DETRÁS DE LAS NOTICIAS

Navidad y el regreso del enojo K con el "periodismo independiente"

Nilda Garré se quejó por los canales de TV y la portada del diario Clarín que ubicó a la ocupación ilegal del club Albariño como noticia principal. Florencio Randazzo se quejó porque algunos medios priorizaron los desmanes en Plaza Constitución y los cortes de luz a las bondades del consumo navideño. Y Horacio González, de Carta Abierta, filosofó sobre el periodismo objetivo (eterna discusión de 3er. año de la carrera de Periodismo). El autor, veterano de estas lides, se sentó a la computadora y escribió:

POR RAÚL ACOSTA (*)
 
ROSARIO (La Capital). Decía Horacio González en el programa 6-7-8- del día lunes 19 de diciembre de 2010 que el debate sobre Ley de Medios había servido para desnudar una situación.

El importante pensador argentino, en el programa cabecera, en televisión, del discurso oficial (gubernamental) hablaba sobre las posiciones periodísticas en el 2010. Titular de la Biblioteca Nacional, miembro importante del núcleo denominado Carta Abierta, agrupación favorable, también, al actual gobierno, Horacio González aceptaba que la lucha ideológica ponía al periodismo a definirse en la confrontación (ideológica).

Que eso era así, que era visiblemente así, pero que una vez consolidada la situación del actual orden, se debería pensar nuevamente en un periodismo objetivo. La palabra que usó, para un periodismo posterior a esta etapa, que evidentemente considera inaugural, fue esa: objetivo. Concluyó que alguna vez debería volver el periodismo objetivo. Ese fue su anhelo público en la noche mencionada. El retorno mañana, repito, consolidada esta etapa del país, del periodismo objetivo. Es un anhelo ligero que muchos suscriben. Parece difícil. Estéril. Imposible.

Mariano Moreno inscribe el primer periódico argentino, después de mayo de 1810. Es muy obvio que su destino es político y sus funciones las de un órgano favorable a una idea.

Es difícil que alguien, seriamente, así lo jure por los santos evangelios, obtenga un certificado de objetividad en una crónica. En la crónica política nadie se anima a certificar la objetividad ¿Quién la otorgaría?

El modo que se usa para enumerar el precio del kilo de Heresford (vivo) no contiene objetividad. El tamaño de la letra, el énfasis de la palabra, la dureza de la imagen suman, dan un total que tiene toda la carga posible. El lector, productor agropecuario, funcionario que armó el desbarajuste pecuario o sufriente pagador del kilo de colita de cuadril, lee números puros, pero cargado de ansiedades. Es así.

Es muy probable que el precio de los novillitos Heresford tenga menos carga subjetiva que el anuncio del bombardeo a Pearl Harbor, pero cada uno en lo suyo. Es el hombre quien dice y se sabe: es el hombre la medida de todas las cosas.

El genocidio Armenio, el Holocausto judío ya son, por si, menciones cargadas de subjetividad. Cómo negarlo. ¿Alguien puede usar esa, como otras anotaciones de la historia, planteando independencia?

El conteo no encuentra noticias que guarden el protocolo ideal: objetivo.

El imposible punto medio (¿desde qué visión, con que reglas se mide el medio?) resuelve la cuestión. La objetividad, como la independencia, se definen… relativamente. ¿Comparadas a que?…

La imposible respuesta, al no existir el punto fijo, quita un platillo. No hay  balanza con el fiel clavado en cero. No hay cero, caramba.

Existe, sin embargo, un eje.

El eje para guiarse, en el hermoso mar de las opiniones, los debates y las propuestas, como las estridencias y los gestos, es la conducta.

Durante años el periódico del Vaticano ha sostenido la posición de la Iglesia. Nada objetivo. Siempre durmiendo del mismo costado de las ilusiones y lo prohibido. L’Osservatore Romano quita dudas. Es ejemplo de lo que una facción quiere, permite, prohibe, anatemiza. El diario del Vaticano es una idea. Una conducta. Confiable.

Lo verdaderamente interesante es que nadie le pedirá indulgencias, al contrario, se lo leerá sabiendo que el aborto y otras cuestiones tendrán hoy, como ayer, como mañana, la condena que la Iglesia sostenga. Así para películas y actores políticos, regímenes y elecciones. Todo.

Se definen ideas leyendo las publicaciones que, abiertamente, las sostienen, defienden, propagan. Y, también, se elimina la odiosa hipocresía que sostiene una independencia que, se sabe, no existe. El lector, oyente, televidente, participante del foro interespacial busca su lectura, adhiere, se complica. Esa complicidad da la audiencia o el rating, las mediciones.

En realidad todas las publicaciones son, en cierta forma, partidarias.

Murió el latiguillo mentiroso, molesto y rezongón de “periodismo independiente”. Hay un sueño, libre e independiente del criterio empresario. Es otra cosa.

La objetividad, como acepta Horacio González, ya no es el mascarón de catedráticos que embebieron mal los inocentes banderazos de los estudiantes (de periodismo).

Nunca se midió, en profundidad, la transitada anécdota de la nota sobre Dios pedida a un aprendiz (¿A favor o en contra?) ¿Es que hay un modo independiente de escribir sobre Dios? Sobre Ñul, sobre Perón…

Arribamos al 2011. Salimos de la primera década del siglo XXI, ya somos absolutamente digitales. Vamos por más. Internet no tiene ateos en la tierra. Ni filtros. Tampoco paranoias. Cuanto se dice en el espacio es siempre subjetivo. Muy. Los medios analógicos que se trasladan al nuevo lenguaje quedan iluminados. Entiéndase, puestos bajo el foco. Sin retorno.

Se ve la costura, la intención, el “copie y pegue” y la idea. Trapitos al sol, blanqueándose en la soga del fondo.

Creador, fabricante de embustes (embustero) holgazán  o laburante. La memoria y el archivo a dos clicks de distancia. Nadie en bambalinas. Minga de mentiras. Está tu pasado y el mío en el espacio. Todo el pasado. Desnudos en/por Google.

Quien quedó rezagado, alejado de la velocidad mediática de estos tiempos, es el político. El comportamiento, el discurso político. No todos, claro está. La coherencia, la conducta, que salva a los medios, salva a los actores políticos. También los despanzurra.

Los medios que ofertan coherencia reciben adhesión, rating, tirada, permanencia. En la misma calle: los políticos que no la poseen, la pierden, o simplemente, la traicionan, cantándose en la ética para sobrevivir, definen una propiedad de su palabra. La caducidad.

La falsía como norma de conducta. El desprecio por la conducta propia, que encierra el desprecio por el otro, el ajeno. El porvenir tiene una frontera. La vida real, complaciente con la mentira de unos y otros. O enojada. Caminos que se bifurcan. Saltos. Retrocesos.

Un solo peligro muestra el tiempo (el mañana). La indiferencia por la noticia, la novedad, el anclaje con  el día por día. La indiferencia por el comportamiento del político. El tiempo digital asusta por ésa sola amenaza. Indiferencia. Hay políticos que apuestan a eso para el robo, el peculado, la corrupción, la traición.

Es cada día más difícil el periodismo si los actores políticos directos consideran a la crónica, evidentemente subjetiva, una denuncia de sus defectos, que lo es, y niegan que la crónica en oposición encierra la única oportunidad posible: la confrontación de las ideas. Fin verdadero de toda escritura, de todo mensaje.

Vamos al carozo. El último y absoluto destino de todo mensaje es el interlocutor, el otro.

El periodismo, siempre subjetivo, siempre, con cada opinión mata cien gacetillas volando. De allí que lo persigan a los gritos, festejando las defecciones y los escopetazos. Perseguir periodistas es silenciar al otro. Vano intento.
 
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(*) Testigo.

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