En el río, y en los mares, "el" hombre es Omar Suárez, el titular del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU). Suárez manifestó, en cuanto acto y ocasión pudo, su afinidad con el modelo propuesto por Néstor Kirchner. Recargó su fidelidad con Cristina Fernández y enfrentó a Moyano. Su poderoso y numeroso sindicato abandonó la CATT y la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval (Fempinra), dos bastiones fieles al camionero.
Sin embargo, no se tuvieron en cuenta los consejos de Suárez, y se nombró a Tettamanti, un empresario naval marplatense que con su astillero en Mar del Plata (SPI) factura US$16 millones por año sólo en reparaciones, según informa el diario 'La Nación'. En Campana, Tettamanti preside el astillero Alnavi, uno de los dos que tiene el país con capacidad para hacer barcazas en serie.
Al recibir la noticia, Tettamanti se desempeñaba como representante de Buenos Aires en el Consejo Federal Pesquero y secretario de Relaciones Institucionales de la Municipalidad de Mar del Plata. Su intendente, Gustavo Pulti, le acercó el dato a Randazzo. Habrían oficiado de garantes de la designación los diputados Carlos Kunkel y Carlos Heller.
Suárez se llamó en estos días a silencio. Allegados dejaron trascender que el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, lo llamó para celebrar el nombramiento. Aparentemente, en el críptico círculo presidencial el dato de que Tettamanti no era "hombre de Suárez" no llegó a tiempo. "Llegó para limpiar todo", dijeron fuentes que mantuvieron contactos reservados con Tettamanti en estos días, en alusión a una purga definitiva de todo reguero moyanista que quede en funciones en las áreas vinculadas con el transporte.
En el puerto la partida de Vecslir no cayó nada bien. El técnico bahiense logró pacificar el puerto y alinear a los concesionarios en pos de la modernización de la terminal. Será reemplazado por otro técnico, Sergio Borrelli, vicepresidente de la Cámara de Actividades de Practicaje y Pilotaje, de buena llegada a empresarios y sindicalistas.