REFLEXIONES SOBRE LA EDUCACIÓN FAMILIAR

Montse a los padres: "Hay un exceso de protección de los hijos"

Sociedad compleja la del siglo 21. No es la felicidad que nos prometieron. Y la educación de los hijos adquiere, aparentemente, complejidades equivalentes. No es tiempo de indolencias y se requiere enfocar el problema y aplicar inteligencia a la búsqueda de respuestas. Montse Domènech intenta dar una mano al respecto:

Montse Domènech explica su punto de vista: "Los padres de hoy en día están demasiado preocupados, lo que les lleva a dar demasiadas vueltas al problema y no siempre eligen la solución adecuada, porque dejan el sentido común de lado. Pero ciertamente, los niños de ahora no son como los de antes, están sometidos a unos estímulos sociales muy potentes, y esto hace que tengan sus propios criterios, formas de actuar, y sea unos desconocidos hasta para el propio padre, que le cuesta identificar que le pasa a su hijo y cómo debe afrontarlo. Lo básico es conseguir un acercamiento con los hijos, porque esta es la base de la comunicación y la confianza. Este es el único modo también de que los padres puedan transmitir los valores, las normas, las pautas con firmeza y seguridad. Cuando los padres transmiten estas pautas con seguridad, lo que consiguen son niños seguros. Niños que saben lo que tienen que hacer, saben que tienen que obedecer, porque reciben esta seguridad por parte de los padres."

También: “Uno de los principales problemas que tienen los padres es aplicar normas y que se cumplan. En muchos casos los niños se han convertido en dueños de la situación y no las aceptan. Hay un exceso de sobreprotección y unos modelos sociales que dificultan la educación”.

Licenciada en Pedagogía y psicología por la Universidad de Barcelona, Domenech ha desarrollado su tarea profesional en diferentes equipos tales como el Proyecto Aura de integración socio laboral de personas con discapacidad en la empresa ordinaria.

Ella colabora, desde hace años con Eduard Estivill, en el tratamiento de los trastornos del sueño, así como en el diagnostico y la reeducación de hábitos. Ella se enfoca hoy díaen la atención psicopedagógica de niños, adolescentes y jóvenes con trastornos escolares, conductuales y emocionales.

Montse Domènech escribió "Edúcame bien. 100 respuestas para madres y padres preocupados".

40 años de experiencia y cerca de 10.000 casos tratados a lo largo de su vida avalan la opinión de la psicóloga catalana, para quien "los padres de hoy están demasiado preocupados por sus hijos. Tienen muchísima información y tanto da que se la de una vecina como un educador. Dudan, están desorientados, y al final no saben cómo intervenir en el proceso educativo".

Este pensamiento ha llevado a esta profesional a escribir su ensayo, obra eminentemente práctica acerca de los posibles problemas de convivencia surgidos entre padres e hijos, bien sea por conflictos horarios, comportamientos inesperados, celos, desinterés en los estudios o estados de desánimo, por ejemplo. "Estos problemas son normales y corrientes en algún momento de su desarrollo y todos tienen solución cuando se tratan con sentido común y con cariño":

-Los padres de hoy en día están demasiado preocupados, lo que les lleva a dar demasiadas vueltas al problema y no siempre eligen la solución adecuada, porque dejan el sentido común de lado. Pero ciertamente, los niños de ahora no son como los de antes, están sometidos a unos estímulos sociales muy potentes, y esto hace que tengan sus propios criterios, formas de actuar, y sea unos desconocidos hasta para el propio padre, que le cuesta identificar que le pasa a su hijo y cómo debe afrontarlo.

-Lo básico es conseguir un acercamiento con los hijos, porque esta es la base de la comunicación y la confianza. Este es el único modo también de que los padres puedan transmitir los valores, las normas, las pautas con firmeza y seguridad. Cuando los padres transmiten estas pautas con seguridad, lo que consiguen son niños seguros. Niños que saben lo que tienen que hacer, saben que tienen que obedecer, porque reciben esta seguridad por parte de los padres.

Conviene darles motivación. Los padres deben compensar esta situación inculcando a sus hijos el valor del esfuerzo, de que aunque no tengamos ganas de hacerlo tenemos que hacerlo. Todo lo que cuesta trabajo nos hace crecer y ser más adultos.

Esto es debido a que los actuales modelos sociales no tienen respeto por las generaciones adultas. Tratan igual a un viejecito, que a un compañero de instituto. Les cuesta horrores entender el concepto de autoridad. Vemos que incluso muchos niños se revelan contra los maestros, llegando a suceder algunas situaciones dramáticas de niños que han llegado a pegar al maestro. Aunque en mi opinión, los maestros tienen herramientas de sobra para hacerse obedecer.

Hay algunos padres que están poco tiempo con sus hijos y cuando están con ellos les dejan hacer lo que les da la gana, son niños mimados consentidos, y esto no puede ser, la autoridad no tiene nada que ver con ser afectivo, se puede ser muy afectivo siendo autoritario. Es más, con afectividad se puede transmitir el valor de la autoridad. Porque los niños necesitan protección, y que los padres les cuiden, si no hay autoridad, eso no existe. Insisto, necesitan sentir que los padres tienen seguridad y firmeza al inculcar normas porque esto les confiere seguridad.

-Ahora está muy de moda que el niño opine, y la búsqueda de su felicidad por encima de todas las cosas.

-Por comodidad, es más fácil que el niño vote y opine. Esto sucede a veces por estar cansados los padres, o por no querer esforzase e involucrarse demasiado... Aunque no podemos decir que todos mimen o sobreprotejan a sus hijos, hay muchas familias a las que sencillamente les falta formación educativa, que no saben las consecuencias de educar a un niño sin valores, y que creen que abrazando mucho este niño va a ser más feliz. A este niño le tienes que darle son recursos para que sea libre, autónomo, responsable, y para eso es muy importante poner normas firmes. Porque si no, los niños no estarán preparados para controlar su propia vida. No tendrán madurez para aceptar una norma. Hay que ser coherente y dar una línea educativa desde el nacimiento.

-Pero se debe educar desde lo positivo.

-Siempre. Todas las personas tienen una potencialidad mayor de lo que podamos pensar por desarrollar, todos los niños tienen unas capacidades que debemos saber potenciar. Pero no en base a las expectativas que hemos creado como padres ante ellos, sino ante las posibilidades que tiene aquel niño. Es decir, no podemos pretender que un niño con dotes artísticas sea premio Nobel de la Literatura. Nuestro deber es potenciar sus potencialidades y conseguir que se sienta realizado como persona. Para ello debemos plantearles alternativas, y esperar a que él se decante por unas actividades u otras. El error o el fracaso suele darse cuando los padres tienen unas expectativas muy altas en ese niño y de pronto este presenta algún tipo de dificultad o retraso... Los padres se frustran y no dejan desarrollarse al pequeño tal y como es porque están más centrados en lo negativo que en lo positivo. De esta forma es imposible proyectarse.

-¿De qué manera se debe fomentar una buena comunicación entre padres e hijos?

-A través de la afectividad, pero también a través de unos modelos claros y firmes. La firmeza y la exigencia demuestran que los padres confían en las posibilidades del hijo y con ésta refuerzan la comunicación. Unas pautas dadas con simpatía y con altas expectativas favorecen que los hijos refuercen la comunicación con sus padres.

-¿Cómo evitar que los niños nos digan mentiras?

-Creando un acercamiento y clima de confianza, sin amenazas ni reprimendas. Los niños que tienen miedo al castigo mienten más y no asumen su equivocación. Hay que compartir las equivocaciones y ayudarles a corregirlas. La culpa no ayuda a rectificar, solo consigue dar excusas. Hay que premiar la verdad y el coraje de dar la cara, por encima de la regañina por algo mal hecho. Tienen que vivir la evidencia que la mentira siempre se descubre y que la verdad produce tranquilidad.

-¿Es importante que nuestros hijos se frustren? ¿Se debe aprender a aceptar la frustración?

-Es conveniente que los hijos consigan las cosas con esfuerzo y aun así, no siempre se consiguen. El aceptar la frustración les hace más fuertes y más resistentes a las situaciones problemáticas, genera más estrategias para superarlas. Por otro lado es un aprendizaje que les va a servir en diferentes situaciones de la vida.

-¿Cómo enseñar a nuestro hijo a ser respetuoso?

-Todos los valores educativos se enseñan a través de modelos que debemos inculcar y repetir hasta llegar a consolidarlos. Hay que exigir esta actitud de respeto y usar el refuerzo positivo para que el niño se sienta satisfecho de su conducta.

-¿Se puede mejorar su autoestima?

-Si los padres son capaces de destacar, en una proporción más alta, las cualidades del hijo, por encima de los 'defectos', este va a tener una buena autoestima. Muchos niños manifiestan que los padres solo destacan las conductas negativas, sin hacer caso de las positivas. Hay que tener en cuenta esta apreciación y ser muy positivos con ellos.

-¿Es importante enseñarle a ser generoso con los demás? ¿Qué estrategias utilizamos?

-Cuando hablamos de generosidad nos referimos a transmitir el valor de tener en cuenta a los demás y hacer algo por ellos. Esta actitud refuerza el valor de la empatía y la solidaridad. Este modelo educativo se puede encontrar en nuestro entorno más cercano, en casa, en el colegio, pero también a través de cuentos, historias o noticias del mundo. De cualquier modo nos hace ser consciente de las responsabilidades sociales y sensibilizarnos con lo que ocurre a otras personas.

-¿Cómo conseguir que nuestro hijo sea responsable?

-Haciéndole sentir importante con sus habilidades y dando importancia a las actividades compartidas por todos los miembros de la familia. Las órdenes dadas con crispación o malhumor no motivan a mejorar la responsabilidad, porque no dan satisfacción por la labor bien hecha.

-¿Se puede enseñar a ser disciplinado y obediente?

-Si los padres se hacen respetar por sus buenas formas, modelos y pautas, los hijos no tendrán dificultades en obedecer porque entenderán que las órdenes y propuestas son para favorecer la buena marcha de la familia.

-¿Podemos concienciarles de sus obligaciones? ¿Dónde está el secreto?

-Con buen humor y tranquilidad se consigue dar un clima idóneo para la obediencia. La clave está en estar seguros de que lo que les pedimos es bueno para ellos y no necesitamos plantearlo con crispación.

-¿Cómo erradicar los insultos y/o agresividad?

-Antes hemos dicho que ante una conducta inadecuada, vamos a usar un sinónimo de castigo que es “quitar un privilegio”, es decir, forzamos a que se rectifique esta conducta para que, de inmediato cuando se ha corregido podamos usar el refuerzo positivo y felicitar por el cambio a mejor. Si no dejamos claro que la conducta inadecuada no puede producirse el hijo interpretará que no tiene importancia. Es muy importante atajar estas conductas de inmediato para que no se cronifiquen.

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