femicidio.

Banderas de la izquierda en todas sus variantes, de los derechos humanos y sociales que no querrían ver más a los moradores de la Casa Rosada en el lugar para el que fueron legítimamente elegidos en el marco de la Constitución, se imbricaron en una marcha masiva que reclama un punto final al desenfreno asesino del que son víctimas las mujeres como género y la sociedad toda sin distinción, pero para dedicar consignas contra el gobierno al que resisten.

¿Quiénes serían los destinatarios del mensaje de las mujeres de luto? ¿La clase política, los jueces, fiscales, policías, carceleros, legisladores, los violentos que abundan por las calles, en el tránsito, los de las puertas giratorias, los intelectuales que justifican a la delincuencia, o sea, todos aquellos que confundieron interesadamente o no la frontera entre el bien y el mal? Aunque Macri les diera con el gusto y se fuese en el helicóptero, ninguna respuesta surgiría para un planteo precisamente genérico como el del miércoles 19/10.

El impacto visual que testimoniaron esta mañana los quioscos, que como el snapchat que adoran los de “la nueva política” no se esfuma en pocos segundos para dar paso a otro, documenta una contundente movilización de la gente (sin identificar infiltrados) contra una flagrante violación de los derechos humanos que proviene de un pasado con raíces culturales perimidas pero que cobra vigencia gracias a la impunidad y la corrupción que carcome a la sociedad en su conjunto. Para el día que un golpeador, violador o asesino reciba un justo y ejemplarizador castigo que a alguien se le ocurra caracterizar con slogans de carga subliminal, como el de represión, estarán las tapas de los diarios que registraron una demanda que excedió lo popular.

Piso extraparitario

Claro que en ese mismo archivo figurará un pretendido “antes y después” con el que el gobierno quiere investir el bono de $2.000 que, junto con las CGT, le impone como piso “extraparitario” a las empresas privadas. Clarín pierde un título sin contenido editorial, como el de la marcha contra los femicidios, en un zócalo compartido con noticias deportivas. La Nación le da mejor ubicación visual pero con idéntica laxitud que su 'primus inter pares'.

Los diarios especializados en economía dan un paso más e incluyen taxativamente a la inflación y el condicionamiento que podría tener para con las paritarias 2017 al presentar la información, por supuesto mejor ubicada en la plana que la mención a #NiUnaMenos. BAE Negocios se anima a afirmar que las empresas vinculan el pago del bono a un techo del 17% a las convenciones colectivas del año próximo.

En otras palabras, haber establecido en $2.000 una suerte de “reintegro” fijo a los trabajadores en relación de dependencia de una inflación que para todo 2016 se estima en más del 40%, algo por encima de lo que cerró la gran mayoría de los gremios. Ese plus significaría para un empleado de comercio que cobra entre $13 y 14.000 un14% aproximadamente, que sumado al 22% que le habían cerrado a abril último, se alinearía estadísticamente con la pérdida de poder adquisitivo que le depararon los precios de la economía. A un camionero, en cambio, le representaría un 6,5% de adicional cuando ya terminaría el año casi “hecho” con la inflación.

Si se toma nada más que la clase activa, el bono adicional de $ 2.000 a los ingresos “por derecha” cubriría el 60% aproximadamente, que son los privados. Sobre el 40% restante (en números redondos) que cobra por ventanilla de sector público todos son signos de pregunta en los medios de información impresos.

Parece que Marcos Peña no ordenó subir el instructivo a las redes sociales para comunicar cuál es la idea, así que será cuestión de tener la página de Facebook abierta para que haya más informaciones para este boletín.