DESENCANTO DE UN GRAN DIRECTOR

Héctor Babenco: "No filmo más en Brasil"

En una entrevista que le concedió al sitio web Brasil/247, el cineasta Héctor Babenco explicó porqué "Mi amigo hindú", que abrirá el 21/10 la Muestra Internacional de Cine de Sao Paulo, es su última película filmada en Brasil. El director, que fue vendedor de ropa y de parcelas de cementerio antes de lograr el éxito con películas como ?Pixote?, ?Lúcio Flávio?, ?El beso de la Mujer Araña? y ?Carandiru?, recibió al periodista Alex Solnik en su fantástica casa decorada por el brillante arquitecto Isay Weinfeld, que Babenco hipotecó para financiar su última producción. "De la forma como está todo vamos a quedar como un país bananero, porque de alguna forma quienes están organizando nuestra vida social son soldados de algún tipo de ideología: sea del robo, sea del socialismo extremo, sea del control total del Estado, pero no dejan de ser ideologías", dijo Babenco, quien se define como un "anarquista".

por ALEX SOLNIK
 
SAO PAULO (247). El cineasta Héctor Babenco, nacido en Argentina, llegó a Brasil con menos de 20 años. Fue vendedor de ropa y de parcelas de cementerio, hasta que logró el éxito con películas como “Pixote”, “Lúcio Flávio”, “El beso de la Mujer Araña” y “Carandiru”.
 
En vísperas del estreno de "Mi amigo hindú", que abrirá el 21 de octubre la Muestra Internacional de Cine de Sao Paulo, Babenco recibió a Brasil/247 en su fantástica casa decorada por el brillante arquitecto Isay Weinfeld, que el director hipotecó para financiar su última producción.
 
Poco antes de tomar su sopa de lentejas e ir al teatro, Babenco explicó porqué éste es su último film en Brasil.
 
"De la forma como está todo vamos a quedar como un país bananero, porque de alguna forma quienes están organizando nuestra vida social son soldados de algún tipo de ideología: sea del robo, sea del socialismo extremo, sea del control total del Estado, pero no dejan de ser ideologías", dice Babenco.
 
Insatisfecho con el funcionamiento de Ancine, la agencia estatal de promoción de la actividad cinematográfica, el cineasta señala que es una entidad que "de 80 empleados pasó a 600", pero que tienen desconocimiento de las reglas con las cuales funciona un producto de entretenimiento como lo es una película. "Una vez me atendió una persona que me dijo que me conocía, que yo era famoso, pero cuando le pregunté si había visto una película mía se quedó callado", ilustra.
 
Babenco asegura que no hará más películas en Brasil "porque no hay condiciones" y porque la agencia estatal Ancine está privilegiando proyectos "de bajo costo y calidad, hechos para un retorno comercial rápido" y que el resto de los proyectos que se presentan para financiación "son analizados por personas que no tienen ninguna información sobre cine".
 
El cineasta cuestionó la ley que obliga a los canales de cable en Brasil a transmitir al menos 30 por ciento de producción nacional, que generaron productos de todo tipo, con financiación del Estado, "y el mercado no los absorbe".
 
"Me recuerda mucho cuando en la década de los ´80 hubo una iniciativa para que el Estado ayudara a los cineastas brasileños que no tenían espacio en los cines para mostrar sus películas, porque los dueños de los cines tenían acuerdos con las distribuidoras de Estados Unidos. Se hizo y no iba nadie a ver las películas nacionales, querían las americanas, y ahí se entendió que nadie hace entrenimiento por decreto, yo decreto que veas esta película porque es del Estado (...) si voy a gastar 50 reales en una película, veo la película que quiera". 
 
Según el director de la única película brasileña que ganó un Oscar a mejor actor (El Beso de la Mujer Araña, 1985), en Brasil el canal TV Globo tiene muy buen nivel (y es gratis, acota) y por eso los cineastas tienen que esforzarse por hacer productos a ese nivel. "El problema es que estamos haciendo películas parecidas a la televisión, con actores que salen en televisión. Jack Nicholson no hace series de televisión".
 
"Nada en la vida es sencillo. ¿Hay algo más difícil en la vida que el sexo? Es conseguir que otro te abra las piernas", ilustra Babenco.
 
"Hipotequé mi casa por tres palos (tres millones de reales) para hacer mi última película", resume Babenco, y aclara: "siempre fui un anarquista".
 
Sobre el futuro, Babenco asegura que con su trayectoria podría trabajar en cualquier lugar del mundo, pero que la edad y las consecuencias del cáncer que sufrió hace más de una década, lo han llevado a desistir de esa opción.

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