DATAFOLHA

1 de cada 2 brasileros no quieren los Juegos Olímpicos

El ciudadano brasileño, considerado uno de los pueblos más optimistas del mundo, teme que los Juegos Olímpicos que organiza Río de Janeiro les hagan pasar vergüenza. En una encuesta del Instituto Datafolha, el más prestigioso del país, el 63% de los entrevistados de todo Brasil opinaron que el evento traerá más prejuicios que beneficios y la mitad de ellos mostró su miedo a quedar en evidencia con el transporte o la seguridad de la ciudad. El mismo estudio, realizado a 2 semanas de la inauguración, reveló también que la mitad de la población desaprueba que se celebren los juegos. Esto es más del doble que en junio de 2013, cuando solo el 25% de los entrevistados expresaba este parecer y el 64% los veía bien. En 2014, a menos de una semana del Mundial de fútbol que se celebró aquí, solo el 35% de los entrevistados por el instituto estaban contra la competición.

La mitad de los brasileños se opone a la celebración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, según un sondeo publicado el lunes 18/07 por Folha de S.Paulo a dos semanas del inicio de las competiciones deportivas.

El sondeo de Datafolha muestra que el rechazo a los Juegos ha crecido de forma sostenida desde 2013 y, del mismo modo, el apoyo a la cita olímpica ha caído hasta el 40%.

Un 63 % de los encuestados opinó que los Juegos traerán más perjuicios que ventajas a Brasil y el 29% consideró que serán beneficiosos para el país. Sin embargo, el 45% de los encuestados consideró que los Juegos serán más positivos que negativos para los habitantes de Río de Janeiro, mientras que un 47% fue pesimista.

Entre los encuestados, el 57% dijo que la seguridad pública causará vergüenza a Brasil, el 55% mostró esa misma preocupación en relación al sistema de transporte y el 49%, por la organización de las Olimpiadas.

Brasil ganó la organización de los Juegos en 2009, cuando Luis Inácio Lula da Silva llevaba seis años de estable presidencia y lideraba un economía prometedora. La situación es muy diferente ahora. El país está en recesión económica y lo que no para de crecer ahora es el desempleo. Sufre también una paralizante crisis política agravada por la destitución de su presidenta, Dilma Rousseff, mientras suma decenas de casos de corrupción. Los escándalos manifiestan lo cotidianos que son los sobornos en los medios político y empresarial del país, que incluye a los responsables por la construcción de las arenas olímpicas.

La seguridad es la mayor preocupación de los organizadores, motivo por el cual el Gobierno ha decidido movilizar un contingente de 42.000 efectivos de las Fuerzas Armadas, además de 3.500 hombres de la Fuerza Nacional de Seguridad, un cuerpo con policías de todo el país que dará apoyo a la policía de Río de Janeiro.

Entre enero y mayo se produjeron 2.508 homicidios, una media de 16 por día, en el estado de Río de Janeiro, donde viven cerca de 16 millones de personas.

En la encuesta, el 51% de la población manifestó que no tiene ningún interés en las Olimpiadas, mientras que en 2013, tan sólo el 28% de los encuestados era de la misma opinión. Un 33% aseguró que los Juegos le interesa "un poco" y el 16% dijo que está muy interesado en la competición deportiva que se celebra entre el 05/08 al igual 21/08.

La encuesta fue realizada con 2.792 entrevistas a personas de 16 años o más en 171 municipios de todo Brasil y, según Datafolha, tiene un margen de error de dos puntos porcentuales.

Al clima de pesimismo nacional hay que sumar la posibilidad de un ataque terrorista, una nube negra que sobrevuela la celebración en las últimas semana. Los servicios de inteligencia brasileños ya identificaron la creación de un canal de propaganda del Estado Islámico en portugués y hoy vigilan a cerca de 40 de posibles sospechosos La matanza en Niza, en la que un lobo solitario provocó la muerte de 84 personas, ha obligado a las autoridades a revisar sus planes de seguridad. La amenaza del virus zika, si bien relativamente despejada por su bajo índice de incidencia durante estos meses de invierno brasileño, también fue motivo de preocupación entre la comunidad médica internacional, que llegó a exigir el aplazamiento o cancelación del evento.

Para rematar, el Estado de Río de Janeiro que, hasta la caída del precio del crudo, mantenía sus cuentas a flote gracias a los ingresos de la explotación del petróleo en sus costas, decretó el mes pasado la quiebra económica. Las autoridades estatales tuvieron que pedir auxilio financiero al Gobierno federal (más de US$ 1.000 millones) para garantizar la seguridad durante los Juegos porque, en plena crisis de seguridad, con los índices de criminalidad el alta, no tenían dinero ni para abastecer los patrulleros.

El Estado de Río de Janeiro ha incumplido todas las metas propuestas relativas al medio ambiente. La Bahía de Guanabara, escenario de las competiciones de vela, continuará recibiendo millones de litros de aguas fecales cada día y no alcanza, ni de lejos, la descontaminación del 80% de sus aguas que prometieron las autoridades. Tampoco se limpiaron las putrefactas lagunas que bordean el Parque Olímpico, donde es común ver en la superficie peces muertos y heces.

La ampliación del metro, esencial para el transporte de los aficionados desde las zonas más turísticas de la ciudad hasta el Parque Olímpico, está lastrada, entre otras cosas, por las dificultades económicas, y se inaugurará, si nada falla, a 4 días de los Juegos. Con las prisas, el periodo de prueba de los trenes ha sido reducido de un año a 2 meses.

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