MARCHAS CONTRA LA CORRUPCIÓN

El gobierno de Dilma ve una "criminalización de la política"

El mal humor por la crisis económica y un plan de "criminalización de política" por parte del juez que dirige la Operación Lava Jato, Sergio Moro, es la explicación que ha encontrado el jefe de gabinete brasileño para las masivas marchas que pidieron la renuncia de la presidente Dilma Rousseff el domingo pasado.

El jefe de gabinete del Ejecutivo brasileño, Jacques Wagner, vinculó el "mal humor" de la víspera, en las calles, a la crisis económica, y acusó al juez que dirige la Operación Lava Jato, Sergio Moro, de "trazar un plan para la criminalización de la política".
 
En la primera reacción a los masivas manifestaciones del domingo, cuando entre tres y seis millones de personas se manifestaron en más de 300 ciudades en Brasil para pedir el juicio político a Dilma Rousseff, Wagner dijo que "hay un reconocimiento de que la manifestación fue vigorosa".
 
Sin embargo, dijo que "el impeachment no es remedio ni para la crisis económica ni para la impopularidad".
 
La prensa brasileña asegura que la del domingo fue la manifestación más multitudinaria desde las marchas para exigir el retorno de las elecciones presidenciales, al final de la dictadura militar.
 
Rousseff, quien podría perder las próximas semanas el apoyo de su principal socio en la coalición, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), enfrenta un complejo escenario de aislamiento político, profunda recesión económica e impacto de los escándalos de corrupción que amenazan con afectar a su predecesor y mentor, Luiz Inácio Lula da Silva.
 
La presidenta, que el domingo reunió a varios de sus ministros, volvió a entrevistarse este lunes con miembros de su gabinete para evaluar la respuesta a las manifestaciones, después de que el viernes dijo a la prensa que no piensa renunciar. 
 
Un millón de personas, según los organizadores, impulsadas por el Movimiento Brasil Libre (MBL) y Vem Pra Rua, se apoderaban del verde y amarillo —colores de la bandera de Brasil—, para llenar la Avenida Atlántica. Canciones irónicas creadas para la ocasión eran la banda sonora de la marcha. El tono humorístico también se podía percibir en los creativos disfraces y en algunas pancartas que hacían referencia a países vecinos: “Nunca pensé que sentiría envidia de los argentinos” o “aquí no es Venezuela, nuestra bandera nunca será roja”.
 
Dilma Rousseff enfrentará en los próximos meses una moción de censura, iniciada a finales del año pasado, un hecho que podría servir de presión para que abandone el cargo, aunque ella lo ha descartado.
 
“En toda la historia de Brasil no ha habido un gobierno tan corrupto como el PT. Dilma es la principal involucrada en este caso. De hecho, su campaña electoral fue financiada con el dinero de esta trama (caso Petrobrás)”, aseguraba Evelyn Dahen, una de las manifestantes, mientras Jackson Shemes decía que Lula debería estar encarcelado hace mucho tiempo, “porque así no incentiva a los demás a ser corruptos. No tengo duda de que él es el jefe de la cuadrilla”.
 
La Fiscalía de São Paulo exigió el pasado jueves la prisión preventiva del expresidente, líder del PT y mentor de la actual mandataria. Fue precisamente Lula quien ganó fama internacional por haber disminuido los niveles de pobreza, creado una clase media robusta y fomentado la inclusión social.
 
“Lula dijo una vez: cuando el pobre roba va a la cárcel; cuando es el rico quien roba se convierte en ministro. Es una pena que se haya olvidado de su pasado, que se haya olvidado que viene de familia humilde”, comentó Edson Xavier.
 
Los gritos se han escuchado en 24 estados más. La más multitudinaria de las manifestaciones tuvo lugar en São Paulo, con un acto que ocupaba más de 2 kilómetros en la Avenida Paulista.
 
En Brasilia, la marcha recorrió la explanada de los Ministerios, donde están los edificios del poder público. Unas 100.000 personas, según fuentes oficiales, se congregaron ante el Congreso Nacional, punto final de la paseata que fue blindado por un amplio despliegue de la Policía Militar. Los brasileños que viven en el extranjero también se han sumado a las reivindicaciones. En Washington, por ejemplo, la protesta sucedió frente al consulado de Brasil.
 
Tras ministros en dos semanas
 
Asediada por multitudinarias protestas callejeras, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, designó este lunes a un nuevo ministro de Justicia, el tercer funcionario en ocupar dicha cartera en tan solo dos semanas.
 
La decisión de la mandataria brasileña fue anunciada, luego de que el domingo los ciudadanos del país sudamericano realizaron enormes manifestaciones para criticar tanto la administración de la gobernante como al Partido de los Trabajadores.
 
El Gobierno de Brasil informó que Eugenio Aragao tomó la titularidad del Ministerio de Justicia, después de la renuncia de Wellington Cesar, quien dimitió luego de apenas once días en el cargo.
 
Por su parte, José Eduardo Cardozo –antiguo aliado de la presidenta de Brasil– abandonó el cargo hace dos semanas para convertirse en procurador general; este hombre se desempeñó como ministro de Justicia durante cinco años.
 
La investigación por corrupción generalizada en el gigante energético Petrobras ha representado una grave crisis para Dilma Rousseff, quien debe hacer frente a un proceso de juicio político ante el Congreso de Brasil.

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