Pero a pesar de estos beneficios, la existencia de dos mercados para el dólar, como organización permanente del mercado cambiario, trajo enormes inconvenientes y contribuyó a la desorganización completa de la economía que terminó en la hiperinflación de 1988 a 1990.
La existencia de una brecha entre el dólar paralelo y el dólar oficial llevó a la creciente subfacturación de exportaciones y a la sobrefacturación de importaciones. A través del primer mecanismo, los exportadores se hacían de dólares en el exterior que luego procuraban ingresar a través del mercado paralelo. A través de la sobrefacturación los importadores conseguían dólares baratos en el mercado oficial que utilizaban para hacer una diferencia vendiéndolos en el mercado paralelo. Como es de esperar, semejante ganancia ilegal alienta la corrupción de los funcionarios aduaneros y de los demás organismos de control.
Los controles de cambio desalientan la inversión extranjera directa por dos razones: una porque el gobierno obliga a los inversores a vender sus divisas a un precio del dólar que ellos perciben como artificialmente bajo y otra, porque el inversor comienza a tener incertidumbre sobre la posibilidad de repatriar dividendos. El desaliento es mayor mientras más grande sea la brecha entre el mercado paralelo y el mercado oficial.
Como el único instrumento que el gobierno tiene para mantener a niveles razonables la brecha entre el mercado paralelo de cambios y el mercado oficial es la política monetaria (en la medida que el gobierno no quiere dejar que el mercado oficial flote libremente, sin restricciones a operar en él) comienza a establecerse una carrera entre las tasas de interés y el precio del dólar en el mercado paralelo. Las tasas de interés ya no están atadas a la evolución del precio del dólar en el mercado oficial, sino a la expectativa de devaluación en el mercado paralelo. Y como la volatilidad de este último es mucho mayor, la política monetaria necesita ser mucho más agresiva que si tratara de influir sobre la cotización de la moneda en un mercado único, mucho más estable por su propia naturaleza.
La existencia de un mercado paralelo con una fuerte brecha en relación al mercado oficial promueve la aceleración inflacionaria, porque muchos precios comienzan a ser fijados según la evolución del mercado paralelo y no en base al precio pagado por los importadores en el mercado oficial. La política monetaria, si pretende enderezarse a una determinada meta de inflación, se torna más restrictiva, porque para alcanzar esa meta de inflación tienen que lograr primero controlar la brecha en el mercado paralelo del dólar.
Traigo a colación todas estas referencias del pasado, porque el Gobierno se encamina claramente en la dirección equivocada si es que quiere sentar las bases para un programa exitoso de estabilización que minimice los costos recesivos. Para quienes quieran conocer cuál es el camino alternativo, recomiendo releer mi libro “Estanflación” que a pesar de haber sido escrito en 2008, tiene todavía plena vigencia.