EXPECTATIVAS PARA 2011

Última semana de 2010: ¿Qué dice el PJ de Cristina?

Que Ibarómetro (Dorys Capurro y amigos) siga con su idea de 'pum para arriba' con Cristina Fernández. La realidad va por otro andarivel, más interesante. El autor intentó abordar ese desafío en su editorial por Radio El Mundo.

 por CLAUDIO M. CHIARUTTINI

 
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). Calles desiertas. Rutas repletas de personas que comenzaban sus vacaciones. Canales de TV pasando notas de relleno. Radios con cintas grabadas. Sin diarios. Portales de internet, congelados. Recién entonces, cuando la ausencia inundaba la capital federal y el Gran Buenos Aires, en el Gobierno se animaron a respirar con alivio.
 
Paranoia es la palabra que define la sensación que inundó la Casa Rosada y el entorno más cercano a Cristina Fernández, cada vez, más viuda de Néstor Kirchner; ante los cortes de calles que paralizaron micro y macro centro, terrenos tomados o bajo amenaza, la paralización del Roca, con saqueos y corridas en Plaza Constitución; crearon una estremecimiento que acorralo al Gobierno y lo obligó a forzar un inesperado feriado bancario para desalojar la Capital Federal y desbaratar a los grupos provocadores.
 
Para el jueves 23/12, el Ejecutivo Nacional no sabía muy bien a quién culpar del caos que sacudió la gestión de Cristina Fernández desde que fue tomado el Parque Indoamericano. Eduardo Duhalde, Mauricio Macri, el Partido Obrero, el Grupo Clarín, piqueteros, punteros descontrolados, todos fueron señalados en el camino para tapar los errores cometidos por la Presidente.
 
Hace dos semanas, cuando el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en conferencia de prensa, anunció que todo beneficiario de un plan social que tomara un terreno perdería la ayuda estatal, abrió la puerta para que aquellas organizaciones que no son tributarias del kirchnerismo y que, en consecuencia, no recibe fondos públicos, encontraran una forma de extorsionar a la Casa Rosada. Así, el error se convirtió en crisis.
 
Sin embargo, la situación estalló cuando la recién asumida ministra de Seguridad, Nilda Garré, hablando del ocupado Club Albariños, dijo “vamos a recuperar el predio sin víctimas” e incurrió en dos mentiras: el terreno nunca fue recuperado y olvidó decir que los vecinos de Villa Soldati se convirtieron en víctimas de esa y otras ocupaciones.
 
Casi al mismo tiempo, cuatro gendarmes fueron baleados en Lanús defendiendo un predio que fue ocupado y recuperado varias veces, prueba  del pésimo clima con que fueron recibidas la Prefectura y la Gendarmería en el conurbano, donde se imagina a las fuerzas de seguridad como protectoras de ocupas, dado que tiene la orden de no reprimir y alejar a los vecinos.
 
De ésta forma, los violentos, los que no respetan la ley, los que usan la fuerza, los patoteros que exigen, que amenazan, que arrebatan pasaron a ser amparados por el Gobierno y el vecino que defiende su barrio, su plaza, su club, es un violador de los derechos humanos, un represor, un fascista.
 
En esta inversión de la carga de la prueba, el Gobierno termina por deslegitimar a sus votantes y en legitimar a los ocupas y piqueteros, creando una paradoja: el garantismo, centro del marketing político del kirchnerismo desde 2003, en 2011 puede causar la derrota del oficialismo.
 
La pasividad y el aislamiento como elemento de contención del delito nunca ha funcionado, por eso, muchos peronistas de paladar negro aseguran que “si Cristina Fernández no reprime, va a terminar por ser ella la víctima” y plantean una opción de hierro: represión o derrota.
 
Quizás sin darse cuenta, las acusaciones vacías del Gobierno contra los chivos expiatorios de turno; la sucesión de errores y las improvisaciones de la Quinta de Olivos; mostraron, por primera vez desde la muerte de Néstor Kirchner, una debilidad notable del oficialismo para resolver los conflictos, recuperar el control de la agenda e imponer su posición.
 
Entre las improvisaciones que salieron mal -y que peor costo puede tener para el Gobierno-, fue la dura recriminación de Cristina Fernández hacia la Justicia, responsabilizándola por liberar delincuentes. 
 
De inmediato, comenzaron a llover sentencias en contra de funcionarios y causas que tiene la Casa Rosada contra sus enemigos, obligando a un fuerte giro en las relaciones con el Poder Judicial. Otro error.
 
> Nombrar a Julián Álvarez secretario de Justicia, por el sólo hecho de ser de La Campora, 
 
> derogar un decreto de Néstor Kirchner para que pueda formar parte del Consejo de la Magistratura; y 
 
> despedir al Procurador del Tesoro, Joaquín da Rocha, y colocar en su lugar una 'pingüina pura', Angélica Abbona; fueron dos movidas que cayeron pésimo en ámbitos judiciales.
 
Además, el despido de Joaquín da Rocha fue leído en el peronismo como otro paso en la cristinización del Gobierno, con su paralela desperonización; lo que fue confirmado por la propia Cristina Fernández el miércoles cuando, ante los miembros del Consejo Nacional del Partido Justicialista, reclamó la apertura partidaria a otras organizaciones y fuerzas que forman el kirchnerismo.
 
Dijo textualmente Cristina Fernández: “Debemos ser amplios y ofrecer participación a todos. Los próximos años serán de cambios aceleradísimos. Quien no entienda o no decodifique esos cambios se quedará rezagado. No quiero que el Peronismo no sepa interpretar correctamente el momento histórico que vivimos. De allí la apertura y la incorporación de miles de jóvenes a la política”.
 
De esta forma, al mismo tiempo que el peronismo ungió a Cristina Fernández como su “líder espiritual” (casi como a Eva Duarte), la Presidente lanzó la desperonización del PJ o montonerización del Partido Justicialista, es decir, el proceso por el cual se va a reemplazar a Juan Domingo Perón por Néstor Kirchner como figura central partidaria, desplazando la vieja tradición peronista por un peronismo de izquierda, que llamaremos kirchnerismo transversal, es decir, lo que quería Montoneros el 1º de mayo de 1974, cuando el Viejo General los echo de la Plaza de Mayo.
 
La movida de Cristina Fernández no es casual ni inesperada, desde que juró Néstor Kirchner, el kirchnerismo se vio como etapa superadora del peronismo y la muerte del santacruceño fue entendida por el entorno de la Presidente como el mejor momento para lanzar la mutación ideológica.
 
Es clave la frase “no quiero que el Peronismo no sepa interpretar correctamente el momento histórico que vivimos. De allí la apertura y la incorporación de miles de jóvenes a la política”; el impacto que tuvo en Cristina Fernández la presencia de militantes de La Campora en el velatorio de su esposo la hizo ver el momento y la militancia sobre la cual recrear un nuevo Partido Peronista, más de izquierda, que reniegue de su pasado filofascista, anticomunista o neoliberal.
 
El Peronismo, hoy, no es una ideología, sino una cultura política, un conjunto de sentimientos, un discurso de presentación, una praxis, un estilo de control del aparato político, un ejercicio personalizado del poder y una tradición a la que recurrir. Para muchos, es un franchasing que pueden usar y acomodarlo a su persona o a su momento histórico, como ocurrió con Carlos Saúl Menem y Néstor Kirchner.
 
Pero el discurso de Cristina Fernández frente al Consejo Nacional del PJ también sirve para trazar un paralelo con 1952, cuando muchos peronistas creyeron que, al ver las millones de personas llorando que causó la muerte de Evita, creyeron que se podrían asegurar 100 años de Gobierno. Hoy, con el fallecimiento de Néstor Kirchner y el dolor que expresaron miles de jóvenes, muchos kirchneristas creen que tienen asegurados 100 años de Gobierno y que podrán obtener lo que fracasaron en imponer hace 35 años.
Arrinconados por su discurso oficial que sobredimensiona sus logros, por la particular percepción de la realidad y por una lectura equivocada de la historia, el kirchnerismo está por cometer el mismo error que el peronismo de 1952 y los Montoneros en 1974. 
 
Además, como cuando Raúl Ricardo Alfonsín quiso hacer de la Unión Cívica Radical un partido de izquierda, lo partió; Cristina Fernández, al fabricar un peronismo de izquierda, quizás también, rompa al viejo PJ.
 
Una primera escaramuza del choque entre los dos peronismo se vio en la Capital Federal. Aunque el Gobierno asegure que Mauricio Macri es su enemigo, el lanzamiento de Amado Boudou como candidato a Jefe de Gobierno puso en vilo al PJ porteño y obligó a Daniel Filmus a llamar a un abrazo forzado con el ministro de Economía para ocultar lo que, para estas horas, es una ruptura en ciernes del oficialismo capitalino.
 
Sin embargo, el discurso de Cristina Fernández, la avanzada de Amado Boudou y la desperonización del Gabinete han comenzado a generar dudas en las huestes peronistas. Por eso, el ministro de Planificación, Julio de Vido, antes de casarse e ir de Luna de Miel, tuvo que lanzar la “Operación Clamor” para la reelección para que nadie “saque los pies del plato”.
 
Ante el clima político enrarecido, los gobernadores acomodan el cronograma electoral en sus provincias para aprovechar la mejor de imagen que tiene el Gobierno (o tenía hasta la toma del Parque Indoamericano), pero sin quedar pegados con las necesidades y planes de la Casa Rosada.
Ya decidieron adelantar las elecciones Tucumán, Tierra del Fuego, Catamarca, Chubut, Salta y Santa Fe.
 
Dudan adelantar las elecciones Mauricio Macri, como siempre; Neuquén, Córdoba y San Luis. 
 
Además, la Casa Rosada no sabe qué hacer con las colectoras, con la interna abierta y con la inmensa lista de gobernadores, intendentes, diputados y senadores que buscan y desean la reelección y nole dan espacio a La Cámpora en las listas locales.
 
Retener el poder hasta irse o buscar la reelección, querer cambiar al Partido Justicialista y asegurarle supervivencia al kirchnerismo, colocar a La Campora como la nueva Juventud Peronista y lidiar con el sindicalismo son acciones titánicas para una persona, aunque se llame Cristina Fernández.
 
Pero si la Presidente no puede evitar un corte de calle, recuperar el Club Albariños e institucionalizar punteros descontrolados y tiene que crear un feriado bancario para vaciar las calles de la capital federal, domar al viejo Partido Justicialista puede ser una tarea que no pueda cumplir.

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