TONTERÍAS MEDIÁTICAS

Majul y Paluch en curioso trabajo inquisidor

Los periodistas, al igual que el resto de los mortales, trabajan donde pueden, no siempre pueden elegir el lugar de desempeño laboral. Luego, los periodistas no son responsables de las conductas de sus empleadores o contratistas. Y Luis Majul y Ari Paluch deberían saberlo en vez de cuestionar a Santiago del Moro. Además, es un juego peligroso: quien inicia una caza de brujas que luego no reclame ni tregua ni clemencia.

por EDGAR MAINHARD

Desde la pantalla de América TV (un universo impreciso entre el accionista Francisco de Narváez y su socio menor pero verdadero hombre fuerte del canal y de la AM La Red, Daniel Vila, quien ha protagonizado en su Supercanal Holdings grandes batallas con acreedores por defaults tan crónicos como groseros hasta conseguir su borrón y cuenta nueva en 2012, y juicios cruzados con Grupo Clarín por incumplimientos supuestos de acuerdos societarios), Luis Majul y Ari Paluch (La Cornisa) libraron un polémico diálogo con quien es un compañero en ese canal, Santiago del Moro (Intratables), porque a la vez él se desempeña en la radio FM Pop, de Grupo Indalo.

Increíble pero real: en una Argentina donde la mayoría de las corporaciones mantienen pasados cuestionables y cuestionados, ahora hay quienes creen, en nombre de una posible ética, tener autoridad para limitar la libertad de trabajo de sus colegas tal como si Santiago del Moro tuviese la obligación de renunciar a su contrato (¿lo quiere de tiempo completo Daniel Vila pero sin pagarle un contrato equivalente al de Grupo Indalo?), o utilizar su micrófono para criticar a su empleador.

En los días cuando Grupo Clarín y Daniel Vila libraban batallas gigantescas (primero por la propiedad de Supercanal Holdings, tema en el que Vila consiguió el auxilio de Raúl Moneta; luego por el statu-quo de Cablevisión, 'chicana' judicial enla que Vila fue funcional a los Kirchner), ningún periodista del multimedios Clarín le preguntó a Majul cómo es que seguía trabajando en los medios de Vila.

Cualquiera podría entender que Majul no era responsable de las políticas y estrategias de Vila, y menos cuando en ese momento Majul fue crítico de los K cuando Vila se les acercó con la excusa del enemigo común, Clarín. En todo caso es elogiable que Vila mantuviese la libertad de Majul, tal como Santiago del Moro dice que le respetan la suya en la Pop.

¿Por qué, entonces, Santiago del Moro tendría que someterse a un statu-quo diferente, si ni siquiera es un periodista político sino un buen conductor que, gracias a un acierto de la productora GP Media, que le cambió el contenido al programa "Intratables", es parte del mundillo de políticos y empresarios?

GP Media, el verdadero empleador de Santiago del Moro en la TV, enfrentó dificultades financieras considerables en 2012, y ejecutó un ajuste importante, pero nadie haría a sus periodistas responsables de las decisiones de Gastón Portal y socios (entre los que destaca la Fundación Octubre, de Víctor Santa María, secretario general del sindicato SUTERH. Hoy día es también accionista de control del diario Página/12).

No es apropiado iniciar una caza de brujas acerca de dónde trabaja cada periodista ya que esa inquisición deberían hacerla, en todo caso, quienes se encuentren en condiciones éticas apropiadas, y quienes puedan ofrecer una alternativa laboral equivalente en días de una estanflación intensa que lleva 4 años.

Luego, hay algo más complicado todavía para la embestida de Majul y Paluch: si la Justicia aún tiene en trámite la cuestión judicial tributaria de Grupo Indalo, o sea que hay imputaciones, quizá procesamientos en instancia de apelación, ¿por qué Santiago del Moro debería liderar una condena tal como si fuese cosa juzgada?

“Yo trabajo con absoluta libertad”, sostuvo Del Moro, a lo que Paluch le recriminó: “pero vos no hablas de política“.

A un Paluch asumiendo el rol de Torquemada, le siguió un Majul afirmando: “Quiero resaltar el esfuerzo que hace Santiago para mantener más o menos el sentido común en su programa”, y del Moro le respondió:  “No me digas más o menos sentido común, yo voy ahí con el culo limpio. Yo solo tengo que responder ante mis hijas ¿Si hacés el programa más escuchado de la FM me tengo que preocupar?”.

La lógica de la audiencia es un argumento poderoso: si la opinión pública no critica a del Moro, Majul, quien se dice tan sensible a la opinión de la gente, ¿no debería considerar esa realidad?

Precisamente ese fue un disparador importante del caso de Marcelo Longobardi, cuando cesó en Grupo Indalo y cometió el acierto de ingresar a AM Mitre (Grupo Clarín).

Longobardi sí sufrió directivas editoriales que cuestionaron su libertad como comunicador, y tiempo después se supo que eran parte de una estrategia para que se alejara del multimedios Indalo.

En forma simultánea, Longobardi ya tenía evidencia plena de que sus oyentes le condenarían si concretaba un cambio en su posición editorial. A del Moro no le ha sucedido esto porque son públicos y tiempos diferentes.

Algo más: ¿No será que gran parte de la opinión pública considera que las acusaciones sobre evasión y corrupción son parte de rencillas políticas y empresariales en las que se ajustan cuentas que poco o nada tienen que ver con la Justicia?

Es importante que los periodistas tengan criterio crítico cuando la sociedad argentina es empujada a un escenario complicado donde desde el actual Presidente, explicando su mención en los Panamá Papers, hasta la ex Presidente -citada a sede judicial para el 13/04- y empresarios diversos (desde Cristóbal López y Lázaro Báez hasta Nicolás Caputo y Daniel Angelici) reciben denuncias e imputaciones.

Enterate de todas las últimas noticias desde donde estés, gratis.

Suscribite para recibir nuestro newsletter.

REGISTRATE

Dejá tu comentario