NOVELA SOBRE IMPUESTOS

"Si se reforman los Códigos, ¿por qué no una reforma impositiva?"

Guillermo LoCane, contador público nacional, acaba de producir un hecho inusual: él escribió “La Novela del Mínimo no Imponible”, la publicó en internet y con descarga gratuita. Propone una vía de solución. LoCane es egresado de la FCE-UBA, tributarista y periodista económico. Desde 2008 tiene su propio blog en perfil.com y además publica en la sección Clases Magistrales de la revista Noticias de la Semana. LoCane Habló con Urgente24.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). "El primer impuesto a los réditos, como también se lo conoce, data de 1797, lo recaudó la República Bátava, es decir, Holanda. La siguió Gran Bretaña, en 1799. Como la mayoría de los nuevos gravámenes, se implantó a título temporario para sufragar los gastos de guerra. Lograda la paz, el primer ministro inglés, Henry Addington, juró solemnemente que jamás se volvería a cobrar en el Reino Unido. Pero el gobierno británico lo reimplantó tiempo después, para nunca más derogarlo.
 
Uno de los hechos más destacados del siglo XX, y en particular de su segunda mitad, es que, en todo el mundo, los gobiernos fueron requiriendo una proporción cada vez mayor de impuestos, principalmente para costear los crecientes gastos de lo que se conoce como el Estado Benefactor.
 
En el ámbito del impuesto a la renta, quedaron alcanzadas las rentas de capital (intereses, dividendos, regalías) y de la propiedad (todo tipo de alquileres de muebles e inmuebles, urbanos y rurales), los honorarios de profesionales, de directores de empresas, y los sueldos de gerentes y empleados del más alto rango. Todos ellos sujetos a una escala progresiva y con previa deducción de un monto no imponible que se estimaba necesario para solventar el costo de vida.
 
En la Argentina el impuesto a los réditos se implantó en 1932 con carácter de emergencia y por tres años, pero estuvo vigente hasta 1973.
 
En ese año fue reemplazado por actual Impuesto a las Ganancias. Nadie duda de su inevitable continuidad.
 
Ambos ya preveían que la cuarta categoría del impuesto alcanzara a los ingresos del trabajo. Y establecían en su articulado montos anuales de deducciones admitidas y mínimos no imponibles correspondientes.
Incluso desde hace muchos años, suponiendo que el flagelo de la inflación (así se lo calificaba) duraría por siempre, se estableció en la misma ley, que esos montos debían actualizarse automáticamente, conforme fuera evolucionando el aumento de los índices generales de precios. Disposición que aún mantiene su vigencia, aunque no su aplicación.
 
Lo que nadie pudo prever es que, por un lado, el organismo encargado de llevar la estadística nacional de los indicadores de precios, los iba a distorsionar. Y, por el otro, que el gobierno de turno fuera a tomar a su cargo la corrección anual de esos valores, y lo hiciera en forma arbitraria, demorada y mezquina, provocando, que, con el trascurso de los años, el impuesto alcanzara el ingreso de más y más trabajadores en forma creciente.
 
Convirtiendo, de esta manera, a los contribuyentes de todas las categorías, pero especialmente a los de la cuarta categoría, que no “viven” de rentas, sino de su trabajo, en “rehenes” de un impuesto que,
legalmente, los incluye, pero que no fue ideado ni diseñado para que la suma de lo retenido y pagado por cientos de miles de empleados y autónomos, terminara resultando un componente principal de la
recaudación que logra este impuesto sobre las personas físicas.
 
Una minoría, por supuesto, dentro del conjunto de la masa trabajadora.
 
Pero, una minoría que en los últimos años alcanzó la considerable cifra del millón y medio de personas. Muchas de ellas, las más calificadas y de mayor esfuerzo laboral, lo que las convierte en el pelotón de avanzada en la labor cotidiana del engrandecimiento del país."
 
 
Guillermo LoCane es un contador público con preocupaciones más allá de la contabilidad y los impuestos. LoCane buscó un equilibrio entre su formación profesional y sus aficiones, y escribió una novela... en base al Impuesto a las Ganancias. Escribir acerca del recaudador de impuestos no es una novedad pero sí una rareza, que en la Argentina de los Kirchner, con tanta presión impositiva, resulta una trama fascinante. Pero, además, LoCane le agregó otras aficiones. Así, él menciona en la introducción a su novela la canción Taxman, letra y música de George Harrison, incorporada al álbum Revolver, de The Beatles (1966). La letra del tema musical es bien crítica de todos los integrantes de la gran familia de Ricardo Echegaray, con la que debe convivir a diario LoCane. La traducción es:
 
"Deja que te diga cómo es:
Uno para ti, diecinueve para mí
Porque soy el recaudador de impuestos
Agradéceme que no me lo lleve todo.
Si conduces un coche, cobraré un impuesto por la calle.
Si quieres sentarte, cobraré un impuesto por la silla.
Si tienes mucho frío, cobraré un impuesto por la calefacción.
Si te vas de paseo, cobraré un impuesto por los pies.
Porque soy el recaudador de impuestos.
Sí, soy el recaudador de impuestos.
No me preguntes para qué lo quiero
Porque soy el recaudador de impuestos
Sí, soy el recaudador de impuestos
Y sólo trabajas para mí".
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Vamos al diálogo:
 
-¿Por qué una novela sobre el Mínimo no Imponible?
 
-Hace rato que yo quería escribir sobre este tema, que es el conflicto tributario más prolongado que haya tenido que enfrentar gobierno alguno en la Argentina y, por lejos, el que más personas afecta. Pero no quería hacer un libro técnico, sino algo para el gran público. Para el trabajador que te dice: Usted que es contador ¿Me puede explicar por qué siendo yo un simple asalariado tengo que pagar impuesto a las ganancias? Pero, cuando vos terminabas de explicarle, te replica: “Todo muy lindo, Contador. Ahora, lo que yo sé, es que  la ganancia es del empresario y el sueldo es del trabajador. Pero desde hace unos años, a cualquier simple empleado le vienen cepillando el sueldo bárbaramente con esa maldita 4ta. categoría del Impuesto a las Ganancias y la historia de tener que pedir, todos los años, que suban los mínimos y las deducciones, con las vueltas que dan en el gobierno cada vez que tienen hacerlo, se parece más a una telenovela que a otra cosa”.
 
-¿Pero por qué la descarga gratuita en internet?
 
-Miles de contribuyentes que no viven de “rentas” sino de su trabajo, ven cómo, año tras año, van quedando rehenes de un impuesto, que legalmente los incluye, pero que fue ideado para afectar principalmente las ganancias financieras, empresarias y de la propiedad. Pero, el tema del Impuesto a las Ganancias es un asunto complejo para el gran público. Para hacerlo más compresible, pensé que era necesario presentarlo a la mayor cantidad de gente en forma sencilla, y si es amena, mejor. El libro es la historia novelada del conflicto. Obviamente, los personajes centrales se llaman Hugo y Cristina.
 
-Entonces, es una ficción que no es ficción...
 
-Exacto. La trama  es bien real. Cuenta la contienda de empleados y autónomos para evitar o reducir el efecto del impuesto a las ganancias sobre sus bolsillos, frente a la decisión del Fisco de aprovechar el retraso en el monto del piso del impuesto, para mejorar la recaudación del gravamen. Esta reiterada disputa en torno a los mínimos no imponibles y deducciones del Impuesto a las Ganancias, se va presentando como una especie de entrega por capítulos a lo largo del libro.
 
-¿La historia llega hasta la actualidad?
 
-Lamentablemente el tema no ha tenido una solución satisfactoria permanente. Pero nuestra historia se cierra en el verano del 2012, con dos hechos muy particulares. Dos cartas. Una, del personaje masculino estelar de este culebrón, el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, quien, en amargo texto, expone sus cuitas a la Presidente de la Nación (el personaje femenino de la novela), en lo referente a diversas cuestiones de su interés y, en particular, los mínimos no imponibles del Impuesto a las Ganancias. La otra carta, la escribe y publica un personaje inesperado. Un intelectual totalmente alejado de las ciencias económicas y de la teoría y técnica impositiva, Mempo Giardinelli, desde el más puro sentido común, se dirigió a la Presidente, preocupado por temas de actualidad, pero comenzó, precisamente, con esta oración: “Es un principio de elemental justicia, o debería serlo, que los trabajadores asalariados no deben tributar el Impuesto a las Ganancias”.
 
-Ahora, el problema del piso del Impuesto a las Ganancias, afecta también a los autónomos, ¿o me equivoco?
 
-No se equivoca. Los autónomos son injustamente discriminados en el monto de la deducción especial admitida. El argumento (no oficial,  por supuesto), es que ellos tienen más posibilidades de disminuir su carga impositiva que los empleados en relación de dependencia, simplemente  evadiendo el impuesto, y por eso se los castiga a todos por igual. Tanto el Colegio como el Consejo de nuestra profesión han denunciado esto en reiteradas oportunidades.
 
El tema tiene muchas aristas complicadas. Una de ellas es la “otra” tablita (José Luis) Machinea que todavía tiene la ley: La tabla del artículo 90°, que es con la cual se liquida el gravamen y cuyos tramos no se ajustan desde 1999. Los montos desactualizados hacen que los tramos inferiores hayan perdido vigencia y que la mayoría de las ganancias imponibles paguen con las tasas de los tramos superiores, llegando rápidamente al extremo (35%).
 
-La trama parece no tener fin, pero debería empezar a tener solución. ¿Cómo?
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-Pienso que así como el gobierno recientemente abrió a debate e hizo una acertada convocatoria para estudiar la reforma a los Códigos, es necesario y urgente hacer lo propio con una cuestión que no puede esperar más: Una reforma estable de los impuestos. Empezando, ¿por qué no?, con la 4ta. categoría del Impuesto a las Ganancias. 
 
 
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"La noticia le cortó el sueño al presidente Néstor Kirchner. Con los primeros –y confusos– reportes de madrugada desde Las Heras empezaba a configurarse una crisis cuya onda expansiva golpeaba de lleno al gobierno nacional.
 
Antes del amanecer se confirmó lo peor: por primera vez en la era Kirchner una protesta social terminaba con un muerto. Y ocurría nada menos que en Santa Cruz, el distrito del Presidente, y como
consecuencia de la disputa recurrente de los trabajadores petroleros del norte de la provincia. La conmoción en la Casa Rosada fue inmediata.
 
La muerte del suboficial Sayago puso al Gobierno frente al más grave suceso social desde los tormentosos 2001-2002 y planteó un todavía incipiente debate interno sobre la eficacia de la política aplicada hasta el momento para solucionar los piquetes y las manifestaciones violentas. Una primera consecuencia del impacto que causó la noticia resultó la decisión urgente de intervenir que tomó el Presidente en
persona. Antes de que terminara la balacera frente a la comisaría de Las Heras, desde Buenos Aires partió la orden para movilizar a 100 gendarmes desde la cercana localidad de Pico Truncado. Y a la
mañana otros 200 efectivos empezaron a alistarse en Campo de Mayo.
 
Hubo sorpresa en Buenos Aires. También en Río Gallegos. El gobernador -que manejó la SIDE al inicio de esta gestión- dijo desconocer que los delegados petroleros tenían poder de fuego. Esta protesta lleva varias semanas y nadie puede transitar por las rutas que van a los yacimientos. Los manifestantes habían amenazado en varias ocasiones anteriores que volarían los tanques de crudo.
 
¿Nadie imaginó que pudiera ser algo más que una bravuconada?
 
Hasta ese momento, el gobierno venía prestando poca atención a los reclamos sindicales por el asunto en cuestión.
 
La obsesión por lo que luego se conocería como “La Kaja”, era el motivo principal para demorar un ajuste en el valor de los mínimos no imponibles y deducciones admitidas en el cálculo del impuesto a las ganancias. Esa obsesión es unos de los argumentos centrales del desarrollo de nuestro culebrón.
 
Este gravamen que, tal como está diseñado, debería afectar, principalmente, las ganancias empresarias, pocas veces fue objeto de quejas por parte de esos actores económicos, salvo esporádicos y
justificados reclamos -nunca atendidos- para que se volviera a admitir en su cálculo, la deducción del ajuste por inflación.
 
Pero, lo que nadie en el gobierno había imaginado, era que, en este tema, el problema vendría de parte de los trabajadores y, sobre todo, en la manera virulenta como se manifestó. (...)".

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