BRASIL, ARGENTINA Y LA CRISIS QUE "NO EXISTE"

Aunque Cristina quiera esquivarlo, Dilma prepara ajuste "violentísimo"

Cristina de Kirchner expresó este jueves su "temor" a que se instale en la sociedad "que hay una gran crisis para, entonces, los que vengan vengan con políticas de ajuste fundamentando una crisis que en realidad no existe". Sin embargo, esa "crisis que no existe" podría empezar a tomar un cuerpo más visible para la presidente cuando finalmente se produzca lo que parece inevitable en Brasil: un "violentísimo" ajuste que impondría Dilma Rousseff luego de conseguir su reelección.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) - En el cierre de un congreso de jóvenes empresarios de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra), realizado en Parque Norte, Cristina de Kirchner desplegó su juego: "Mi gran temor reside en que, en general, se instale en la sociedad que hay una gran crisis para, entonces, los que vengan vengan con políticas de ajuste fundamentando una crisis que en realidad no existe".
 
Con ese énfasis, negó los desequilibrios de la economía, la inflación y el aumento del gasto público que llevan a la oposición a preocuparse por las reformas que deberán encarar para ordenar la economía.
 
"Lo que quieren es revertir este proyecto que ha generado empleo y desendeudamiento en la Argentina", aseguró la Presidenta, blandiendo el miedo como argumento electoral.
 
Cristina admitió que Argentina "no es Disneyworld" pero cuestionó las "profecías apocalípticas que se buscan instalar, para generar malas expectativas que terminan afectando a la economía, y quienes tienen estas visiones apoyan a determinados candidatos".
 
En ese sentido, mencionó a "dirigentes sindicales que dicen que el próximo gobierno tendrá que hacer un fuerte ajuste y habrá que apoyarlo, mientras a nosotros nos reclaman que eliminemos el impuesto a las ganancias", refiriéndose, sin nombrarlo, a Hugo Moyano.
 
"Tengo mi interpretación frente a este fenónemo mediático de profecías. Mi gran temor reside en que se instale que hay una gran crisis para entonces los que vengan, lo hagan con políticas de ajuste, fundamentados en que hay una crisis que en realidad no es tal. Y así revertir políticas de este gobierno que han generado empleo e inversión", consideró.
 
Sucede que en Brasil el ajuste parecería algo inevitable, lo que sin dudas repercutiría sobre la Argentina y hace que Cristina vaya "abriendo el paraguas".
 
Según una fuente calificada del entorno presidencial, el gobierno de Dilma Rousseff tendrá que hacer un "violentísimo" ajuste fiscal en 2015, asegura el diario financiero de Brasil, Valor. Aunque aún no se ha determinado el tamaño del eventual recorte, será algo similar al ahorro de 50.000 millones de reales que el Ejecutivo hizo en 2011, en el primer año de mandato de Dilma.
 
Según Valor, Rousseff sabe que la actual situación económica es muy delicada, ya que además del estancamiento (el PBI crecerá menos de 1% este año), siguen las presiones inflacionarias y el gobierno deberá enfrentar una oposición más fuerte y legitimada en las urnas. 
 
Bajo esas premisas, la presidente reelecta ya eligió a algunos posibles funcionarios de su segundo gobierno, quienes distingue por su resiliencia y capacidad negociadora, entre ellos los oficialistas Aloizio Mercadante, Miguel Rossetto, Jaques Wagner y Cid Gomes, aunque sin cargos definidos aún.
 
Las versiones más recientes apuntan a que el nuevo gobierno anunciará el nombre del ministro de Hacienda antes que el del resto de su equipo (Guido Mantega, el ministro actual, ya anunció que sale del cargo). Habrá cambios inmediatos en la política fiscal y en el comando de los bancos públicos, adelantó el matutino.
 
Dilma espera contar con la participación del ex presidente Lula da Silva para calmar a los líderes de movimientos sociales que son financiados por el Gobierno. Todos sufrirán recortes, prevén en el Ejecutivo.
 
Durante la campaña electoral, la actual mandataria nunca habló de ajuste fiscal, y cuando el opositor Aécio Neves declaró que tomaría medidas impopulares de ser electo, Dilma lo calificó como un "sincericidio".
 
Previsto
 
A pesar de los discursos de campaña, la posibilidad de que se realice un ajuste en Brasil era algo que se venía barajando antes de que Dilma fuera reelecta. Marcelo Dias Carcanholo, economista marxista y presidente de la Sociedad de Economía Política Latinoamericana (SEPLA), observó la situación mirando al PT desde la izquierda en una entrevista concedida a Rebelión:
 
-¿Cómo era la política económica antes de la llegada del PT al poder y que cambió luego?
 
-En los años clásicamente llamados del neoliberalismo, lo que ocurre es que, en un nivel de abstracción mayor, se manejó una estrategia de desarrollo neoliberal. Esto es, reformas liberalizantes, apertura comercial y financiera, privatizaciones. O sea el paquete que en general se implementó en América Latina. En un nivel de abstracción menor, es decir en el manejo de la política monetaria, cambiaria y fiscal, hubo fases.
 
Desde 1999 hasta el final del segundo gobierno de Fernando Enrique Cardoso se cambió un poco la cara de la política económica. La política monetaria que antes era de combate a la inflación, entra en un régimen de metas inflacionarias. El tipo de cambio, que no era fijo como en Argentina, sino de bandas cambiarias, donde hay un techo y un piso dentro del cual el mercado resuelve, se manejaba conforme a la coyuntura. Lo que pasa después de la crisis cambiaria de Brasil entre 1999 y 2001, es que se cambia el manejo de esa política.
 
Es decir que el tipo de cambio que se dice flotante en verdad no lo es, porque el Banco Central interviene para regular. Siguió siendo lo mismo que antes, la diferencia es que no se preanuncia cuál es el techo y el piso, pero los hay y el mercado sabe cuáles son. La política monetaria pasó a ser seguida de un régimen de metas inflacionarias, o sea que el Banco Central utilizaba todos los instrumentos de política monetaria para obtener esa meta prefijada.
 
-¿Qué cambió con el gobierno del PT?
 
-Luego el gobierno Lula mantuvo la misma política. Una política fiscal de superávit primario para pagar la deuda pública, o el pago de intereses para la amortización de la deuda. Incluso incrementa el superávit primario. Lula siguió el régimen de metas inflacionarias que se mantiene hasta hoy. Lo mismo con el tipo de cambio. En la estrategia de desarrollo, es decir el marco estructural neoliberal, se profundizó la apertura de los mercados. Se privatizaron más cosas. Es decir que no cambió nada.
 
Pero si uno compara los periodos macroeconómicos, es evidente que el periodo 2002-2007 fue mucho mejor. Y además le sobró plata al Estado para que pudiera hacer políticas sociales compensatorias que en los años 90 no se hicieron. ¿Entonces que pasó? No se cambió la política económica, no se cambió la estrategia de desarrollo, pero lo que cambió fue el escenario externo. Lula tuvo una suerte tremenda. La economía mundial volvió a crecer, impulsada por economías como India o China, que requieren para su crecimiento cosas que Brasil desde la década anterior se especializó en producir y exportar.
 
Con esta reprimarización de las exportaciones subió el saldo en la balanza comercial y además, cuando había plata en los mercados de crédito internacional llegaban prestamos directos para el sector público y privado e inversiones directas extranjeras con costos bajos. Por lo tanto se tenía un alivio coyuntural en la balanza comercial, en la cuenta corriente y en la cuenta de capitales. Brasil pudo crecer sin problemas de restricción externa, sin presión cambiaria y con inflación controlada. Nunca antes en la historia de América Latina el escenario externo fue más favorable. A partir de 2007 se acabó eso.
 
-Entonces no cambiaría nada si gana Dilma o Aecio Neves…
 
-No, eso no es verdad. Lo que cambiaría sería la relación de Brasil con el exterior. Aecio Neves ya dijo que hay que cambiar la relación de Brasil con los socios comerciales en América Latina, principalmente en el Cono Sur. Por otro lado el apoyo que hubo por parte de Brasil a los procesos de Ecuador, Bolivia o Venezuela se terminaría. Pero no dejaría de mirar hacia esos países.
 
Aecio puede entrar fácilmente en acuerdo con USA y transformarse geopolíticamente en otra Colombia, con el peso de Brasil. Sin embargo, también hay que fijarse en la relación del gobierno actual con esos países. Porque si desde el punto de vista político hay un apoyo a los procesos revolucionarios, desde el punto de vista de la infraestructura económica Brasil apoya los capitales que actúan desde su territorio en toda América Latina. Con subsidios comerciales y con apoyo del financiamento del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). O sea, el subimperialismo brasilero viene actuando ya en la región. Y el gobierno del PT apoyando.
 
Siempre se dice que para llamarlo subimperialismo faltaría la pata militar. Pero alcanza con ver lo que pasa en Haití con la Minustah, donde Brasil está dirigiendo eso. Pero no es lo mismo que gane Dilma o Aecio. Si gana Aecio va a empeorar mucho el contexto, porque el carácter subimperialista brasileño va actuar sin freno. Hoy hay aún algunos en términos geopolíticos. Pero Brasil empezó a hacer con América Latina, en menor escala, como si fuera un país imperialista central. Vendía productos con algún contenido tecnológico e importaba materias primas. Reprlicando para abajo lo que sufría para arriba. Pero hoy en día con la crisis el de Brasil es mucho más sub que imperialismo.
 
-¿Cuáles son las repercusiones sobre la vida cotidiana de los brasileros?
 
-Lo primero que hay que considerar es que las políticas sociales de los gobiernos del PT desde 2002 hasta ahora lograron disminuir los efectos de la pobreza y la desigualdad estructural de Brasil. Pero el escenario externo que permitió eso cambió. Se acabó lo coyuntural favorable y volvió lo estructural problemático. La desigualdad y el grado de concentración del ingreso y también de propiedad volvieron a crecer.
 
Desde un punto de vista menos crítico, concentración y desigualdad van a seguir creciendo. Desde un punto de vista más crítico, gane quien gane se viene un proceso de ajuste. Y va a ser a la europea, es decir que si los trabajadores no tienen un poder de reivindicar algunas cosas lo van a pagar ellos. Esto significa mayor explotación del trabajo, reducciones salariales, aunque sean disfrazadas. En la agenda están, aunque no se diga, la reforma tributaria, pro capital, y reforma laboral. Que es la tendencia a nivel internacional. El que va a ser ministro de Hacienda de Neves, si gana, Herminio Fraga, ya dijo que va a hacer un ajuste estructural. Lo dice de manera técnica, para que la gente no entienda, pero lo está diciendo. Pero Aecio no lo va a decir nunca.
 
-En la previa de la primera vuelta hubo un debate mucho más amplio. ¿Se vieron allí alternativas a todo esto?
 
-Si uno se fija en las tres candidaturas con más robustez política, que son los dos que fueron a segunda vuelta y Marina Silva, no hay nada distinto. El discurso del PT es que si no ganan se van a caer todas las conquistas logradas. Y los otros dos decían que iban a mantener esas conquistas pero mejorandolas. Había candidaturas de izquierda con muchas propuestas, pero no suenan.
 
La candidata de la izquierda, Luciana Genro del PSOL, tuvo poco más del 2% de los votos. Hay un problema. La izquierda está perdiendo la batalla de las ideas hace ya un rato. No porque no nos escuchan. No es un problema de la derecha o del capitalismo que no nos deja aparecer. Es un problema nuestro. De no saber cómo decir nuestras propuestas. Tenemos un proyecto a mediano largo plazo, que puede ser el socialismo o el nombre que se quiera, pero hay que hacer cosas ahora. ¿Con qué base, instrumento y qué haríamos ya? En eso estamos mal parados.
 
Los 90 han sido mucho peor. Algo mejoró. Pero aún es insuficiente para generar un proyecto de izquierda que tenga la posibilidad de ganar elecciones. Y ganar elecciones no garantiza nada. Si algo nos enseñaron Venezuela, Bolivia o Ecuador, es que ganar elecciones es sólo el comienzo de algo que puede ser, nada más.

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