AÑOS MÁS TARDE...

Crecen los parecidos entre Cristina y Menem

Los puntos de contacto entre la gestión de Carlos Menem y la de Cristina Fernández parecen reproducirse al punto de enterrar en lo más profundo aquella promesa que Néstor Kirchner hacía en su discurso de asunción: "traje a raya para los evasores" y aseguraba que "no habrá cambio confiable si permitimos la subsistencia de ámbitos de impunidad. Una garantía de que la lucha contra la corrupción y la impunidad será implacable, fortalecerá las instituciones sobre la base de eliminar toda posible sospecha sobre ellas"... Al fin y al cabo, una promesa similar había hecho el propio Menem en 1989.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (El Cronista) Despotricó contra los '90, pero se fue menemizando. El gobierno de Cristina Kirchner acumula cada día más coincidencias con el de Carlos Menem, aunque en el 2003 Néstor Kirchner se presentó como la contracara del modelo noventista.
 
Salvando las distancias, el kirchnerismo tiene en Amado Boudou a su propia María Julia Alsogaray, investigada por irregularidades en la función pública. Justamente, los casos de corrupción ignorados desde lo más alto del poder son otro punto de contacto. En el kirchnerismo, como en el menemismo, no hay castigo ni apartamiento para los funcionarios sospechados. 
 
Si Menem tuvo su "venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador", entre otros tantos casos emblemáticos, Cristina Kirchner también cuenta en su haber dos investigaciones judiciales que impactan en la transparencia de su gestión: en 2011 los fondos públicos desviados desde Sueños Compartidos, una asociación creada para la construcción de casas por las Madres de Plaza de Mayo. Y recientemente, las denuncias por lavado de dinero que involucran a un empresario del entorno de la familia Kirchner. 
 
Es el santacruceño Lázaro Báez, que pasó de cajero de banco a ultramillonario gracias a licitaciones obtenidas durante la gestión K, podría compararse con Alfredo Yabrán, el mega empresario postal, que tuvo un crecimiento sideral por los negocios con el Estado durante el menemismo.
 
Menem también se obsesionó por manejar a los jueces y sus tribunales. Una ley sancionada el 5 de abril de 1990 en el Congreso, disfrazada de institucionalidad, elevó de cinco a nueve los miembros del Alto Tribunal, y así obtuvo durante su década de gloria una Corte Suprema adicta, facilitadora de su plan de privatizaciones. 
 
Claro que nunca llegó a proponer y sancionar una reforma judicial como la que se aprobó esta semana en el Congreso por orden de la Presidente, quien ignoró sistemáticamente los cuestionamientos de la oposición, los magistrados, las asociaciones civiles y hasta un comunicado de las Naciones Unidas. Todos advirtieron que la ley es un peligroso avance sobre la independencia de la Justicia. Pero justamente, esa es la idea de Cristina y Carlos Zannini, el Corach-Bauzá de esta época. Si antes se cuidaban las formas o se ensayaba un debate como durante la Ley de Medios, hoy las urgencias políticas desnudaron el fondo de la cuestión abiertamente. 
 
La magistrada estrella de los '90 fue María Servini de Cubría, como lo es hoy para el kirchnerismo el juez federal Norberto Oyarbide.
 
El magistrado entrerriano maneja varias causas sensibles para el Gobierno nacional, especialmente después de que en 2009 sobreseyera al matrimonio Kirchner en la investigación por enriquecimiento ilícito. Las declaraciones juradas del matrimonio mostraron un aumento patrimonial del 572 por ciento desde el 2003 al 2009. Oyarbide cerró la causa. 
 
Si algo faltaba, la revelación de la ex secretaria de Néstor Kirchner, Miriam Quiroga, sobre bolsos con dinero que habría trasportado el ex secretario privado presidencial, Daniel Muñoz, una denuncia que deberá dilucidar la Justicia, también se conectan con otro secretario privado. Ramón Hernández, quien ocupó ese cargo durante el menemismo, y sobre quien también cayeron denuncias por enriquecimiento. 
 
Hay una faceta en la que sorprendentemente también se rozan los comportamientos políticos deMenem y Cristina. En los '90 no existía Twitter, pero el riojano logró inmortalizar en sus discursos frases como "estamos en el primer mundo", "estamos mal, pero vamos bien", o como cuando aseguró seriamente en 1996 que "dentro de poco llegaremos de Argentina a Japón en una hora volando en cohete por la estratosfera". Fueron palabras que permanecieron en el tiempo.
 
Algunos tuits de la Presidente también serán recordados. Como cuando contó hace una semana que es fanática de la serie "Games of Thrones". "Me encanta.Cuando los de DirecTV vinieron a verme para anunciar nuevas inversiones les pedí, si por favor podían traerme la tercera temporada", fue una de sus revelaciones, siempre matizadas con una palabra en inglés, a pesar de que no lo habla con fluídez. Desde Caracas, durante los funerales de Hugo Chávez tuiteó: "Leisbeth, me quiso llevar a un salón especial, pero yo preferí ir a un baño. Why? Luego de recibir al boxeador Maravilla Martínez escribió: "Navegando en superficie y con la bandera argentina ondeando. Very, very good".
 
Recibir a estrellas internacionales también es otro espacio de coincidencia con los '90. La Presidente no recibe a dirigentes opositores, pero ha tenido lugar en su agenda para sentarse con Roger Waters, Ricky Martin, Roger Federer o Madonna.
 
De la pesificación a la dolarización ficticia de la convertibilidad fueron la marca registrada del menemismo. El kirchnerismo quiso invertir ese círculo histórico. Y lo logró mientras vivió Néstor Kirchner, un convencido de que el dólar no debía ocupar el centro de las preocupaciones de los argentinos por sus consecuencias instantáneas de desconfianza política. Hoy, el blanqueo volvió a activar el círculo y regresó a los argentinos de la pesificación compulsiva a la revaloración del dólar como preservación del ahorro. 
 
Hace casi exactos diez años, Néstor Kirchner prometía en su discurso de asunción "traje a raya para los evasores", y aseguraba que "no habrá cambio confiable si permitimos la subsistencia de ámbitos de impunidad. Una garantía de que la lucha contra la corrupción y la impunidad será implacable, fortalecerá las instituciones sobre la base de eliminar toda posible sospecha sobre ellas". Cristina hoy lo contradice.
 
También Menem había dicho, cuando asumió en 1989,"declaro a la corrupción delito de traición a la patria". Y termina siendo, a la luz de la realidad, otra coincidencia con formato de promesa incumplida.

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