INFLACIÓN Y OTROS DESEQUILIBRIOS

Cuando 1 a 1 no es 2 y la economía preocupa mucho

Al correcto análisis de la economía 2010 de Ecolatina le falta profundizar los crecientes desequilibrios monetarios y fiscales de la macroeconomía argentina. Por eso Urgente24 lo complementa con el adecuado artículo de Dolores Ayerra en el diario El Cronista Comercial.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). No siempre 1 a 1 es 2. Ricardo Delgado es el economista en jefe de la consultora Ecolatina e interlocutor frecuente de Francisco de Narváez, a su vez dueño del diario El Cronista Comercial donde Dolores Ayerra publicó su análisis sobre la economía 2010.

 
Sin embargo, los puntos de vista no son similares.
 
Y Urgente24 considera que el punto de vista de Ecolatina es demasiado benigno para con la macroeconomía de Cristina Fernández, por lo que aconseja complementarlo con el acertado enfoque de Dolores Ayerra reseñando la opinión de otros economistas.
 
Comencemos por Ecolatina:
 
A pocos días de finalizar 2010, el balance del año arroja varios aspectos positivos entre los que se destaca la fuerte recuperación y expansión de la actividad económica. Pero también surgen otros hechos negativos como la aceleración de la inflación, principalmente en alimentos.

Existen tres factores fundamentales que explican el marcado repunte de la economía durante el último año: la mejora en el contexto internacional, la excelente campaña agrícola y la pujante demanda interna.

La recuperación de los principales socios comerciales (Brasil y China), los extraordinarios resultados de la campaña sojera y la fortísima suba de los precios de las commodities agrícolas, impulsaron las exportaciones. De hecho, se espera que el año finalice con ventas externas históricas en volumen y valores apenas inferiores al de dos años atrás (US$ 68.500 M, +23% i.a.).
 
Por otro lado, la expansión del crédito, la mejora de las expectativas, la estabilidad cambiaria y la falta de alternativas de inversión frente a la inflación real, generaron un fuerte crecimiento del consumo. Además, el Gobierno apuntaló el ingreso de los sectores medios-bajos a través de diversas medidas.
 
Asimismo, con la mejora de la economía se recuperaron los puestos de trabajo perdidos durante 2009, revirtiendo el incremento de la desocupación aunque sin reducir significativamente la informalidad laboral. La inversión también evidenció un repunte, pero no alcanzó a dinamizar la creación de empleo (baja en relación al incremento de la actividad).

Sin embargo, a pesar del crecimiento, varias cuestiones siguieron sin resolverse y preocupa especialmente la aceleración de la inflación.
 
La persistente reducción del stock ganadero provocó a principios del año un shock en el precio de la carne que se trasladó hacia el resto de los bienes y servicios de la economía. De hecho, la fuerte suba de la carne elevó los reclamos salariales de los trabajadores (pues es considerada un bien salario), acelerando la carrera entre precios y salarios.

Las señales de política económica no ayudaron a contener las presiones inflacionarias y las cifras oficiales se alejaron cada vez más de la realidad. Más aún, pese a que la actividad alcanzó a mediados de año los niveles precrisis y reaparecieron algunos cuellos de botella, el Gobierno siguió acelerando la demanda. El problema es que esto impulsó en mayor medida a los precios y a las importaciones.
 
En materia fiscal, si bien se observa una recuperación de los recursos y un freno en el deterioro de las cuentas públicas, no se logró recomponer el ahorro genuino. Además, como el Tesoro financió una parte significativa de su gasto con recursos del BCRA (reservas y emisión), la política monetaria fue muy laxa retroalimentando el proceso inflacionario.

En este escenario, el IPC Ecolatina estaría cerrando el año con un incremento de 27%, superando en varios puntos los registros de 2007 y 2008 y alcanzando la mayor suba desde la salida de la convertibilidad.

Peor aún, el fuerte aumento en el precio de los alimentos (+38% en el último año) encarece significativamente el costo de la CBA y CBT. De esta manera, pese a la implementación de la Asignación Universal por Hijo los niveles de pobreza e indigencia no exhibieron mejoras significativas.
 
Por último, si bien un Dólar prácticamente inmóvil incentiva el consumo (no es rentable ahorrar en esa moneda), provoca en un contexto de inflación elevada una fuerte apreciación cambiaria, que afecta a la competitividad externa de las empresas locales.

El balance final del año en materia económica es positivo, especialmente si se tiene en cuenta que la actividad estaría promediando una expansión de 8%. Sin embargo, la elevada inflación –más elevada aún en alimentos– no permite plasmar el fuerte crecimiento en mejoras significativas de las variables sociales.
 
 
 
Lluvia de dólares, tipo de cambio planchado, tasas bajas y fuerte reversión de salida de capitales. El 2010 fue controvertido en materia monetaria. El año ya había arrancado a los sacudones en Reconquista con el inesperado paso de mando que selló la llegada de Mercedes Marcó del Pont a la conducción del Banco Central (BCRA), tras la obligada salida de Martín Redrado por su pelea con los K por las reservas.

Acto seguido: por primera vez desde 2004 se modificaron las metas de circulación de dinero que establece el programa monetario. Los agregados se ampliaron en nada menos que 10 puntos de su base original –con posibilidad de desborde aún mediante–, lo que le valió a la cúpula del Central un chaparrón de críticas. 

“Se ha seguido una política monetaria esencialmente pasiva y en momentos como éstos genera desequilibrios para adelante. Las decisiones fueron acompañando las variaciones de precios y la cantidad de dinero se acomodó con una tasa de inflación relativamente alta, aunque no desbordada”, evaluó el economista Daniel Marx, ex subsecretario de Finanzas y director de Quantum.

El año fue también testigo de un cambio radical: la impensada reversión de la salida de capitales. Hasta 2010, la fuga de fondos era el factor que absorbía los dólares de la economía. Hoy es el BCRA quien debe demandar esas divisas, para sostener el tipo de cambio en torno a $ 4, con la consecuente emisión de pesos (principal motivo de expansión monetaria). El ente tuvo que lidiar solo con los dólares que ingresaron ante un cambio en el contexto mundial, sumados a los de la balanza comercial, producto de una cosecha récord. 

El ritmo de compras fue incluso más alto que en 2006 y 2007. “El BCRA no tuvo muchas chances más que convalidar el incremento de la demanda de dinero, en un contexto en el que el gasto público subió en promedio un 35% y los salarios en el orden del 28%”, agregó Marina Dal Poggetto, economista jefa del Estudio Bein.

Al mismo tiempo, el organismo se convirtió en la caja del Estado y el sector público volvió a aparecer como factor de expansión (se giraron casi $ 14.000 millones de los $ 20.000 millones de las ganancias transferibles al Tesoro de 2009). Así, el BCRA más que duplicó su deuda para aspirar los pesos excedentes, pero retiró sólo la mitad. El año cierra con un stock de Lebac y Nobac de casi $ 72.000 millones, con una variación interanual de 53,7%. “El BCRA emitió unos $ 8.000 millones para financiar al Gobierno y casi $ 50.000 para sostener tipo de cambio. El desafío es esterilizar la masa que vuelca, pero es difícil que se cumplan las metas cuando el objetivo es cambiario y no los agregados monetarios”, según Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica. 

Entretanto, el tipo de cambio se devalúo 5%. El billete verde dejó así de ser una preocupación medular para el Gobierno, pero se convirtió en un escollo para algunos actores económicos. Si se toma el tipo de cambio real multilateral, se advierte que la competitividad pierde fuerza. “Se ha perdido el colchón que existía en años anteriores. El tipo de cambio real, que es un gran promedio, está en torno a su equilibrio, pero con una estructura desbalanceada: muy competitivo con el real y demasiado apreciado con el dólar. Han empezado a darse problemas de competitividad en algunos sectores”, detalló Hernán del Villar, socio del Estudio Alpha y ex director del BCRA.

El resultado 2010: una base monetaria en $ 154.300 millones, que está cerca de sus límites con un crecimiento de 32% interanual, combinado con una fuerte suba del crédito a tasas bajas. Hacia adelante se espera continuidad. Pero en un año electoral todo puede pasar, aunque el consenso indica que se profundizará la tendencia: dólar calmo, expansión monetaria creciente, fuerte financiación al Gobierno y una inflación en torno al 25%. 
 
 
Al final volvamos a Ecolatina, acerca de sus proyecciones para 2011, año electoral:
 
Una de las claves para el próximo año será sortear las restricciones que impone un proceso electoral, donde prevalece la incertidumbre y se postergan decisiones de largo plazo. En este sentido, sería deseable que 2011 no resulte un año perdido en términos de desarrollo económico por conflictos políticos y falta de consensos.

Los principales desafíos para evitar que el crecimiento de la actividad se resienta pasan fundamentalmente por tres cuestiones: estimular la inversión, contener la inflación y acotar la nominalidad ascendente de la economía.

Tras la veloz recuperación de 2010, resurgirán con mayor fuerza los condicionantes que limitan la expansión de la oferta local de bienes. Por ello, se deberán implementar medidas concretas que faciliten el lanzamiento de nuevos proyectos productivos con el fin de acompañar el incremento de la demanda sin presionar aún más sobre la inflación.

El país contará con un excelente contexto internacional por los extraordinarios términos del intercambio y el crecimiento de los grandes socios comerciales. Además, el balance fiscal no será apremiante otorgando margen de maniobra al Gobierno.

De hecho, las proyecciones son alentadoras en general: se estima que el PBI crecerá cerca de 5%. Pero, entre otros aspectos, se destaca que la oferta de servicios volverá a aumentar a un mayor ritmo que la de bienes. Por caso, el deterioro esperado de la competitividad cambiaria (en 2011 el tipo de cambio real bilateral con el dólar volverá a los niveles de fines de la convertibilidad) es un factor que alienta las operaciones financieras y resta incentivos a la producción industrial.
 
En este contexto es importante destacar que acelerar el incremento nominal de la demanda sin apuntalar la oferta local implica mayores presiones inflacionarias que licuan las mejoras salariales y afectan la realización de inversiones. Además, esto incentiva mayores importaciones que reducen el saldo comercial y sustituyen, en algunos casos, la producción doméstica.

El ordenamiento de esta situación requiere por ejemplo coordinar la puja distributiva y evitar que la regulación oficial sume incertidumbre al proceso productivo. El Gobierno ha comenzado a exhibir algunas señales, como la firma de acuerdos de diálogo social con empresas y trabajadores y la elaboración de un nuevo índice de precios nacional con asesoramiento del FMI.

Si bien estos frentes continúan abiertos, su tratamiento apuntaría a encontrar soluciones en temas que habían sido postergados durante mucho tiempo. Resta conocer la eficacia de estas acciones, especialmente si hay un desborde del gasto y se instrumenta una política monetaria muy expansiva.

El contexto de elecciones presidenciales no será el propicio para superar los desafíos planteados. Pero se abre una nueva oportunidad para la búsqueda de consensos, pues la acumulación de tensiones para 2012 perjudica a la próxima administración, cualquiera sea su signo político.

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