AUSTRIA VUELVE A VOLTAR

Domingo 02/10, la extrema derecha puede llegar al poder

El 02/10, Austria volverá a tener elecciones presidenciales, luego de que la Corte Constitucional de ese país anulara, a principios de julio, los resultados de la 2da. vuelta electoral que había tenido lugar el 22/05. Ese día, Alexander Van der Bellen, del Partido Verde, había vencido a Norbert Hofer, del Partido de la Libertad, por una estrechísima diferencia de 30.000 votos. Van der Bellen sacó el 50,3% de los votos y Hofer el 49,7%. Así, explica el semanario británico The Economist, Austria se había salvado de la vergüenza de ser el 1er. país europeo en elegir a un jefe de Estado de la extrema derecha en la posguerra. Pero la Corte Constitucional anuló la elección por una serie de violaciones en el conteo de votos postales, que constituían el 16% del total. El partido de Hofer manifestó que en varios distritos, los sobres fueron abiertos antes del momento designado, cuando sus observadores no estaban presentes.

-¿Es la aparición de partidos de extrema derecha un fenómeno nuevo en Europa?

-No. Si nos remontamos al siglo pasado, vemos un cierto paralelismo con la actualidad. En el período inmediatamente posterior a la 1ra. Guerra Mundial y que precedió a la 2da. Guerra Mundial, se dio una respuesta ultranacionalista, xenófoba y populista que se extendió por todo el continente. Los ejemplos más extremos se produjeron con el nazismo del Partido Nacionalsocialista, de Adolf Hitler, en Alemania; y con el Partido Fascista, de Benito Mussolini, en Italia. En la 2da. mitad del siglo 20, una multiplicidad de partidos con una similar orientación ideológica fueron fundados. En Austria fueron los pioneros, con la creación del Partido de la Libertad (FPÖ, por sus siglas en alemán) en 1956, que a su vez era el sucesor de la Federación de Independientes (VdU, por sus siglas en alemán). Tras varios devaneos ideológicos, se consolidó su giro más populista en 1986, con el liderazgo de Jörg Haider. En 1999 logró el 26,9% de los votos en las legislativas austriacas y formó una polémica coalición entre 2000 y 2005 con el Partido Popular Austríaco (ÖVP, por sus siglas en alemán), de centro derecha. Pero el FPÖ no es el único ejemplo. En 1972 se creó el Frente Nacional francés, liderado por Jean-Marie Le Pen y que obtuvo grandes éxitos en 1986 (con 35 diputados en las elecciones legislativas) y 2002 (cuando llegó a disputarle la segunda vuelta de las elecciones presidenciales a Jacques Chirac). Asimismo, en 1971 se fundó el Partido Popular Suizo, con gran apoyo popular desde 1999. En la misma década de los ‘70 se creó el Vlaams Belang flamenco. En 1980 surgió Aurora Dorada en Grecia. De igual forma, a finales de los 80 hicieron lo propio los Demócratas de Suecia. Y en la década de los ‘90 surgirían otros partidos, como el UKIP en Reino Unido, los Verdaderos Finlandeses (ahora Partido de los Finlandeses) o el Partido Popular Danés. Más recientes (de 2013 y de 2014, respectivamente) y provenientes de Alemania son el partido Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán) o  el movimiento Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (también conocido como Pegida). No obstante, no se trata de la única experiencia de partidos de extrema derecha en este país después del nazismo, ya que en 1964 se fundó el Partido Nacionaldemócrata de Alemania, todavía hoy en vigor.

Austria

El presidente de la Corte Suprema austríaca, Gerhart Holzinger, sostuvo que, a pesar de que no había evidencia de que los votos hubiesen sido alterados o manipulados, si existía aunque sea la posibilidad de que hubiese ocurrido trampa, es necesario que la elección sea repetida.

The Economist explica, además, que es menester descartar cualquier duda sobre el Estado de Derecho en Austria para no alimentar las teorías conspirativas de la extrema derecha que dicen que la elección de Alexander Van der Bellen, del Partido Verde,  fue fraudulenta.

Lo cierto es que si todos los votos disputados hubiesen ido a Norbert Hofer, del Partido de la Libertad, él hubiese superado al candidato Verde y ahora, la pesadilla electoral deberá ser repetida. Una repetición de una elección nacional es algo sin precedentes en la democracia occidental, y Austria corre el riesgo de ser el primer país de la posguerra europea en elegir un Presidente de extrema derecha aunque, con el panorama que se vive en sus países vecinos, probablemente no sea el último.

En cambio, podría convertirse en la punta de lanza de los movimientos reaccionarios de toda Europa, que se entusiasmarían al ver a uno de los suyos llegar a las más altas esferas de poder.

El resurgimiento de la derecha extrema xenofóbica se ha dado en países tan diversos como Suecia, el Reino Unido, Holanda y Hungría. La Liga Norte de Italia, por ejemplo, un partido de extrema derecha afincado en las regiones del norte del país, está 4 veces mejor en las encuestas que lo que estaba en 2013.

La gran atracción

Volvamos a Salvador Llaudes:

-¿Por qué se han vuelto más populares?

-No es por casualidad. Varios elementos explican la mayor popularidad de estos partidos de extrema derecha. Por un lado, la distancia temporal con el período de entreguerras, y por tanto la inexistencia de un sentimiento de culpabilidad por parte de la ciudadanía si apoyan estas formaciones (que contrariamente sí existía entonces).

Por otro, el descontento con la globalización y sus consecuencias indeseadas, acompañado por la irresuelta crisis económica. Si a todo esto le sumamos el descrédito sufrido en los últimos años por parte de las opciones socialdemócratas y demócratacristianos, que han dejado de atraer a los jóvenes, o unos cambios tecnológicos que amenazan por dejar atrás a los trabajadores menos cualificados, nos encontramos con un cóctel explosivo que provoca la búsqueda de otras opciones con un discurso, diferente al tradicional, que propone soluciones sencillas a problemas complejos.

Asimismo, partidos de extrema derecha como el Partido de la Libertad neerlandés de Geert Wilders, se han apoyado en los últimos años en un recurso constante a la criminalización de la inmigración, capitalizando el descontento de aquellos ciudadanos que no se sienten cosmopolitas en absoluto y que temen que la llegada de inmigrantes les deje sin trabajo o empeore sus condiciones de vida. Sin duda, la reciente crisis de refugiados está permitiendo a estos partidos ahondar en estas dinámicas y seguir recabando apoyo popular.

Uno de los ejemplos recientes más evidentes es el referéndum británico en el que los ciudadanos decidieron la salida de su país de la Unión Europea. Junto a lo económico y lo relacionado con la soberanía, el tercer eje de mayor importancia a la hora de determinar el voto fue el relativo a la inmigración.

La narrativa del UKIP, aceptada por parte del establishment y por muchos ciudadanos ponía el énfasis en que la llegada de centenares de miles de inmigrantes al país en los últimos años habría provocado el encarecimiento de la vivienda, una mayor presión a los servicios públicos y una disminución de las posibilidades laborales para aquellos que cuentan con menores cualificaciones. Por supuesto, esta narrativa obvia el impacto económico positivo que ha tenido la llegada de inmigrantes a Reino Unido en los últimos años, unas personas que han proporcionado mucho más al sistema de lo que han recibido del mismo.

De igual forma, también ha ayudado un cierto lavado de cara de los partidos, quienes por norma general han suavizado sus posicionamientos anteriores, si bien de forma más estética que en cuanto al contenido. Así, por citar solamente algunos ejemplos, Ley y Justicia, o PiS, por sus siglas en polaco, ha cambiado de líderes y ahora cuenta con Beata Szydlo y Andrzej Duda en lugar de Jaroslaw Kaczynski (aunque quien manda sigue siendo éste realmente); el Frente Nacional ha hecho lo propio con la sustitución de Jean Marie Le Pen por Marine Le Pen y su abandono del antisemitismo; el partido húngaro Jobbik ya no apoya abandonar la UE (como sí hacía antes); y el FPÖ acepta el derecho de asilo y reconoce la existencia de “inmigrantes bien integrados” (en contraposición a aquellos mal integrados).

El gran debate: qué debe hacer Europa con la inmigración

El magnate George Soros escribió en la revista estadounidense Foreign Policy que la crisis de refugiados está llevando a una lenta desintegración de la Unión Europea, ahora acelerada por la salida de Gran Bretaña (Brexit).

“Ambas crisis han reforzado movimientos xenofóbicos y nacionalistas a través del continente”, escribió Soros, quien piensa que la única solución es que Europa acoja a los refugiados.

La extrema derecha, argumenta Soros, intentará ganar una serie de votaciones en el año entrante –incluidas elecciones nacionales en Francia, Holanda y Alemania en 2017-, un referéndum en Hungría sobre política de refugiados de la UE el 02/10 –el mismo día que las elecciones en Austria-, y un referéndum constitucional en Italia en octubre o noviembre de este año.

Soros considera que Europa debe crear un ambiente en el que la diversidad y la migración económica sean bienvenidos, para contrarrestar la baja natalidad que hay en el continente. Cree que la UE debe obligar a todos los países a aceptar refugiados, que deben ingresar en un número significativo, cerca de 300.000 por año. Una posición opuesta presenta James Traub en la misma revista.

Para él, la única manera que tiene Europa de prevenir una reacción irrevocable de la extrema derecha, es cerrar sus puertas a las masas pobres y cansadas del mundo. Jefes de Estado valientes, como la canciller alemana Ángela Merkel, pueden inspirar a sus ciudadanos a elevarse por encima de sus miedos, pero los líderes políticos no podrán ir muy lejos, si el público europeo cree -con o sin razón- que su soberanía está en riesgo.

“Debes demostrarle a tu población que estás seleccionando a la mayoría de la gente que está ingresando en tu país, para que el público perciba que tu Gobierno tiene el control”, escribió Demetrios Papademetriou, ex presidente del think-tank estadounidense, Instituto de Política Migratoria. Los líderes políticos no lograrán conseguir apoyo para realizar reformas si la población percibe que son los migrantes los que están dictando la política nacional.

Zizek: si no se organiza la inmigración, en 5 años triunfará la derecha en Europa

Para el filósofo Slavoj Zizek, el caos y la desorganización que hay en Europa en torno a la crisis de los refugiados es lo que podría hacer que en 5 años prosperen los discursos de extrema derecha en el continente.

“Los refugiados deben ser acogidos, pero no de esta manera caótica. Si las cosas continúan así, en 5 años, Europa ya no será Europa, no por la islamización, sino por la predominancia de la población anti-inmigración”, le dijo Zizek a Russia Today.

“Los países del oeste de Europa están jugando juegos sucios. La canciller alemana, Ángela Merkel, hizo una gran invitación, pero luego cuando había demasiados refugiados, no quería ensuciarse las manos al decir ‘basta’. En lugar de eso, se le dejó el trabajo sucio a pequeños países balcánicos, de discretamente detener el flujo de refugiados”, agregó Zizek, quien además afirmó que la idea de que culturas tan diferentes puedan coexistir es un “sueño”.

En los últimos meses se han venido dando una serie de episodios en distintos países de Europa en los que las autoridades proscriben a los musulmanes de practicar ciertos aspectos de su fe que interfieren con el código social de los países en cuestión, que pone este postulado de manifiesto:

> En mayo, dos adolescentes estudiantes musulmanes de Siria que van a la escuela en Therwil, Suiza, fueron advertidos de que serían obligados a pagar una multa de US$ 5.000 si se negaban a darle la mano a sus profesoras (mujeres), una costumbre en las aulas suizas. “El interés público en cuanto a la igualdad entre el hombre y la mujer y la integración de los extranjeros sobrepasa la libertad de religión”, dijo el departamento local de educación de Therwil en ese momento.

> En julio, una mujer en Austria fue negada por su jefe el permiso a llevar un velo que le cubriese toda la cara al trabajo. El jefe le dijo que no podía llevar su “experimento en vestimenta étnica” al sitio de trabajo. La Corte Suprema de Austria le dio la razón al hombre, manifestando que la decisión de dejar la cara de uno al descubierto es una de las “reglas básicas de comunicación indisputadas” en Austria.

“Europa debe mantenerse abierta a los refugiados, pero debemos ser claros en que están en nuestra cultura. Ciertos límites éticos (por ejemplo la libertad de elección de la mujer) son no-negociables. Debemos ser más firmes respecto de nuestros valores”, argumenta Zizek.

La identidad de Europa en la era de la movilidad masiva está en juego

Para Traub, de Foreign Policy, algo muy grande está en juego en esta crisis migratoria: la identidad de Europa en una nueva era de movilidad masiva.

“Los nativistas quieren retornar mágicamente a la cultura completamente blanca, completamente cristiana, de los ’50. Los activistas de izquierda parecen estar adoptando la posición de que la gente debe poder moverse a donde desee, y los Estados no deberían tener el derecho soberano de decidir quién vivirá y trabajará dentro de sus fronteras. En cualquier caso, Europa como la conocemos hoy –liberal, tolerante, de libre pensamiento y multicultural- dejaría de existir. La reforma inmigratoria en Europa, como la reforma inmigratoria en Estados Unidos, debe significar el aprovechamiento de la energía y ambición de gente nueva, mientras se reasegura a los ciudadanos que el país está actuando en nombre del interés colectivo propio. Ángela Merkel no ha todavía encontrado la llave. Tampoco Barack Obama. Si fracasan, la respuesta podría ser dada por los Donald Trump del mundo”, escribió Traub.

Pero aquí vale la pena volver a Llaudes:

-¿Es toda la extrema derecha igual?

-Tampoco. Aunque suelen compartir un elemento de rechazo al proyecto de integración europeo y a la inmigración, existen grandes diferencias en muchos ámbitos entre partidos y países. Así, Amanecer Dorado y Nuevo Amanecer, partidos de extrema derecha en Grecia y Chipre, respectivamente, son vistos directamente como neonazis, tanto por la estética de la que hacen gala, como por sus actitudes violentas o por su aproximación abiertamente xenófoba y racista. Existe una diferencia de escala con otros partidos como son los ultraconservadores de Ley y Justicia en Polonia o Fidesz en Hungría. No obstante, estos dos partidos rechazan el componente “liberal” de las democracias occidentales, alejándose de los consensos básicos respecto a un sistema de pesos y contrapesos efectivos, al tiempo que proclaman su visión soberanista de la democracia y del proceso de integración europeo.

También económicamente hay diferencias sustanciales entre este tipo de partidos: así, el Partido Popular Suizo y el Partido del Progreso Noruego rechazan el aumento en el gasto público y se proclaman más a favor de la responsabilidad individual. De igual forma, AfD tiene un programa liberal en lo económico, aunque propone la disolución ordenada de la eurozona tal y como está constituida en la actualidad. Por su parte, el Frente Nacional, Fidesz o Ley y Justicia tienen una visión más proteccionista de la economía, rechazando el neoliberalismo. Esto se traduce en planes económicos antiausteridad, subsidios y apoyo económico directo a las familias.

En el Parlamento Europeo es donde mejor se visualizan estas cuestiones, ya que muchos de estos partidos no quieren verse asociados con otros, por temor a que debido a ello su electorado les considere demasiado extremistas. Así, Fidesz pertenece a la familia del Partido Popular Europeo (EPP), quien, a pesar de no acogerlo con excesivo entusiasmo, considera un mal menor su presencia.

Por su parte, Ley y Justicia y el Partido Popular Danés forman parte del grupo de Conservadores y Reformistas, liderado todavía por el Partido Conservador de Reino Unido (partido de centro derecha que salió del EPP en 2009 para formar este grupo). El UKIP británico lidera la Europa de la Libertad y de la Democracia Directa, donde comparte espacio con el italiano, Movimiento 5 Estrellas, partido con el que únicamente comparte un populismo bastante antieuropeo.

Pero hay más: el Frente Nacional lidera el grupo Europa de las naciones y las libertades, donde también está el Partido de la Libertad neerlandés de Geert Wilders, el FPÖ austriaco, el Vlaams Belang belga o la Lega Nord italiana. Y en el grupo de los no inscritos se encuentran aquellos peor considerados: Amanecer Dorado, Jobbik o el Partido Nacionaldemócrata de Alemania.

9 de cada 10 trabajadores austríacos votaron a la ultraderecha

De momento, el riesgo inmediato es que Austria elija a un Presidente de extrema derecha el 2 de octubre, sentando un precedente que entusiasmará a las otras derechas del continente. Debe aclararse, de todas maneras, que la figura del Presidente es una posición históricamente ceremonial en Austria. El líder de la mayoría parlamentaria, llamado el Canciller Federal, es quien generalmente tiene el poder. Esa persona es Christian Kern, del Partido Socialdemócrata de centro-derecha-, desde el 17 de mayo de este año. Esto no minimiza el significado simbólico que tendría un triunfo del Partido de la Libertad a la presidencia.

Para Owen Jones, del diario británico The Guardian, tras el triunfo apretado de Van der Bellen sobre Hofer el 22 de mayo, la siguiente cifra debería atemorizar a toda la izquierda europea: casi 9 de cada 10 trabajadores manuales austríacos votaron a la ultraderecha en la segunda vuelta electoral (ahora anulada).

“Desde 1945, ningún movimiento de la derecha extrema y xenófoba había tenido tanto apoyo en el continente. En Francia, el Frente Nacional –un partido de ultraderecha que ha aprovechado la crisis del socialismo francés robando la retórica económica de la izquierda– obtuvo la mayoría de votos en la primera ronda de las elecciones regionales el pasado diciembre. En Alemania, las encuestas señalan que el partido anti-inmigrantes Alternativa por Alemania se acerca sigilosamente a los atormentados socialdemócratas. En Hungría tiene el poder un gobierno autoritario de derechas, y los sondeos indican que en torno a un quinto de los húngaros apoyan al partido ultraderechista y antisemita Jobbik”, escribió Jones en The Guardian.

La socialdemocracia se ha derrumbado como fuerza política coherente en Europa

“De Polonia a Italia, de Suiza a Grecia, de Suecia a Países Bajos, la derecha radical está emergiendo”, escribió Jones. “Sin duda, esta es una historia de injusticias económicas –magnificadas por la crisis económica de 2008– en colisión con el espíritu anti-inmigrantes. Pero también es producto de la crisis de la socialdemocracia. En la Europa de la posguerra, la socialdemocracia dio representación política a la gente trabajadora y utilizó el poder del Estado para mitigar los excesos del capitalismo. No obstante, su base tradicional –una clase trabajadora industrial y un pueblo de clase media progresista– ha evolucionado y se ha fragmentado.”

Por otro lado, advierte Jones desde el diario británico de izquierda, la globalización del libre mercado ha desafiado al poder del Estado.

“El final de la Guerra Fría se consideró la muerte de cualquier alternativa a los mercados sin restricciones, llevando a los socialdemócratas a abrazar los dogmas del libre mercado. Y, tras la crisis financiera, la socialdemocracia europea o apoyó o implementó los recortes generalizados, abandonando el concepto socialdemócrata más básico de todos: la inversión pública. La socialdemocracia se ha derrumbado como fuerza política coherente en Europa”, concluye tajante Jones en la nota traducida por Sevilla Lorenzo.

Historia del Partido de la Libertad

Zack Beauchamp, del portal Vox, considera importante aclarar que el Partido de la Libertad no es abiertamente fascista y sus líderes no son nazis, a pesar de que allí están sus orígenes. Es, eso sí, una organización con una mirada muy de derecha, anti-inmigrante y especialmente anti-musulmán, al punto de caer en el racismo.

Fundado en 1956 por Anton Reinthaller -un antiguo miembro de las SS que había estado encarcelado entre 1950 y 1953 por actividades nacionalsocialistas-, en 1999 el Partido de la Libertad sacó el 26,9% del voto al Parlamento nacional. Esto lo habilitó a formar parte de la coalición liderada por el Partido Popular Austríaco (centro-derecha) en el año 2000.

Ya bajo el liderazgo de Jörg Haider, un agitador que manifestaba sus respetos por las SS, el partido fue logrando a paso de tortuga despegarse del estigma de su origen nazi, y lo hizo moderando su discurso -tanto en sus postulados como en su estilo-.

Haider ganó en 1999 por hacer campaña contra los dos partidos políticos dominantes de Austria, el Partido Popular Austríaco y el Partido Social Demócrata. Gran parte de sus quejas se referían a la política inmigratoria relativamente abierta del país: en 2003, el 12,5% de los residentes austríacos había nacido en otros países. Haider acusó a los partidos del mainstream de permitir la “infiltración extranjera”.

Haider murió en 2008, poco después de que su partido sacara solamente el 11% en las elecciones de 2006, explica Beauchamp. Pero el Partido de la Libertad ha vuelto a tomar fuerza en los últimos años.

El apoyo al Partido de la Libertad está creciendo de manera estable: por más de 1 año ha llegado al tope de cada encuesta representativa, siendo apoyado de manera constante por alrededor del 30% de los encuestados”, escribieron los politólogos Philip Rathgeb y Fabio Wolkenstein en el blog de Europa de la Escuela de Economía de Londres.

El gran regreso del nativismo austríaco vino en el verano europeo de 2015, cuando la crisis de refugiados se convirtió en el principal asunto político de Europa. El Partido de la Libertad presenta a los refugiados sirios y otros musulmanes como una amenaza para la civilización cristiana europea. Este mensaje claramente ha resonado en los votantes austríacos, una mayoría de los cuales cree que su país está yendo por el carril equivocado.

Hoy, al igual que en otros países, el Partido de la Libertad se ha convertido en el partido de los obreros de Austria, una clase social que “se siente abandonada por la izquierda tradicional, cada vez más alejada de sus problemas, que acepta la austeridad económica impuesta desde Bruselas (o Berlín) tras la crisis económica de 2008, y una globalización galopante que sólo conlleva la desregulación empresarial y las privatizaciones”, escribió Manuel Florentín en su blog en la edición española del diario online estadounidense, Huffington Post.

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