AGENCIA DE SEGURIDAD

Siseg: Del River de Aguilar a la fiesta en Costa Salguero

En Costa Salguero, durante la fiesta electrónica de la tragedia, prestó el servicio de seguridad privada la empresa Siseg SRL, de un recuerdo polémico en el Club Atlético River Plate.

Siseg SRL fue la agencia de seguridad privada contratada por el Club Atlético River Plate durante los 8 negativos años de José María Aguilar a cargo de la presidencia de la asociación civil sin fines de lucro.

Se ignora cómo Aguilar había llegado a confiar tanto en Siseg, pero el vínculo con la empresa fue permanente. Sin Aguilar en el club, la seguridad privada cambió.

Lamentablemente en aquellos años de Aguilar, creció notablemente el poder en el club de los llamados Borrachos del Tablón, cuyas actividades en muchas ocasiones fueron vinculadas con excesos de alcohol y otras sustancias., a veces oculta por las peleas entre Adrián Rousseau y los hermanos Schlenker.

Inclusive se llegó a hablar en River Plate de que era "muy raro" el ambiente de la tribuna.

El rastro de Siseg se pierde hasta que reaparece en la fiesta electrónica trágica en Costa Salguero, donde hasta ahora la responsabilidad se cargó sobre la Prefectura Naval Argentina -que sin duda tiene mucho que aclarar- pero en el predio específico de la fiesta electrónica había seguridad privada para impedir algunos de los excesos que al parecer ocurrieron.

Por ejemplo, la comercialización de pastillas.

Siseg tiene como titular a un retirado oficial del Ejército Argentino, Ernesto Pérez, alias "Perico", recordado por un célebre desencuentro con Mohamed Ali Seineldin, de quien era cercano.

Es recordado en aquellos años que una banda de delincuentes ingresó de forma inexplicable al club y terminó apuñalado el hijo de Edgardo Brain, un integrante de la Comisión Directiva.

Acerca de las fiestas electrónicas, en un fragmento anticipado del libro "Seguridad y Justicia: Argentina, a Contramano del Mundo", del senador bonaerense Jorge D'Onofrio, se argumenta que se trata de investigar para determinar cuando hay comercialización de drogas sintéticas y otros estupefacientes en estos eventos, donde la comercialización exclusiva de agua ya de por sí es un mensaje que la sociedad no quiere ver: se consumen drogas en forma multitudinaria.

Según él, la Argentina abunda en casos en los que el Estado queda involucrado por “negligencia o simple complicidad”, y la muerte de los 5 jóvenes en la fiesta electrónica es un caso similar.

“Recordemos el desastre de Cromagnon. Las implicancias de Estado en el Caso María Soledad Morales. El doble crimen de La Dársena. El asesinato del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra y la ‘represión privada’”, sostuvo D’Onofrio.

Para el caso de las fiestas Time Warp, hubo claras señales de alarma en los países donde nacieron estas celebraciones electrónicas, en una Ciudad de Buenos Aires que no adhirió a la legislación nacional contra el narcomenudeo.

En 1994, se prohibieron las raves en Reino Unido a través de la justicia criminal porque se le otorgó a Scotland Yard el poder de clausurar eventos de este tipo a pesar de las masivas protestas de jóvenes reunidos en los londinenses Hyde Park y Trafalgar Square.

En Madrid, también se las declaró ilegales y los organizadores debieron volcarse a sitios abandonados en las afueras de la ciudad capital.

“Se estima que el 99% de estas movidas se desarrollan hoy en fincas privadas y de manera clandestina”, indicó D’Onofrio.

En Berlín, donde en 1989 nació la llamada “love parade”, tras la caída del Muro, también le pusieron fin a las fiestas electrónicas en 2010, a pesar de su enorme popularidad. Una estampida humana en un túnel de la ciudad de Duisburgo causó la muerte de 21 jóvenes asistentes (14 alemanes y siete extranjeros).

En la Argentina, ya se habían registrado una decena de muertes en eventos similares a los del viernes 15/04.

“Tanto en Europa como en América Latina, los concurrentes saben muy bien a qué se exponen y suelen desafiar los límites de manera temeraria. Se muestran encendidos por la música y potenciados en una buena proporción por el consumo de estupefacientes. Los flashes cegadores, los sonidos repetitivos a un volumen desmesurado y los alucinógenos conforman un cóctel extremadamente delicado”, describe D’Onofrio.

Pero la pregunta es: ¿Se aprovechan estos shows para vender drogas o se los organiza “ad hoc” para comercializar estupefacientes en gran escala?

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