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A 1 año del Mundial, Brasil enfrenta violentas protestas

La Fiscalía de Sâo Paulo ha pedido a las autoridades políticas y policiales que abran un diálogo ante las manifestaciones contra el aumento de precio de los transportes públicos que han provocado violencia, vandalismo y decenas de detenciones. El fiscal Maruricio Lopes ha hecho algunas propuestas para dicho diálogo, entre ellas la congelación de los aumentos de los precios de los transportes, que apoyarían varios sindicatos.

Falta exactamente 1 año para que comience el Mundial de Fútbol 2013 en Brasil. Las protestas comenzaron el fin de semana que pasó, en un momento de crisis con la inflación elevada, la Bolsa y el dólar comiendo terreno al real.

Los transportes públicos son muy caros en Brasil en relación al sueldo base de los trabajadores y no existen abonos para quienes los usan de forma regular.

Para quienes tienen que hacer un viaje de ida y otro de vuelta 6 días a la semana, el gasto puede superar los 200 reales al mes, cuando el salario mínimo es de 678 reales (poco más de US$ 300). Parte de la clase media ha pedido mano dura a la policía para que controle unas manifestaciones que están colapsando aún más las ya congestionadas ciudades brasileñas.

Dilma Rousseff habló el miércoles 12/06 contra los que apuestan, dijo, para que Brasil “no acierte”.

Ella insistió que su gobierno no dejará libre la inflación que, según ella, está controlada al igual que los gastos públicos. Rousseff anunció una línea de crédito de 5.000 reales (US$ 2.300) para que las familias que recibieron casas populares del programa social Mi casa, mi vida, puedan amueblarlas.

Pero hay enojo entre los medios de transportes públicos por no tener el confort mínimo indispensable, según el antropólogo Fred Lúcio al diario español El País. No se trata solamente de un problema de tarifa, sino también al mal funcionamiento de los mismos, en especial en São Paulo, una ciudad con casi 20 millones de habitantes.

En tanto, el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, anunció que la Policía Federal analizará lo acontecido durante las manifestaciones en las que resultaron heridos 8 policías y afirmó que si hubiesen ocurrido excesos por parte de las fuerzas de seguridad, serían estudiadas.

Cardozo defendió que en Brasil existe la “total libertad de expresión”, pero no de “vandalismo”, algo que rechaza la misma sociedad, según él.

El antropólogo Fred Lúcio, entrevistado en la televisión Globo hizo un análisis de dichas manifestaciones desde el punto de vista de la sociedad. Según él la mecha que provocó la explosión social con ribetes de violencia se debió a un conjunto de factores. Lúcio asegura que en la sociedad existe una cierta insatisfacción sobre el funcionamiento de las servicios públicos, con quejas sobre la sanidad, la educación y la política de transportes.

Según Lúcio, existe “presión” en una sociedad "que se cree y desea ser de primer mundo", pero que tiene aún que convivir muchas veces con "servicios públicos precarios" en varios sectores.

Brasil suspendió este jueves 13/06 el Impuesto sobre las Operaciones Financieras (IOF) aplicado a la venta de dólares, la 2da. medida en menos de 1 semana para tratar de contener la depreciación del real frente la moneda estadounidense, divisa que alcanzó en la jornada el mayor valor de los últimos 4 años.

El impuesto, que estaba en el 1% desde septiembre de 2011 y aplicado sobre la venta de dólares en el mercado futuro, fue suspendido hasta una nueva determinación, de acuerdo al ministro de Hacienda, Guido Mantega, después de que el dólar alcanzó un valor de 2,15 reales en el cambio comercial.

“Ante esta situación de acomodación del mercado cambiario en todo el planeta no tiene sentido mantener barreras y penalizar las posiciones vendidas en el mercado futuro con una tasa del 1%”, justificó Mantega en Brasilia (capital).

El 04/06, por el mismo escenario de devaluación del real, el Gobierno rebajó del 6% al 0% el IOF cobrado a las aplicaciones de renta fija de los extranjeros en el país.

En los últimos días, el Banco Central intensificó sus movimientos de compra-venta de moneda extranjera en el exterior para evitar la disparada del precio del dólar.

Mantega dijo que, para apoyar esas iniciativas, el Gobierno estaba comprometido a alcanzar sus metas de ahorro fiscal -ya reducidas- este año, aun si eso implicaba hacer recortes al gasto.

El Gobierno recortó su meta de superávit primario para 2013 a un 2,3% desde un 3,1% del producto interno bruto (PIB). La medida se tomó luego de una caída en los ingresos, causada por la baja en la recaudación tributaria y por los incentivos fiscales para las empresas locales.
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La mayoría de los economistas anticipa un superávit primario inferior al 1% del PIB para el año. "Lograremos un superávit primario de un 2,3% (...), es una meta firme del Gobierno", dijo Mantega en la entrevista.

La semana pasada, Standard & Poor's rebajó su panorama para la nota de Brasil a "negativo" desde "estable", citando el deterioro de los fundamentos presupuestarios y un crecimiento lento, que podría afectar la capacidad del país de pagar su deuda.

Muy interesante la columna de Juan Arias en el madrileño El País:

¿Qué le está pasando a Brasil? La nación en pujanza, esperanza de los países emergentes, la sexta potencia económica del mundo y fulcro del continente aparece de repente con los pies de barro, con un modelo que tuvo éxito pero que según algunos expertos ya está agotado y con todos los índices rebajados.

A esto se añade que, por primera vez en años, se han producido manifestaciones callejeras con actos vandálicos de autoría desconocida. Los participantes en las protestas se dicen sin partido, pero varios de ellos pertenecen a grupos de izquierda radical. Las autoridades critican, con razón, que en Brasil existe total libertad de expresión, pero no de destruir el patrimonio público. Los manifestantes, convocados a través de redes sociales, acusan por su parte a la policía de actuar con excesiva dureza.

Existe la preocupación por conocer la paternidad de la iniciativa que está llevando a la gente a la calle en protesta contra los servicios públicos y, sobre todo, por conocer si detrás de ellas se esconde alguna mano política en vísperas de las elecciones presidenciales del año próximo.

Una cosa es cierta: Brasil quizás no sea ni la maravilla forjada en los últimos años por la opinión pública mundial, ni tampoco un país que ha caído de repente en crisis, que revelaría mayores fragilidades de las que hasta hoy reconocía.

El país cuenta con una gran pujanza, pese a que atraviesa un momento de bajo crecimiento —sobre todo en la industria—, del aumento de la inflación que, sobre todo, irrita a los más pobres, de un dólar a un alto coste que quita fuerza al real y de un gasto público que sigue creciendo.

Brasil, se podría decir, tiene sus cuentas en regla. Goza de unas reservas envidiables que lo protegen contra posibles nuevas crisis internacionales. Es un país casi un bajo índice de desempleo (un 6,2% en 2012), con prestigio y solvencia internacional, llamado a tener gran protagonismo geopolítico, y con grandes proyectos de obras para mejorar sus infraestructuras.

La propia oposición ha forjado el eslogan de “Brasil está bien, pero puede estar mejor”, lo que indica la voluntad de contribuir a mejorar lo ya conquistado y no de echar fuego sobre “cuanto peor, mejor”.

En ese sentido, la presidenta Dilma Rousseff —que corre el peligro de convertirse, injustamente, en el chivo expiatorio de los problemas actuales— no está quizás acertada cuando critica a los que quieren que Brasil “no acierte”, si es que se refiere a la oposición política, que, más bien, durante los últimos años 10 ha estado aletargada y muda, quizás desarmada ante el crecimiento económico del país y de las conquistas sociales de los gobiernos de Lula y Rousseff.

Quizás, más que a la oposición, la mandataria se haya querido referir a los que podrían estar influyendo en la opinión pública para salir a protestar en un país donde también la calle ha estado en silencio, y que solo se había manifestado multitudinariamente en marchas promovidas por evangélicos; homosexuales y defensores de la legalización de las drogas.

Ni siquiera contra la grave corrupción política o contra la impunidad que condena a los pobres dejando siempre absueltos a los poderosos, Brasil se ha echado últimamente a la calle. Aquí, al revés de otros lugares del planeta, no han existido los “indignados”.

Condenadas sin ambages las acciones violentas de los nuevos manifestantes para protestar contra lo que consideran servicios públicos deficientes y caros, hay sociólogos que prefieren ver en estas nuevas e inéditas manifestaciones una señal de madurez ciudadana, de toma de conciencia de la gente que desea ser también protagonista y partícipes del crecimiento de Brasil y forjadores de un futuro menos injusto y más democráticamente participativo.

Ojalá sea eso.

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