INFORME OXFAM

Peligroso: Medio millón de dólares por minuto

El informe de la ONG Oxfam,advierte que una pequeña élite posee más dinero del que jamás podrá gastar en su vida: mientras el número de "milmillonarios" con fortunas de más de US$1.000 millones se ha duplicado en el mundo desde que se desencadenó la crisis en 2008, las desigualdades se han disparado, según un informe de la ONG. Resulta muy peligroso para la estabilidad global.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La organización no gubernamental Oxfam lanza una nueva campaña para exigir a los líderes mundiales que conviertan sus palabras en hechos y adopten medidas para frenar la evasión y la elusión fiscal por parte de grandes empresas y las personas más adineradas, que deben contribuir de forma justa a las arcas de los Estados para que los países puedan combatir la desigualdad y construir sociedades más justas.
 
Sugiere el estudio que con un impuesto anual de un 1,5% sobre las grandes fortunas de todo el mundo se garantizaría que todos los niños y niñas del mundo pudieran ir a la escuela, así como la provisión de servicios sanitarios básicos en los países más pobres.
 
Y es que cada año 100 millones de personas en todo el mundo se ven sumidas en la pobreza por tener que pagar para recibir asistencia médica, mientras que si las tres personas más ricas del mundo gastaran US$1 millón al día cada una, les llevaría 200 años gastar todo su dinero, de acuerdo con el informe.
 
Esto no ocurre únicamente en los países ricos. Hoy en día, hay 16 milmillonarios en África subsahariana que conviven con 358 millones de personas en extrema pobreza. Mientras, en Sudáfrica, la desigualdad es mayor que al final del apartheid, señala Oxfam.
 
Entre 2013 y 2014, la riqueza de las 85 personas más acaudaladas del mundo -que poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población del planeta- aumentó en US$668 millones al día, lo que equivale a casi medio millón de dólares cada minuto, señala el informe.
 
La tendencia de creciente desigualdad podría hacer retroceder décadas la lucha contra la pobreza, según se advierte en el informe presentado por la directora ejecutiva de Oxfam Internacional, Winnie Byanyima, y el director general de Oxfam Intermón, José María Vera, y del que la ONG ha adelantado hoy algunos de los datos relevantes.
 
"La desigualdad socava el crecimiento, corrompe la política, limita las oportunidades y alimenta la inestabilidad mientras exacerba la discriminación, especialmente hacia las mujeres", destacó apartes del informe.
 
Fragmento 1
 
El informe IGUALES: Acabemos con la desigualdad extrema. Es hora de cambiar las reglas, que publica Oxfam Intermón, informa sobre el alarmante aumento de la desigualdad en todo el mundo y cómo la actual crisis económica ha beneficiado a los que más riqueza acumulan:
 
"Las tendencias de las rentas y la riqueza dan cuenta de una historia clara: la distancia entre ricos y pobres es más amplia que nunca y sigue aumentando, mientras que el poder está, cada vez más, en manos de las élites. 
 
La desigualdad entre países se incrementó rápidamente entre 1980 y 2002, ligeramente gracias al crecimiento experimentado por los países emergentes, especialmente China. Sin embargo, para la vida de las personas es más importante la desigualdad dentro de los propios países, ya que mientras los más pobres luchan por subsistir, sus vecinos prosperan. 
 
Este tipo de desigualdad está aumentando rápidamente en la mayoría de los países: 7 de cada 10 personas viven en un país donde la desigualdad entre ricos y pobres es mayor ahora que hace 30 años, y, en países de todo el mundo, la minoría rica está aumentando aún más su participación en la renta nacional.
 
A nivel mundial, la desigualdad en términos de riqueza individual es aún más extrema. Oxfam ha calculado que, en 2014, las 85 personas más ricas del planeta poseían la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad.
 
Entre marzo de 2013 y marzo de 2014, estas 85 personas incrementaron su riqueza en 668 millones de dólares diarios.
 
Si Bill Gates quisiera utilizar toda su riqueza y se gastase  US$1 millón al día, necesitaría 218 años para acabar con su fortuna.
 
Aunque, en realidad nunca se quedaría sin dinero: incluso si obtuviese un rendimiento modesto por su riqueza, inferior al 2%, ganaría 4,2 millones de dólares al día sólo en concepto de intereses.
 
Desde el comienzo de la crisis financiera, el número de milmillonarios se ha más que duplicado hasta alcanzar la cifra de 1.645 personas.
 
La riqueza extrema no es sólo un asunto de los países ricos. El hombre más rico del mundo es el mexicano Carlos Slim, que desbancó de la primera posición a Bill Gates en julio de 2014. Actualmente, hay 16 milmillonarios en África subsahariana que conviven con los 358 millones de personas en situación de pobreza extrema en la región.
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En todo el mundo, conviven unos niveles de riqueza absurdos con la pobreza más desesperada. Los posibles beneficios de poner freno, aunque sea ligeramente, a la riqueza desmedida, constituyen también un argumento de peso. Oxfam ha calculado que, si justo después de la crisis financiera, se hubiese aplicado un impuesto de sólo el 1,5% sobre la riqueza de las personas con una fortuna superior a los mil millones de dólares, se podrían haber salvado 23 millones de vidas en los 49 países más pobres del mundo, proporcionándoles dinero para invertir en atención sanitaria.
 
Tanto el número de milmillonarios como su riqueza conjunta se han incrementado tan rápidamente que en 2014 un impuesto del 1,5% podría subsanar el déficit anual de financiación para poder escolarizar a todos los menores y proporcionar atención sanitaria en esos países mientras los más pobres luchan por subsistir, sus vecinos prosperan. Este tipo de desigualdad está aumentando rápidamente en la mayoría de los países: 7 de cada 10 personas viven en un país donde la desigualdad entre ricos y pobres es mayor ahora que hace 30 años, y, en países de todo el mundo, la minoría rica está aumentando aún más su participación en la renta nacional.
 
Es necesario un cierto grado de desigualdad para premiar el talento, las capacidades y la voluntad de innovar y de asumir riesgos empresariales. Sin embargo, la actual desigualdad económica extrema debilita el crecimiento y el progreso y no da lugar a una inversión en el potencial y las capacidades de cientos de millones de personas. (...)".

Fragmento 2

"El predominio de los intereses particulares y de las malas elecciones políticas (especialmente las tarifas a las que están sujetas la atención sanitaria y la educación y la privatización de los servicios públicos) pueden exacerbar la desigualdad. Lamentablemente, demasiados países se encuentran en dificultades a causa de estas políticas equivocadas. 
 
Cuando los servicios públicos no son gratuitos en el lugar donde se proporcionan, millones de hombres y mujeres se ven excluidos del acceso a la atención sanitaria y la educación. Durante muchos años, el Banco Mundial fomentó la aplicación de tarifas, un error que, según afirma actualmente su Presidente, tuvo razones ideológicas. Sin embargo, y a pesar de los perjuicios que causan, las tarifas se mantienen. Cada año, cien millones de personas en todo el mundo se ven sumidas en la pobreza por tener que pagar la atención sanitaria directamente de su bolsillo.
 
En Ghana, las familias más pobres dedicarán el 40% de los ingresos de su hogar para que sólo uno de sus hijos pueda ir a un colegio “poco oneroso” de la cadena Omega.
 
Cuando los servicios públicos están sujetos a tarifas, las mujeres y niñas son las más perjudicadas.Las desgravaciones fiscales y las asociaciones público-privadas (PPP, por sus siglas en inglés) acaparan considerables cantidades de dinero que podrían invertirse en la prestación de servicios que hacen frente a la desigualdad. En la India, numerosos hospitales privados se han beneficiado de incentivos fiscales por proporcionar tratamiento gratuito a los pacientes pobres, pero no han cumplido con su parte del trato.
 
El hospital Queen Mamohato Memorial de Lesoto, situado en la capital del país, Maseru, funciona a través de una asociación público-privada que actualmente consume la mitad del presupuesto sanitario gubernamental, y se prevé un aumento de los costes. Esto está minimizando los presupuestos de los servicios sanitarios de las zonas rurales, que son los que utilizan las personas más pobres, aumentando así aún más las diferencias entre ricos y pobres.
 
A pesar de que está demostrado que una mayor participación del sector privado en la prestación de servicios incrementa la desigualdad, las agencias de donantes y los Gobiernos de países ricos como el Reino Unido, Estados Unidos y el Banco Mundial están presionando para que sea así.
 
El sector privado no es relevante para las personas más pobres porque está fuera de su alcance, y además puede debilitar el apoyo de las personas ricas a los servicios públicos, creando un sistema dual en el que los ricos pueden elegir no utilizar los servicios públicos y por lo tanto ser reticentes a financiarlos con impuestos. En tres países asiáticos que han alcanzado la cobertura sanitaria universal, o están a punto de hacerlo (Sri Lanka, Malasia y Hong Kong), las personas más pobres apenas utilizan los servicios de salud privados.
 
Los servicios privados benefician a los ricos y no a quienes más los necesitan, incrementando así la desigualdad económica. Las leyes internacionales también debilitan las políticas nacionales. Las cláusulas sobre propiedad intelectual incluidas en los actuales acuerdos internacionales de comercio e inversión incrementan el precio de los medicamentos, de modo que sólo los más ricos pueden permitirse los tratamientos. Los 180 millones de personas infectadas por el virus de la Hepatitis C están sufriendo las consecuencias, ya que ni los pacientes ni los Gobiernos de los países en desarrollo pueden pagar 1.000 dólares diarios por el tratamiento, un precio derivado de la existencia de este tipo de leyes.
 
Sin embargo, existen buenos ejemplos en todo el mundo de cómo ampliar los servicios públicos contribuye a reducir la desigualdad.La creciente atención que recibe la cobertura sanitaria universal podría mejorar el acceso a la atención sanitaria y reducir la desigualdad. Jim Yong Kim, Presidente del Banco Mundial, ha sido claro al referirse a la importancia fundamental que tiene la cobertura sanitaria universal en la lucha contra la pobreza, afirmando que es “clave para cumplir con los objetivos globales [del Banco Mundial] de acabar con la pobreza extrema y fomentar una prosperidad compartida”.
 
Las economías emergentes, como China, Tailandia, Sudáfrica y México, están aumentando rápidamente la inversión pública en sanidad, y muchos países de renta baja han conseguido que la desigualdad disminuya gracias a la aplicación de políticas de sanidad gratuita financiadas con los presupuestos generales del Estado. En su primer año, el sistema tailandés de cobertura universal ha reducido a la mitad el dinero que las personas más pobres dedican a los costes de la atención sanitaria, además de reducir las tasas de mortalidad infantil y materna. (...)".

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