UN FUNCIONARIO QUE TRABAJA POCO Y MAL
Una visita al zoo de Cabrera, casi un infierno
Lamentable la gestión del Jardín Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires, área que depende del mendocino Francisco Cabrera, amigo de Mauricio Macri pero de ineficiencia probada. El álbum fotográfico es ilustrativo.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Francisco Cabrera trabaja poco pero lo más grave es que lo hace pésimo. La ineficiencia es una marca de su gestión, que goza del patrocinio de Mauricio Macri en nombre de la amistad y buenos momentos de ocio y esparcimiento que han compartido.
El caso del Jardín Zoológico es un bochorno. 18 hectáreas de la Ciudad de Buenos Aires, 52 edificios declarados Monumento Histórico Nacional (desde 1997, una vez ya concesionado), que irán a subasta, proceso administrativo al que su redactor olvidó incorporar la cláusula de la solicitud de antecedentes. Un taxidermista también podría quedarse con el Zoo si ofertara el dinero que espera Cabrera.
Será una base de alrededor de $150.000 por mes en concepto de canon, y que el Gobierno porteño estima duplicar o triplicar. (Espejitos de colores que Francisco Cabrera ofrece a su amigo Mauricio Macri).
Hace tiempo que a la Ciudad le falta un proyecto para el Zoo porteño, espacio que la Ciudad termina obsequiando al municipio bonaerense de Escobar (donde se encuentra el más moderno Temaiken) y también al municipio bonaerense de Luján. Desde que se marchó del Zoo la mexicana Corporación Interamericana de Entretenimientos (enero de 2011), Cabrera le concedió la administración de la concesión, en nombre de Mauricio Macri, a la empresa “Zoológico de Buenos Aires S.A., que lleva 3 años de pobre gestión.
El origen del Jardín Zoológico de Buenos Aires, encuentra antecedentes en el año 1840. El entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, hizo construir jaulas en su casona de San Benito de Palermo, para alojar especies de la fauna autóctona argentina.
El 29/06/1990 el Intendente Municipal (Carlos Grosso) por Decreto Nº 2982/90 llama a licitación pública para la concesión del rubro “remodelación urbana Plaza Italia-Zoológico-Botánico- Avenida Sarmiento”, por el término de 45 días a partir de su publicación.
El 7 de Noviembre de 1990, por Decreto Nº 5.584/90, BM 18.907, Grosso adjudicó, por 20 años, a la empresa Zoo-Botánico 2000 S.A. la concesión del Jardín Zoológico excluyendo de la misma al Jardín Botánico.
En 1998 se hizo cargo de la concesión C.I.E. (Corporación Interamericana de Entretenimientos). En julio de 2003, Grupo CIE Argentina SA cambió de denominación por Controladora Comercial CIE SA de Capital Variable, cuyos accionistas eran CIE Internacional SA de Capital Variable e Impulsora de Centros de Entretenimientos de las Américas SA de Capital Variable.
En enero de 2004 hubo una fusión por absorción: CIE Internacional SA de Capital Variable es la absorbente de Controladora Comercial CIE SA de Capital Variable, ex Grupo CIE Argentina SA de Capital Variable.
Desde que decidió la subasta, Cabrera no se ha preocupado por resolver cuestiones de fondo:
> la Ciudad carece de legislación en materia zoológica y de fauna urbana, y
> la Ciudad carece de autoridad local en materia de fauna.
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Por lo tanto cabe imaginar que él no aparece interesado en corregir los problemas de los pliegos de Grosso, confeccionados sin un adecuado conocimiento del bien licitado y prescindiendo del rol histórico, social, educativo, científico y conservacionista inherente a la institución.
Entre los requisitos contractuales, por ejemplo, estaba el de incrementar la fauna del zoo. Sin embargo, para verificar el incremento, no se contó con el inventario de animales al momento de efectuarse el traspaso y se tomó como base el Inventario de animales que la DNFS elaboró en el año 1990. Por lo tanto se carece de certeza de cuales han sido patrimonialmente los animales entregados al concesionario al momento de la toma de posesión.
El Ejecutivo (Cabrera/Macri), sabiendo que la mexicana CIE se retiraba del país dejó que el Jardín Zoológico pasara a manos de subconcesionarios y ex socios y empleados de distintas empresas que pasaron por la concesión, no pudiendo aparentemente formalizar el traspaso debido a la falta de avales por parte de los que hoy -en una situación precaria e informal- mantienen en sus manos la concesión. Resultado de lo cual -entre otras muchas falencias- se han generado manifiestas dudas acerca de si el concesionario tiene el respaldo necesario para afrontar las indemnizaciones correspondientes que prevé el pliego ante el vencimiento del plazo establecido de concesión.
De acuerdo a algunos visitantes calificados que tuvo el Jardín Zoológico, aparecen algunas falencias muy graves, no contempladas por el playboy Cabrera:
> No rige en la actualidad el protocolo de emergencias elaborado hace unos años por quien fuera el jefe del área de seguridad del Jardín Zoológico motivo por el cual hoy en día y ante una eventual emergencia, la fuga de algún animal y/o una situación de riesgo con el público visitante y/o empleado del parque no se encuentran establecidos ni reglados los pasos a seguir ni el modus operandi.
> El Jardín Zoológico no permite actualmente la accesibilidad, el ingreso y la permanencia necesaria para todas las personas con discapacidad, lo que debiera ser revertido.
> No ha sido verificada la potabilidad del agua que puede afectar directamente al público visitante que accede a la ingesta de la misma en los sectores sanitarios distribuidos en el parque donde el agua proviene de las napas. Además debe ser analizada el agua de los lagos, con presencia comprobada de botulismo.
> Se evidencia un sistema de protección ineficiente en muchos recintos, que no tienen dobles lanzas ni doble puerta.
> Se evidencia la falta de personal de sanidad (enfermería y/o médico) desde el ingreso de los empleados del parque (desde alrededor las 7:00) ya que actualmente el personal de enfermería entra a parque a las 10:00 por lo tanto no hay hasta el horario anteriormente mencionado personal capacitado para atender urgencias y emergencias del personal en parque.
> Se evidencia falencias en el sistema de comunicación por radio del personal, no sólo para una mejor comunicación interna de cada área sino como elemento de seguridad y prevención.
> Son inadecuados los bidones que utiliza el personal para el traslado de combustible, los que se utilizan ponen en riesgo a los empleados que los maniobran.
> Se evidencia la falta de elementos e implementos de seguridad acordes a la labor que desempeña parte del personal.
> Se evidencia falta de personal de vigilancia o con similar rol en áreas con animales que pueden revestir algún peligro ante la negligencia de un visitante.
"(...) Estas construcciones resisten con temple el paso del tiempo, pero la falta de mantenimiento y su degradación se tornan tan evidentes como preocupantes.
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(...) En el lago Darwin, donde están los flamencos, hay una isla con una glorieta en ruinas. Enfrente, donde estaban los leones y otros felinos, las jaulas están vacías y descascaradas. Están oxidadas y muchas tienen “remendadas” las mallas metálicas. El recinto de las suricatas –uno de los preferidos por los chicos– tiene los cristales rajados. Las fuentes están en desuso y a la famosa glorieta, en medio del recorrido, le falta mantenimiento. Por el contrario, el fabuloso recinto de los elefantes fue restaurado y recuperó el brillo con el que lo construyó Virgilio Cestari en 1904.
“El deterioro es inocultable, comparto la crítica”, admitió el director general, Claudio Bertonatti, conservacionista y museólogo. “Ningún gobierno delega en un privado un monumento histórico como el zoo. Lo razonable sería compartir la responsabilidad sobre estos bienes y explorar fuentes de financiación”, opinó.
“Pese a que es propiedad de la Ciudad hasta ahora no se ejerce ningún control real sobre lo que sucede con los edificios. Pero en los nuevos pliegos quedará especificado que tendrá que destinarse el 60% de la inversión a la restauración del patrimonio arquitectónico”, aseguró Silvia Imas, de la Dirección General de Concesiones del Ministerio de Desarrollo Económico porteño. Se trabaja en una concesión de 5 años, que no requiere la aprobación en la Legislatura. (...)".








