AQUELLOS '70

Carlitos Ulanovsky y Umberto (Eco)

Recuerdos de aquellos '70, que fueron bien diferentes al relato K. Resultaron más fascinantes, profundos, delirantes y trágicos. El recuerdo de Umberto Eco le permite a Raúl Acosta reconstruir algunas imágenes de esos dias en los que él trabajaba en el diario Crónica y el semanario ASI (nunca hubo otra publicación semanal de tanto tiraje), con un Héctor Ricardo García que no imaginaba que terminaría en ese despojo que es hoy peleando la supervivencia de su canal de TV. En fin, los recuerdos:

por RAÚL ACOSTA

ROSARIO (Especial para Urgente24). En la misma cuadra de Radio Belgrano estaba la librería de Miguelito Schapire, hijo del viejo editor que, sobre 1930, competía con Zamora (Editorial Claridad) en la impresión de libros rebeldes, con escasos lectores y duras consignas. Fontevecchia era una imprenta de obra y Miguelito, que editó “Actas tupamaras” y le pusieron una bomba y lo queríamos por esas cosas del afecto, se dedicó. mucho despues,  a Harpers Bazaar. En su librería solían aparecer los personajes mas encontrados. De rigurosos anteojos sin marco y el pelo “al socaireCarlitos Ulanovsky era uno de esos. Mis amigos Miguel Merellano y Esteban Peicovich también aparecían. Venían otros, pero este no es un salón de fotografías, apenas de evocación.

La muerte de Eco trajo esa imagen sabatina y el anaquel donde ubiqué, desde entonces, a Ulanovsky, el anaquel me refiere al libro que indicó el camino: “Apocalípticos e Integrados ante la cultura de masas”. Lo compré ahí. Ese es el libro y ése el lugar.

El crecimiento de Eco, sus novelas fenomenales, pueden distraer las jerarquías pero no me convencen. Me afirmo. Eco es el que re define a los MdeC, la Mass Media, el buen y mal gusto, el kitsch y, definitivamente, cómo nos paramos ante la Cultura de Masas. La Biblia, según Vox Dei, reconfigurada por Umberto.

Eran, sobre el ’70, con más y con menos, los años de “La Opinión”, ese soberbio sitio para eso, la soberbia ilustrada de aquellos años. El periódico de Timerman, Rotemberg y otros, era claramente de avanzada en “Cultura”, mas claramente occidental y pro Israel en Geo Política y mucho mas claramente liberal en economía. Ulanovsky es la palabra que abre la sección Cultura repito, en el anaquel que mi memoria sostiene.

Como se sabe, aún antes de Manes, el actual Favaloro, la memoria es la mas traidora de las armas. Re inventa (traiciona, bah) en cada caso según una complejidad que apunta a la felicidad, que se renueva en cada evocación. Mi memoria es feliz, es feliz ubicando aquellos sábados en los cuales uno, una vez, un sábado, recuerda que entró Ulanovsky y compró un libro, acaso de Idea Vilariño, pero eso no lo se. O no me importa, que es lo mismo.

Nunca escribí en La Opinión y esas tipografías góticas, tan de Le Monde. Era, soy y seré un periodista de arrabales tipográficos y carnacha suburbana. Umberto Eco me explicaba (mal) que estábamos cercados de apocalípticos y decantaríamos en integrados. Carlitos era, para mi y nada mas que para mi, un apocalíptico y Crónica y ASI, mis refugios, el mas representativo galeote (clásico) de los Integrados.

Tal vez los apocalípticos no representaban a la cultura de las elites dominantes (“El criterio estético lo impone la clase dominante”, dice Lucaks) por la sencillísima razón que somos el ultimo gallinero del planeta y la caquita de gallina molesta, pero no contamina el planeta. No somos élites. También puede ser cierto que integrados somos todos, como somos todos peronistas y somos todos corruptos y somos todos fascistas y Umberto Eco solo hacia un ejercicio onanista para indicarnos que a todos nos llega la kryptonita. Y nos llegó, chicos, nos llegó. Incluídos Carlitos y yo. Y él, angelito de Dios, no era un apocalíptico, sino un escriba lúcido.

En los años ’70, las revistas políticas azotaban Buenos Aires y éramos lectores de todas. Insistir con Eco evitaba la discusión política sobre la lucha armada y el Vietnam en el fondo de Lanús o Hurlingam. También con la Villa del Retiro, la que en aquellos años incendiaron (bellísimas fotografías de Aguirre). Años del cura Mujica y su familia pidiendo notas en Crónica y ASI

En el año 1966 yo no había llegado a Buenos Aires y antes, justamente antes de junio, hubo dos visitas en la ciudad donde vivía (Rosario) Una de un pensador argentino y otra de un pensador italiano. El primero habló de “la cultura del trabajo”. El otro indicó: “el que diseña es un fascista”. No debo imaginar que Ikonicoff y Eco estuvieron en el salón de actos de Arquitectura, en Rosario, porque es un exceso. Seguro es una crónica falsaria de opúsculos libertarios. Mentiras de la memoria, pero qué lindo…

Después del año 1966 (mes de junio) Argentina comenzó una carrera (libre) hacia el fondo mas oscuro de las cosas y La Opinión era eso: iluminados que iluminaban. Avisaban: no caigan en el foso. Daba gusto pertenecer a la secta de los que leíamos y opinábamos por medio de los regurgitadores mas selectos. Advertir, hoy, que “los pensadores” se definen en 140 caracteres, torna épico aquel país. Nunca estuve cerca de escribir en esa redacción. Nunca. Los envidiaba. Los envidio. Dictaban cátedra de lo bueno, lo malo y lo feo. Del buen gusto. Eso es poder, eso es agenda, eso es relato. Los años ’60 para Primera Plana. Los años 70 los relataron (antes) en La Opinión y, como todo relato, tenía un destino y una chequera.

Me reconciliaba con mis contradicciones de pequeñísimo burgués cabecita mediante aquel pensador que aclaraba todo… ”Son estilemas de una cultura superior inficcionando en una inferior”. Reducir una sinfonía, explicar un cuadro, hacer un resumen del Ulises era eso: reduccionismo. Umberto Eco nos salvaba de la entrega. Escuchemos íntegro a Mozart, muera Waldo de los Ríos. La jibarización era el peligro y Carlitos pertenecía a la troupe de salvadores. Lo veía en esa librería de Miguelito Schapire algunos sábados, a lo mejor una vez. No se.

Eco, en el año que se fue, de 2015, resolvió el periodismo como relato (si es que alguna vez se fue) Aquella revista/diario era una tentación: salgan del mal gusto, huyan del kitsch, vengan con nosotros. No debería perdonarse al analista de la realidad que no lea, “againmente” Apocalípticos e Integrados. Eco nos anunció muchas cosas, que nosotros no quisimos ver. Como la década del ‘70, como el 1º de mayo de 1974, como el 1º de julio del mismo año. En su penúltimo libro Eco indica que el periodismo es chantaje que ya está o que está por llegar. Los avisos para publicitar la venta ”masiva” de su penúltimo libro son una broma feroz. Se usan los textos,”masivamente”, para una lectura que se oferta como personal. Eso nos pasaba/pasa/pasará. Nos creíamos monos sabios, personales e intransferibles, en el gallinero del sur. Tal vez aún necesitemos creerlo. Evoco La Opinión. Traiciones de la memoria. La Opinión fue un brillantísimo negocio con vidriera intelectual. Compramos todo. No entendimos a Umberto.

“Los perdedores y los autodidactas siempre saben mucho más que los ganadores. Si quieres ganar, tienes que concentrarte en un solo objetivo, y más te vale no perder el tiempo en saber más: el placer de la erudición está reservado a los perdedores”… con esto ofertan el libro.

“Los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias” mediante el método de ahogarlas bajo una inundación. Algo que Internet ha llevado al paroxismo”… con esto define Umberto el tráfico de información.

“En abril de 1992 recibe una extraña propuesta del señor Simei: se trata de convertirse en subdirector de un periódico que se va a titular Mañana” … con esto Umberto Eco re define el periodismo. Una propuesta de alguien con capital para una empresa (capitalista, obvio) que acaso no necesite que el periódico exista,. Es suficiente con que lo crea la persona y/o personas a quien amenazaran, chantajearan, torcerán, amansarán.

“He renunciado a hablar en primera persona y dejo hablar sólo a los demás”… dice en el último párrafo de Número Cero. Con esto nos define.

En la librería de Miguelito, en rigor y de “verdad verdadera”, no veo a Carlitos, me veo creyendo que los apocalípticos torcían el mundo y los integrados lo aceptábamos. Y que la política argentina nunca tuvo muchos apocalípticos y si demasiados integrados. Evita era apocalíptica, pese a su incultura, y Perón un integrado, debido a sus jinetas. De allí venimos. Sin obligación de kryptonita. Ni soñando.

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