> el crecimiento de la economía del país, que debería alcanzar un récord de 8% este año;
> una oposición dividida y sin un representante fuerte y
> una campaña inteligente, que supo incorporar factores afectivos y sentimentales, cada vez más importante en el momento de la votación.
"Cuando Cristina dice: "Yo también viví una historia de amor como Perón y Evita" transmite un mensaje que no es económico ni político, pero tiene mucha fuerza", destaca Fraga, agregando que desde la muerte de su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner, hace un año, ella no tuvo ninguna derrota política importante.
Al contrario: "Su imagen mejoró 13 puntos automáticamente, con el fallecimiento del ex Presidente. Ella arrastraba 7 años y medio de desgaste por el ejercicio de poder de su marido, directa o indirectamente".
El drama personal, por lo tanto, permite una renovación en la forma en que los votantes veían a Cristina, que en la primera elección en 2007, también utilizó a su marido -el dirigente más popular en aquel momento– como el más fuerte activista.
Hoy en día, el "Fuerza Cristina", una consigna de apoyo para superar la viudez, se convirtió en lema de campaña. "Fue un claro punto de transición. Es cierto que Cristina recurre a la imagen de Néstor en numerosas oportunidades. Sin embargo, electoralmente, ella es más popular que él", subraya el analista político Fraga.
Él recuerda que, como jefe de Estado, Néstor Kirchner era el líder del oficialismo y articulaba una coalición con gobernadores, intendentes, sindicalistas y piquetes. Hoy Cristina prefiere elegir candidatos y empleados con los criterios de lealtad, juventud y compromiso para enfrentar las corporaciones. "Para Néstor, de acuerdo con la cultura pragmática del peronismo, la ideología era un instrumento político. Para Cristina, la política es ideología".
'Cristinismo'
En la evaluación de Fraga, todo eso demuestra que el "kirchnerismo" se está convirtiendo cada vez más en "Cristinismo".
"Cristina está creando un estilo propio que marca esas diferencias. Uno de los ejemplos más evidentes es el líder sindical más poderoso del país, Hugo Moyano, quien era un aliado y socio político de Néstor para el control del peronismo -fuerza que formaba parte de su gobierno-. Sin embargo, para ella, Moyano es un adversario político, que puede convertirse en el enemigo, dadas las circunstancias", explica.
El papel que actualmente se otorga a los jóvenes también es más diferente del de la gestión de Néstor. "Hay figuras que crecieron con Cristina, como el ministro de Economía y candidato a la vicepresidencia, Amado Boudou, así como los movimientos juveniles como La Cámpora".
El "peronismo", destaca el historiador, se convirtió en una cultura política que ocupa el espacio del oficialismo y la oposición al mismo tiempo. Sus exponentes más importantes son los gobernadores y los intendentes del Gran Buenos Aires y los sindicalistas: es el populismo tradicional de la Argentina.
Pero, además, el "kirchnerismo" incorpora al peronismo un componente de centro-izquierda en la versión de los años 1970, al sumar a la coalición gubernamental a las organizaciones de derechos humanos.
Ahora, con el "Cristinismo", el peronismo tradicional pierde poder, influencia y visibilidad. "La alianza con las organizaciones de derechos humanos continúa, pero se incorpora la juventud como protagonista activa de la política", dice Fraga.