TENÍA RAZÓN THE ECONOMIST...

Muy lenta recuperación de Brasil (no le sirve a CFK)

El semanario The Economist había advertido que el equipo económico de Dilma Rousseff no le permitiría a Brasil recuperar el crecimiento vigoroso. Y esto se sigue confirmando a diario. Pese a los intentos por apuntalar el crecimiento, el gobierno de Dilma no tuvo demasiado éxito. Y regresó, pese a que afirmaban que no sucedería, el problema de la inflación. Cuando asumió Rousseff, el principal objetivo de la política económica fue contener la inflación. Una vez controlado el alza de precios, se implementaron a mediados de 2011 una serie de estímulos –como bajar la tasa de interés- para impulsar el nivel de actividad. Sin embargo, el año pasado el PBI creció sólo 0,9%. Ya en 2013, la inflación volvió a acelerarse: en marzo alcanzó 6,59% anual superando en 0,9 p.p. el techo de la meta fijado. Esto obligó al BCB a subir las tasas de referencia Selic... Para pensar en un crecimiento sostenido en el mediano y largo plazo, Brasil tendrá que atacar los problemas estructurales, recordó la consultora Ecolatina.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Ecolatina). Pese a los intentos del gobierno de Dilma Rousseff por apuntalar el crecimiento de la economía brasileña, parece no estar teniendo éxito. Para peor, este año se sumó un problema adicional: la inflación. En marzo la suba de precios superó el techo de la meta fijada por el Banco Central de Brasil –BCB-. Con la actividad que aún no responde y con el sector externo en problemas, las expectativas de crecimiento para este año vuelven a recortarse. 
 
Inicialmente, desde su asunción en enero de 2011, el principal objetivo de la política económica de Rousseff fue contener la inflación. Tal es así que para acotar el aumento de precios, se elevaron las tasas de interés, profundizando los problemas del Real apreciado.
 
Una vez controlada la inflación, Rousseff se dispuso a acelerar el crecimiento mediante una secuencia de estímulos (exenciones fiscales, aumento de aranceles para insumos extra Mercosur, abaratamiento del crédito, reducción de tasas, etc.) a lo largo de 2012. No obstante, el año pasado cerró con un magro crecimiento de 0,9%.
 
Ya en 2013, todavía con dificultades para reactivar la economía, la inflación volvió a acelerarse: en marzo de este año alcanzó 6,59% anual superando en 0,9 p.p. el techo de la meta fijado. Lo que a simple vista no parece claro es por qué a pesar del magro crecimiento la inflación no se contuvo. 
 
En primer lugar, el alza de precios se vio impulsada por el incremento en el poder adquisitivo de los brasileños durante la última década (planes sociales, salario mínimo, etc.). Gracias a las políticas inclusivas del gobierno de Rousseff, los salarios mejoraron notablemente (en 2012, el salario mínimo creció 8% en términos reales).
 
Mas aún, la tasa de desempleo se encuentra en niveles muy bajos lo cual ejerce una presión continua sobre las negociaciones salariares. 
 
Por último, la demanda de crédito creció sustancialmente, en particular por parte de aquellas personas que anteriormente no accedían al crédito y que luego de las mejoras en los ingresos formaron parte de la nueva clase media. 
 
Estas mejoras en el poder adquisitivo de los brasileños y el acceso al crédito fueron principalmente los que ayudaron a mantener el consumo pujante en 2012 (único factor dinámico de la demanda) presionando sobre el nivel de precios.   
 
Las mayores tensiones inflacionarias provinieron de los servicios que, a diferencia de los bienes, no son transables y no pueden ser importados. De hecho, en 2012 la inflación en servicios se situó 3 p.p. por sobre el nivel general de precios (8,7% vs. 5,8%).
 
Ante la aceleración de la inflación, el BCB volvió a subir las tasas de interés en abril luego de seis meses de permanecer invariantes en niveles mínimos, incrementándose 0,25 p.p (pasando de 7,25% a 7,50%).
 
Si la política para contener la inflación vía suba de tasas continúa, existe el riesgo de apreciar aún más la moneda, factor estructural que afecta de manera directa a la industria. En 2012 el sector se contrajo 2,7% pese a que el tipo de cambio se ubicaba en torno a R$/US$ 2.  En el primer trimestre de este año, la industria  prácticamente permaneció estancada (-0,2% i.a.).
 
Finalmente, las cuentas externas tampoco se alejan de la magra performance de la economía carioca: el déficit en Cuenta Corriente se ha profundizado en los últimos años. En el primer trimestre de 2013, las transacciones corrientes acumulan un rojo de U$S 24.858 M (-2,9 % PBI en el acumulado doce meses), el peor déficit desde septiembre de 2002. Lo que más sorprende, es que con tasas de crecimiento bajas, la Cuenta Corriente profundizó su déficit (cuando normalmente esto sucede en períodos de fuerte crecimiento). 
 
En este contexto, las expectativas de crecimiento para este año se van recortando cada vez más conforme pasan los meses. Las proyecciones pasaron de 4,5% a 3,5% a fines del año pasado para situarse en torno al 3% a principios de 2013, aunque podría haber más recortes en los próximos meses. 
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Con desbalances en distintos frentes, revertir el freno de la actividad y la aceleración de la inflación se convirtieron en tareas cada vez más difíciles. Los  estímulos coyunturales para sacar a la economía a flote chocan con factores estructurales que deben ser abordados para retomar un crecimiento a tasas elevadas. 
 
Factores estructurales que moderan el crecimiento
 
Después de varios intentos por reactivar la economía, parece que los plazos para revertir la situación son más largos de lo previsto. Cuesta entender por qué luego de años de crecimiento sostenido a un ritmo aceptable, la economía brasileña creció en torno al 4% anual en el período 2003-2010, pero lo hizo tan sólo a 1,8% promedio en 2011-2012. la actividad brasileña crece lentamente. Factores tanto endógenos como exógenos explican el menor desempeño de Brasil en los últimos dos años.
 
Durante el período 2003-2010, el crecimiento se sostuvo principalmente por una mejora significativa de la restricción externa. La devaluación de 2002 impulsó las exportaciones industriales hasta 2006 mientras que el boom del precio de commodities reforzó las ventas externas de productos básicos. A esto se sumó la masiva entrada de capitales financieros que financió buena parte de la expansión del crédito al consumo de los nuevos integrantes de la clase media brasilera. 
 
Por el contrario, en 2011-2012 con menor viento de cola, el período se caracterizó por bajo crecimiento e inflación cercana al techo de la meta fijada por el BCB producto de problemas de oferta y una demanda aún pujante.
 
Un reconocido economista de la Fundación Getulio Vargas, Yoshiako Nakano, planteó que el problema estructural que enfrenta Brasil responde a un “trío mortal”: apreciación cambiaria, elevada presión tributaria y alto costo de las tasas activas.
 
La valorización del Real durante los 2000´s y las mejoras en el poder adquisitivo de los trabajadores resultaron ser un gran estimulo para la demanda de productos no transables (servicios). Pero la apreciación cambiaria afectó negativamente a un sector clave: la industria, cuya productividad es superior a la media de la economía.
 
Por otra parte, el aumento de las tasas de interés para frenar la inflación y el elevado spread bancario (entre las tasas pasivas y activos) generaron un elevado costo de financiamiento respecto a sus principales socios comerciales. Pese a los avances para reducir las tasas durante 2012, la inversión cayó 4%, convirtiéndose en el componente más castigado de la demanda.
 
Finalmente, un factor no menor que deteriora la competitividad de la industria es la excesiva carga fiscal. El año pasado, ésta alcanzó el 37% del PBI (ratios similares a la OECD), lo cual acentúa los diferenciales de productividad entre la producción local y el resto del mundo.
 
En síntesis, Brasil enfrenta problemas tanto estructurales como coyunturales que frenan y limitan su crecimiento. La falta de inversión, la apreciación cambiaria, los diferenciales de tasas y la excesiva carga tributaria hacen de los servicios el único motor del crecimiento.
 
Para pensar en un crecimiento sostenido en el mediano y largo plazo, Brasil tendrá que atacar los problemas estructurales, apuntalando especialmente a la industria que por su importancia es vital en cualquier estrategia de desarrollo. Argentina debería tomar nota de lo que está sucediendo en Brasil, ya que el magro desempeño de la economía carioca afecta a nuestro país.

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