EL PROBLEMA DE LA INSERCIÓN EN EL MUNDO

La otra brecha: Casa Rosada vs. “Círculo Rojo”

Hay intereses empresariales (en especial, un grupo con gran autoridad en la Unión Industrial Argentina) que rechazan cualquier apertura de la economía argentina. A través de sus voceros encubiertos, en el pasado predicó el ‘modelo brasilero’ hasta que ese arquetipo se verificó como un fraude, pura corrupción y escaso desarrollo. Ahora se acelera procurando reforzar a su operador en el gabinete nacional, Francisco Cabrera, para limitar las próximas conversaciones con la Unión Europea y la Alianza del Pacífico. El ejemplo explica dónde está parado el llamado “Círculo Rojo” del poder y las limitaciones que deberá superar Mauricio Macri, quien cuando estaba en Socma era expresión de esa construcción, paradójicamente.

Mientras en Argentina los Ceos de multinacionales y grandes empresas miran por TV el partido de la SuperLiga de la política que inventaron Mauricio Macri y el kirchnerismo sin apostar aún por su favorito, más de las tres cuartas partes de sus colegas en el mundo se manifestaron en una encuesta de PwC  (ex Pricewaterhouse Coopers) en tren de relacionarse con los gobiernos a fin de que las regulaciones en el campo de la sostenibilidad y las inversiones responsables con el medio ambiente en los próximos  5 años se concilien con el crecimiento de los negocios. Ya tenían bastante que hacer con las expectativas que se transforman en materia de comunicaciones, reportes, inversiones y planificaciones y encima les toca conducir un proceso en el que las necesidades de los clientes y de otras partes de interés cobrarán más importancia que las de los accionistas. Pero en ello les va el puesto. Por estas latitudes, la inflación todo lo tapa y camufla.

Más del 80% de los Ceos de las grandes empresas tanto de Argentina como de Sudáfrica manifestaron temer una sobrerregulación de los gobiernos en el campo de la sostenibilidad y las inversiones responsables con el medio ambiente, lo que es visto como una amenaza para el crecimiento de los negocios.

Se extrapola esta visión más pesimista del Hemisferio Sur respecto del resto del mundo de las opiniones de más de 1.400 Ceos en torno de la creciente relación entre las empresas y los gobiernos, y cómo éstos impactan conjuntamente en la sociedad, que sirvieron de base a PwC para el nuevo informe titulado “Business through a new lens”.

Sorprende que, en general, los directores generales de las grandes empresas del país hayan pronunciado una desconfianza superior a la de los otros países respecto de las autoridades nacionales, siendo el macrismo el que mejor los representa desde un gobierno desde el menemismo, o sea, desde hace 20 años. 

Las prácticas sustentables no son el fuerte del empresariado que opera en Argentina, caracterizada más bien por una subrregulación en materia medioambiental que por un exceso, lo cual celebran los accionistas por el plus de rentabilidad que obtienen los balances y convalidan así mejores remuneraciones para los administradores.

En el último ránking de Forbes de las 50 empresas más sustentables del mundo, anterior a la encuesta de PwC no aparece ninguna empresa argentina, sí de Brasil y Singapur. Como contraste, hay compatriotas entre los más ricos del mundo que surgen de estas mediciones internacionales.

Otro dato a tener en cuenta que se observa en las 50 top Forbes: entre las 10 primeras figuran, por ejemplo, las sedes alemanas de IBM (la Nº1) y Adidas, con inserción en Argentina, pero ausentes de esa distinción por estas latitudes.

Tal vez para los 4 años por delante, con la supuesta garantía que les tendría que ofrecer un gobierno promercado, como el de Macri, las multinacionales y grandes compañías nacionales aprovechen la oportunidad para abordar en serio la tendencia que el 87% de los Ceos encuestados de todo el planeta expresaron a PwC: que dentro de los próximos 5 años “darán prioridad a la rentabilidad a largo plazo sobre la rentabilidad a corto plazo, y las necesidades de los clientes y de otras partes interesadas se volverán cada vez más importantes en las organizaciones exitosas”, como señala el informe.

Esto significa que “las estrategias de negocios deberán identificar cómo contribuir, o bien reducir el impacto negativo, con los compromisos nacionales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)”.

Compromiso “heredado

En 2015, 193 países, entre los que se contaba Argentina, habían consensuado hacer frente a 169 temáticas en 17 áreas de impacto social, ambiental y económico mediante la creación de un nuevo marco para que los gobiernos y los negocios trabajen en conjunto.

Se había suscripto en Naciones Unidas bajo la administración de Cristina Kirchner, cuando la actual canciller y candidata a la secretaría general del organismo internacional, Susana Malcorra, era la mano derecha del saliente Ban-Ki-Moon. Se estimó que se necesitarían más de US$11,5 billones para alcanzar los objetivos mediante inversiones, en su mayoría impulsadas por el sector privado.

Las principales áreas de trabajo, definidas como las 5 P (Personas, Prosperidad, Planeta, Paz y Partenariado) que absorberán flujos de capital engloban, entre otras cuestiones, el compromiso de los Estados para erradicar el hambre y lograr la seguridad alimentaria; garantizar una vida sana y una educación de calidad; lograr la igualdad de género; asegurar el acceso al agua y la energía sustentable; promover el crecimiento económico sostenido; adoptar medidas urgentes contra el cambio climático; promover la paz; facilitar el acceso a la justicia y fortalecer una alianza mundial para el desarrollo sostenible.

El intríngulis estriba en cómo será la pulseada entre los gobiernos y las corporaciones para regular el tránsito de la rentabilidad de los negocios hacia los fines sociales comprometidos sin afectar la avidez de dividendos de los accionistas. En Latinoamérica, el desafío sería evitar que salgan corriendo a refugiarse en dólares. 

Para el empresariado argentino no es lo mismo que esta agenda de Objetivos Globales sea ejecutada por un gobierno afín como el de Macri que si estuviera en manos de La Cámpora, de lo cual habrán tomado nota con el trámite que tuvo la ley antidespidos en el Congreso, que el gobierno “promercado” se comprometió a vetar.

Igual, ante PwC los Ceos locales, la mayor parte adherentes al menos del denominado “Círculo Rojo”, se mostraron reticentes ante las regulaciones por venir, ya que jugarán un rol importante en las inversiones y las estrategias de negocios a medida que se implementen los planes de acción a nivel nacional e internacional y tengan que ser aplicadas internamente las políticas y las regulaciones requeridas para insertar al país en el mundo, como ellos mismos han venido reclamando.

Menudo trabajo tendrán por delante los directores generales de las grandes empresas para arbitrar las crecientes expectativas sobre el rol de las empresas en la sociedad y la tasa de ganancias pretendida por los inversionistas. Van a tener bastante trabajo de asesoramiento por delante los integrantes de la red de profesionales de la sustentabilidad que formaron Lucas Utrera (ex Odebrecht), Javier García Moritán (Nidera), Julián Ferrer (Cargill), Francisco Michref (Globant), José David (Deloitte) y Tarcisio Mülek (ex Unilever) que conoce las 3 patas a conciliar en los resultados de un balance: la económica, la social y la ambiental. Claro que para ello, que el país entre en índices razonables de inflación será condición sine qua non.

El líder de la práctica de desarrollo sostenible y cambio climático de PwC Argentina, Marcelo Iezzi, apuntó que “los Ceos creen que las necesidades de los clientes y de otras partes interesadas se volverán cada vez más importantes en las organizaciones exitosas, de aquí a 5 años”, aunque advirtió que “la planificación estratégica debe comenzar hoy, poniendo énfasis en muchas de las metas que existen detrás de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Exhorta a poder identificar con anticipación cómo las operaciones más importantes de una compañía impactan en el logro de los objetivos, ya sea de manera positiva o negativa, como “paso clave para transformar un modelo de accionistas en un modelo de partes de interés más amplias”.

Entiende que ello servirá para mostrar “cómo un negocio puede adaptar su estrategia y responder a las expectativas cambiantes acerca de su rol, y además, reducir sustancialmente los impactos de los riesgos regulatorios y la incertidumbre”.

Del maquillaje a la acción

Las RSE y los voluntariados, por sí solos, no dan respuesta suficiente a los desafíos en ciernes, aunque sólo el 27% de los Ceos reconoce a nivel mundial que sus clientes quieren establecer relaciones con organizaciones que, hoy en día, se ocupan de las necesidades de todas las partes de interés. Esperan que se llegue al 44% en 5 años. Obviamente, son tiempos más de 1er. Mundo que de regiones emergentes.

Iezzi sostiene que, a medida que se instalen las metas y los indicadores y se implementen los planes de acción, también se comenzarán a moldear la estrategia de negocios, lo cual “contribuirá a derribar los obstáculos entre las planificaciones a corto y a largo plazo que ya están en proceso”.

Subraya al respecto que algunos países, por ejemplo, en donde existen objetivos específicos para reducir los impactos ambientales, o incrementar las destrezas y el desarrollo económico, “tienen la posibilidad de establecer políticas gubernamentales con el fin de pedir más colaboración del mundo de los negocios para cumplirlos”, que es una instancia que se encuentra verde en Argentina, ya que los Ceos miran por TV las batallas de Macri por la gobernabilidad sin apostar aún ni un cobre.

Alcanzar los Objetivos Globales de la sustentabilidad definirá el negocio, "pero hoy en el país es un estadío que parece tan lejano, como la armonía que puedan establecer el mundo de los negocios, el gobierno y la sociedad, uniéndose de una forma nunca antes vista. Alcanzar estos objetivos”.

En la Encuesta Anual Global a los Ceos sobre la que se basó el informe de PwC, 69% reconoce que los gobiernos y los entes reguladores tienen un impacto material en su estrategia de negocios; y 79% afirmó que teme que la sobrerregulación sea una amenaza para el crecimiento de los negocios. En Argentina y Sudáfrica, ese porcentaje se eleva a más del 80%.

También se pone de relieve que los Objetivos no son meras declamaciones, porque tienen implicaciones no sólo para las organizaciones nacionales donde se establecen las metas, sino también para aquellos que buscan expandir sus operaciones a otros países. Y reconocen que las disposiciones, las políticas, los incentivos y las medidas gubernamentales a nivel nacional tendrán un papel importante en el cumplimiento de los objetivos, con implicancias que afectarán la capacidad de los negocios para atender a nuevas disposiciones o incentivos nacionales o transnacionales.

Para el 77% de los Ceos, de aquí a 5 años, los avances tecnológicos transformarán las expectativas de los negocios sobre comunicaciones, reportes, inversiones y planificaciones.

En términos generales, tienen la creencia de que las necesidades de los clientes y de otras partes de interés cobrarán más importancia que las de los accionistas.