DIFÍCIL FRENTE EXTERNO

Hasta el lunes 04/04, cortando clavos con el ... (¡Carísimo comprar gobernabilidad!)

Parecía más fácil de lo que está resultando. Por lo tanto, habrá que ponerle mucho más empeño y más onda: aprobar el proyecto de ley (que ahora, culpa de la Cámara neoyorkina, resultará carísimo... ¿se entiende?) y esperar al 04/04 cuando, si fuese favorable a la Argentina, nadie devolverá lo que cobró adicional... En fin, no la tiene fácil Mauricio Macri. Pero él tampoco exhibe mucha habilidad en la gambeta...

Frases tradicionales de la Argentina siglo 20:

"Le canté las cuarenta".
"Estás en babia".
"Eso es del tiempo del Ñaupa".
"Dorar la Píldora"
"Echarse un polvo"
"A cada chancho le llega su San Martín"
"Estoy cortando clavos con el culo".

por CLAUDIO M. CHIARUTTINI

Es cierto que en la propuesta aportada por el Gobierno a los holdouts hay un ahorro de casi US$ 6.000 millones. Pero, ¿cuál sería el pasivo contingente si tiene razón el kirchnerismo y aparecen abogados astutos que incentivan causas contra la Argentina para exigir las mismas condiciones de negociación que los actuales acreedores externos? Una primera aproximación privada habla de hasta US$ 30.000 millones. ¿No amerita esta cifra una conferencia de prensa del ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay? Quizás sea pedir mucho. ¿Y una frase, aunque sea pequeña, en el programa de Mirtha Legrand? Tampoco eso...

El macrismo tiene que pagar muy caro por los acuerdos que alcanza. Con los holdouts implicarán emitir deuda por US$ 15.000 millones, pagar el desastre de la apuesta al dólar futuro por el Banco Central de Alejandro Vanoli implican emitir más de $ 60.000 millones, controlar el circulante con Lebacs tendrá un costo de $ 160.000 millones; para calma a los sindicalistas hubo que cederles $ 26.000 millones + los $ 20.000 millones de costo fiscal de baja en el mínimo no imponible; y para sumar el voto de los Gobernadores, aceptar devolver el 15% de coparticipación a las provincias, implica casi $ 38.000 millones, entre efectivo y bonos, sólo para este ejercicio. En el barrio, a gente parecida le llamaban "Paganini" (y no por el violinista genovés... ).

A eso hay que sumar los US$ 5.000 millones de subsidio al sector petrolero para que no haya despidos (y los hay igual), la promesa de comprar leche en polvo si hay excedente de producción, el “bono fiscal” para que las automotrices compren más autopartes argentinas, cubrir los casi $ 100.000 millones de gasto que no pagó la Administración de Cristina Fernández en 2015. ¿Es necesario seguir sumando?

Las cifras que están en juego son enormes, en especial, cuando venimos de un año con 7 puntos de PBI de déficit fiscal, se han perdido exportaciones por US$ 26.000 millones entre 2011 y 2015, se heredó una inflación de 40% y un retraso cambiario enorme. Y todo este inmenso juego de cifras es para es para “comprar” gobernabilidad, dado que evitar despidos en la Patagonia es gobernabilidad, impedir una nueva batalla contra el campo es gobernabilidad, acordar en el Congreso es gobernabilidad, mantener funcionando las automotrices es gobernabilidad, la paz social es gobernabilidad, ordenar las cuentas del Banco Central es gobernabilidad.

En la práctica, el kirchnerismo ya se siente expulsado del peronismo y encara una alianza estratégica con los partidos de izquierda más combativa y, esta semana, tendrán su primera demostración de fuerza con un “piquetazo” contra el Gobierno de Mauricio Macri. Justo el tema que puso en la mesa la Casa Rosada con el “Protocolo Antipiquete”.

Lo que prepara La Cámpora, el kirchnerismo duro y los grupos de izquierda, sin duda es una provocación. Era de esperar. Dado que perdieron en las urnas, están quedando aislados en el Congreso y que casi no tienen poder territorial, deben hacer sentir su fuerza en algún ámbito. Y la lucha por el control de la calle es el terreno elegido.

De esta forma, en la semana, el Gobierno deberá probar dos veces que la gobernabilidad no está en riesgo, que son capaces de construir mayorías parlamentarias propias y que pueden tener el control de la calle. Son pruebas esenciales dado que el tiempo de la “luna de miel” se aleja y el impacto de la crisis y el sinceramiento de precios y tarifas está siendo inmenso en los bolsillos de las familias.

Pero la construcción de la gobernabilidad no finaliza esta semana. Hasta las elecciones legislativas del año que viene, el Gobierno no podrá revalidar (o perder) esa gobernabilidad. Lo vimos con Néstor Kirchner en 2005, luego de haber asumido por abandono de Carlos Saúl Menem; o con Raúl Alfonsín en 1987, una derrota que anticipó el fin del mandato.

En 2009, la oposición derrotó en las urnas a Cristina Fernández. También ocurrió en 2013. En ninguna de las dos ocasiones la gobernabilidad estuvo en juego. En parte, el peronismo servía como “chaleco antibalas” que evitaba cualquier duda sobre el futuro del manejo del poder.  Y porque la oposición tampoco pudo articularse para crear una alternativa de poder.

En parte, hoy, la mayor fortaleza de Mauricio Macri es la debilidad de sus contrincantes. El peronismo está partido, pero puede llegar a reordenarse si entiende que puede volver al poder antes de tiempo. Sergio Massa es un proyecto en construcción, que todavía no ha recuperado los intendentes que perdió entre septiembre y octubre 2015. El radicalismo sabe que no puede ni soñar con el poder, pero condiciona.

No será una semana sencilla para el Gobierno, pero si logra los votos en Diputados y consigue controlar el “piquetazo”, puede respirar tranquilo. Harán pasado una gran prueba, pero vendrán otras igual de difíciles.

Estilo PRO

Esta semana, cuando en la Cámara de Diputados se vote la “Ley Ómnibus” para comenzar a cerrar las imposiciones de los holdouts, Mauricio Macri y el PRO quizás comiencen a atemperar la debilidad intrínseca que le provocó no tener mayoría propia en el Congreso Nacional (ni en la Provincia de Buenos Aires, ni en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y el triunfo por escasísima diferencia en el balotaje, que derivó en un temor a las condiciones de gobernabilidad, que determinan muchas de las decisiones y las acciones de la clase política y los agentes económicos.

No importa si la norma es aprobada por 1 voto o si mueven 10 aviones para que se complete el quórum que permita comenzar la sesión, para el Gobierno es esencial que el texto, aunque tenga más modificaciones, consiga media sanción esta semana y pase a la Cámara de Senadores. Cualquier dilación, cualquier duda, cualquier problema no afecta al PRO en el Congreso, sino que impacta sobre Mauricio Macri y las condiciones de gobernabilidad.

Pero, luego de la votación, no habrá certeza. Hay una instancia de Apelación abierta en USA y los opositores proponen esperar hasta el 04/04, cuando se expida la Corte neoyorquina. Ninguno quiere asumir el costo de facilitarle una salida al Gobierno, que luego ni siquiera pueda ejecutarse. Mientras tanto, los tiempos se acotan: la oferta del Gobierno a los holdouts caducará el 14/04, apenas 10 días después...

Esto quiere decir que están corriendo 30 días decisivos para el mandato presidencial de Mauricio Macri, ¿él lo sabe pero hace un enorme esfuerzo para no trasladar nerviosismo a la opinión pública? ¿O él no tiene ni idea de lo que ocurre? Resulta vital alguna precisión para despejar incertidumbres.

En la Casa Rosada y en el Ministerio de Economía aseguran que la decisión del tribunal será favorable a la Argentina, que de lo contrario Barack Obama no vendría a San Carlos de Bariloche a descansar un par de días.

“¿Y si se equivocan? El país quedará más desprotegido”, afirman por lo bajo opositores con los que Mauricio Macri cuenta: desde Sergio Massa a Diego Bossio.

El “Estilo PRO” no ayuda a crear temor a los enemigos políticos del Presidente de la Nación. Al contrario, tantas veces ha incurrido en errores la Casa Rosada en estos 3 meses que la frase “fuego amigo” o el concepto “balazo en el pie” ya son parte de las evaluación que se realizan entre los socios y aliados del Gobierno, como en los grupos más opositores, que suelen abrevar en La Cámpora y el kirchnerismo más rancio.

Hay lujos que el Gobierno de Mauricio Macri no se puede dar. Por ejemplo,

> que la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, diga que debe mantenerse el secreto sobre el contrato entre YPF y Chevron, por que le “falta información”, luego de que desde el llano exigiera que se diera a conocer el documento, pega en la línea de flotación del PRO;

> dejar que Sergio Massa se de vuelta y le “boche” el Decreto de Necesidad y Urgencia que modifica el mínimo no imponible para el Impuesto a las Ganancias es un desgaste innecesario, que alienta los planes de movilización de los gremios más combativos y que muestran a un macrismo demasiado dependiente del Frente Renovador y sus aliados circunstanciales;

> minimizar que el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, viaje en el helicóptero presidencial para llegar rápido a su casa o negar el riesgo de un choque de la misma nave con un avión, con Mauricio Macri abordo. El macrismo hizo oposición criticando cada paso que daba Cristina Fernández, sus funcionarios y militantes...

Durante más de 10 años, Jaime Durán Barba creó la marca “PRO” y el “estilo macrista” desde una estética puntual y particular que, tal como es lógico, se colocaba en la vereda de enfrente del kichnerismo. Por eso, a la hora de votar, una parte del electorado se volcó hacia Mauricio Macri y no hacia Sergio Massa. El asesor ecuatoriano acertó en colocar como principal opositor del kirchnerismo al ex Jefe de Gobierno porteño. Ahora, no puede comenzar con medias tintas o cambios “porque estamos en el poder”.

Se le adjudica al ex diputado nacional, radical por Mendoza, Raúl Baglini, haber creado en 1986 un apotegma político que es conocido como “Teorema de Baglini” que tiene diversos corolarios. Algunos de ellos son muy claros y se pueden ver en la práctica de todos los gobiernos. Dicen:

Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados de un político; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven sus propuestas.

> A medida que un grupo se acerca al poder, va debilitando sus posiciones críticas al ejercicio del poder.

> Las convicciones de los políticos son inversamente proporcionales a su cercanía al poder.

> Cuanto más cerca del poder se está, más conservador se vuelve un grupo político al ejercer ese poder.

> Cuanto más se acerca un político al poder más se aleja del cumplimiento de sus promesas de campaña.

Por ser un partido político de formas y estéticas, el PRO, el macrismo, el propio Mauricio Macri y sus funcionarios han quedado encerrados en un cierto estilo, en una cierta forma de actuar, en una modelo particular de ejercicio del poder. Si, además de ir en contra de esa imagen van a andar pidiendo disculpas, es abrir demasiados flancos para la crítica y, a la larga, terminan por “quemar” el capital político que se posee, que en el caso de la gestión actual, es extremadamente acotado.

Varias veces ha tenido que corregir normas, decretos y Decretos de Necesidad y Urgencia la Casa Rosada por haber cometido “errores”. Ahora, que se presenta una propuesta hacia los holdouts, el kirchnerismo argumenta que está mal diseñada y que puede generar una lluvia de juicios de aquellos bonistas que aceptaron el canje durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Y nadie del Gobierno lo confirma o lo niega. ¿Qué sentido tiene dejar la duda flotando?

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