AMENAZA TERRORISTA

El Gran Temor: la fusión de Al Qaeda e ISIS

El político británico Robin Cook señaló que el nombre al Qaeda indicaría "base de datos" ya que Osama Bin Laden gestionaba las operaciones financieras en un fichero informático llamado al Qaida (literalmente ‘la base [de datos]’). Concluida la guerra contra los soviéticos, Al Qaeda no fue desmovilizada y su caudillo se alineó con los Talibanes en el conflicto doméstico por el poder afgano, y a la vez participó de operaciones significativas para el mundo musulmán (contra el genocidio musulmán en Bosnia y Herzegovina). De pronto, él terminó combatiendo a quien le prestó apoyo y aliento (USA). A su vez, al Qaeda fue identificado por USA como un grupo terrorista antioccidental. En cuanto a Ejército Islámico, inicialmente fue Organización para el Monoteísmo y la Yihad, una organización terrorista próxima a Al Qaeda durante la invasión a Irak (2003), dirigida por Abu Musab al Zarqaui. Tras su muerte, el nuevo líder, Rashid al-Baghdadi, bajo la tutela de Osama bin Laden, se expandió por las gobernaciones de Ambar, Nínive, Kirkuk y Saladino, proclamando el Estado Islámico de Irak, con cuartel general en Baquba. Con la muerte de al-Baghdadi, la organización tambaleó pero el conflicto sirio la rescató, ya como Estado Islámico de Irak y el Levante comandada por Bakr al-Baghdadi, quien cortó los lazos con Al Qaeda en 2014, y se proclamó califa Ibrahim. ¿Se fusionarán? Muy interesante un enfoque al respecto que publicó la revista Foreign Affairs:

“Son unos lamentables y aislados individuos. Están en banca rota. Su rol ya fue descartado. Vayan a donde pertenecen de ahora en más- a un basurero sucio de la historia”.

Así, en 1917, Leon Trotsky condenó a los Mencheviques, la facción no Bolchevique del Partido Obrero Social Democrático de Rusia, a una insignificancia- destino del que nunca se recuperaron. Solo cinco años atrás, la caída de al Qaeda parecía similarmente inminente. Su fundador y jefe estaba muerto. Una sucesión de lugartenientes clave habían sido eliminados. Y la región fue transformada por la Primavera Árabe. La protesta civil, aparentemente, había logrado lo que el terrorismo no logro entregar – y al Qaeda fue el mayor perdedor. Como John O. Brennan, entonces asesor adjunto para la Seguridad Nacional y Lucha contra el Terrorismo y asistente del Presidente, dice en una audiencia reunida en una junta en Washington DC en abril 2012, “Por primera vez, desde que esta pelea comenzó, podemos mirar adelante a una visión del mundo en el cual el centro de al Qaeda simplemente no es relevante”. Menos de un mes después, en el primer aniversario de la muerte del líder de al Qaeda, Osama bin Laden, el presidente de Estados Unidos, Barak Obama, con orgullo proclama que “El objetivo que fije –el derrotar a al Qaeda y negarle la chance de reconstruirse- está a nuestro alcance”.

Qué completamente diferente se ve hoy en día. En febrero el director de la Inteligencia Nacional, James R. Clapper, pinta un sombrío cuadro singular, el de un al Qaeda nuevo y resurgente junto con un ambicioso y expansionista Estado Islámico (ISIS), en su evaluación anual de amenazas mundiales. Al Qaeda y sus afiliados, cuenta Clapper al Comité de las Fuerzas Armadas en el Senado, “han probado ser resilientes, y están posicionados en hacer ganancias en 2016… continuar á n siendo una amenaza a los intereses locales, regionales y posiblemente globales”. Más alarmante todavía, es el surgimiento de una  corriente  más extrema. El ISIS, explica, “Se ha vuelto la amenaza terrorista más preminente debido a su auto proclamado califato en Siria e Iraq, sus ramas y ramificaciones en otros países, y su creciente habilidad para dirigir e inspirar ataques a un amplio rango de objetivos alrededor del mundo”.

Si una semana es un largo tiempo para la política, cinco años es una eternidad. Es fácil de olvidar, hasta muy recientemente, de que no había un Estado Islámico manejado por el ISIS; el presunto califato de Abu al-Baghdadi no era nada más que un autocomplaciente sueño. De hecho los límites de Sykes y Picot parecían imborrables (N. de la R.: el Acuerdo Sykes-Picot, conocido como el Acuerdo de Asia Menor, fue un acuerdo secreto entre Reino Unido y Francia para definir la influencia y control de los dos países en el Cercano Oriente si ganaban al Imperio Otomano la 1ra. Guerra Mundial), y tanto Obama como el vice presidente Joe Biden estaban anunciando la estabilización de la democracia en Iraq, y el consecuente retiro de las fuerzas militares de Estados Unidos como prueba de que “La guerra de Estados Unidos en Iraq” había “terminado”.

Dada esta asombrosa concatenación de eventos en un período de tiempo tan corto, es muy probable que ocurriesen más sorpresas. De hecho, para 2021, al Qaeda y el Isis podrían fusionarse, o al menos entrar en algún tipo de alianza o cooperación táctica. Aunque admitidamente improbable en términos cercanos, tal acercamiento tendría un montón de sentido para ambos grupos y sin duda resultaría en una amenaza que, de acuerdo a un analista de la inteligencia de Estados Unidos particularmente reconocido a quien yo le pregunte por esta posibilidad “Sería un absoluto y sin precedente desastre para la USG y nuestros aliados”.

Pobres predicciones

Los Estados Unidos sufren una amnesia colectiva donde las políticas de terrorismo y contra terrorismo son la preocupación. Después de todo, fue apenas ayer que la sabiduría convencional dentro del Beltway (N. de la R.: la Interestatal 495 es una Autopista Interestatal de 103 km de longitud que rodea la capital estadounidense de Washington D. C. y los suburbios de Maryland y Virginia. "Inside the Beltway" es una frase usada para asuntos políticos del gobierno) era que la sangrienta separación entre al Qaeda y el ISIS consumiría, castraría y destruiría totalmente a ambos grupos. El pensamiento convencional sobre al Qaeda era rara vez correcto de cualquier forma, entonces no es sorpresa que esta expectativa en particular sea un poco más que un simple deseo. Y es razón suficiente para explorar porqué motivo una unión entre al Qaeda y el ISIS no es tan descabellada como algunos sostienen.

Hay por lo menos cuatro argumentos que dejan este escenario admisible.

1ro., las similitudes ideológicas entre el ISIS y al Qaeda son más significantes que sus diferencias. Ambos grupos se adhieren al primer principio esbozado por el miembro fundador de al Qaeda, Abdullah Azzam, hace tres décadas: Es obligación de todo musulmán donde quiera que se encuentre, defender a su hermano dondequiera que se encuentre amenazado o en peligro. Para Azzam tanto como Bin Laden y el actual líder al Qaeda, Ayman al Zawahiri, y el líder del ISIS, Baghdadi, una guerra agresiva y depredadora está siendo llevada a cabo contra el Islam por sus enemigos. Esos enemigos en términos generales se conciben como infieles y no creyentes, incluyendo a la democracia liberal de Occidente, los corruptos y represivos apóstoles locales apoyados por Occidente, y los chiíes y otras minorías musulmanes. En este inevitable choque de civilizaciones, corresponde a todos los musulmanes defender la comunidad mundial musulmana. La necesidad de la Yihad global de derrotar a todos los supuestos enemigos del Islam es entonces un aspecto integral para la ideología del ISIS y al Qaeda.

Ambos movimientos, además, comparten la visión de que el sistema del Estado occidental es contrario a la imposición de la Sharia (las leyes Islámicas). El ISIS, por ejemplo, regularmente lanza invectivas contra la democracia como la de “metodología malvada”. En ese sentido, el grupo refleja el antiguo punto de vista de al Qaeda de este sistema de gobierno. Al igual que al Qaeda, ISIS también está en contra del control occidental del recurso más preciado de los musulmanes –los campos de petróleo y gas natural- y de la creación de un corrupto soporte complaciente de regímenes locales que facilitan la exploración y explotación contínua.

Tal como al Qaeda en años pasados, el ISIS invita a la intervención militar de Occidente en tierras musulmanes, lo cual, el grupo cree, enervará a los regímenes locales militares y económicos. “Si usted pelea contra nosotros”proclamaba ISIS en 2014, “nos volveremos más fuertes y resistentes, y si nos dejan solos creceremos y nos expandiremos”.

 

2do., las diferencias que existen entre el ISIS y al Qaeda se arraigan más en un choque de egos y tonos que en sustancia. Por ahora, el más saliente impedimento para la reconciliación es la fuerte enemistad personal y viciosa rivalidad entre Baghdadi y Zawahiri. Es evidentemente obvio que se odian mutuamente. Su disputa, sin embargo, parece que se basa en proceso y tiempo. En resumen, Zawahiri afirma todavía que el enemigo lejano debe ser eliminado y las tierras musulmanas totalmente purificadas de Occidente y otras influencias locales corruptas, antes de que el Califato pueda ser establecido. Baghdadi, tal como los eventos de junio del 2014 mostraron, no ve razón para esperar y al contrario toma la ofensiva atacando a enemigos cercanos tanto en Siria como Iraq, y declarándose a sí mismo califa.

Los estilos de los dos hombres también difieren. Baghdadi ha creado un culto personal alrededor de él que abunda en muerte y desmembramiento. Él es más nostálgico de los Khmer Rouge de Pol Pot y de los Tigres de Tamil, de Velupillai Prabhkaran, que de Azzam, bin Laden, o Zawahiri. La megalomanía de Baghdadi se remonta a un proclamado linaje familiar que llega hasta el Profeta. Su situación hace más difícil identificar a un sucesor creíble. En consecuencia, la eliminación de Baghdadi podría enviar al ISIS a un caos total y darle a al Qaeda una oportunidad ideal para efectuar una unión voluntaria o forzada. Para ese caso, tanto la muerte de Baghdadi o Zawahiri podrían allanar el camino para un acercamiento, ya sea que esto involucre una reunión consensuada o una toma hostil de un grupo al otro. El atentado ontra Baghdadi en Raqqah en Diciembre de 2014 por un miembro pro al Qaeda, sin embargo, sugiere que un escenario más probable sería que al Qaeda absorba al ISIS en vez del caso contrario. A pesar de esto, el resultado sería una fuerza terrorista combinada de increíbles dimensiones.

El 3er. argumento que soporta una unión de al Qaeda-ISIS consiste en que los dos grupos usan la misma estrategia. Aunque el ISIS lo aplica más fiel y viciosamente. De hecho es la adhesión de Baghdadi al manual de estilo de al Qaeda lo que explica su acometida en Junio 2014 para declarar la resurrección del Califato y el establecimiento del Estado Islámico.

La estrategia fue organizada por el jefe operativo de al Qaeda, Saif al Adl, en 2005. El ISIS actualmente está en su 5to. paso de 7. El primero fue el despertar (2000-2003), que coincidían con los ataques del 09/11, descrito como “el despertar de la nación dándole un poderoso golpe a la cabeza de la serpiente en Estados Unidos”. Que fue seguido por el paso “abrir los ojos” (2003-2006) que se desarrolló después de la invasión estadounidense en Iraq, y supuestamente fue diseñada para enfrentar y drenar perpetuamente a USA y Occidente en una serie de prolongadas operaciones en el extranjero. Las etapas de “Levantarse y pararse de pie” (2007-2010) involucraba la expansión proactiva a nuevos lugares para operar, tal como hicieron en el Este de África y el Levante.

La 4ta. etapa, “la Recuperación” (2010 – 2013) fue originalmente desarrollada para permitir que al Qaeda consolidara sus fuerzas. Consecuencia de la muerte de Bin Laden y las nuevas oportunidades de derrocar a los regímenes apóstoles (N. de la R.: gobiernos locales que son funcionales a Occidente) brindada por la Primavera Árabe, esta etapa terminó debiendo ser ajustada o corregida. Atrapados por los levantamientos populares en el Norte de África y Oriente Medio, Al Qaeda trató de aprovechar el caos político y succionar la autoridad para reestablecer su presencia y explotar los levantamientos internos como nuevas oportunidades de re fortalecerse y expandirse. Esto fue facilitado por la liberación de miles de jihaditas y personas que ocupaban posiciones de liderazgo. Esta 4ta. etapa, en la estrategia de Adl, seria seguida por la etapa de “Declaración del Estado del Califato” (2013 – 2016) cuando al Qaeda alcanzaría su último objetivo de establecer un régimen Islámico trans o supranacional sobre grandes franjas de territorio en el mundo musulmán. El ISIS le robó la marcha a al Qaeda en este sentido. El 6to. paso, "de confrontación total" (2016 – 2020), fue hecho para que suceda después de que el Califato fuera creado y un Ejército Islámico pudiera comenzar la “batalla final entre los creyentes y los no creyentes”. El final y definitivo "estado de victoria" (2020 – 2022) ocurre cuando el Califato finalmente triunfa sobre el resto del mundo.

Es inquietante ver, desde el punto de vista  del ISIS, que los movimientos están ocurriendo a tiempo. Igualmente escalofriante es que los elementos apocalípticos del 7mo. y último paso son claramente evidentes en la ideología y estrategia del ISIS. Su visión implica una eventual contienda entre el Islam y los infieles en Dabiq, Siria (N. de la R.: Una frase de Abu Musab al Zarqaui, muerto en 2006, fundador de Al Qaeda en Irak: "La chispa se ha encendido aquí en Irak, y su calor continuará intensificándose ―con permiso de Alá― hasta que se quemen los ejércitos cruzados en Dabiq". Se menciona en los Hadices (dichos del profeta Mahoma) como el equivalente bíblico del Apocalipsis o el Armagedón, y es el lugar donde los ejércitos musulmanes y cristianos se enfrentarán en su última batalla) -nombre escogido por el grupo para su revista online. En otras palabras, los objetivos del ISIS nunca van a ser solamente locales sino, como al Qaeda, son globales.

El 4to. motivo por el cual al Qaeda e ISIS eventualmente se unan es que los esfuerzos para reunir los grupos han sido regularmente la característica del comportamiento y retórica de ambos lados. El ISIS se proclama a sí mismo como la reencarnación más creyente y agente efectivo de la visión de Bin Laden, y afirma que, bajo Zawahari, al Qaeda se ha desviado de su misión histórica y de las grandes ambiciones que una vez estuvo al borde de conseguir. A este respecto, no es entonces sorprendente que la propaganda del ISIS es profundamente reverencial a Bin Laden y profundamente respetuosa de al Qaeda (aunque no de Zawahiri) refiriéndose a sus soldados, emires, y sheikhs de una forma positiva y continuando glorificando los logros de Bin Laden.

Por su parte Zawahiri ha sido muy cuidadoso en sus declaraciones lanzadas públicamente para mantener el prospecto de reconciliación. En la declaración de septiembre de 2015, por ejemplo, él hace esta afirmación: “Yo aquí confirmo clara e inequívocamente que si hubiese conflicto entre los Crusaders, Safavids y los secularistas, con cualquier grupo de los musulmanes y los Mujahideen incluyendo el grupo de Abu Bakr al-Baghdadi y aquellos con él, nuestra única opción es apoyar a los Musulmanes mujahideen, aún si ellos son injustos hacia nosotros, nos han calumniado y han roto los pactos y robado de los Ummah y los mujahideen su derecho de consultar y seleccionar su Califato, y evadido de ser comandado por el Shariah en las disputas”.

Estas propuestas no son exclusivamente retoricas, como pasados intentos serios de conseguir un modus vivendi claro. En las últimas 3 ocasiones en la segunda mitad del 2014, las estrellas casi se alinean:

> en septiembre, poco después de que Estados Unidos y su coalición de golpes aéreos comenzaran en serio contra el ISIS;

> en noviembre, después de que Baghdadi fuera incapacitado por un bombardeo de Estados Unidos; y

> en diciembre seguido al golpe en Raqqah.

Posibles problemas

Por casi una década y media, al Qaeda y la red terrorista Salafista, ha desafiado los esfuerzos occidentales en llevar la lucha a un final definitivo. Su longevidad es tanto una historia de errores de Estados Unidos y mala interpretación de la amenaza como de gran capacidad de cambio, adaptación y regeneración de sus adversarios. El Oriente ahora enfrenta a un enemigo que ha trascendido de las tácticas del terrorismo a capacidades militares evidentes, que certifica que el desafío terrorista solo se ha vuelto más abigarrado, difuso, y exponencialmente más difícil de vencer.

Las insistentes afirmaciones de los últimos 5 años de que al Qaeda está posicionado en el borde de una derrota estratégica han estado dando vuelta más tiempo del que le llevó derrotar a la Alemania nazista y el Imperio Japonés. Es difícil de pensar una peor constelación de amenazas terroristas que la que ya proponen ISIS, y al Qaeda con sus afiliados, asociados, franquicias y provincias. Cualquier tipo de coordinación de acciones terroristas, mucho menos un modus vivendi más formal, tendría unas consecuencias profundas y de largo alcance para la seguridad internacional.

Ese escenario no es menos aceptable que la noción de 2014 que el movimiento Salafista pudiera ejercer soberanía sobre partes de Iraq, Libia y Siria, con múltiples puestos de avanzada en el norte, Este y Oeste de África, el Sinaí y Afganistán. También es posible que, dado el hecho de que estos movimientos han aguantado un ataque concentrado de la fuerza militar más tecnológica y doctrinalmente sofisticado en la historia, las expectativas de triunfo se han borrado repetidamente a causa de nuevas tragedias como la de noviembre de 2015 en Paris, y en marzo del 2016 en los ataques en Bruselas, razón suficiente para tomar en serio la posibilidad de una alianza entre el ISIS y al Qaeda.

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