DE LA JEFATURA DE GABINETE A LA ESCUELA DE FÚTBOL

Después de Obama, el debate (2): ¿Cuántas veces pateó un penal Marcos Peña?

Algunos consideran muy voluntarista y ramplona la estrategia de la Administración Macri para conseguir dinero y así reactivar la economía, modernizarla y regresar a la competencia global. Sin embargo, todos coinciden en que la visita de Barack Obama es un capítulo esencial en la mencionada estrategia. Por lo tanto, hay que revisar algunas cuestiones:

En su libro "How to Score" (Cómo convertir), Ken Bray, profesor en la Facultad de Ingeniería y Diseño de la muy tecnológica universidad de Bath (Reino Unido), aborda, entre otras cuestiones del fútbol, la técnica de patear penales. Una lástima que Bray no haya conocido a Marcos Peña, el flemático jefe de Gabinete de Ministros argentino, quien afirma simpatizar con Boca Juniors (¿esta confesión es anterior o posterior a su cercanía a Mauricio Macri?).

Bray dedicó muchas horas a estudiar miles de penales convertidos y otros atajados en todo el mundo, y luego diseñó un modelo en computadora, y nunca llegó a la conclusión que Peña escuchó por ahí y repite: "para asegurar un penal hay que patearlo fuerte y al medio".

Peña, cuyos conocimientos futboleros eran desconocidos, parte de la idea que el arquero siempre se moverá, nunca se quedará estático, pegado al piso. Bray opina bien diferente.

La controversia es interesante para introducir el comentario de Julio Blanck en el diario Clarín:

"El Gobierno planificó la comunicación de la visita de Barack Obama bajo una premisa futbolera. “Como se patea para asegurar un penal: fuerte y al medio”, explicó Marcos Peña. Esto es, sencillo y sin tomar riesgos innecesarios. El jefe de Gabinete es el comandante supremo de las formas y el fondo de lo que la administración Macri transmite a la opinión pública. La decisión original, dijo, fue “evitar las sobreactuaciones”. Pero los dichos y los hechos de Obama le mezclaron los papeles al prolijito plan argentino. La idea básica que transmitió el presidente norteamericano fue “dígannos cómo los podemos ayudar”. ¿A cuántos les dirá lo mismo?

Obama fue más allá de lo esperado con sus gestos de apoyo personales, políticos y económicos. Sorprendió tanto por la rápida empatía personal que estableció con Macri –en paralelo a la que sus colaboradores anudaron con sus homólogos argentinos– como por la coincidencia en la mirada sobre los temas centrales de la agenda que abordaron. Así, desdibujando la moderación programada y bajo el efecto de la poderosa seducción del matrimonio Obama –Michelle ratificó que es una jugadora de las Grandes Ligas– el propio Macri terminó siendo el comunicador de la euforia oficial.

La sensación es fácilmente palpable: hoy Macri y su gente se sienten en el Paraíso. Es un bello estado del espíritu, sólo empañado por la constatación de que sus tareas y sus problemas son ferozmente terrenales.

(...) Funcionarios de la Casa Rosada apuntan que la visita de Obama es el “final feliz de la primera etapa del gobierno de Mauricio”. Afirman que Washington muestra al Gobierno argentino como “aliado y socio” y que esa plataforma de presentación ante el mundo “puede ayudar mucho” en la tarea de tomar deuda por US$ 12.000 millones para pagar a los fondos buitre, una vez que se haya aprobado –quizás esta semana– la ley de salida del default.

Aquí es donde se ingresa en la lectura interna de la visita, y en la forma en que el gobierno de Macri operó para hacer partícipe a la oposición en el derrame de buena onda que provocó Obama.

El momento elegido fue la cena del miércoles en el Centro Cultural Kirchner. Allí hubo una breve recepción privada con Obama y Macri, previa al banquete, a la que podían asistir diez argentinos. Estuvieron la vicepresidenta Gabriela Michetti por el Gobierno; Emilio Monzó, Federico Pinedo y el radical Mario Negri por el oficialismo en el Congreso; Elena Highton y Juan Carlos Maqueda de la Corte Suprema de Justicia y se abrieron cuatro lugares para opositores: Sergio Massa, Margarita Stolbizer, el senador Miguel Pichetto y el diputado José Luis Gioja.

El gesto tiene al menos dos lecturas. Una, el reconocimiento a Massa y Stolbizer, que operan como aliados parlamentarios del Gobierno sin desdibujar su perfil opositor. Otra, igual o más sustancial, es la búsqueda de consolidar la convivencia con el sector del peronismo dispuesto a dialogar y llegar a acuerdos puntuales. (...)".

Mariano Spezzapria, en el diario platense El Día, aportó información acerca del gran objetivo de aumentar el endeudamiento público externo:

" El gobierno tendrá en la semana que comienza la herramienta de gobernabilidad, que según su propio criterio, es la ley que habilita el pago a los “holdouts” para posibilitar que el país cierre el extenso litigio por la deuda externa y regrese al mercado financiero internacional. El Senado sancionará el proyecto oficial, que también contará con el apoyo de la oposición moderada.

No se trata de un logro menor para un presidente, como Mauricio Macri, que no proviene del peronismo. Y cuya alianza de gobierno, Cambiemos, está lejos de tener mayorías en el Congreso. Pero el próximo miércoles se impondrá la decisión política de no obstaculizar a una gestión que acaba de recibir un espaldarazo clave, nada menos que de los Estados Unidos.

La visita del presidente Barack Obama a la Argentina dejó en claro, tanto para la Casa Rosada como para la dirigencia opositora, que Macri tendrá el respaldo de Washington porque allí cayeron bien las “reformas económicas” –tal como el propio Obama las definió- que inició el gobierno en sus primeros cien días, incluidas las negociaciones con los “fondos buitre”.

Tanto es así, que la Procuración del Tesoro norteamericana se presentó como “amicus curae” –en términos jurídicos, un amigo de la Corte ajeno al caso- para pedirle a la Cámara de Apelaciones de Nueva York que levante el bloqueo impuesto por el juez Griesa para que el Estado argentino pueda pagarle a los bonistas que ingresaron a los canjes de 2005 y 2010.

La presentación tuvo lugar el último jueves, un día después de que Obama asegurara en la Casa Rosada que veía de buena manera las negociaciones con los “holdouts” pero que en su país no se le permite a un Presidente dar consejos a los jueces. Sin embargo, la Casa Blanca encontró la forma de que tanto en Nueva York como en Buenos Aires entendieran su postura.

Pese al gesto del Presidente norteamericano, el gobierno macrista sigue urgido por los plazos judiciales. De hecho, la propia Cámara de Apelaciones fijó la próxima audiencia para el 13 de abril, cuando sólo un día después vencerá el plazo para abonar a los “fondos buitre” el pago de los acuerdos firmados ante el mediador Pollack, especialmente con el NML, de Paul Singer.

Por eso, funcionarios de la Jefatura de Gabinete y el Palacio de Hacienda realizan gestiones contrarreloj para que se adelante la audiencia o bien el fondo de Singer acceda a postergar el pago, ya que no quedaría tiempo material para emitir los bonos con los que se piensa cancelar esa deuda. Aunque son detalles instrumentales, que no definen el fondo de la cuestión.

En este contexto, la votación del miércoles en el Senado sería más holgada para el oficialismo de lo que se estimaba inicialmente. Los últimos conteos internos daban por seguro que la derogación de las leyes Cerrojo y de Pago Soberano obtendría más de 40 votos favorables, sobre 72 que tiene la Cámara alta. Sin descontar ausencias perpetuas como las de Menem. (...)".

Claudio M. Chiaruttini, en su editorial dominical por FM Identidad (Sin Saco y Sin Corbata), agregó acerca de esta situación:

" Muchos le pedían a Mauricio Macri que metiera goles. Bueno, metió media docena, con esfuerzo propio, con ayuda del “otro equipo” y por conveniencia de ambas partes. Algunos creerán que fueron fáciles de embocar, otros que fue pura suerte. Quizás. Lo importante para la Casa Rosada es que el Presidente de la Nación logró, con la ayuda inapreciable de Barack Obama, borrar 15 años de desaciertos, desafíos, choques y enfrentamientos innecesarios con los Estados Unidos. Y metió una goleada.

La visita oficial no llegó a durar 48 horas. Sin embargo, la cataratas de gestos, señales y apoyos entre la Argentina y los Estados Unidos, entre Barack Obama y Mauricio Macri, donde no fueron ajenas ni las esposas, ni las hijas de ambos; sorprendieron al mundo diplomático local y a las legaciones extranjeras que, rápidamente, tomaron nota del clima creado.

Es cierto que Mauricio Macri y Barack Obama sólo coincidirán en el poder 9 meses. Sin embargo, el Presidente de los Estados Unidos está estructurando las relaciones exteriores que dejará como legado de su pobre mandato (hoy cuenta con sólo 46% de apoyo a su gestión en la Casa Blanca) y, además, recomponer relaciones con quién espera sea su sucesora: Hillary Clinton, con quién no terminó en buenas relaciones cuando la sacó de la conducción del Departamento de Estado.

Mauricio Macri logró un respaldo explícito a su gestión de parte del Presidente de los Estados, pero también, a la oferta que presentó a los holdouts y un pedido explícito para que la Justicia de New York allane los caminos para cerrar el conflicto. Y un bonus de oro fue la desclasificación de documentos secretos en temas de derechos humanos, algo que ni Néstor Kirchner, ni Cristina Fernández, ni ningún otro Mandatario argentino pidió y, menos, obtuvo, de Washington (en 2002 la Casa Blanca desclasificó unos miles de documentos secretos del Departamento de Estado, no de los organismos de inteligencia, como será en este caso). Sólo por eso, la izquierda torpe y el kirchnerismo quedaron descolocados 24 horas más tarde cuando marcharon a Plaza de Mayo y protestaron contra la visita del mandatario estadounidense más progresista que hubo en 40 años.

Pero otro logro que obtuvo Mauricio Macri fue que pudo hacer el acto del 24 de Marzo en la ex Escuela de Mecánica de la Armada, sin que hubiera incidentes; y que todos los eventos protocolares que se programaron se pudieron realizar sin que hubiera cortes de calle masivos, protestas generalizadas o incidentes buscados por los grupos más violentos, como ocurrió cuando Bill Clinton o George Bush (h) estuvieron en la Argentina.

Barack Obama vino con una cargada agenda política propia y la cumplió al dedillo, dado que una de las principales tareas que está encarando en el fin de su mandato (y que espera dejar como legado para que el Departamento de Estado la continúe en el futuro) es un giro de 180 grados en las relaciones de los Estados Unidos con América latina.

Fue claro Barack Obama cuando dijo en La Habana y en Buenos Aires que no se pueden seguir pensando las relaciones exteriores con la estructura de pensamiento de la “Guerra Fría”. Se lo decía a cubanos y argentinos, pero sobre todo, a estadounidenses, dado que en la última década, Rusia, China, Irán y Europa avanzaron comercial y diplomaticamente sobre América latina, ante la mirada impávida de Washington, que sólo atinó a protestar un poco y en “enfriar” las relaciones, por el otro.

A espaldas de Estados Unidos, los gobiernos populistas de la región crearon organismos multilaterales que dejaron afuera a los Estados Unidos. Por eso, Barack Obama y Mauricio Macri se comprometieron a relanzar la Organización de Estados Americanos, donde Washington está presente; lo que implica que la Argentina le quitará respaldo a la Unasur, el Celac y el Alba, todas creaciones de la mente febril de Hugo Chávez.

Barack Obama vino a buscar en Mauricio Macri un interlocutor válido en una región que está abandonando el populismo, que en Estados Unidos es visto como un socialismo aliado de rusos, chinos y musulmanes radicales; y comenzando un giro hacia gobierno de centro derecha. Y como suele hacer Washington, acompaña los cambios políticos con iniciativas económicas y la firma de acuerdos bilaterales de libre comercio se han vuelto una de las cartas más usadas por la Casa Blanca en los últimos años. (...)".

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