DESPUÉS DE LOS PANAMA PAPERS

Nada será igual (1): La clase media aprende cómo tener una offshore

Después que 'baje la espuma' de los Panama Papers, ¿cambiará algo en el mundo de los paraísos fiscales y las offshores? La escepticismo abunda. De todos modos, el debate es muy interesante porque sin debate no hay posibilidad de intentar modificar lo que resulte necesario cambiar. Aquí algunos enfoques muy interesantes:

Para Frederik Obermaier, 32 años, periodista de investigación del diario alemán detrás de la fuga de los Panama Papers, Süddeutsche Zeitung, la revelación más importante del fárrago de documentos fue que los nombres más importantes de quienes escondían sus riquezas en refugios libres de impuestos no estaban residiendo en esos rincones oscuros del planeta, sino que estaban “en todas partes”.

Aun así, entre los cientos de estadounidenses identificados en los Panama Papers –que llegaron al escritorio de su colega Bastian Obermayer (apellido parecido pero ninguna relación entre ellos) en el diario de Múnich, hace 1 año, no había ningún nombre de esos que son top en las noticias, según le explicó al semanario Newsweek.

“No hay alguien equivalente al presidente Barak Obama, o a Hillary Clinton o tan siquiera a Donald Trump”, cuenta. “Todo el mundo debe ser consciente de que hay nombres de estadounidenses en los registros, pero no son tan importantes como los de otras nacionalidades, probablemente porque existen tantas compañías estadounidenses que crean refugios de impuestos, que sus ciudadanos no tienen que viajar a Panamá”.

Pero más de 10 son los ex y actuales políticos y gobernantes mencionados. Y unos 29 billonarios de los que frecuentan los rankings de la revista Forbes

La fuga informativa de documentos que abarcan casi 40 años del estudio jurídico panameño Mossack Foseca, provocó más impacto en Islandia (la renuncia del ahora ex 1er. ministro Sifmundur David Gunnlaugsson) que en USA. Tampoco tuvo consecuencias mayores para el 1er. ministro David Cameron ni los presidentes o Vladimir Putin o Xi Jingpin o Mauricio Macri).

Obermaier, para proteger la identidad de la fuga informativa, no brinda precisiones sobre el arribo de los archivos a través de un proceso encriptado ni la identidad del proveedor o los proveedores: "Lo que sí sabemos es que los datos podían ser verificados, y en cada caso coincidían 100%. Y cuando presentamos estos datos a aquellos quienes estaban involucrados, ninguno negó lo que encontramos”.

En cierto punto, se volvió claro que había demasiada información para 1 diario, y entonces Süddeutsche Zeitung se acercó al Consorcio Internacional de Periodistas Investigadores (ICIJ), con base en Washington D.C. sin fines de lucro, que intervino para supervisar la administración del proyecto.

Obermaier: “Era un tema global, la única forma de conseguir sacar toda la información era trabajando con muchos compañeros. Un proyecto como este nunca hubiera sido posible sin cientos de personas, en muchos lugares diferentes, trabajando en lo mismo. Con datos como estos, a menos que quieras trabajarlos por años, tenés que compartirlos”.

El director del ICIJ, Gerard Ryle, le explicó a Newsweek, que el costo de crear un sistema de intercambio de datos propio y confidencial fue de más de US$ 1 millón. Pero una vez que estuvo armado, muchos periodistas invitados no querían unirse. Otros no querían compartir la información con competidores.

En el Süddeutsche Zeitung, el puñado de periodistas dentro del proyecto trabajaban en una habitación especial. “Un área separada llena de computadoras con 100 gigas de RAM, y muchísima seguridad. Queríamos dar el ejemplo que era posible trabajar con datos confidenciales sin filtración alguna.”

Sin embargo, luego de los Panama Papers, ¿cambiará algo?

Jeannie Wurz reportó sobre una entrevista que el exbanquero Rudolf Elmer -otrora empleado de Julius Bär- le concedió al periodista Roger Schawinski, de la Televisión Suiza (RTS): “El escándalo no frenará los paraísos fiscales, que no están muriendo. Las prácticas continuarán. Solamente serán más lucrativos” (mayor tasa de rentabilidad por el riesgo implícito). Elmer considera poco probable el concepto de un estándar global de transparencia, “mientras los países del G-7 o Naciones Unidas no se encuentren por detrás”.

Luego, no todo el dinero es producto de un delito: “Puedo entender que alguien en Rusia traiga su dinero a Suiza porque en Rusia podría ser confiscado. Quieren tener el dinero en alguna parte políticamente estable. Y esas son razones legítimas”.

De todos modos, puede ser que Suiza resulte el paraíso fiscal más antiguo del mundo, pero no es el lugar más ventajoso para depositar la fortuna personal hoy día. Hay competidores con ventaja en otras latitudes.

Y resulta que, cuando la gente pensaba que sólo los extremadamente adinerados pueden aprovechar las ventajas del tenebroso mundo de las finanzas internacionales, ahora saben que con un buscador de internet y un par de cientos de dólares cualquiera puede acceder a lo que una vez era un exclusivo club.

Si quienes esconden sus fondos en cuentas offshore ahora ya se encuentran también en la clase media alta, una severa corrosión de la base tributaria ha comenzado.

Elmer era un alto ejecutivo de la sucursal en las Islas Caimán del banco Julius Baer hasta que fue despedido en 2002. En 2007, difundió información a la página web de WikiLeaks que según él mostraba que su antiguo empleador construía fondos fiduciarios y realizaba otras operaciones bancarias para ayudar a los clientes a evadir impuestos a través de cuentas en el extranjero. En 2015 fue detenido y condenado por un tribunal de Zurich a pagar una multa de 45.000 francos suizos (US$ 47.000) + las costas del proceso (25.000 francos).

Después de evaluar los datos, él advirtió que contenía información sobre prácticas altamente ilegales. Más tarde publicó un libro y apareció en una película: “Cuando me di cuenta qué tipo de criminales tenía como clientes se me cayó el chupete de la boca. Perdí la confianza en todo el sistema”.

En USA, el periodista Tom Cardamone coincidió: "Si va a suceder una reforma real, tendrá que ser basada por el enojo popular a los ricos que usan paraísos fiscales para mover dinero."

Según él, la única novedad en los Panama Papers fue el volumen de los documentos -hace que Wikileaks parezca para principiantes-, y la demostración de cómo funciona el sistema en un país como Panamá.

De todas formas, advirtió Cardamone, si las actividades ilegales de la élite política y financiera son vistas de manera terrible pero se consideran como simplemente negocios, poco puede que se reforme. Poniéndolo de otra forma, "¿estará sufriendo el mundo de una fatiga de corrupción?".

Para Urgente24, una cuestión importante es la voracidad fiscal global, los gastos públicos que crecen a costa de presiones tributarios extraordinarias: en definitiva, los gobernantes (y muchos periodistas con ínfulas de inquisidores) olvidan que el Estado se construye sobre la base de un acuerdo entre los contribuyentes y sus gobernantes pero cuando se rompe el equilibrio, siempre hay problemas. Y si la tentación para evadir es muy grande, el Estado tendrá que revisar en qué consiste la crisis con sus contribuyentes que también son ciudadanos y electores.

No es el punto de vista de Cardamone, quien dice que el problema no consiste en los paraísos fiscales, o las cuentas bancarias offshore, sino que se permita el secreto y anonimato de los dueños de las compañías que permiten a los evasores de impuestos, lavadores de dinero, y gobernadores oficiales actuar con impunidad.

Según él, impidiendo la capacidad de crear compañías con personas anónimas, muchos otros desafíos se vuelven más fáciles. Pero también habría que considerar que los gobernantes, a menudo, integran el grupo social interesado en pagar menos impuestos personales, aún cuando le impongan mayor presión tributaria a sus gobernados: ahí hay una inconsistencia notable del sistema.

Precisamente, los ministros de Finanzas del G5 (Reino Unido, España, Francia, Italia y Alemania), acordaron el jueves 14/04 impulsar un sistema automático de intercambio de información internacional con el objetivo sacar a la luz la identidad de los propietarios reales de sociedades opacas.

"Esto le dará a nuestras autoridades tributarias la capacidad de conocer ingentes cantidades de información para ayudarles a rastrear las sociedades opacas offshore (inscritas en un paraíso fiscal) utilizadas por los delincuentes", señaló la carta firmada por los ministros de Economía del G5.

El plan será presentado en la cumbre ministerial del G20 (países avanzados y emergentes) que se celebra en el marco de la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), con el objetivo de incorporar otros países y sellar los espacios de opacidad.

"Nos comprometemos a establecer lo más pronto posible registros u otros mecanismos requiriendo que se identifique la identidad de los propietarios reales de las empresas y que esta información esté a disposición de las autoridades tributarias", indicó el documento.

Cardamone había propuesto una cooperación global, "que podría comenzar en el G-8 o G-20 guiando el camino mientras se coordina con otros organismos gobernantes.  Además, naciones individuales pueden, y deberían, demostrar liderazgo también. El gobierno de USA, que4 fue muy efectivo para exigir más transparencia a los bancos globales con el Acta de Conformidad del Impuesto de la Cuenta Extranjera en 2010, podría dirigir el esfuerzo a exigir transparencia a los dueños de todas las nuevas entidades incorporadas."

J. Bradford DeLong y Michael M. DeLong, en Swiss Info, decidieron aprovechar la ocasión para comentar el nuevo libro Gabriel Zucman, ‘La riqueza oculta de las naciones’.

Bradford DeLong es profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley e investigador asociado en la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas de USA. Exsecretario adjunto del Tesoro durante la presidencia de Bill Clinton, tuvo un papel destacado en el diseño del plan de rescate de México durante la crisis del peso de 1994.

Zucman estima que el 8% de la riqueza financiera del mundo –unos US$ 7.600 billones– están ocultos en lugares como Suiza, las Islas Bermudas, las Islas Caimán, Singapur y Luxemburgo. Es más que el patrimonio que posee el 50% más pobre de la población mundial (7.400 millones de personas).

Según Zucman, si los países ricos de Europa y de Norteamérica no logran gravar de manera eficaz a los adinerados, les será difícil preservar la democracia social y luchar contra la creciente desigualdad que se observa desde hace algún tiempo en sus economías. Y los países emergentes albergan pocas esperanzas de crear sistemas tributarios progresivos, si no saben dónde se encuentran los patrimonios de sus plutócratas.

Los DeLong apuntan que una razón por la que los paraísos fiscales son difíciles de eliminar es que no todos los gobiernos comparten necesariamente esta visión. En todos los países en que la corrupción es endémica –Rusia, China y gran parte de Oriente Medio, por ejemplo–, muchos funcionarios tienden a ver a los paraísos fiscales no como un problema de ingresos, sino como un aspecto más interesante de su trabajo.

Incluso en USA se han adoptado políticas para consentir deliberadamente la evasión fiscal a través de los paraísos fiscales. Un eximportante funcionario del gobierno del presidente George W. Bush lo expresó así: “A fin de cuentas, es una cuestión de libertad”.

Según Zucman y los DeLong, esta indulgencia fiscal explica en gran parte la caída en un tercio de los ingresos por impuesto de sociedades que registra USA desde finales de los años 1990.

Es cierto que hace más de un siglo, el entonces gobernador de Nueva Jersey, Woodrow Wilson, consiguió elevar el impuesto a las empresas, tras lo cual muchas de ellas trasladaron su sede central al vecino estado de Delaware.

Pero quienes pretenden que es imposible una política internacional coordinada no dicen que la coordinación de una política a escala mundial siempre resulta dificultosa, hasta que de repente cambian las condiciones y todo empieza a encajar. Para eliminar los paraísos fiscales se necesita es cerrar los resquicios legales que permiten la evasión fiscal y establecer mecanismos de control tales que evadir impuestos sea un riesgo que no merezca la pena correr.

Zucman es partidario de un único registro global: una base de datos de acceso público que contenga a los propietarios de cada acción y cada obligación.

Luego, cambiar la base imponible de manera que las empresas tributen no por los beneficios obtenidos en un país, sino por las ventas realizadas y los salarios pagados en ese país.

Tal como señala Zucman, una empresa grande puede trasladar su sede legal y utilizar mecanismos, como la fijación de precios de transferencia, para aliviar su carga fiscal, pero le es más difícil trasladar a sus empleados al extranjero y tampoco puede trasladar a los clientes.

"Para que la lucha contra las desigualdades sea eficaz, se necesita una tributación progresiva. No cabe duda de que no podremos aplicarla, a no ser que eliminemos los paraísos fiscales ahora", reflexionan los DeLong.

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