SÍNODO SOBRE LA FAMILIA

El Papa dice no estar preocupado por "la franqueza" de los obispos

El vaticanista Iacopo Scaramuzzi fue muy concreto en cuanto a que el Vaticano rescata la apertura al debate más allá del resultado de la votación en algunos temas del reciente Sínodo sobre la Familia: «Queridos hermanos y hermanas, ahora tenemos un año para madurar, con verdadero discernimiento espiritual, las ideas propuestas y encontrar soluciones concretas a muchas dificultades e innumerables desafíos que las familias deben afrontar, a dar respuestas a todos los desánimos que rodean y sofocan a las familias». Papa Francisco tomó la palabra al concluir el Sínodo extraordinario sobre la familia, después de la votación sobre la relación final que no llegó a obtener los dos tercios necesarios de los consensos en tres párrafos clave, y pronunció un discurso (que concluyó con una ovación de 5 minutos) en el que puntualizó que la Iglesia tiene «las puertas abiertas de par en par» a los «necesitados», «no sólo a los justos», y recordó que no se trata de un «litigio» con «una parte o con otra». El pontífice garantizó, pues, la unidad durante el debate sinodal y nunca nadie puso en duda la indisolubilidad o la procreatividad matrimoniales. (...)".

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Para el Papa, el reciente Sínodo sobre la Familia tiene 2 cuestiones esenciales:
 
> Le permitió 'blanquear' un debate hasta ahora escondido por la Iglesia Católica Apostólica Romana, sin comprometerlo en cuanto al dogma;
 
> Le permitió a todos conocer cuál es la relación de fuerzas, sin mayores costos internos; y
 
> Le permitió demostrar, contra la opinión prevaleciente hasta ahora, que el Vaticano hoy es diferente al Vaticano que manó a morir a Juan Jus, Giordano Bruno y otros "herejes" que contradecían al dogma construído en base a la tradición antes que a la Biblia.
 
Muy interesante un fragmento de la columna de Iacopo Scaramuzzi para la web Vatican Insider:
 
"(...) Con típico lenguaje espiritual jesuita, Papa Francisco dijo que, durante las dos semanas de discusión, «con las consolaciones también hubo otros momentos de desolación, de tensión y de tentaciones», que indicó: «la tentación de la rigidez hostil, es decir querer encerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios», o sea, la tentación «de los celadores, de los escrupulosos, de los premurosos» de los tiempos de Jesús y , hoy, de los «tradicionalistas» y también de los «intelectualistas»; después, «la tentación» del ‘buenismo’ que destruye, que en nombre de una misericordia «embustera cubre las heridas sin antes curarlas ni medicarlas, que trata solo los síntomas y no las causas y las raíces»; y, finalmente, la «tentación de los llamados progresistas y liberalismos», la «tentación de bajar de la cruz, para acontentar a la gente», la de «descuidar el ‘depositum fidei’, considerándose no custodios sino propietarios y dueños» o, por otra parte, la «tentación de descuidar la realidad usando una lengua minuciosa y un lenguaje» de entelequias «para decir muchas cosas y ninguna», con «bizantinismos».
 
«En lo personal, me habría preocupado mucho si no se hubieran presentado estas tentaciones ni estas discusiones animadas, este movimiento de los espíritus», continuó Bergoglio. «Si todos hubieran estado de acuerdo o hubieran estado taciturnos en una falsa y quieta paz», pero, por el contrario, constató Francisco, hubo «discursos e intervenciones llenos de fe, de celo pastoral y doctrinal, de sabiduría, de franqueza, de valentía y de parresía», y nunca se pusieron en «discusión las verdades fundamentales del sacramento del matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la procreatividad».
 
La Iglesia «no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos», dijo el Papa, «tiene las puertas abiertas de par en par para recibir a los necesitados, los arrepentidos y no solo a los justos o a aquellos que creen ser perfectos», «no  se avergüenza del hermano caído y no hace finta de no verlo». En este sentido, subrayó, no es cierto que la Iglesia esté en un «litigio» entre partes, como dijeron «muchos comentadores o gente que habla». (...)".
 
Resulta una introducción apropiada para otro columnista, Andrea Tornielli, en igual Vatican Insider:
 
Papa Francisco, para nada preocupado por las diferentes posturas que surgieron durante el debate que se vivió en el Sínodo, lo concluyó ayer con uno de los discursos más importantes del Pontificado, en el que dijo que se presentaron en el aula diferentes tentaciones. La de la rigidez hostil, es decir «querer encerrarse dentro» de la ley sin «dejarse sorprender por Dios»; la tentación de los celadores, «de los escrupulosos, de los tradicionalistas y de los intelectualistas». Pero también se presentó, recordó, la tentación del “buenismo” que destruye, de los «progresistas» que en nombre de «una misericordia embustera» vendan las heridas sin haberlas medicado antes. La tentación de bajar de la cruz «para acontentar a la gente», la tentación de descuidar el depósito de la fe, sintiéndose no custodios sino sus «dueños», la tentación de descuidar la realidad usando «bizantinismos». Son palabras que describen casi pictóricamente lo que sucedió en el aula sinodal durante estas últimas dos semanas.
 
Bergoglio quiso que el Sínodo fuera libre, y el resultado de la votación final sobre el documento sinodal, con algunos puntos controvertidos (como los de los sacramentos a los divorciados que se han vuelto a casar, votado por una significativa mayoría pero que no alcanzó las dos terceras partes necesarias para su aprobación), indica que su deseo se cumplió. «En lo personal –reveló–me habría preocupado mucho si no se hubieran presentado estas tentaciones ni estas discusiones animadas, este movimiento de los espíritus». Es la prueba de que el Sínodo no fue “piloteado”, como indicaba una minoría que trataba de que no fueran consideros ni siquiera en la agenda sinodal ciertos argumentos ni ciertas posibles aperturas.
 
Francisco quiso transparencia: como se trataba de un texto de trabajo que debe ser profundizado durante el año que viene, estableció que se publique todo, incluso los tres párrafos votados polémicos. Y quiso también que se sepa el número de los votos que obtuvo cada uno de los párrafos del documento. Pero es la primera vez, y justamente en uno de los 59 párrafos votados por más de las dos terceras partes de los padres, que es un documento sinodal demuestra tal apertura hacia los divorciados que se han vuelto a casar e incluso a las parejas de hecho, reconociendo que «la gracia de Dios actúa también en sus vidas», dándoles «el valor de hacer el bien, para cuidarse» recíprocamente. No es poca cosa, y habría sido impensable hace algunos años.
 
La Iglesia, explicó Francisco en su discurso final, «no ve a la humanidad desde un castillo de cristal para juzgar o clasificar a las personas». Es la Iglesia que, siguiendo el ejemplo de Jesús, «no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos». La Iglesia que «tiene las puertas abiertas de par en par para recibir a los necesitados, a los arrepentidos y no solo a los justos o a los que creen ser perfectos». La Iglesia que «no se avergüenza del hermano caído y hace finta de no verlo», sino que se involucra y se siente casi obligada a levantarlo, a animarlo para que retome el camino.
 
El debate encendido, las discusiones que se verificaron deben ser vistas «con tranquilidad», subrayó Francisco, porque el Sínodo se lleva a cabo con Pedro y bajo su guía, «y la presencia del Papa es garantía para todos».
 
Bergoglio dedicó una alusión significativa a la específica misión del Papa, que es «siervo de los siervos de Dios», pero también «pastor y doctor supremo de todos los fieles», que goza de la «potestad ordinaria que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia», como indica el Código de Derecho Canónico. Como si fuera una manera para recordar que sobre él, en calidad de sucesor de Pedro, será sobre quien recaiga la evaluación final. Y concluyó anunciando que a partir de ahora comienza un año «para madurar» y «encontrar soluciones concretas a muchas dificultades e innumerables desafíos que las familias» viven, trabajando sobre la relación final, es decir sobre «el resumen fiel y claro de todo lo que ha sido dicho y discutido». Incluso las posturas más polémicas, incluso los pasajes que obtuvieron la mayoría de los votos (aunque no las dos terceras partes) serán discutidos por la base. Las meditadas palabras que el Papa pronunció ayer (sábado 18/10) por la noche fueron acogidas con un larguísimo aplauso, una “standing ovation”, de toda la asamblea sinodal.
 
Con este Sínodo se pasa del miedo de hablar al temor de callar. La Iglesia no es un partido, pero tampoco un encuentro de optimistas “yes men”; la discusión acalorada también pertenece a su historia desde los primeros tiempos, como indical los Hechos de los Apóstoles. No surgieron durante las discusiones en el Sínodo y fuera de él solamente diatribas sobre la disciplina de los sacramentos o interpretaciones de la doctrina. Surgieron miradas y enfoques diferentes sobre la vida y la misión de la Iglesia, en una asamblea en la que la Curia romana jugó un innegable papel importante. Pero ahora, la palabra la tienen las Iglesias locales.

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