En China, numerosas pymes y sociedades privadas tienen dificultades para obtener créditos en bancos estatales, a pesar de las presiones de la Comisión de Regulación Bancaria (CRBC), que pidió a esas instituciones que den más financiamiento a las pequeñas y medianas empresas.
A menudo, las pymes deben solicitar créditos a organismo ajenos al sector bancario, las que los conceden a cambio de intereses usurarios.
China decidió triplicar la cantidad de dinero que los inversores institucionales extranjeros pueden invertir en sus mercados de capital, para así flexibilizar los estrictos controles sobre el capital y también para internacionalizar el uso del yuan.
La Comisión Reguladora del Mercado de Valores de la República Popular China anunció que se permitirá que los administradores internacionales de fondos inviertan un total combinado de US$ 80.000 millones en los mercados de capital de ese país -el límite anterior era de US$ 30.000 millones- en una decisión que expande el denominado programa calificado de inversores institucionales extranjeros (QFII, por la sigla en inglés).
Pero eso no es suficiente. Por eso la experiencia en Wenzhou, una ciudad-prefectura situada en Zhejiang, con 1,5 millón de habitantes, con un puerto de comercio internacional, y origen de numerosos emigrantes que viven en Europa y en USA.
Wenzhou es considerada ciudad de emprendedores y con una potente industria exportadora de pequeñas y medianas empresas, que sufrió en octubre de 2011 una brutal crisis crediticia que llevó a la bancarrota a 360.000 negocios. Muchos patrones de las fábricas huyeron entonces, dejando enormes deudas por pagar.
¿En qué consiste la reforma ensayada en Wenzhou?
Si bien se desconoce cuánto dinero se autorizará a los ciudadanos a invertir en el extranjero o cómo se canalizará la inversión privada hacia las entidades financieras locales, en Wenzhou se intentará eludir a las grandes entidades financieras, en manos del Estado, que retiraron su apoyo a muchas de las pymes locales.
El Banco Mundial y el FMI han identificado la reforma financiera como una de las tareas cruciales de China en los próximos 20 años.
“El sistema actual, caracterizado por el dominio de los bancos estatales, la fuerte intervención del Gobierno y el control de las tasas de interés, ha tenido un éxito extraordinario a la hora de movilizar los ahorros y asignar capital a sectores estratégicos durante el despegue económico de China. En el futuro, sin embargo, es cada vez más probable que los costes superen a los beneficios”, se lee en el informe
China 2030, del Banco Mundial, elaborado con la colaboración del Gobierno del país asiático.
Los grandes bancos públicos chinos se nutren de liquidez gracias a los ahorros de los ciudadanos, cuyos depósitos son remunerados a tasas de interés en muchos casos inferiores a la inflación.
Los grandes beneficiarios de este sistema son los gigantes corporativos, la mayoría de propiedad pública, que reciben créditos en condiciones muy favorables, mientras el acceso a la financiación de las pymes está muy limitado.
La apertura financiera es también una cuestión clave para las entidades extranjeras presentes en el país asiático:
“China tiene un sistema en el que los bancos extranjeros continúan desempeñando un papel insignificante”, denunció la Cámara de Comercio de Estados Unidos en su informe anual, el
White Paper 2011.