SE FUE ANTONIO CAFIERO

Fieroca, un pirucho sin contexto

En 2010, Antonio Cafiero trabajó en la película "Pájaros volando", comedia-ciencia ficción dirigida por Néstor Montalbano, escrita por Damián Dreizik y protagonizada por Diego Capusotto, Luis Luque y Verónica Llinás. Él interpretó al dueño de una empresa de ómnibus para viajes de larga distancia. La anécdota permite introducir el político infrecuente. Es obvio que un contador público que trasciende como político resulta un caso interesante. Amílcar Antognoni, a quien Antonio conoció como "Cacho", le dedicó el siguiente texto:

por CACHO ANTOGNONI
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). Era un finoli, Antonio. La pinta, la ropa, la educación, los gustos, el pelo platinado, San Isidro, Pinamar desde siempre...
 
Era muy peronista, Antonio. Ahí, donde no había motivo. Ministro del primer Perón,  treintaypico de años después sobrevivió al tsunami Alfonsín y encaró la renovación.
 
También pasó a la historia por haber sido el primer peronista que perdió una interna grossa teniendo todo el aparato. Menem-Duhalde le ganaron. Andá a saber cómo era la historia si Antonio no hubiera escuchado tanto canto de sirena de los, por entonces, 'jóvenes turcos'.
 
Hasta para perder era elegante Antonio. No se pintó la cara, no pasó a la clandestinidad de las selvas gorilizadas de los piruchos que pierden...
 
El quilombo de un Chacho con mal de amores que inventó anónimos para deschavar la ruta Banelco en el Senado y ocultar así su inutilidad, irresponsabilidad y vocación Carrioista para romper, lo encontró del lado de los que no estuvieron en la cadena.
 
Puteó primero, calló después. Se expuso por eso al filo del hacha de la prensa escandalizada porque se hizo público lo que los periodistas saben desde siempre. Salió después, de a poco, de la escena.
 
Algún tema de su atracción por las damas lo enredó un poco, ya grande, con la familia, cuando el hombre, enviudado, quiso ponerle nombre a su necesidad.
 
Lo putearon mucho, lo admiraron mucho, algún gorilazo le reclamaba un piano de supuesta propiedad Pochística, como si Antonio precisara un instrumento de otro para tocar sinfonías piruchas.
 
Cada enero, el hombre caminaba con algún nieto por las playas pinamarenses, arrancando desde el balneario San Javier, pura madera y sencillez, allá, en Tobías y el Mar.
 
Y sólo recibía miradas respetuosas o respetuosos saludos. Claro, era peroncho, pero para los veraneantes "de siempre" en Pinamar era "su" peroncho.
 
Lo admiramos cuando ya éramos un poco más grandes. Tanto como lo habíamos puteado cuando éramos un poco más jóvenes. Qué injusto, justo a él que siempre le dio cabida a sangre nueva.
 
Se fue Antonio. Seguro que dónde llegue armará una rosca. Seguro que será una rosca peronista. Nunca arriesgó la vida de nadie. Y eso, para un tipo que cruzó a full el peronismo desde el Hombre en Motoneta hasta los arrabales de la puta Alianza, no es poco. No todos pueden decir lo mismo.
 
Algunos nos llevamos largas charlas con vos. Discusiones; de pedo cada tanto una coincidencia; permanente, siempre, el respeto personal por vos.
 
Chau Antonio. Este enero vamos a cantar la marchita en el San Javier en tu honor. En voz baja, claro. Para qué hacerse putear, ¿no?

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