MICROCHIPS E IMPLANTES

Cíborgs en Tigre, la otra herencia de Obama

La experiencia que desea iniciar el Club Atlético Tigre es polémica pero es cierto que hay un fuerte debate global, y algunos entusiastas adherentes a los microprocesadores bajo la piel.

La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales (PDP), en su carácter de autoridad de aplicación de la Ley de Protección de Datos Personales (N° 25.326) solicitó al Club Atlético Tigre notificar en el plazo de 10 días un detalle exhaustivo de los datos personales, las medidas de seguridad y confidencialidad a aplicar a la información que recolectaría y almacenaría en los dispositivos RFID (identificación por radiofrecuencia, por sus siglas en inglés) que serían implantados en el cuerpo de los socios del club.

El director nacional de PDP, Eduardo Bertoni, manifestó: “Los datos personales merecen un tratamiento serio y adecuado conforme a la ley, y es misión de la Dirección velar por su estricto cumplimiento a fin de proteger los derechos fundamentales de las personas.”

La Dirección también solicitó al club que informe si la tecnología pone en riesgo la privacidad de los titulares y si ha verificado la existencia de mecanismos menos intrusivos. 

Asimismo, requirió la aplicación de medidas de protección adecuadas que eviten cualquier daño a los derechos del titular del dato.

Los chips del 'caso Tigre' introducen a un nivel popular la nanotecnología pero también la 'cultura cíborg': acrónimo en inglés de "cyber" [cibernético] y "organism" [organismo], concepto que se remonta a la ficción “The Man That Was Used Up” (1839), de Edgar Allan Poe, donde el protagonista, John A. B. C. Smith, es un héroe de guerra con un cuerpo compuesto de múltiples prótesis.

El término fue acuñado por Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline en 1960 para referirse a un ser humano mejorado que podría sobrevivir en entornos extraterrestres.

Diseñador de instrumentación fisiológica y de sistemas de procesamiento de datos, Clynes era el director científico del Laboratorio de simulación dinámica de Rockland State Hospital, en Nueva York.

En el caso argentino, el sistema, denominado Ticket Pasión, está en una etapa experimental, dijo Ezequiel Rocino, secretario general del Club Atlético Tigre.

En 2004, la firma VeriChip logró la autorización de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de USA) para comercializar este sistema para usos médicos, aunque prevaleció un rechazo y críticas por ser un sistema invasivo a la privacidad de las personas.

VeriChip terminó por transformarse en una compañía nueva, llamada PositiveID, y tuvo algunos intentos por reconvertir esta tecnología al sector financiero.

El implante sí tuvo una gran adopción dentro de la comunidad de entusiastas del biohacking, que buscan promover este tipo de tecnología para automatizar tareas cotidianas, tales como desbloquear un teléfono móvil, ingresar a una computadora, una casa o a un auto. 

Un grano de arroz 

Dangerous Things, el mayor proveedor de implantes NFC (abreviatura inglesa de "comunicación de campo cercano"), considera que hay unos 10.000 cíborgs en el mundo: gente con un chip integrado bajo su piel.

Del tamaño de un grano de arroz, los implantes electrónicos tales como el que utiliza el responsable de redes sociales del software ruso de seguridad Kaspersky, Evgeni Chereshnev, le permiten no utilizar tarjeta para entrar en la oficina ni al gimnasio, ni código PIN para su teléfono móvil. También puede tuitear de forma instantánea, encender las luces de su casa y ajustar su intensidad con un sencillo gesto de la mano. 

De momento, esos chips no son muy sofisticados, reconoce Marco Preuss, director europeo de investigación en Kaspersky, pero pronto podrían sustituir los actuales medios de pago, las tarjetas de transporte público, los historiales médicos en caso de accidente, etc.

Al contrario del wifi o el bluetooth, un chip NFC sólo funciona a corto alcance, lo cual podría tranquilizar a sus usuarios. "Para acceder a mis datos, hay que saber dónde está exactamente mi chip y tocarme", explica Chereshnev. 

Pero los datos no están encriptados y, en el mejor de los casos, sólo están protegidos por una contraseña de 4 caracteres. 

"Debemos explorar esta tecnología antes de que los grandes grupos propongan sus propios chips", dice Hannes Sjöblad, miembro de la red BioNyfiken, un colectivo de expertos en biotecnología. 

Ya en 2004, una discoteca de Barcelona proponía a sus miembros un implante VIP para entrar y pagar las consumiciones. La experiencia tuvo poca repercusión. 

Pero USA ingresó con decisión a la tendencia y el sistema de cobertura de salud que propuso Barack Obama intentó imponer a los ciudadanos un implante RIFD (siglas de Radio Frequency IDentification, o identificación por radiofrecuencia), sistema de almacenamiento y recuperación de datos remoto.

La cadena de noticias NBC llegó a anunciar que en el año 2017, todos los estadounidenses utilizarán el microchip que, según informes, servirá al gobierno para obtener toda la información relacionada con una persona.

El chip implantado identificará el seguro social e historial médico, conectado a un Registro Nacional de Dispositivos Médicos.

Inyectarse electrónicos en el cerebro no es tan extraño como suena

Añadiendo a una creciente lista de electrónicos que se pueden implantar en el cuerpo, científicos ya están trabajando para perfeccionar la fusión entre mente y maquina: dispositivos unidos directamente al cerebro.

Un nuevo tipo de electrónicos flexibles pueden ser inyectados a través de una jeringa para desplegar e implantar directamente en el cerebro de un ratón, cuenta un estudio publicado en Nanotecnología Natural, en el cual los investigadores implantaron una fina malla de electrónicos y fueron capaces de monitorear la actividad cerebral de un ratón.

Charles Lieber, científico en nanotecnología de Harvard y co-autor del estudio, promete: “Algún día, los electrónicos podrán no solo monitorear la actividad cerebral, sino que también brindar un tratamiento para el Parkinson, o inclusive actuar como un puente sobre las áreas dañadas del cerebro”.

La estimulación en un profundo nivel cerebral ya está siendo usadacontra el Mal de Parkinson, pero exige sondas relativamente grandes, la que puede causar formaciones de tejido cicatrizado alrededor de la sonda.

Ahora, el pequeño tamaño (solo un par de milímetros) del dispositivo permite colocarlo en el cerebro minimizando el daño, explicó un equipo separado de investigadores coreanos.

Al fin y al cabo se trata de entrelazar los electrónicos tan finamente con las neuronas que la comunicación entre ambos sea perfecta. Esto es lo último en unión de electrónicos con el cuerpo humano.

Mientras Lieber imagina usar los implantes para la ciencia y la medicina -por ejemplo, monitorear la actividad cerebral y mejorar los tratamientos para la estimulación a profundos niveles cerebrales en el caso del Parkinson-, otros ya están usando implantes no medicinales para convertirse en la pionera generación de cíborgs, y no están esperando a las pruebas clínicas o la aprobación de la FDA para lanzar el futuro cibernético.

En la página web “cosas peligrosas”, uno puede comprar un kit –completo desde jeringa, guantes ortopédicos y una curita- para injertarse un pequeño dispositivo electrónico en el propio cuerpo. El kit usa una frecuencia de radio ID tag, o RFID, similar a los chips implantados en perros y gatos perdidos. Estos pueden ser escaneados para comunicarse con otros dispositivos. El sitio advierte que implantarse el chip debe hacerse bajo supervisión médica y es “estrictamente bajo la responsabilidad de uno mismo”.

El carismático fundador de la página web, Amal Graafstra, tiene implantes RFID en cada mano, y puede usarlas para abrir puertas y celulares, abrir su usuario en la computadora y encender el auto con solo mover la mano.

“Uno de los santos griales del biohaking es la interfaz del cerebro con la computadora”, comenta Graafstra, quien compara los esfuerzos hechos hasta ahora para cablear el cerebro e interpretar la actividad neuronal con ponerse un vaso en nuestras orejas y gritar por un megáfono; los implantes electrónicos simplemente sobrepasan la sutil comunicación entre neuronas.

“El fin definitivo, sería una sinapsis sintética”, cuenta: los nano materiales actuarían como neuronas.

El objetivo de una completa unión entre biología y tecnología entusiasma a los campeones del transhumanismo, el cual apunta a aumentar la inteligencia humana, habilidades y longevidad a través de la tecnología.

Pero no todo el mundo está entusiasmado por un futuro lleno de ingeniería genética, inteligencia artificial y tecnologías ciborg. El implantar electrónicos en el cerebro más que en manos o inclusive en un ojo, apunta directamente a uno de los miedos acerca de los cíborgs: una amenaza a la libre voluntad. ¿Podría alguien jaquear un implante para manejar los pensamientos o acciones del usuario, o leerle la mente?

Esto es imposible, al menos con la tecnología actual. El tipo de electrónicos que Lieber y su equipo están trabajando tienen un limitado uso –tal como enviar un pequeño pulso electrónico a un punto en particular- y solo sería útil en personas con una seria condición médica.

“Algunas personas creen que vamos a implantar microprocesadores en las cabezas de la gente”, cuenta Lieber “pero eso tiene que tener una interfaz con algo”. Y un pequeño dispositivo electrónico unido a una parte del cerebro simplemente no puede tomar control sobre los pensamientos de alguien. “Siempre habrá alguien interesado en hacer algo malo”, añade, “entonces es importante ir monitoreando esta tecnología mientras se vuelve más sofisticada”.

Graafstra comenta que el biohacking tiene “que madurar un poco”, y estudios como el de Lieber son un buen paso para traer un rigor científico a lo que alguna vez fue el “Salvaje Oeste. Creo que el biohacking entiende que nosotros somos el cerebro, uno es su mente y el cuerpo es el sistema vital que lo mantiene. Y como una todo terreno ahora se puede mejorar”.

Ahora si uno pudiera reemplazar las llaves del auto, de la casa, la tarjeta de crédito, contraseña del usuario y tarjeta del colectivo, solo con un chip injertado en la mano, ¿Ud. no lo haría? Esa fue la pregunta en la cumbre de analistas de seguridad del laboratorio Kaspersky al biohacker Hannes Sjoblad, de BioNyfiken, el líder de un grupo de biohackers suecos que experimentan con chips NFC incrustados.

BioNyfiken es una red abierta con base en Suecia, terreno de crecimiento para el biohacking: más de 300 personas se han voluntariado para tener chips NFC  injertados en la piel entre el pulgar y el índice de la mano.

El implante del chip NFC capturó no sólo la atención de los medios de difusión sino del público en general, y ahora la red está en apogeo. Sjoblad tiene implantes, los cuales él ha desarrollado para reemplazar las llaves del auto, el seguro de la cadena de su bicicleta, membresías a comercios, y su tarjeta de trabajo. Sin embargo, dice que los chips bajo la piel tienen el potencial de hacer mucho más: pueden ser usados para autenticar un banco o una cuenta financiera. Según Sjoblad, “tiene más sentido tener un implante como parte de un doble sistema de autentificación”.

La idea de los cíborgs tomó velocidad con los marcapasos, implantes médicos, bombas de insulina y prótesis controladas neuronalmente.

Con el tiempo, el desarrollo y costo de los materiales para producir esta tecnología se volvió más barata: 10 años atrás mapear el genoma humano costaba alrededor de US$ 100.000, ahora está cerca de los US$ 10.000, y de la misma forma, la rápida miniaturización de la tecnología, bajó los costos de producción, y una demanda creciente de conectividad impulsará la tecnología debajo de la piel.

Sjoblad afirma que “el cuerpo conectado ha llegado para quedarse”, si los miembros del público en general están dispuestos a someterse a un implante para estas causas, sin embargo, está abierto al debate.

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