EN LA IGLESIA CATÓLICA HABRÁ CAMBIOS PERO NI RÁPIDOS NI DRAMÁTICOS

No alcanzó los 2/3 de votos el cambio de enfoque católico sobre los gays

La idea de una mayor aceptación de las parejas homosexuales no ha sido apoyada por el Sínodo del clero católico apostólico romano ya que la iniciativa no ha logrado ganar 2/3 de la mayoría en el Sínodo: 118 votos a favor y 62 votos en contra. Algo similar ocurrió con el texto que hablaba de que los divorciados vueltos a casar pudieran acceder otra vez a los sacramentos: 104 votos favorables y 74 en contra. O sea que sobre estos puntos no hubo consenso suficiente en el Sínodo, a pesar de haber contado con la mayoría. Los obispos del Sínodo sobre la familia habían llegado a la votación divididos sobre varios asuntos. Por eso se descontó que el documento final tendría pocas conclusiones, aunque, según dijo el arzobispo de Múnich, el cardenal Reinhard Marx, es "un paso adelante" hacia el próximo Sínodo sobre el mismo tema, en octubre de 2015. Marx, uno de los arzobispos más proclives a la apertura hacia las que consideran situaciones irregulares de la familia, instó a la necesidad de "nuevos impulsos que abran puertas" y a que la Iglesia "no repita siempre las mismas cosas". El documento, de carácter consultivo y que no contiene propuestas concretas, ha generado fricciones por las aperturas propuestas por un sector de la Iglesia hacia la homosexualidad, las uniones libres y los divorciados.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Los 191 obispos católicos apostólicos romanos convocados por el papa Francisco, votaron el texto de la «Relatio Synodi», el documento final del Sínodo extraordinario sobre la familia, que es previo a otro ya convocado para octubre de 2015. 
 
Cada uno de los párrafos del documento fueron sometidos a votación: los obispos y demás miembros del Sínodo se expresaron sobre cada uno de los 62 incisos, mediante un voto electrónico que preveía 2 opciones: «placet» o «non placet». 
 
Para la aprobación de los textos se requería una mayoría de dos terceras partes de la asamblea completa.
 
 
"(...) El párrafo sobre la cuestión más discutida, la posibilidad de cambiar la disciplina sobre la admisión a los sacramentos de los divorciados que se han vuelto a casar, que presentaba las dos posturas que habían surgido en el debate, no obtuvo las dos terceras partes de los votos totales, pues hubo 104 a favor y 74 en contra. La misma suerte corrió el párrafo sobre los homosexuales, que obtuvo 118 «placet» y 62 «non placet».
 
El Papa decidió publicar todo el texto completo y referir a los periodistas toda la información sobre cada uno de los votos de cada uno de los párrafos del documento, para que se comprenda mejor la dimensión del consenso que obtuvieron los argumentos, enfatizando el debate que hubo al respecto. 
 
Obtuvo dos terceras partes del total de los votos (155 contra 19) el punto en el que se lee: «También las situaciones de los divorciados que se han vuelto a casar exigen un atento discernimiento y un acompañamiento de gran respeto, evitando un lenguaje y una actitud que los haga sentir discriminados y promoviendo su participación en la vida de las comunidades. Cuidarlos no es para la comunidad cristiana una debilitación de la fe ni de su testimonio sobre la indisolubilidad matrimonial, es más, expresa justamente en este cuidado su caridad».
 
En cambio, el párrafo sobre la cuestión más delicada de la discusión, relacionado con los divorciados que se han vuelto a casar, es el siguiente (que obtuvo 104 votos favorables y 74 en contra): «Se ha reflexionado sobre la posibilidad de que los divorciados que se han vuelto a casar accedan a los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía. Varios padres sinodales insistieron a favor de la disciplina actual, en fuerza de la relación constitutiva entre la participación a la eucaristía y la comunión con la Iglesia y su enseñanza sobre el matrimonio indisoluble. Otros se expresaron por na acogida no generalizada al banquete eucarístico, en algunas situaciones particulares y bajo condiciones bien precisas, sobre todo cuando se trata de casos irreversibles y vinculados con obligaciones morales para con los hijos que sufrirían violencias injustas. El eventual acceso a los sacramentos debería ir precedido por un camino penitencial bajo la responsabilidad del obispo diocesano. Debe ser profundizada ulteriormente la cuestión, teniendo en cuenta la diferencia entre situación objetiva de pecado y circunstancias atenuantes, dado que la ‘imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden ser disminuidas o anuladas’ por diferentes ‘factores psíquicos o bien sociales’ (Catecismo de la Iglesia católica, 1735)»."
 
Cambios con calma
 
"Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie", señala el mensaje de clausura del Sínodo de los obispos católicos sobre la familia, que terminó tras 2 semanas de debates, inicio de un debate que decidió promover el pontífice Jorge Omar Bergoglio, quien gestiona a los católicos apostólicos romanos con el nombre Francisco.
 
El texto fue previo al llamado Documento Final, que será entregado al papa Francisco, con las propuestas sobre varios temas tratados que hayan alcanzado los 2/3 de aprobación.
 
El mensaje del Sínodo, aprobado por una amplia mayoría, agradece "a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias".
 
En días de debate sobre los desafíos ante las nuevas situaciones familiares, ya había surgido la idea común, aunque con matices, de una Iglesia de "acogida" y no "de exclusión".
 
Los 191 llamados "padres sinodales" (obispos con derecho a voto), explican que factores como "el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el estrés de una ansiedad que descuida la reflexión serena", hacen que fracasen los matrimonios.
 
Y que de estos surgen "nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana".
 
Otras de las dificultades que atraviesan las familias, según el análisis de los obispos de estos días, son las "económicas causadas por sistemas perversos, originados en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano".
 
El mensaje de los obispos recuerda "al padre o la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o en los jóvenes con días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad".
 
El mensaje termina con una oración y pide a los fieles que "caminen" con ellos hacia el próximo sínodo, que se celebrará en octubre de 2015.
 
La interna
 
El mismo Tornielli afirmó en la web Vatican Insider que la mayor parte de los obispos que participaron en el Sínodo sobre la familia comparten el enfoque de la exhortación “Evangelii gaudium” del Papa, según se deduce al leer las 10 síntesis que contienen la fiel relación del debate que se llevó a cabo en los círculos menores del Sínodo, divididos por lenguas. 
 
"No hay que esperar soluciones rápidas, clamorosas aperturas ni mucho menos cambios doctrinales. Todos afirmaron claramente que no se pone en discusión la indisolubilidad del matrimonio. Pero, más allá de una minoría que elevó bastante su voz (esa que, sirviéndose de algunos espacios mediáticos, dio origen a las fantasías sobre el Sínodo “piloteado” o “censurado”), parece que muchísimos padres sinodales, pastores en contacto con la realidad concreta de las familias y de sus dramas en todo el mundo, pretenden mantener abierta una puerta sobre este argumento.
 
Se expresaron claramente para que se mantenga abierta la cuestión los 3 círculos de lengua italiana, 1 de los círculos de lengua inglesa y 1 de los de lengua española; 1 de los dos círculos franceses reprodujo ambas posturas. Otros 2 círculos, 1 inglés y 1 español, no citaron el argumento, por lo que no cancelaron la posibilidad de una posible reflexión ulterior. 
 
Los que se expresaron, en cambio, claramente en contra de la hipótesis aperturista en relación con los divorciados que se han vuelto a casar, fueron 1 círculo inglés (en el que el relator era el cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, cuyas posturas son bien conocidas) y 1 español.
 
Los padres sinodales presentaron cientos de enmiendas al texto de la polémica “Relatio” que resumía el trabajo en el aula y que fue presentada por el relator del Sínodo, el cardenal húngaro Peter Erdö. Se pidió una redacción diferente de ciertos pasajes sobre las personas homosexuales, pero manteniendo una actitud de acogida y subrayando al mismo tiempo la enseñanza de la Iglesia al respecto. (...)"
 
Sobre todo, se pidió que el documento final, fuese más equilibrado y presente lo que la Iglesia cree sobre el matrimonio y la familia, animando a los que viven fielmente, a pesar de las dificultades, el Evangelio de la familia. 
 
«Hay un principio claro –dijo el cardenal Christoph Schönborn–, debemos ver primero a la persona antes que su orientación sexual. No hay que ver la alcoba de las familias. Primero tenemos que ver la sala de estar. Cada quien tiene una dignidad que va más allá de cualquier otra cuestión».
 
Mensaje de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, reunido en Roma:
 
Los Padres Sinodales, reunidos en Roma junto al Papa Francisco en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, nos dirigimos a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida. Manifestamos nuestra admiración y gratitud por el testimonio cotidiano che ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor.
 
Nosotros, pastores de la Iglesia, también nacimos y crecimos en familias con las más diversas historias y desafíos. Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y también de dificultades.La misma preparación de esta asamblea sinodal, a partir de las respuestas al cuestionario enviado a las Iglesias de todo el mundo, nos permitió escuchar la voz de tantas experiencias familiares. Después, nuestro diálogo durante los días del Sínodo nos ha enriquecido recíprocamente, ayudándonos a contemplar toda la realidad viva y compleja de las familias.
 
Queremos presentarles las palabras de Cristo: “Yo estoy ante la puerta y llamo, Si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3, 20). Como lo hacía durante sus recorridos por los caminos de la Tierra Santa, entrando en las casas de los pueblos, Jesús sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades. En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas. La oscuridad se vuelve más densa, hasta convertirse en tinieblas, cundo se insinúan el mal y el pecado en el corazón mismo de la familia.
 
Ante todo, está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal. La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el stress de una ansiedad que descuida la reflexión serena. Se asiste así a no pocas crisis matrimoniales, que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana.
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Entre tantos desafíos queremos evocar el cansancio de la propia existencia. Pensamos en el sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez, en la muerte de un ser querido. Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, considerándolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan, descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos frágiles.
 
Pensamos en las dificultades económicas causadas por sistemas perversos, originados “en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (Evangelii gaudium, 55), que humilla la dignidad de las personas. Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o en los jóvenes que transcurren días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad.
 
Pensamos también en la multitud de familias pobres, en las que se aferran a una barca para poder sobrevivir, en las familias prófugas que migran sin esperanza por los desiertos, en las que son perseguidas simplemente por su fe o por sus valores espirituales y humanos, en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras y de distintas opresiones. Pensamos también en las mujeres que sufren violencia, y son sometidas al aprovechamiento, en la trata de personas, en los niños y jóvenes víctimas de abusos también de parte de aquellos que debían cuidarlos y hacerlos crecer en la confianza, y en los miembros de tantas familias humilladas y en dificultad. Mientras tanto, “la cultura del bienestar nos anestesia y […] todas estas vidas truncadas por la falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera” (Evangelii gaudium, 54). Reclamamos a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común.
 
Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie. Agradecemos a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias.
 
***
También está la luz que resplandece al atardecer detrás de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y aún en viviendas muy precarias. Brilla y calienta cuerpos y almas. Esta luz, en el compromiso nupcial de los cónyuges, se enciende con el encuentro: es un don, una gracia que se expresa –como dice el Génesis (2, 18)– cuando los dos rostros están frente a frente, en una “ayuda adecuada”, es decir semejante y recíproca. El amor del hombre y de la mujer nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don. Es lo que expresa de manera sugerente la mujer del Cantar de los Cantares: “Mi amado es mío y yo soy suya… Yo soy de mi amado y él es mío” (Ct 2, 17; 6, 3).
 
El itinerario, para que este encuentro sea auténtico, comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparación. Se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia. Este camino conoce también la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran aún más allá del vigor y de la frescura juvenil. El amor tiende por su propia naturaleza a ser para siempre, hasta dar la vida por la persona amada (cf. Jn 15, 13). Bajo esta luz, el amor conyugal, único e indisoluble, persiste a pesar de las múltiples dificultades del límite humano, y es uno de los milagros más bellos, aunque también es el más común.
 
Este amor se difunde naturalmente a través de la fecundidad y la generatividad, que no es sólo la procreación, sino también el don de la vida divina en el bautismo, la educación y la catequesis de los hijos. Es también capacidad de ofrecer vida, afecto, valores, una experiencia posible también para quienes no pueden tener hijos. Las familias que viven esta aventura luminosa se convierten en un testimonio para todos, en particular para los jóvenes.
 
Durante este camino, que a veces es un sendero de montaña, con cansancios y caídas, siempre está la presencia y la compañía de Dios. La familia lo experimenta en el afecto y en el diálogo entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas. Además lo vive cuando se reúne para escuchar la Palabra de Dios y para orar juntos, en un pequeño oasis del espíritu que se puede crear por un momento cada día. También está el empeño cotidiano de la educación en la fe y en la vida buena y bella del Evangelio, en la santidad. Esta misión es frecuentemente compartida y ejercitada por los abuelos y las abuelas con gran afecto y dedicación. Así la familia se presenta como una auténtica Iglesia doméstica, que se amplía a esa familia de familias que es la comunidad eclesial. Por otra parte, los cónyuges cristianos son llamados a convertirse en maestros de la fe y del amor para los matrimonios jóvenes.
 
Hay otra expresión de la comunión fraterna, y es la de la caridad, la entrega, la cercanía a los últimos, a los marginados, a los pobres, a las personas solas, enfermas, extrajeras, a las familias en crisis, conscientes de las palabras del Señor: “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20, 35). Es una entrega de bienes, de compañía, de amor y de misericordia, y también un testimonio de verdad, de luz, de sentido de la vida.
 
La cima que recoge y unifica todos los hilos de la comunión con Dios y con el prójimo es la Eucaristía dominical, cuando con toda la Iglesia la familia se sienta a la mesa con el Señor. Él se entrega a todos nosotros, peregrinos en la historia hacia la meta del encuentro último, cuando Cristo “será todo en todos” (Col 3, 11). Por eso, en la primera etapa de nuestro camino sinodal, hemos reflexionado sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión.
 
Nosotros, los Padres Sinodales, pedimos que caminen con nosotros hacia el próximo Sínodo. Entre ustedes late la presencia de la familia de Jesús, María y José en su modesta casa. También nosotros, uniéndonos a la familia de Nazaret, elevamos al Padre de todos nuestra invocación por las familias de la tierra:
Padre, regala a todas las familias la presencia de esposos fuertes y sabios, que sean manantial de una familia libre y unida.
Padre, da a los padres una casa para vivir en paz con su familia.
Padre, concede a los hijos que sean signos de confianza y de esperanza y a jóvenes el coraje del compromiso estable y fiel.
Padre, ayuda a todos a poder ganar el pan con sus propias manos, a gustar la serenidad del espíritu y a mantener viva la llama de la fe también en tiempos de oscuridad.
Padre, danos la alegría de ver florecer una Iglesia cada vez más fiel y creíble, una ciudad justa y humana,
un mundo que ame la verdad, la justicia y la misericordia.

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