KONTRADICCIONES

Crece la fractura K: Duro ataque de Verbitsky a Berni

Sergio Berni es un producto kirchnerista, no hay dudas de ello. Lo eligió Néstor Kirchner y lo promovió Cristina Fernández de Kirchner. El origen político del senador provincial bonaerense en uso de licencia se encuentra en Santa Cruz. Las apuestas patrimoniales privadas de Berni se encuentra en la provincia de Santa Cruz. Horacio Verbitsky no es un producto kirchnerista pero se ha aferrado al Frente para la Victoria, intentando convertirse en un gurú del rumbo político de la vertiente no peronista del kirchnerismo. Cercano a Carta Abierta, líder del Centro de Estudios Legales y Sociales, es una influyente pluma editorial del diario Página/12, que sostiene el Estado K. Por eso es tan interesante la fractura entre ambos, que expresa una ruptura profunda que hay en el mundo K.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgentet24). No pueden convivir 2 enfoques tan diferentes sobre la política de seguridad, la represión de los oKupas de lugares públicos y las políticas de prevención. Pero la Administración Cristina lo intenta, en un ejercicio de esquizofrenia tan complicado de entender como hacia dónde va la economía K.
 
Sergio Berni opina bien diferente a Horacio Verbitsky. Pero ambos integran el cada vez más difuso Frente para la Victoria.
 
Pero, además, ambos se preparan para lo que vendrá, horizonte en el que Verbitsky tendrá mucho más para perder que Berni, según los candidatos presidenciales en danza.
 
De todos modos, Verbitsky por ahora se aferra al presente porque considera que si el ladriprogresismo retrocede ahora, ¿qué le queda para después?
 
En tanto Berni considera que ya no hay espacio para el enfoque ladriprogre del conflicto social cuando es evidente que avanza el conflicto social, que tanto espera la izquierda.
 
Es cierto que Berni cree que Verbitsky es inofensivo: tanto reclamó el despido de Ricardo Casal en Provincia de Buenos Aires, y ahí está... en funciones. Cuando desdoblaron el Ministerio, la otra porción se la concedieron a Alejandro Granados, pese a Verbitsky.
 
Pero eso no quita peso en el mundo ultra K a la ofensiva de Verbitsky, aunque le cuestionarán que tenga que recurrir al periodista Marcelo Longobardi, bien opositor a los K, como ejemplo de hombría ante Berni.
 
No olvidar que esto ocurre en una Administración con antecedentes en el uso de la Gendarmería Nacional para ensayar tareas de inteligencia doméstica sobre movimientos contestatarios, algo normal en cualquier país menos en la Argentina K, que lo hace pero en público lo condena y castiga...
 
Aquí un recorte de esa ofensiva contra Berni en el diario Página/12, un medio paragubernamental desde donde se cuestiona a un funcionario gubernamental. Todo bien pero... el problema es que tanto Verbitsky como Berni afirman tener el favor de Cristina Fernández de Kirchner...
 
"Con gorra de alguna de las fuerzas de seguridad y atuendo deportivo que puede confundirse con el uniforme de fajina del militar que le gustaría ser, el médico Sergio Berni, quien también dice ser abogado, se multiplica, a cualquier hora del día o de la noche. No teme a nada ni nadie, y menos que nada al ridículo.
 
No está en discusión su entrega a la tarea, sino su legalidad, su eficacia y su compatibilidad con el proyecto político que integra. Su principal recurso discursivo es la descalificación del antagonista. Si Aldo Rico decía que los soldados no dudan, porque la duda es la jactancia de los intelectuales, Berni sostiene que no filosofa sobre seguridad porque está todos los días en la trinchera. Así explicó su inasistencia al Encuentro Federal por una Seguridad Democrática y Popular en el Salón Azul del Congreso, del que sí participaron los diputados nacionales Andrés Larroque, Horacio Pietragalla, Remo Carlotto y Jorge Rivas; los precandidatos presidenciales Agustín Rossi, Julián Domínguez y Jorge Taiana; el Secretario de Justicia, Julián Alvarez; los titulares de la Anses y de la Sedronar, Diego Bossio y Juan Carlos Molina; el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda; organizaciones sociales y de Derechos Humanos y familiares de víctimas de la violencia institucional.
 
Hace dos semanas, Berni interrumpió con virulencia a la periodista Cynthia García, un femenino que cuestionaba la represión a los trabajadores de Lear: le dijo que la Gendarmería actúa “constitucionalmente” porque “las rutas son para circular”, ignorando la vasta jurisprudencia sobre la jerarquía de derechos en conflicto, que privilegia la libertad de expresión, como queda claro en los proyectos de regulación que a pedido de CFK se están discutiendo en la Cámara de Diputados. La desafió a que lo acompañara a las cuatro y media de la mañana cuando hubiera un corte y probara a desalojarlo de otro modo.
 
Cuando ella replicó que no era su función, Berni la desdeñó: “Esto no es una cuestión de intelectualidad, esto es sentido común”.
 
Esta semana intentó aplicarle el mismo esquema a Marcelo Longobardi, un masculino que desdeña quedar a la izquierda de Berni. El periodista dijo que los alumnos de una escuela de Villa Lugano llevaban dos semanas sin clases porque nadie les garantizaba la seguridad: “Usted dice conocer la villa pero yo sólo lo veo jugando al golf. El que está en el barrio, con los pies en el barro todos los días soy yo”, le contestó.
 
El ex columnista de la Escudería Hadad, hoy en el Grupo Clarín, tiene más claro que Berni quiénes dan las órdenes y quiénes las obedecen, y lo puso en su lugar con un desplante al tono: “Yo voy a jugar al golf todo lo que se me canten las pelotas, ¿estamos claros?”. Pero además de mostrarle quién la tiene más larga expuso un razonamiento impecable: un ciudadano hace lo que quiere con su tiempo libre pero el trabajo del funcionario es “garantizar que haya clases”.
 
Siguiendo el ejemplo de su admirado ex carapintada Rico, Berni arrugó ante Longobardi y luego de la tanda le pidió perdón. Después de dos días defendiendo al coronel Galeano, justificó su despido, decidido por Cristina.Cuando la última semana le preguntaron por mi nota “Muchos Machos Malos”, se escondió debajo de las polleras de Francisco: dijo que no discute con alguien que “también ha dicho cosas del Papa”. Un hombre de acción.
 
 
"La presidente CFK despidió al Coordinador de las fuerzas de seguridad Roberto Angel Galeano y le hizo asumir la decisión al Secretario de Seguridad Sergio Berni, como precio para conservarle el cargo, aunque fue él quien impartió las órdenes ejecutadas por el coronel carapintada. A Berni no le preocupa la exactitud de lo que afirma. El jueves un comunicado del Ministerio de Seguridad pretendió que el jefe del destacamento de Gendarmería de Campo de Mayo, Juan Alberto López Torales, había actuado de acuerdo con la ley y seguido los procedimientos establecidos para liberar la ruta. El mismo día, Berni dijo que el automovilista Christian Romero no fue acusado de atropellar a López Torales, sino por violar las leyes de tránsito.
 
Pero la imputación de la Gendarmería contra Romero en la causa judicial es por acelerar, atropellar y lesionar al gigante saltarín. También pretendió que Galeano era su asesor y que no tenía autoridad sobre la Gendarmería, cuando todos saben que no es así: Berni quiso nombrarlo como Subsecretario de Seguridad pero Nilda Garré, que como ministra de Defensa lo había pasado a retiro por su participación en el alzamiento carapintada, dijo que sería una incongruencia y Cristina rehusó firmar el decreto. Pero Garré dejó Seguridad en junio de 2013, y en septiembre Berni contrató a Galeano como coordinador de las fuerzas de seguridad. No como asesor. Ese es el contrato que ayer Cristina ordenó rescindir.
 
El comunicado, que contradice todo lo que Berni venía diciendo, ni siquiera fue incluido en la página electrónica del Ministerio y la presidencia se encargó de que llegara a los medios, comenzando por la agencia oficial Télam, pese a que atribuye la decisión a Berni. Dice que “Galeano incumplió con las responsabilidades contenidas en los ‘Criterios mínimos sobre actuación de los cuerpos policiales y las fuerzas de seguridad en manifestaciones públicas’, documento elaborado con el aporte de organizaciones sociales que fija el marco de actuación de las fuerzas federales” y que su conducta “contradice los lineamientos ministeriales de prudencia y de profesionalidad en la gestión de la seguridad pública”.
 
A tan alto precio personal, Berni conservó su cargo y el del gendarme que siguió sus directivas. Pero el problema va mucho más allá del ahora despedido comando militar.
 
El comunicado ratificó las “directivas políticas vigentes desde 2003 que preservan la integridad física de las personas en manifestaciones públicas” por lo cual un funcionario del ministerio “debe estar a cargo de los procedimientos que requieren el empleo de la fuerza legítima en el terreno, para asegurar que la intervención sea proporcional y eficaz”.
 
Sin embargo, y por detrás de la polémica que entretiene a los gobiernos porteño y nacional, las respectivas policías practican una violencia institucional exacerbada como forma de control del territorio, ya sea ante protestas sociales o hechos sindicados como delictivos. Esto va asociado a la participación de sectores de las propias fuerzas en los delitos que deben combatir y al castigo concentrado en militantes sociales o vecinos humildes. La manipulación informativa presenta esos hechos como episodios de una batalla épica con lo que en forma genérica se denomina el narcotráfico, de lo cual luego no se encuentra huella en los expedientes judiciales, por inexistencia de delito. Un periodismo sin más fuente que los funcionarios interesados contribuye a crear un clima que a su vez justifica nuevas actuaciones similares.
 
Lo más preocupante es la idea, basada en encuestas de opinión, de que esas prácticas aberrantes cuentan con amplia aceptación social y construyen una candidatura. Hay tanta competencia que el pionero Sergio Massa corre el riesgo de parecer tibio y tolerante. (...)".

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