¿QUIÉN LE HACE EL LIBRETO AL PRESIDENTE?

Anchoas en el desierto: Por ahora, los sindicalistas no adhieren al acuerdo antidespidos

Durante toda la jornada, los medios de comunicación que trabajan para Mauricio Macri con un afán similar al que tenían los de Sergio Szpolski para promocionar a Cristina Fernández de Kirchner, presentaron un inminente acuerdo tripartito (Gobierno / empresas / sindicatos) que debía frenar la legislación antidespidos. Sin embargo, al caer la noche el resultado es magro, tal como si la energía se hubiese agotado en el amague....

por EDGAR MAINHARD

Los sindicalistas no quisieron reunirse con los empresarios en la Casa Rosada, pese al empeño de Mauricio Macri por conseguir una fotografía de todos juntos, como si fuesen los Campanelli. Los sindicalistas prefirieron permanecer en un reducto distinto al de los empresarios, acompañados por el Presidente de la Nación, a quien le recordaron que él todavía no ha comenzado a pagarles la supuesta deuda que mantiene el Estado con sus obras sociales, por un monto superior a los $26.000 millones.

La reunión tripartita fue una tardía iniciativa matutina de Presidencia de la Nación, intentando frenar la aprobación en Diputados de la iniciativa que ya votó el Senado, imponiendo la doble indemnización a quienes despidan durante la emergencia laboral que supone la coyuntura. Es más: el domingo 08/05, Joaquín Morales Solá, columnista político del diario La Nación, había explicado el escepticismo que utilizaron los empresarios para tomar distancia del convite que les hacían 2 de los suyos que ahora son los edecanes de Marcos Peña (el pequeño Mario Quintana y el esquivo Gustavo Lopetegui), necesitados de llevarle buenas noticias al jefe del Ejecutivo Nacional.

Y antes, el ministro Francisco Cabrera, apodado 'Juanito', por la chica Viale, había cuestionado a los empresarios que en privado le transmitían fe y esperanza a Macri, quizá confundiéndolo con Scioli, y en público le arrojaban anchoas en el desierto de la estanflación.

Sin embargo, de pronto, todo el Gobierno recuperó la confianza en que podían concretar una acción política que cambiara la historia del proyecto de ley antidespidos, horrible iniciativa que ubica al Presidente ante una derrota política imprevista y evitable.

Tal como Rosendo Fraga le explicó a Roberto García, en Canal 26, la política no está funcionando en el Universo Macri: el reciente resultado perdedor en el Senado fue exactamente inverso en la cantidad de votos al resultado triunfador cuando se aprobó la salida del 'default' de la deuda pública externa... y apenas transcurrió 1 mes entre uno y otro evento. Sin duda fue el disparador de la nueva convocatoria a los gobernadores para que lleguen hasta Casa Rosada a cambiar votos futuros en el Senado por planes de obra pública. Pero ahora todo será más caro porque el Presidente perdió el invicto con la ley antidespidos. En esta Argentina no hay que descuidarse. Extraño que le suceda a un Macri tan futbolero.

Convocar a los empresarios para pactar que no ocurran despidos no sólo contradijo el discurso gubernamental que había sostenido hasta entonces, en boca de Macri y de su alter ego, Peña, de que en la economía argentina había incorporación de personal y no cese de empleo, sino que desnudó el fracaso de Sergio Massa en convencer a Hugo Moyano para que apoyara cambios en el texto aprobado en el Senado de manera tal que el Presidente pudiera zafar del veto a la decisión del Poder Legislativo, y Massa pudiera quedar como confiable ante los empresarios.

La convocatoria tripartita de Macri tuvo una falla de origen: nunca fue tripartita. Él consensuó un texto con Marcos Peña que le impuso a un listado de grandes empresas, y luego pretendía que los sindicalistas se sumaran al hecho consumado.

Los sindicalistas tienen una profundidad de análisis bien diferente a la de Macri. Para ellos, la convocatoria de Macri a los empresarios fue una demostración de debilidad del Presidente, no de fortaleza. Al fin de cuentas,

> los empresarios no acataron el pedido de Macri de que suspendieran el ajuste de los precios,

> ignoraron el reclamo de que inviertan con premura y

> condicionaron cualquier próxima toma de riesgo a que el Presidente siga haciendo gestos para con ellos, tal como el veto a la ley antidespidos.

Después: para los sindicalistas, ellos ya tienen la ley antidespidos aprobada. Creen tenerla 'en el bolso'. Antonio Caló lo dijo ante los periodistas antes de ir a la Casa Rosada: descontaba que en Diputados ratificarían lo que sancionó el Senado. Por lo tanto, eso les concedía una posición de ventaja en la negociación que ni Macri ni los empresarios les estaban reconociendo. Y, si ya se encontraban en ventaja, ¿qué podía ofrecerles el Presidente que les resultara satisfactorio? Ahí apareció la deuda impaga por obras sociales.

Por si faltara algo, los sindicalistas hicieron notar algo totalmente cierto: en el Salón Blanco los empresarios se comprometieron a no despedir pero no hay penalidades para aquellos que incumplan. Es un mero "un compromiso moral". Desde Juan Carlos Pugliese a la fecha, ya se sabe qué ocurre con los alegatos desde el corazón y las respuestas con el bolsillo.

El Presidente conversaba con ellos, luego iba hasta donde estaban los empresarios, más tarde volvía con los sindicalistas, un rol poco... presidencial, tal como si no fuese suficiente el traspié reciente de cuando visitó la sede social de Luis Barrionuevo pero el dueño de casa faltó a la cita. De más está decir que si 'el Momo' Venegas es el delegado de Macri ante los sindicalistas, es tan ineficiente en su rol como Emilio Monzó, el jefe de Diputados que quiere ser interlocutor en el Senado, que quiere convencer a los intendentes municipales bonaerenses pero no pudo frenar la ley antidespidos en su propia Cámara baja.

En definitiva, habrá nuevas reuniones, básicamente para intentar ocultar el zafarrancho gubernamental. Pero el final es incierto. A propósito del periodista García: él recordó en un video cuando Cristina Fernández de Kirchner cuestionó la ley antidespidos o sea la doble indemnización que había pedido Hugo Moyano en su momento, y a nadie se le ocurrió desafiarla. El sindicalista 'cerró las cachas', dirían en el barrio. El Presidente en ejercicio debería reflexionar al respecto.