ABUSOS SEXUALES CONTRA MENORES

Otro caso "Spotlight" sacude al Vaticano

El premio Oscar a la Mejor Película para "Spotlight" volvió a encender los reflectores sobre la conocida historia del silencio de la Iglesia Católica Apostólica Romana, durante décadas, en los casos de los sacerdotes pederastas seriales. Algunos de los escándalos han resultado abrumadores como el de la diócesis clave en USA, la de Boston. Justo en ese contexto sucede un caso muy delicado en Melbourne, Australia, que involucra al cardenal George Pell, el jefe de la economía vaticana.

El cardenal católico apostólico romano George Pell dijo que la diócesis de Melbourne (Australia, de la que fue obispo auxiliar entre 1987 y 1996), era un "mundo de crímenes y encubrimientos", y apuntó a su predecesor, monseñor Frank Little, porque no se ocupó de las acusaciones que surgieron contra los sacerdotes pederastas de la diócesis.

Durante la audiencia N°3 ante la australiana Real Comisión sobre las Respuestas Institucionales a los Abusos Sexuales contra Menores, que le tomó declaración apelando a una video-conferencia desde Roma (donde reside Pell), el actual Prefecto de la Secretaría para la Economía (es el titular de Hacienda del Vaticano y de la Iglesia Católica Apostólica Romana) expresó su tristeza por no haber hecho más en el caso de un sacerdote pederasta de la diócesis de la localidad Ballarat, a 120 km al noreste de Melbourne, la ciudad más grande del centro interior de Australia, fundada en 1838 (el oro fue descubierto el 18/08/1851, y provocó un frenesí).

Hasta ahora no ha surgido ninguna "prueba fulminante" contra el cardenal Pell, hombre clave de las finanzas vaticanas. Lo que se intenta conocer es si él conoció los abusos cometidos por el sacerdote pederasta serial Gerald Ridsdale, y la protección que le brindaba el obispo de Ballart, Ronald Austin Mulkearns.

Pell, cuando era sacerdote y colaborador de Mulkearns, participó en una reunión, en 1982, durante la que se decidió trasladar por 6ta. ocasión al pederasta Ridsdale, pero él afirma que no conocía las verdaderas razones de aquella decisión, que, indicó, el obispo Mulkearns habría omitido explicar.

"No tenía razones para dirigir mi mente al mal que Ridsdale perpetraba", afirmó el cardenal, provocan la reacción indignada de las víctimas. Él insistió: "No supe los motivos del traslado".

Los jueces de la Royal Commission parece que no le creen mucho. Pell juró sobre la Biblia que no conocía las responsabilidades de Ridsdale y hasta ahora no han surgido evidencias que puedan desmentirlo.

En las últimas horas han llegado nuevas noticias: el obispo emérito de Altoona-Johnstown, Joseph V. Adamec, y su predecesor, James J. Hogan, encubrieron abusos contra menores que sucedieron durante 40 años. Los crímenes sexuales de por lo menos 50 sacerdotes o religiosos involucrados habrían sido "sistemáticamente ocultados para proteger la imagen de la Iglesia" Católica Apostólica Romana.

Pell se dijo dispuesto a reunirse con las víctimas de abusos sexuales de pederastas que viajaron a Roma. Hoy 02/03 por la noche (hora italiana) será la 4ta. y última audiencia de Pell.

Las víctimas, mientras tanto, piden un encuentro con el papa Francisco.

La Comisión examinó algunos casos de sacerdotes pederastas en Ballarat y en Melbourne, en el estado australiano de Victoria, durante las décadas de los '70 y los '80.

En cuanto al caso específico del sacerdote Edward (Ted) Dawlan, profesor en el St. Patrick’s College de Ballarat, Pell, quien ya era vicario episcopal para la Educación, admitió que había "rumores" sobre sus "actividades con los jóvenes".

Pero, según él, no eran "específicos" sobre abusos sexuales: "Me entristece no haber hecho más en aquel momento", se lamentó muy tardíamente.

Siempre la misma historia: obispos que sabían y que callaron para no provocar escándalos. Sacerdotes pederastas seriales trasladados de parroquia en parroquia sin que los detuvieran quienes tenían el deber de detenerlos. Y una absoluta falta de sensibilidad para con las víctimas.

La comisaria Gail Furness, a cargo del interrogatorio, recordó el caso del sacerdote Peter Searson, párroco de la diócesis de Melbourne, que fue condenado en 1997 por haber abusado de un menor que falleció en 2009.

El sacerdote Searson, objeto de una "letanía de acusaciones", amenazaba a los niños con armas y matando animales frente a ellos. Pell lo definió como un "hombre desconcertante, en sus peores momentos podía ser descripto como uno de los sacerdotes más desagradables que haya conocido", pero "no teníamos pruebas suficientes" para expulsarlo.

El entonces arzobispo de la diócesis, Frank Little, quien ya falleció, "parecía incapaz de enfrentar al padre Searson, o incluso de ofrecer informaciones adecuadas sobre la situación", acusó Pell, quien además lo acusó (para eso ya está muerto), de tomar "decisiones equivocadas" y, aunque renunció anticipadamente (antes de la edad de jubilación de los obispos) por motivos de salud, "no me sorprendería", dijo Pell, si entre las causas de su renuncia aparece un pedido del entonces nuncio en Australia, Franco Brambilla, a causa de su pasividad en los casos de pederastia.

"Yo criticaba fuertemente la gestión del arzobispo Little de los casos contra los sacerdotes", dijo Pell. Y también afirmó que había sido engañado por la Catholic Education Office, que no ofreció información adecuada sobre el caso del obispo Mulkearns, de Ballarat: "Aquel era un mundo de crímenes y encubrimientos, y las personas no querían que el ‘status quo’ fuera disturbado", se disculpó Pell, aunque a muchos les cuesta aceptar el relato en el cual el cardenal parece casi 'caperucita roja' perdida en el bosque cuando siempre fue un dignatario influyente y ascendente.

La audiencia duró hasta las 3:00 hora de Italia, y ahora será la hora de los interrogatorios de los abogados de cada una de las víctimas.

Por ese motivo Pell hizo pública una declaración en la que subrayó que le gustaría reunirse en privado con las víctimas de sacerdotes pederastas: 15 de ellas se encuentran en Roma para asistir a las audiencias que se llevan a cabo en el hotel Quirinale.

Ellos viajaron gracias a una colecta de fondos en hubo en Australia.

Pell dijo que quisiera escucharlos en encuentros privados, sin los medios de comunicación ni abogados presentes.

Pell también indicó que le gustaría ayudarlos a conseguir una audiencia con el Papa, pero deberá dirigirse a los responsables oficiales para estas peticiones. El grupo de víctimas pidió un encuentro con Francisco antes del viernes 04/03 (cuando volverán a Australia).

Phil Nagle, citado por The Courier, dijo que los sobrevivientes han perdido la confianza en Pell: "Queremos que se escuche nuestra voz, estamos aquí para hacer algo para proteger a las futuras generaciones de niños".

No es un secreto que Benedicto XVI había pensado en convocar al arzobispo de Sídney a Roma en 2010 para ocuparse de la Congregación de los Obispos, el dicterio que colabora con el Papa para nombrar a los pastores de las diócesis. Pero luego él prefirió al cardenal canadiense Marc Ouellet, a causa de las historias que llegaron desde Australia.

Dicen en el Vaticano que Joseph Ratzinger, cuando era cardenal, tuvo que 'tragarse más de un sapo' cuando frente a casos emblemáticos (el del mexicano Marcial Maciel Degollado, por ejemplo), Juan Pablo II omitía tomar el toro por las astas. Cuando él se convirtió en Benedicto XVI estableció una legislación de emergencia para comenzar a cambiar la situación, en forma muy tardía y con daños irreparables pero... no había opciones.

Francisco ha decidido profundizar esa línea de acción.

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