UNA PATA QUE FALTA A LA ADMINISTRACIÓN MACRI

Coyuntura (1): Esperando los anuncios fiscales de Prat-Gay

La magnitud del ajuste fiscal posible es un tema que arrastra más de 120 días en la Administración Macri, y se ha demorado en forma innecesaria. Sucede que hay discrepancias acerca de la tarea por ejecutar, y esto provoca preocupaciòn en los agentes económicos. Sin embargo, finalmente habrá anuncios. Mientras llegan, aquí van algunas elucubraciones:

El gobierno de Mauricio Macri se entusiasma con la posibilidad de embolsar una cantidad extraordinaria de dólares con un blanqueo de capitales que podría ejecutarse entre el 4to. trimestre de 2016 y el 1er. trimestre del electoral 2017.

En parte, será la tasa de inflación el factor determinante de la fecha de inicio de esa decisión política del Ejecutivo Nacional: no se puede arrojar dinero cuando la variación de precios sigue veloz.

En un inicio, el objetivo del blanqueo de capitales era sumar ingresos fiscales pero hoy día irrumpieron otros condicionantes de mayor complejidad estructural, a partir del interés de la Administración Macri de ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), opción estratégica que convierte una medida oportunista en decisión inevitable ya que la OCDE lo exige a los interesados que regularicen la propiedad del capital financiero disponible.

Una medida debería llevar a otra: el blanqueo requiere modificaciones en la arquitectura tributaria para no ahuyentar a los posibles beneficiarios con impuestos extraños como los que se aplican sobre la propiedad. En la Argentina se grava tanto el flujo como el stock, y eso resulta inviable a la hora de atraer capitales que eligen a los gravan el flujo pero no el stock. Es concreto el riesgo, de lo contrario, que los beneficiarios del blanqueo, acto seguido a la normalización elijan convertirse en contribuyentes de otro país más inteligente.

Y esa medida debería llevar a otra más: definir un programa económico (fiscal y monetario) que contemple el riesgo de atraso cambiario que conlleva un ingreso inesperado de moneda extranjera.

De paso: ¿cuál es el modelo al que apunta el Presidente? No fue explicitado todavía. Y por cierto que no lo puede definir el mercado en forma unilateral.

Resulta muy interesante en estas horas de reclamo sindical, el planteo de Alberto Schuster, desde la consultora Abeceb cuando presentó el ránking de Costo Laboral Unitario Global de Manufacturas (CLU), medida usada internacionalmente para determinar la “competitividad de costos” entre los países (el cociente entre el costo laboral total por hora trabajada para las manufacturas y el nivel de productividad de la mano de obra):

"Son enormes desafíos a mediano plazo dado que, por nuestras características estructurales y conceptuales, no es socialmente viable plantear en el sector de manufacturas una estrategia de incremento de competitividad de costos mediante la reducción relevante de los costos salariales, sino que debe lograrse mediante un incremento significativo de la productividad laboral.

No basta con tener bajos costos laborales para obtener una ventaja de competitividad en la producción de manufacturas en un mundo globalizado. La preocupación actual no es tanto que tenga altos costos laborales, sino que tiene una productividad demasiado baja como para sostenerlos. Por lo tanto, el camino no pasa por competir por costos con el mundo emergente, sino por elevar el capital humano y físico para obtener ganancias de productividad."

Por cierto que resulta llamativo que una economía que provoca interés abrupto entre los administradores de los flujos de capital no se encuentre más preparada para usufructuar la eventual bonanza de la coyuntura que provocó.

El diseño de un horizonte planificado, un Jefe de Gabinete de Ministros que responda a las expectativas de gestión que tienen los agentes económicos y un trabajo coordinado entre el Palacio de Hacienda y el Banco Central son requerimientos mínimos a un Presidente que insiste en recordar su pasado empresarial, según se debate puertas adentro de las corporaciones que Mauricio Macri conoce bastante bien.

Resulta impactante, a propósito de falta de armonía y cooperación, la vibrante advertencia que lanzó el economista Agustín Monteverde, quien apuntó a reforzar a Federico Sturzenegger ante Alfonso Prat-Gay:

"Si no se recorta el gasto, tarde o temprano una nueva devaluación se hará realidad, sea implementada por el Banco Central o —tanto peor— por el mercado. Lo curioso es que el ministro de Hacienda cuestiona lo que el BCRA hace para reabsorber los pesos que Hacienda le pide. Si se atacara con determinación el gasto, la tarea del BCRA sería más liviana. Hacienda debe decidir si encara o no una reforma estructural del gasto.

La prioridad declarada por el BCRA es la inflación pero en realidad lo que más preocupa es mantener calmo el mercado cambiario. Ahora bien, cualquier pedido adicional de pesos en lo que resta del año por parte del Tesoro lo obligaría a emitir más de proyectado y, consiguientemente, esterilizar y ampliar el déficit cuasifiscal, lo que demandaría mayores esfuerzos de tasa para reabsorber esos fondos. El Banco Central mantiene como meta de asistencia un monto similar al transferido en 2015, de $ 160.000 millones. Pero las necesidades de financiamiento del Tesoro considerando los nuevos números de marzo podrían superar los $ 400.000 millones. Cuanto más liquidez debiese absorber, más desplazaría el crédito al sector privado y —paradojalmente— más ataques sufriría por parte de Hacienda —responsable primario de la emisión adicional a esterilizar."

Pero no toda la presión corresponde aplicarla al Estado nacional. Es notable la incapacidad de las provincias y municipios para diseñar proyectos que resuelvan sus necesidades de infraestructura.

Las provincias, y también los municipios, sólo parecen en condiciones de gestionar su gasto corriente, que consiste en masa salarial en más del 80%, cuando llegan los días de elaborar propuestas en los términos que requieren los proyectos de inversión.

El Presidente lo sabe y desespera por ello: la Argentina avanza hacia la imposibilidad de aprovechar 2016 en términos de inversión que mejore su competitividad. Apenas Ciudad de Buenos Aires es el territorio, según inversionistas extranjeros, con un listado de proyectos identificados y desarrollados. Luego, tiene indicadores propicios para un eventual ranking de riesgo-provincias que algunos intentan comenzar a articular apenas los distritos liberen la información indispensable.

Nadie podrá afirmar que el logro de la metrópolis porteño es una verificación del unitarismo criollo. Más bien es un mérito de su equipo de gestión, que cualquier otro mandatario podría realizar pero la mayoría supone que sentarse a esperar el dinero de la Nación, tal como hacían durante la Década Perdida, podrá mantenerse como norma permanente.

El problema consiste en que si el capital financiero no se concreta en inversión directa, no habrá una mejora en el nivel de actividad y empleo en los niveles que precisa la Administración Macri en la elección de medio término donde obviamente será plebiscitada la gestión del Presidente, que resulta el personaje convocante del gobierno de Cambiemos.

Hay quienes sospechan que, a causa de la imposibilidad de modificar esas limitaciones, Macri terminará autorizando aquello que prometió no avalar: 'luz verde' a provincias y municipios para tomar deuda pública volcándola a promover un mayor nivel de actividad.

Por cierto que resultaría peligroso ingresar a una situación de la que se acaba de salir. Para evitarlo se requiere mucho trabajo pero, antes, coherencia.

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