CAVILACIONES PRE-ELECTORALES

Cristina 2011 provoca tantas dudas en los propios como en los ajenos

Si Cristina Fernández será o no candidata, es un misterio. No lo saben ni los 'transversales K', quienes carecen de otro personaje para ir a las urnas, ni los opositores a Cristina. Cada uno intentará influir sobre la decision de la Presidente, y ese será el nudo del conflicto del 1er. semestre de 2011.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Si Cristina hubiese podido congelar su imagen frente al ataud de Néstor Kirchner, cuando ella se había ganado la condescendencia de millones de argentinos, probablemente no se encontraría cercada por las dudas: ¿Ser o No Ser candidata a un 2do. mandato consecutivo?

Pero el luto cede paso a los avatares cotidianos, donde Cristina pierde aquello que el destino le había sumado.

La 'transversalidad K', que en ella encuentra una posibilidad que le negó Néstor Kirchner, de participar de las grandes decisiones del Ejecutivo Nacional -Kirchner los sentó a la mesa pero sin voto-, reclama Cristina 2011 porque ellos y ellas carecen de la posibilidad de generar otro candidato con posibilidades de ganar (utilizando a una parte del peronismo, la más clientelar). La 'transversalidad K' tiene como aliado en el intento al Kirchnerismo ortodoxo, los de la pingüinera.

Luego, el no Kirchnerismo, que resulta un abanico heterogéneo y hasta contradictorio, en el que hasta hace poco brillaba la UCR, aliada al Partido Socialista y al GEN, pero que ahora recibe un desembarco importante del frente Eduardo Duhalde-Mauricio Macri (sin Francisco de Narváez), apuesta a que Cristina pierda altura, en forma persistente.

En tanto, Cristina debe gestionar el Estado, decidir cuestiones prioritarias si se trata de prolongar el boom de la Demanda Agregada que ella pregona, sin que la inflación se devore media Argentina (la más pobre).

El conflicto social es inevitable con una inflación superior al 30% anual, sin cláusulas indexatorias y un gasto público ascendente y mal ejecutado, alimentado por regresivos impuestos al consumo. El problema ya había comenzado antes pero ahora, tal como estaba previsto, con o sin muerte de Néstor, se proyecta gigante hacia el electoral 2011.

La cuestión es si el Cristinismo es un escalón ascendente o un escalón descendente del Kirchnerimo. Y hay una 3ra. posición: si el Cristinismo es pos-Kirchnerismo.

Cada uno tiene su interpretación. Aqui van algunas de ellas.

Eugenio Paillet en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, cuenta aspectos del Operativo Clamor que algunos intentan montar en la Quinta de Olivos (a Urgente24 no le parece creible que también Daniel Scioli participe de ese reclamo. Y si él lo dijera sería solo para mantener su implacable estrategia de supervivencia):

"La catarata de manifestaciones públicas que se han escuchado en los últimos días a favor de la candidatura de Cristina Fernández para las presidenciales del año que viene tiene una sola explicación: sus protagonistas claman por algo que entrevén que, por ahora, no tienen. El último botón de muestra lo aportó, la semana última, el ministro de Planificación, Julio De Vido: "Es nuestra mejor candidata", dijo.

El funcionario salió a abundar en un plano, el de aquella seguidilla de declaraciones y exhortaciones, que no ha sido su fuerte en todos estos años como fiel compañero, primero, de la pareja que formaron Néstor Kirchner y Cristina Fernández, y, ahora, de la primera mandataria en su estado de viudez. Si se revisa hacia atrás, se tendrá por sentado que De Vido ha sido un incondicional por donde se lo mire, pero muy pocas veces ha expresado posiciones políticas en público. "Todos saben dónde estoy parado políticamente, no hace falta que salga a pregonarlo", suele refutar aquel concepto sobre que, si habla de política, es que algo raro, o grave, está pasando.

Lo particular, entonces, que tiene aquella afirmación del ministro es que ha sido dicha como un refuerzo no menor, proveniente del que puede ser calificado sin temores como el funcionario más leal con que hoy cuenta la Presidenta, a ese posicionamiento del kirchnerismo de paladar negro que pareciera urgido a arrancarle ahora mismo una definición a su jefa. A todos esos hombres y mujeres (José Luis Gioja, Daniel Scioli, Carlos Kunkel, Hugo Moyano, Diana Conti son sólo algunos ejemplos de los que aportaron al Operativo Clamor) les preocupa, hoy por hoy, que Cristina no entregue señales sobre qué hará con su futuro institucional. Resulta casi una obviedad intentar explicar tantos afanes: pocos de ellos tendrían vida política después de Cristina.

La Presidenta, según lo poco que se sabe de corrillos en los que suelen incursionar los integrantes de la mesa chica de toma de decisiones que se reúne a diario en Olivos o en la Casa Rosada, no ha soltado prenda y, en todo caso, pide que transmitan a sus seguidores que deben respetar sus tiempos. Carlos Zanini y Oscar Parrilli repiten, ante quien quiera escucharlos: "Es una decisión exclusiva de la señora Presidenta, y ella decidirá recién el año que viene; ahora no es tiempo".

(...) ¿Quiere Cristina ir por la reelección? Pero hay otras preguntas, antes de avanzar: ¿Por qué, desde la Casa Rosada, como también desde La Plata, se dejó correr libremente, en la semana, el rumor según el cual Daniel Scioli sabe que puede desempolvar "en cualquier momento" su propio proyecto presidencial? ¿Por qué, asimismo, confidentes del cristinismo deslizaron, ante cronistas amigos, con el evidente propósito de que lo difundieran a través de sus medios, que un acuerdo con Carlos Alberto Reutemann es posible, y que se habla de una fórmula Scioli-"Lole", para el caso de que Cristina desista de jugar la carrera presidencial de 2011? (...)".

Mauricio Maronna, en el diario La Capital, de Rosario, Santa Fe, explica que el Cristinismo es básicamente resultado de la certeza de que no hay Kirchnerismo sin Kirchner:

"En el centro del escenario está Cristina. De lo que haga (bien o mal) o lo que deje de hacer dependerá el futuro del gobierno, del kirchnerismo y del Partido Justicialista. Ahora, cuando la espuma del festival de encuestas empieza a bajar índices más condescendientes con la realidad, la presidenta comenzará a mostrar su juego. Eso sí, con una realidad paralela que no se modifica: la absurda carencia de oposición.

No habrá kirchnerismo sin Kirchner (al menos como se lo conoció mientras estuvo en vida Néstor) por la sencilla razón de que la capacidad vital, concentradora y disciplinadora del ex Presidente mutó en otra cosa. El tiempo dirá si mejor o peor.

Los últimos movimientos de la presidenta de la Nación tuvieron el inocultable sabor “Cristinista”. Como un árbol en otoño, la mandataria fue desgajando las ramas del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. Junto con el titular de Trabajo, Carlos Tomada, Aníbal forma parte de la mácula que más se emparenta con el peronismo clásico.

Tras la asunción de Nilda Garré en Seguridad y del alejamiento del jefe de los abogados, Joaquín Da Rocha, el mensaje es claro: algo empezó a cambiar en la cumbre del poder. Nuevamente (y van…) los ronroneos sobre quién gana y quién pierde hacen foco en el justicialismo. La designación de Garré (de activa participación en los '70 y, ya en democracia, funcionaria de la Alianza hasta marzo de 2001) le hace ruido a dirigentes del PJ, pero ninguno de ellos saldrá del corralito que los hace flirtear con el oficialismo. “Afuera no hay nada”, dijo con pragmatismo declarado un diputado nacional por Santa Fe que intenta hacer pie con una candidatura provincial. (...").

Eduardo van der Kooy en el diario Clarín, de Ciudad de Buenos Aires, se explaya sobre las dificultades de gestión que exhibe Cristina, y un posible cambio de gabinete:

"Conducción. Eso es lo que estaría empezando a faltar en el Gobierno. Cristina Fernández fue realista y sincera, delante de la tropa peronista en pleno, cuando afirmó que, mas allá de las consignas que lo reivindican y recuerdan, Néstor Kirchner ya no está. No está el hombre que, formalmente fuera del poder, con aciertos, errores y extrema arbitrariedad, manejaba todo el sistema político.

El ex Presidente nunca hubiera tolerado que el paisaje de las protestas callejeras se desbocara, como viene sucediendo en las últimas semanas. Ese descontrol no tiene vínculo con las movilizaciones de los grupos piqueteros o las organizaciones sociales, a las cuales Kirchner tuvo siempre como aliadas, junto al gremialismo, en su estrategia por dominar el espacio público. El problema son ahora muchos de esos mismos grupos que, desde su muerte, perdieron referencia en el poder. Pero también las disputas sindicales que afloran, la izquierda hiperactiva, los ocupantes de tierras en la Capital, Buenos Aires y el interior, los vecinos a la defensiva y en virtual estado de asamblea. La iniciativa estaría ahora en manos de todos ellos y el Gobierno trotaría bastante por detrás.

(...) El kirchnerismo intentó buscar explicaciones en actos supuestamente destituyentes. El kirchnerismo debería hurgar otras razones para aproximarse a la realidad. Cristina tiene ahora un equipo inexplicable. Héctor Timerman, el canciller, que se inmiscuye en bloqueos sindicales. Amado Boudou, lanzado a la aventura electoral porteña. Aníbal Fernández y Julio Alak, huérfanos. Una jefa del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, incapaz de prever la falta de liquidez que forzó un asueto inesperado de los bancos.

Quizás esa anemia de gestión pueda curarse con alguna buena medicina. No hay medicina expeditiva, en cambio, que solucione un problema del cual el kirchnerismo se acaba de desayunar. La pobreza es más profunda y extendida de lo que dice el relato oficial. Estos ocho años de crecimiento económico produjeron un mínimo derrame capitalista en los estratos inferiores de la pirámide social.

(...) El plan kirchnerista de recargarle la responsabilidad política a Macri no estaría, según las primeras evidencias, dando buenos resultados. Una consultora, que marcó el apogeo de Cristina tras la muerte de Kirchner, terminó la semana pasada un sondeo en el area metropolitana (Capital y conurbano) que marca alteraciones en la fotografía que ilustró la época del luto. Según ese trabajo, la intención de voto de Cristina habría descendido al 30% desde un escalón anterior del 38%. Si eso fuera así, habría que volver a la hipótesis de un ballotage para el 2011. Esos números estarían marcando otro llamativo cambio: aunque aún lejos de la Presidenta, Macri se estaría ubicando segundo, relegando a Ricardo Alfonsín al tercer lugar.

(...) Cristina podría restructurar su gabinete antes de lo pensado. Tal vez le permitiría recrear expectativas en el año electoral. Pero la Presidenta, al final del ciclo kirchnerista, se enfrenta a comprobaciones ingratas. Las causas estructurales de la crisis del 2001 siguen vivas. La política, estéril. La pobreza, una cicatriz aún abierta."

Joaquín Morales Solá,en el diario La Nación, de Ciudad de Buenos Aires, desliza la paradoja de Julio De Vido hombre fuerte del Ejecutivo Nacional solo como consecuencia de la muerte de Néstor Kirchner:

"(...) Las cosas se ponen más confusas cuando se advierte que el Gobierno atraviesa una transición entre el kirchnerismo y el cristinismo. Son dos líneas distintas, aunque parezcan la misma. Sin embargo, el propio cristinismo no carece de contradicciones. La más sobresaliente es la paradoja de convocar a los peronistas a abrirse a otras fuerzas e ideas y, al mismo tiempo, encerrar al Gobierno entre muy pocos de la muy estricta confianza de la Presidenta. Cristina Kirchner privilegia la disciplina prusiana mucho más que su marido, que entendía (aunque le costaba) que el peronismo nunca sería el peronismo sin algo de caos interno.

Al final, entre tanta renovación estética, Cristina terminó descansando más en Julio De Vido que en Héctor Timerman. De Vido es un peronista clásico, cuya mayor virtud es el conocimiento hasta psicológico de todos los Kirchner. De Vido es el que conversa con los empresarios (mucho más que lo que se conoce) y con Moyano, según la confesión pública del jefe cegetista. De Vido es el que le llama "buen chico" en público a Amado Boudou, su par en Economía, y es menos conflictivo que Aníbal Fernández. Su problema irresuelto son las muchas denuncias de corrupción que acosan a su ministerio. De él dependían o dependen, aunque sea formalmente, Ricardo Jaime, Fulvio Madaro, Néstor Ulloa, Claudio Uberti, Daniel Cameron, José López, secretario de Obras Públicas, y, sobre todo, los casos de corrupción que tienen atrapados a éstos en la Justicia (...)".

Eduardo Anguita, en el semanario Miradas Al Sur, intenta explicarle al Partido Obrero y también al Movimiento Socialista de los Trabajadores, que ahora apoya a Fernando Solanas (con quienes comparte un origen comun en el trotskysmo), que cometen un error al no sumarse al Cristinismo:

"(...) Mi militancia en el PRT ERP me permite tener un sentido de pertenencia colectivo. Mi subjetividad hacia quienes compartimos esa historia es de completa identidad, de hermandad. Por los sueños compartidos, por los compañeros caídos, por las enseñanzas de haber estado dispuestos a desafiar al sistema sin reparar en los riesgos o los costos que esas luchas significaron. Sin embargo, no sólo mi subjetividad está atravesada por esa historia. El registro político de aquella historia me dejó muchas preguntas algunas de las cuales me permiten reivindicar la construcción política revolucionaria y otras, muchas otras, me llevaron a ser muy crítico de las posiciones defendidas en aquellos años. En concreto, el PRT -a criterio de quien escribe estas líneas- tuvo una posición antiperonista que no ayudó en absoluto a fraguar la posibilidad de construir un frente de liberación tal cual se proclamaba.

El frentismo no podía convocarse desde fuera del peronismo. En todo caso, era preciso entender que las historias de lucha obreras desde 1945 en adelante tuvieron como sujeto principal al peronismo y, en consecuencia, estar a la izquierda del peronismo revolucionario involucraba un costo excesivo. Es decir, desde una organización joven y sin una amplia base social, se podían advertir muchas limitaciones propias del movimiento popular, pero uno podía quedar relativamente al margen de ese proceso popular. El PRT pagó caro su distanciamiento y confrontación con Perón. Podrá decirse que un proceso análogo vivieron las organizaciones revolucionarias del peronismo. Y así fue. Desde otros lugares relativamente diferentes, Montoneros y otros grupos entraron en una espiral de conflicto con Perón que los terminó marginando.

Pese a las derrotas, pese al genocidio, por algún motivo, los sobrevivientes de aquella generación revolucionaria, volvieron a estar en la escena principal de la política argentina. Y sin siquiera un debate ordenado, sin la elaboración de muchos documentos teóricos, un colectivo poco orgánico y bastante intangible está hoy en funciones públicas, en la dirigencia sindical, en la cátedra universitaria, en los medios de comunicación y hasta en lugares claves de decisión política. Néstor y Cristina Kirchner no sólo fueron parte de aquella militancia sino que actuaron estos años con la capacidad de articulación experimentada en aquellos años. Ellos expresaron y expresan a quienes fueron militantes en aquellos días y también a los jóvenes que hoy quieren nutrirse de aquella experiencia.

(...) El sentimiento generalizado en este proceso de transformaciones es que no hay lugar para una lucha frontal contra el sistema. Pero hay muchos sectores que declaman posiciones que podrían decirse a la izquierda del kirchnerismo. Lejos de ser criminalizados esos sectores, tienen espacio legal para expresarse y construir sus espacios. Y cuando sucede un crimen, como el del militante del PO Mariano Ferreyra, es la misma Presidenta la que monitorea el tema y recibe a sus familiares.

Hay otra izquierda, menos militante en la práctica, pero con más despliegue mediático: la que encarna Proyecto Sur, liderado por Pino Solanas. Suelen mezclar argumentos sensibles a cualquier militante popular -como los ferrocarriles, el petróleo o la minería- con discursos efectistas para provocar bronca contra el gobierno. Se montan en peleas que les permite ganar espacio en la prensa del establishment y con eso intentan abrir su base social. Una mezcla de ingenuidad y oportunismo. Nada grave en medio de un proceso de cambio donde las personas y los grupos políticos no funcionan como piezas de relojería sino como sujetos en plena acción. (...)".

Otra vez Joaquín Morales Solá, en el diario La Nación, con una reflexión que sirve de respuesta al kirchnerista Anguita:

"(...) El Gobierno tiene otro conflicto, además. Carece de autoridad moral para deshacer los piquetes. El oficialismo cuenta con su propia brigada de piqueteros amigos, que le sirven sólo a sus propósitos políticos. ¿Por qué el PO o el MST entenderían el argumento civilizado de su autodisolución cuando los piqueteros kirchneristas están autorizados a usar el espacio público en beneficio político del oficialismo? ¿Por qué esos piqueteros del poder pueden convertirse en fuerzas de choque dentro de zonas liberadas y no lo podrían hacer los piqueteros que se oponen al Gobierno? ¿Por qué Hugo Moyano puede bloquear empresas y acceder luego a Olivos, tan campante, mientras el PO tiene prohibido cerrar calles o vías ferroviarias sin cargar con la culpa de la desestabilización? La democracia es una forma de vida que incluye y compromete a todos. (...)".

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