FIESTA EN SAN PEDRO

Francisco canonizó a 2 latinoamericanas y 813 mártires de musulmanes

Miles de personas esperaron desde temprano en la Plaza San Pedro, al papa Francisco para la canonización de sus primeros santos: los 813 mártires de Otranto, la 1ra. santa colombiana y 1 monja mexicana. La fachada de la basílica ostentaba las efigies de los nuevos santos. Francisco “heredó” estos santos de Benedicto XVI, quien el 11/02 anunció la canonización, durante el mismo concistorio en el que comunicó la decisión de renunciar al pontificado.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La Radio Vaticana indicó que con el canto de las Letanías de los Santos inició la misa presidida por el Papa en la Plaza de San Pedro para la canonización de 
 
> los 813 mártires de Otranto, 
 
> Laura de Santa Catalina de Siena Montoya y Upegui -fundadora de la Congregación de las religiosas misioneras de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada y de Santa Catalina de Siena-, y 
 
> María Guadalupe García Zavala, cofundadora de la Congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres.
 
El cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, acompañado por los postuladores, dirigió las tres “petitio” para pedir la canonización de todos estos beatos. Y Francisco, con la fórmula de canonización, pronunciada en latín, los proclamó santos. 
 
Para empezar, porque su historia se encuadra en el contexto bélico entre cristianos y musulmanes que en el siglo XV marcó las relaciones entre Europa y el Imperio Otomano, corría el año de 1479 cuando con un ejército de 150 buques y 15.000 soldados los turcos atacaron la ciudad de Otranto, en el tacón de la 'bota' italiana. Los 6.000 habitantes que tenía esa localidad fueron invitados por los turcos a rendirse y a convertirse a la fe musulmana. Pero ellos se negaron, y Otranto fue atacada, saqueada y su arzobispo asesinado.
 
El comandante turco ordenó al día siguiente que todos los hombres de más de 15 años que hubieran sobrevivido al asedio, 813 en total, fueran conducidos al campamento otomano. Allí se les invitó de nuevo a apostatar. Un humilde artesano textil llamado Antonio Pezzuella, dijo que no, en nombre de todos. Él dijo que preferían mil veces morir antes que renegar de Cristo. El comandante turco ordenó que fueran ejecutados todos ellos.
 
Eos 813 mártires de Otranto tienen un significado especial para este Papa: fueron beatificados en 1771 por el Clemente XIV, un pontífice que era franciscano (Bergoglio ha elegido el nombre de Francisco, en honor a Francisco de Asís) y que suprimió a la compañía de Jesús (Bergoglio es jesuita).
 
Luego, fue durante el pontificado del predecesor de Francisco, Benedicto XVI, cuando se decidió que los de Otranto debían ser canonizados. Y fue el 11/02, en un consistorio del colegio cardenalicio, cuando luego de la votación, Benedicto XVI anunció sorpresivamente, en latín, su decisión de dimitir como Papa.
 
Tras preguntarse ¿dónde encontraron la fuerza para permanecer fieles?, Francisco respondió que precisamente en la fe, que nos hace ver más allá de los límites de nuestra mirada humana, más allá de la vida terrena, hace que contemplemos “los cielos abiertos” –como dijo otro mártir, Esteban, el del Pentecostés– y a Cristo vivo a la derecha del Padre. 
 
“Conservemos la fe que hemos recibido y que es nuestro verdadero tesoro, renovemos nuestra fidelidad al Señor, incluso en medio de los obstáculos y las incomprensiones. (...) pidamos a Dios que sostenga a tantos cristianos que, precisamente en estos tiempos y en tantas partes del mundo, todavía sufren violencia, y les dé el valor para ser fieles y para responder al mal con el bien”, dijo Bergoglio. 
 
Acerca de la primera santa nacida en la tierra colombiana, Laura Montoya, el Pontífice afirmó que “nos enseña a ser generosos con Dios, a no vivir la fe solitariamente -como si fuera posible vivir la fe aisladamente-, sino a comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida allá donde nos encontremos. Nos enseña a ver el rostro de Jesús reflejado en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo, acogiendo a todos sin prejuicios ni reticencias, con auténtico amor, dándoles lo mejor de nosotros mismos y, sobre todo, compartiendo con ellos lo más valioso que tenemos: Cristo y su Evangelio”.
 
De la religiosa mexicana Santa Guadalupe García Zavala el Papa dijo que “renunciando a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús, enseñaba a amar la pobreza, para poder amar más a los pobres y los enfermos. La Madre Lupita se arrodillaba en el suelo del hospital ante los enfermos y los abandonados para servirles con ternura y compasión”. Porque la Madre Lupita había entendido lo que significa “tocar la carne de Cristo”.
 
“Son ejemplos luminosos y lecciones que nos ofrecen los santos que hemos proclamado hoy, pero que también cuestionan nuestra vida de cristianos: ¿Cómo es mi fidelidad al Señor? ¿Soy capaz de ‘hacer ver’ mi fe con respeto, pero también con valentía? ¿Estoy atento a los otros? ¿Percibo quién padece necesidad? ¿Veo a los demás como hermanos y hermanas que debo amar?”, se preguntó el papa Bergoglio.

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