Para el equipo inglés las chances fueron muy pocas. Los dirigidos por Roberto Di Matteo dependieron demasiado del rendimiento de Drogba y sólo intentaron llegar por intermedio de rápidos contraataques de la mano de Kalou y Mata, que fueron siempre bien controlados por la defensa del equipo local.
El complemento tuvo nuevamente un solo protagonista. Los dirigidos por Jupp Heynckes encontraron en Robben a un líder que no se cansó de pedir la pelota y de atacar, por derecha y por izquierda. Pero la defensa del Chelsea se mantuvo, durante casi toda la segunda parte, firme e imperturbable.
Muller y Ribery tuvieron su oportunidad para abrir el marcador, pero las definiciones fueron siempre afuera. Por su parte, los Blues sorprendieron con un planteo demasiado defensivo, y muy poco ambicioso.
El Bayern obtuvo lo merecido recién a los 37' del segundo tiempo. Ribery escapó por la izquierda, se acomodó para su pierna hábil y le sirvió un centro perfecto a Muller para que el joven alemán empuje la pelota debajo del arco y desate la locura en las tribunas del estadio.
Sin embargo, el fútbol volvió a demostrar que es totalmente impredecible. A sólo dos minutos del final, y cuando parecía que el partido estaba totalmente definido, el equipo visitante encontró un gol de la única manera posible: de pelota parada. Mata envió un corner perfecto y el tanque Drogba anticipó a toda la defensa, para igualar el marcador y mandar el encuentro al alargue.
A los 3' del comienzo del tiempo extra, Ribery se metió en el área y el goleador del equipo visitante, Drogba, le cometió un infantil penal desde atrás. Robben se hizo cargo, apostó por el palo derecho, y Cech voló para atajar una vez más y estirar el suspenso.
El resto del alargue fue de ida y vuelta. El partido se definió por penales. Para el local marcaron Lahm, Neuer y Mario Gómez mientras que Olic y Schweinsteiger desperdiciaron los suyos. Para el campeón, Mata malogró el primero, pero luego convirtieron David Luiz, Lampard, Cole y Drogba.