DEL PAPA A LOS VALDENSES

Sobre la valentía de los cristianos

Todos los cristianos tienen el deber de transmitir la fe con valentía: fue la exhortación que pronunció el papa Francisco ante los fieles que estaban presentes en la capilla de la Domus Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana. El pontífice católico apostólico romano subrayó que "Jesús nos invita a ser valientes incluso en la oración", por lo que exhortó a los cristianos a no ser "tibios". La reflexión ayuda a recordar algunos casos notables de valor cristiano como el de los valdenses, aunque ese ejemplo remuerda algunas conciencias en Roma.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). "Que el Señor nos dé a todos nosotros" la "gracia de la valentía" y de la "perseverancia" en la oración, dijo el papa Francisco. "Todos nosotros los cristianos que hemos recibido la fe", dijo, "debemos transmitirla, debemos proclamarla con nuestras vidas, con nuestras palabras. Y transmitirla nos exige ser valientes: la valentía para transmitir la fe. Una valentía, que a veces, es simple. Yo recuerdo (perdonen) una historia personal: cuando era niño, cada Viernes Santo mi abuela me llevaba a la Procesión de las Velas y al final de la Procesión llegaba el Cristo yacente, y la abuela hacía que nos arrodilláramos y nos decía, a nosotros que eramos niños: “Miren: está muerto, pero ¡mañana resucitará!”."
 
En la Misa, concelebrada con el arzobispo Claudio Maria Celli (presidente del dicasterio de las Comunicaciones Sociales) estaban presentes algunos integrantes de la Guardia Suiza Pontificia con su comandante, Daniel Rudolf Anrig. Al final de la celebración, el Papa les dirigió un saludo especial, por su "hermoso testimonio de fidelidad a la Iglesia" y de "amor por el Papa".
 
El papa Bergoglio dijo que cuando la Iglesia pierde la valentía, "entra a la Iglesia la atmósfera de la tibieza. Los tibios, los cristianos tibios, sin valentía. Esto hace mucho daño a la Iglesia, porque la tibieza te lleva hacia adentro... comienzan los problemas entre nosotros, perdemos los horizontes, perdemos la valentía, no nos queda ni siquiera la valentía de la oración hacia el cielo y tampoco la valentía para anunciar el Evangelio. ¡La Iglesia debe ser valiente! ¡Nosotros debemos ser valientes y aceptar el desafío de Jesús en la oración!".
 
No se conoce con precisión el número de seguidores que pudo alcanzar el cristianismo en vida de Jesús de Nazaret, ni cuántos seguían dentro de la comunidad cristiana por él fundada tras su muerte, ajusticiado por las autoridades seculares. 
 
Sin embargo, sí se conoce que luego del Pentecostés (el derramamiento del Espíritu Santo), la joven Iglesia obtuvo una expansión notable, y apenas algunos años después, Pablo de Tarso pudo llegar a predicar a diversos grupos cristianos ya establecidos en el Oriente Próximo.
 
El territorio de todo el Imperio Romano fue cubierto por iglesias cristianas. El sociólogo Rodney Stark, quien estudió diversas fuentes históricas para su libro El Auge del Cristianismo, concluyó que hacia el año 300 d. C., el cristianismo estaba difundido tanto entre las clases populares como en un número de personas adineradas e influyentes de la sociedad romana. Stark afirmó que entre el 10% y el 25 % de la población del Imperio ya era cristiana.
 
Luego, con la controvertida conversión del emperador Constantino, el cristianismo se convirtió en religión del Estado. Hacia el siglo V, la población no cristiana del imperio se concentraba masivamente en zonas rurales (pagi), y acabó llamándose paganismo por ser importante sólo esas zonas.
 
Volviendo al mensaje del Papa, acerca de la valentía de los cristianos, han ocurrido casos notables de valentía, a lo largo de los años. Por ejemplo, el caso de los valdenses fue admirable. Nadie puede negarle a los valdenses su fe cristiana.
 
De acuerdo con los archivos de la Inquisición, en Carcassonne, Francia, el movimiento de los "Pobres de Lyon" comenzó hacia 1170, bajo la dirección de un francés de Lyon llamado Vaudes, Valdés, Waldo o Pedro Valdo.
 
Sin embargo, historias más confiables que las del Tribunal de la Santa Inquisición y del Santo Oficio (hoy día llamado Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe), afirman que los valdenses constituyen un eslabón en la cadena ininterrumpida de cristianos que guardaban la Fe original, no contaminada por la asociación con el Estado, sus soldados mercenarios persas y otras cuestiones, que surgieron entre la época del emperador Constantino (siglo IV) y los reformadores protestantes del siglo XVI. 
 
¿Por qué la Iglesia Católica perseguía a aquellos cristianos devotos?
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Bueno, no siempre fue así porque los valdenses primitivos se consideraban a sí mismos como un remanente fiel de la verdadera Iglesia Cristiana tras la época del papa Silvestre (314-335 d. C.).
 
O sea que en el Vaticano ocurrió un cambio de dogma, sin duda de objetivos, y probablemente el poder de la Fe devino en apenas la búsqueda del poder terrenal, y porque los valdenses lo denunciaban, fueron perseguidos, poniendo a prueba su valentía y sus convicciones.
 
Se dice que Pedro Valdo era un comerciante adinerado de Lyon, casado y padre de 2 hijas, católico practicante, quien en 1177, tras la muerte repentina de un conocido, le pidió a un amigo teólogo que le diera consejo de las Escrituras en cuanto a lo que debía hacer para agradar a Dios. 
 
En respuesta, su amigo citó el evangelio de Mateo 19:21, que se refiere al relato del encuentro de Jesús con el joven rico: "Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes y da a los pobres y tendrás tesoro en el cielo y, ven, sé mi seguidor."
 
Aparentemente, Valdo decidió hacerlo. Así, después de proveer para el sustento de su esposa y colocar a sus 2 hijas en un convento, comisionó a 2 sacerdotes, Etienne d'Anse y Bernard Ydros, para que tradujeran los Evangelios (los escritos de Mateo, Marcos, Lucas, y Juan) al idioma vernáculo —el occitano— que se hablaba en las regiones de la Provenza y el Delfinado (actualmente, el sudeste de Francia). 
 
Eso estaba muy mal visto por el Vaticano. Deberá recordarse que un hecho impactante que consiguió Lutero, muchos años después, fue la traducción e impresión del Nuevo Testamento al alemán popular.
 
Valdo distribuyó el resto de sus posesiones entre los pobres y se puso a estudiar la Biblia, predicó en las calles de Lyon, invitando a los habitantes a regresar al cristianismo original, haciendo énfasis en una declaración de Jesús: "No podéis servir a dos amos, a Dios y al Dinero" (Mateo 6:24, Lucas 16:13).
 
A causa de que Valdo había sido bien conocido como próspero hombre de negocios, muchas personas le escucharon y se organizó un grupo de seguidores, felices de la lectura de grandes porciones de la Biblia en su propio idioma. De pronto, muchas personas convinieron en renunciar a sus bienes y dedicarse a enseñar la Biblia en el idioma de la gente común, y se les llegó a conocer como los "Pobres de Lyon". Para ellos, cualquier cristiano, fuera hombre o mujer, podía predicar siempre y cuando tuviese suficiente conocimiento de las Escrituras.
 
De pronto hubo un movimiento valdense, en el que confluyeron también los Pobres de Lombardía, continuadores de los Humiliati o Arnaldistas, seguidores de Arnaldo de Brescia, y posiblemente Petrobrusianos, seguidores de Pedro de Bruys y Enricianos, de Enrique de Lausana.
 
Aquella predicación laica provocó que en 1179, el papa Alejandro III, a quien Valdo había apelado para persistir en su actividad, prohibiese a Valdo y sus seguidores predicar sin el permiso del obispo local. 
 
El obispo Bellesmains de Lyon rehusó dar su consentimiento por considerar que se estaba predicando un evangelio diferente. No siempre hay gente sincera en el cristianismo. "Por sus frutos los conocereís".
 
Los registros históricos indican que, ante esta proscripción, Valdo respondió a la jerarquía usando las palabras de los Hechos de los Apóstoles: "Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres."
 
Luego, el papa Lucio III los excomulgó en 1184 y el obispo de Lyon los expulsó de la diócesis.
 
El edicto de excomunión, que se extendió contra ellos en el año 1181, les obligó a salir de Lyon. Pedro Valdo llegó hasta Polonia, donde murió en 1217 después de 57 años de predicación de las doctrinas valdenses. Es muy probable que las prédicas valdenses influyeran sobre el sacerdote católico checo Jan Hus y dieran así origen a la iglesia de los husitas, otra extraordinaria demostración de valentía cristiana.
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Los valdenses recorrieron el sur de Alemania, Suiza, Francia y llegaron a España, en especial en Catalunya. El hecho de que 2 concilios y 3 reyes se hayan ocupado de expulsarlos de España demuestra que su número debía ser considerable.
 
El clero católico, alarmado, pidió al papa Celestino III que tomase medidas contra ese movimiento. El papa mandó un delegado en 1194, quien convocó la asamblea de prelados y nobles en Mérida, asistiendo personalmente el rey Alfonso II de Aragón, quien dictó el siguiente decreto:
 
"Ordenamos a todo valdense que, en vista de que están excomulgados de la Santa Iglesia, son enemigos declarados de este reino y tienen que abandonarlo, e igualmente todos los estados de nuestros dominios. En virtud de esta orden, cualquiera que desde hoy se permita recibir en su casa a los susodichos valdenses, asistir a sus perniciosos discursos o proporcionarles alimentos, atraerá por esto la indignación de Dios Todopoderoso y la nuestra; sus bienes serán confiscados sin apelación y será castigado como culpable del delito de lesa majestad; además cualquier noble o plebeyo que encuentre dentro de nuestros estados a uno de estos miserables sepa que si los ultraja, los maltrata o los persigue, no hará con esto nada que no nos sea agradable".
 
Desde entonces, la persecución se hizo sentir con violencia: en una sola ejecución, 114 valdenses fueron quemados vivos y sus cenizas echadas al río Ter en Gerona. 
 
Muchos lograron esconderse, huir hacia las montañas. Pero el mensaje era vibrante: se afirma que el propio obispo de Huesca, notable prelado de Aragón, fue un protector decidido de los valdenses. Siempre hay gente tan piadosa como sincera.
 
Pero las persecuciones no cesaron, llegando a su apogeo hacia 1237, siempre con la condena de morir en la hoguera.
 
Los valdenses se refugiaron en los Alpes y por toda la Occitania.
 
A principios del siglo 13, podían hallarse valdenses en el sur de Francia y el norte de Italia, en Flandes, Alemania, Austria y hasta en Bohemia.
 
El inquisidor de Passau (Baviera) afirmó que, pese a la persecución, en su distrito había 42 poblaciones donde los valdenses habían echado raíces; y en Austria, el inquisidor Krens hizo quemar vivos, a principios del siglo 14, a 130 valdenses. Pero en Austria había unos 80.000 devotos valdenses.
 
En Italia, los valdenses tenían un ministerio itinerante muy organizado. En Lombardía, los discípulos de Arnaldo de Brescia, gran opositor del Papa a pesar de que nunca llegó a separarse de la Iglesia Católica Romana, y fue quemado vivo en 1155, se relacionaron con los valdenses en la predicación del Evangelio. 
 
En 3 de los valles del Piamonte, Lucerna, Perusa y San Martín, los valdenses formaron pueblos enteros. 
 
Perduran comunidades valdenses en los valles orientales de los Alpes Cotios, en especial en la cuenca alta del río Dora Riparia, en las ciudades de Oulx y Susa, hablándose allí aún el occitano e incluso el arpitano.
 
Todo ese ejemplo de valentía en el testimonio de la fe ocurrió más de 340 años antes de que se produjese el movimiento espiritual de la Reforma.
 
Reinerius, inquisidor de Passau en el siglo XIII, llegó a decir de los valdenses:
 
"Entre todas las sectas que existen o que han existido, no hay ninguna más perniciosa para la iglesia que la secta de los Lyoneses; y esto por tres razones: La primera por su gran antigüedad, pues algunos dicen que los valdenses se remontan al tiempo de Silvestre y hasta hay quien asegura que al tiempo de los apóstoles. La segunda porque es la más extendida y apenas si hay un país donde no exista esta secta. La tercera razón es que, mientras todas las demás sectas despiertan horror y la repulsa de sus oyentes por sus blasfemias en contra de Dios, ésta demuestra una gran semblanza de piedad; tanto que sus adherentes viven justamente delante de todos los hombres y creen en todos los artículos del Credo, respetando en todo a Dios: Solamente blasfeman de la Iglesia y del clero romanos; por esto tan grandes multitudes de laicos les prestan atención".
 
También escribió:
 
"Los herejes valdenses se distinguen por su comportamiento y el habla. Son impasibles y sensatos. No se esfuerzan en llamar la atención con vestidos extravagantes o indecorosos. No son comerciantes con el fin de evitar mentir, jurar o engañar. Viven únicamente del trabajo artesano de sus manos. También sus maestros son tejedores y zapateros. No acumulan riquezas, sino que se contentan con lo necesario para vivir. Comen y beben con moderación, no frecuentan posadas ni van a bailes u otros lugares de mala reputación. Son lentos para la ira. Son trabajadores, se dedican a aprender y a enseñar. Les reconocerán por su manera de hablar: con cordura y veracidad. No difaman, no hablan con palabras vulgares o vacías. Evitan toda expresión que pueda ser mentirosa o de juramento. No dirán 'sinceramente' o 'de verdad', sino que se limitarán a decir 'sí' o 'no'. Según ellos hacen así porque Jesús lo ordenó en Mateo 5:37".

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