AVATARES PERONISTAS

De la Sota podría ser el de la transición... si quisiera

José Manuel De la Sota presidiendo el Partido Justicialista es el único que podría hacerlo pensar seriamente a Sergio Massa sobre la reformulación del Frente Renovador. Massa siempre propuso a De la Sota para un cargo al que De la Sota no se candidateó porque sospechó que no había agua en la pileta. Devaluados, asumieron José Luis Gioja y Daniel Scioli, pero está claro que con ellos, el PJ experimenta una lenta criogenia, mientras pierde dirigentes ambiciosos de la billetera o de Mauricio Macri o de María Eugenia Vidal. Jorge Asis escribió acerca de De la Sota, pero según él, hay algún afán presidencialista futuro en el cordobés. Urgente24 no comparte esto porque la relación entre De la Sota y Massa es muy sólida, pero sí es verdad que la pileta sigue seca según De la Sota.

por OBERDÁN ROCAMORA

“Los peronistas no somos botones, al contrario”, confirma la Garganta.

Pero por la grotesca obscenidad de la corrupción, todos aquellos que creyeron que el kirchnerismo era el peronismo del siglo XXI, “así no hayan robado”, según la Garganta, “deben purgar las culpas”.

“Se los contiene” concede, magnánimo. “Pero a la cola”.

Preguntas envenenadas

La vacilante insustancialidad del Tercer Gobierno Radical (TGR) es simulada por las catastróficas derivaciones del desmoronamiento del kirchnerismo.

Los bolsos monasteriales del Neolopecito resultaron ideológicamente superadores (leer Delincuencia y Teología).

El obstáculo complementa las ambiciones de los mejores exponentes que sobrevivieron al epílogo kirchnerista. Los que pugnan por escalar hacia el podio presidencial.

Desde Sergio Massa, Titular de la Franja de Massa, que se arrojó en movimiento de la terrible formación en 2013, después de haber sido Premier de La Doctora. Hasta Florencio Randazzo, El Loco, que permaneció en el ministerio hasta el último día, pese a los enojos del final. O incluso Juan Manuel Urtubey, El Bello Otero, que se desenganchó sólo en los últimos meses, después de “hacerse el tonto” durante dos lustros. O el mismo Daniel Scioli, Líder de la esfumada Línea Aire y Sol, que hizo un dogma excesivo con la lealtad a quien lo menoscababa. Mantiene, aún, deseos de revancha.

Son los aspirantes a estadistas que deben, a su pesar, someterse a las preguntas envenenadas. Cuesta eludirlas.

¿Sabían, acaso, lo que sistemáticamente se robaba?

¿Participaron de la fiesta del despojo? ¿Lograron zafar?

O acaso peor: ¿desconocían la existencia de los bolsos cotidianos?

Preguntas infernales que desacomodan. Rozan, de por sí, la complicidad indirecta. El estado de sospecha.

Si alegan desconocimiento, una de dos, quedan como ilusos o incompetentes (cabe también las dos alternativas, ilusos e incompetentes).

El fenómeno arrastra hacia la situación límite a las primeras figuras que coinciden con la caída. Cultivan, en general, la rara sabiduría del silencio, que es siempre transitoria. O el beneficio tranquilizador del perfil bajo. O de la introspección obligada.

Todo vale para evitar referirse a los episodios de corruptelas que se clavan, en los medios, hasta la perpetuidad.

La sucesión de estos episodios espantosamente pintorescos distan, según nuestras fuentes, de ser sigilosamente orquestados por el TGR.

Son -sí- redituables, y a veces inteligentemente incentivados. Por omisión, el espectáculo del despojo favorece al TGR. Por el mero efecto desastrosamente comparativo, aquí muy tratado.

La cuestión que el TGR cubre su intrascendencia gestionaría con la desgracia del adversario que oposita y no puede, en definitiva, reponerse.

Aparte, el adversario debe resistir la tentación de ser captado. O de hacer méritos para que decidan captarlo. Sin una gran red, el TGR recluta. Consta que en alguna provincia ya arrancó la temporada de caza.

Legitima la interpretación del portal: “Explotar la corrupción del kirchnerismo para acabar con el peronismo”.

3 Jefes, dos poleas

En 70 años de historia el peronismo sólo tuvo 3 jefes.

Juan Domingo Perón, el fundador de la mitología. Carlos Menem y Néstor Kirchner, ambos estigmatizados, a su vez, por sendas desviaciones de signo contrario.

El peronismo contuvo aparte dos poleas de transmisión. Fundamentales para después de las derrotas, o retrocesos.

Antonio Cafiero, polea entre Perón y Menem. Después de la clausura militar y de la victoria de Raúl Alfonsín (presidente del Primer Gobierno Radical, en la versión democrática iniciada en 1983).

Segunda polea fue Eduardo Duhalde, entre los liderazgos de Menem y Kirchner. Después de la victoria de Fernando De la Rúa (presidente del Segundo Gobierno Radical).

La irrupción de Mauricio Macri, presidente del TGR, sorprende al peronismo, otra vez, sin jefe. Consta que sólo algún romántico sin territorio toma en serio la jefatura virtual de La Doctora, que hoy protagoniza la utopía de mantener la libertad.

Pero también Macri lo sorprende al peronismo sin tener la polea indispensable de transmisión.

“Aquí lo que falta es otro Cafiero”, confirma otra Garganta.

Falta el Cafiero que instrumente la necesaria renovación, que se impone. A los efectos de impedir, en todo caso, la desaparición histórica. O la absorción, a favor de Macri, el adversario con alguna iniciativa. En los '80, Alfonsín intentó la absorción, pero quedó en un discurso. Pese al franciscanismo político, hoy Macri puede lograrlo. Con el cambio de metal, desde la plata al bronce.

Al contemplar la misericordia febril del panorama, por portación de trayectoria y de prestigio, surge que el más apto para brindarle cierta racionalidad al archipiélago peronista, o por lo menos para evitar el desbande, es José Manuel De la Sota, El Cordobés Profesional.

El mero hecho de no haberse infectado, en los 12 años, del peor kirchnerismo, funciona, en la actualidad, en De la Sota, como un mérito. O una hazaña que sin embargo no le alcanza.

Por lo que trasciende, De la Sota no está disponible para la tarea semejante. Tal vez porque supone (como también lícitamente lo supuso en su momento Cafiero) que le queda otra oportunidad para intentar la aventura presidencial.

Otro posible aglutinador es Adolfo Rodríguez Saa, del Estado Libre Asociado de San Luis. Pero se lo percibe bastante conforme “al Adolfo”. En la cómoda, sin deseos de renovar nada. Resignado a hacer la plancha, como planta permanente del Senado.

Momentos extinguidos

De todas maneras, la conducción formal del Partido Justicialista no trata la problemática de la pregunta envenenada. Lo preside el físicamente castigado José Luis Gioja, El Güevón, junto a Scioli, hoy afectado por el virus de la derrota electoral.

Ambos -Gioja y Scioli- no parecen tampoco transformarse en los canales para ninguna posible renovación.

Padecen, para colmo, a su manera, los daños colaterales. Distan de encontrarse culturalmente en condiciones de soltar la mano de La Doctora.

Hoy Gioja demora hasta el poder elemental de decisión para resolver la titularidad de la Auditoría General de la Nación, que institucionalmente le pertenece al PJ. Designación que viene encadenada a la de Defensor del Pueblo, el ombudsman.

La pausa de las vacaciones de invierno cae como la “bendición de tan fresca”, como diría Borges.

Entonces Gioja posterga la entrega, a los cazadores de cabezas, de Ricardo Echegaray, también arrastrado en la tormenta. Para designar a Oscar Lamberto, al frente de la AGN (y como ombudsman, según nuestras fuentes, el estructurado Humberto Roggero).

El periodismo patrullero -en la concepción de Ignacio Zuleta- aturde, con las escenas del despojo. Hasta el aburrimiento.

Sin embargo después del receso, según la evaluación, emerge el turno de la política.

Es un problema para el vacío ideológico del TGR, que debiera contener al radicalismo que no digiere. Pero le proporciona identidad.

Sobre todo es un problema para los afectados por los daños colaterales. Los peronistas que aguardan los momentos propicios (que se extinguieron).

Los fiscales aportan las selectivas primicias por migajas de protagonismo. El show, pese al fastidio, es inagotable.

“A Scioli, en cuanto amague moverse, el macrismo le suelta a Carrió”, confirma la Garganta. “Se la tira encima, hacia la yugular, con mil denuncias”.

El riesgo Carrió también lo compromete a Macri, que ya ni imagina cómo tratarla. Precisamente el riesgo Carrió estimula a Massa, para arrimarse a la señora Margarita Stolbizer.

Aquí Massa, dador voluntario de gobernabilidad, por su entendimiento con Stolbizer, entra en contradicción con los peronistas sin rumbo. Los que esperan ser liderados. Por Massa.

Por su parte, Urtubey avanza con su astucia tradicionalmente cautelosa. Es un reconocido profesional en el arte de pasar inadvertido. De hablar sin decir. De estar y en simultáneo sin que se lo registre.

Mientras tanto, Florencio Randazzo sigue oculto detrás de la computadora. Es el elemento de reserva, “cargado de futuro”, que se escuda en la visión tiempista. Aguarda algún “momento propicio”, de los extinguidos.

Paulatinamente a Randazzo también lo esperan con denuncias. Por los trenes chinos, “que no tienen ni manual”.

Junto al periodismo, la política también se acomoda, por las dudas, en el interior del patrullero policial.

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