TECNOLOGÍA APLICADA

Revistas en digital, intento de supervivencia del periodismo

El Simposio Internacional de Periodismo Digital (ISOJ, por su sigla en inglés) llevó adelante su 17 edición en la Universidad de Texas. “We are a destination”, aseveró Kinsey Wilson, estratega del The New York Times. Sin embargo, Jason Kint, el CEO de Digital Content Next (una cámara de empresas digitales), dijo que los productores de contenidos no están disfrutando el aumento de ingresos por publicidad que sí están observando las plataformas de Internet como Facebook. El debate es global. Aquí algunas reflexiones sobre el tema en la Argentina.

Si Miguel Brascó, exitoso escritor, gourmet, dibujante, humorista destacado en la época de esplendor gráfico del siglo XX, resucitara por un momento y le mostraran que las revistas que fundó, como Cuisine&Vins y Status, por citar un par de ejemplos, en vez de estar exhibidas en un quiosco de la avenida Santa Fe las encontraría en un Apple Store mundial en formato digital, sin olor a papel ni a tinta, seguramente lo invadiría un sentimiento contradictorio. Por un lado, el alivio de no tener que lidiar con imprentas y pagar los costos siderales de sacarlas a todo color en papel ilustración y lujosamente encuadernadas. Pero por otro, la pérdida de ese romanticismo del proceso que empieza al concebirse una nota, escribirla, editarla y zambullir textos y fotos en el bohemio mundillo de los talleres gráficos, de donde emergerá la tirada de cuerpos rectangulares con un peso específico y quedará el tendal de los jirones de pulmón que dejan los hacedores.

Por el camino tecnológico, que simplifica los esfuerzos y sobre todo universaliza los costos, desfilan la gran mayoría de las publicaciones gráficas que han sido decanas en sus especialidades.

El director de una revista decana en periodismo “caliente” que sobrevivió a aquella camada sesentista de las Panorama, Crisis, Criterio, Confirmado, etc, confiesa que desde hace seis meses viene alternando en el formato digital a fin de que se la pueda leer, página por página, como si fuera papel (avisos incluidos) en la PC o en la tablet o en el smartphone. O para comprarla en el quiosco mundial de Apple. “Obviamente es idéntica a la edición que sale en papel, y los suscriptores la reciben la versión digital que la del soporte papel”, aclara.

Y así recorren el derrotero la vía digital revistas de medicina, de turismo y de las más variadas temáticas, pensadas para ser navegadas en los dispositivos antes que leídas, con vista, tacto y olfato, en el formato tradicional del papel.

Los hábitos de lectura y colección de medios periodísticos aún no ofrecen un blanco fijo, buscan interactividad, animación, contextualizaciones automáticas, vinculación con las redes sociales en las que el público es también activo protagonista, pero no resignan aún el apego a confiar en una selección informativa, a creer en la seriedad y chequeo de lo que se publica, a que la palabra y la imagen queden “documentadas”.

Para la mayor parte de los editores, el dilema viene a partir de la resignada conclusión de que la gente va abandonando la costumbre de la lectura y compra cada vez menos medios gráficos.

¿Será porque optan por entretenerse sin pagar en la red y sacían la necesidad de  intercomunicación en un minuto a minuto por los smartphones estén donde estén?

¿Será porque los contenidos gráficos son cada vez menos atractivos y más anacrónicos y prefieren la dinámica de internet? 

Los empresarios editoriales ya están persuadidos de que la tendencia va para peor y trataron, en principio, de buscarle el costado conveniente a la corriente digital. Disfrutaron de una baja inicial en los costos de las remuneraciones de los comunicadores (¿se podrá seguir llamándolos periodistas?) que trajo aparejada la proliferación de medios en la web y que cualquiera pueda avenirse en comunicador con sólo llenar un espacio en su página de Facebook, o le sea posible lanzar títulos con Twitter.

La consecuencia periodística: se acható la calidad. La consecuencia comercial: la publicidad se montó sobre la curva declinante. Pero ahora, lejos de cualquier autocrítica,  van por la imprenta y el papel, aunque con el sencillo expediente de ir migrando los volúmenes físicos de las publicaciones en versiones en PDF para distribuir por internet y sumergirse en el infinito ciberespacio con una página web que queda como más de lo mismo frente a la proliferación que convive en esos alojamientos anónimos para la inmensa mayoría.

Revistas de actualidad e interés general como Caras, Hola, y muchas otras que tratan sobre el estilo de vida también incursionan en la variante digital, pero sin dejar de tener presencia física en los quioscos.

Y a otras del tipo institucional o de servicios que tocan esos temas pero de modo atemporal y generalmente están financiadas por algún grupo económico, como las de tarjetas de crédito, la solución digital le viene como anillo al dedo.

Brascó, precisamente, sacó durante muchos años la revista de la tarjeta Dinner´s, un compendio costumbrista para lectores de alto poder de consumo que la recibían a bajo costo con el resumen o les llegaba a través de los canales de las relaciones públicas.

En sus tiempos, hace más de 20 años, no existía la alternativa digital como ahora, que es aprovechada, por ejemplo, por una nueva generación tecnologizada para proponer, sin tinta ni papel, una lectura que abarca temas de gastronomía, diseño, moda, arte, cultura, bares, eventos de la ciudad, turismo, música y tecnología.

Acaba de aparecer por ejemplo un proyecto llamado Dtruz, una revista digital bimestral, de descarga gratuita en dispositivos con iOS y Android, que remite al concepto de “verdad” dicho en inglés, que nació directamente como digital, en plataforma y mentalidad. La hace un grupo de gente joven y amiga, que un día tuvo ganas de innovar y aprovechar las bondades del universo digital, según afirma. Se propone facilitar la interacción entre aquellos que buscan un servicio y aquellos que lo ofrecen, agilizando el vínculo entre ambos y brindando mayor versatilidad a la hora de plantear lo que se pretende ofrecer. Esa inmediatez el papel no puede resolver.

Al no estar concebida con la mentalidad analógica, la creatividad arranca con la ubicación de links, slide de imágenes, videos, imágenes 360, ping to zoom, panorámicas, sonidos, animación, interacción con redes sociales y estadísticas a la par de los textos que interpretan esa dinámica. Es que directamente su formato está pensado para ser apreciado en dispositivos móviles de cualquier dimensión como Tablets, smartphones y tabletas.

Uno de los 2 diseñadores Barrionuevo, Santiago, como director de Arte, expresa: “Nuestra propuesta siempre fue innovar, proponer un concepto nuevo a nuestros lectores. Y justamente eso es lo que se aprecia en todo el proceso de desarrollo de la revista, desde la elección de nuestra plataforma digital, que permite la interacción directa con nuestras piezas gráficas, hasta la paleta de colores utilizada en cada artículo. Dtruz Mag trasciende los sentidos. A diferencia de una revista impresa tradicional, cada sentido tiene un papel protagónico al momento de leer la revista.  Esto requiere dedicación absoluta de nuestro equipo de diseño. Cada línea, color, gesto invita al lector a navegar nuestras páginas”.

El otro con el mismo apellido, Tomás, agrega: “Dtruz Mag ofrece un nuevo concepto de lectura y, por eso, la morfología de nuestras piezas deben ser funcionales, a fin de ayudar a cada lector”.

Complementa a esta versión periódica, su sitio web, dtruz.com, que además de replicar el material periodístico, mapea la ciudad de Buenos Aires para mostrar los mejores lugares.

La editora de la revista, Rocío Bravo, promete: “Nos hemos propuesto mostrar lo que la ciudad tiene para ofrecer desde todo punto de vista: su gastronomía, sus bares, su cultura, su gente. Además, van a encontrar entrevistas a distintas personalidades, tendencias y todo lo que una revista tiene que tener, lo que verdaderamente vale la pena”.

En la cancha se verá si los pingos resisten la prueba del tiempo.

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